[R-P] Fw: FIDEL CASTRO: UN TESTEMONIO

Julio Fernández Baraibar juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Mie Ago 2 22:13:17 MDT 2006


Un apasionado e interesante testimonio sobre el caudillo cubano de Theotonio 
dos Santos.
Julio Fernández Baraibar
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FIDEL CASTRO: UN TESTIMONIO


THEOTONIO DOS SANTOS*

Fidel Castro es el dirigente político en el poder por más tiempo en todo el 
mundo. Me acuerdo de un cargador de maletas en el aeropuerto de la Habana 
que, en los años ochenta, insistía en probarme que Fidel era el mayor líder 
de toda la historia. Citaba a Lenin, a Stalin, a Roosevelt, a Miterrand, a 
varios otros que conocía y había estudiado. A todos le ganaba Fidel por su 
profundo contacto con su pueblo, por la dimensión del desafío que 
representaba una pequeña isla como Cuba desafiar al mayor poder en el mundo. 
Jamás se le ocurrió a él,  como a la mayoría de la población cubana, 
posiblemente la más politizada en todo el mundo, ver en Fidel una expresión 
de violencia, de imposición, de dictadura.

Sin embargo, en gran parte del mundo occidental, se ve en la prensa diaria 
una imagen totalmente distinta de Fidel. Siempre amenazador, siempre 
delirante, siempre dispuesto a defender las causas contrarias a Estados 
Unidos, siempre dispuesto a mantenerse en el poder sin límites. Cuantas 
cosas terribles se le atribuye, y si tu dices algo en contra te achacan con 
tantos adjetivos y descalificaciones que pareces un extra terrestre. Te 
cortan el micrófono, suspenden tu entrevista en la tele,  te retiran de las 
columnas de la gran prensa y así sucesivamente.

He acompañado en detalles la revolución cubana desde mi juventud. He leído 
sus discursos desde Sierra Maestra. He estudiado todas sus declaraciones. He 
convivido con personas que fueron a ver la revolución cubana desde su cuna. 
Hasta que, mucho más tarde,  por razones varias, lo vine a conocer 
personalmente en el Chile de la Unidad Popular. Desde entonces fueron muchas 
las oportunidades en que lo traté más directamente. No sé si puedo decir que 
soy su amigo pues hemos estado siempre en conversaciones políticas aún 
cuando en ambientes restringidos  Pero tengo un sentimiento de tener en él 
un compañero de luchas, un compañero atento y siempre muy educado, muy 
sensible, muy preocupado con sus compañeros y amigos, con las personas en 
general y con la humanidad como un todo.

Si Fidel tiene algo que ver con un dictador, que bueno serían los 
dictadores. He conocido a muchos políticos de varias orientaciones,  fuera y 
en el poder. Ninguno tiene o tuvo la profundidad  intelectual y la dimensión 
humana de Fidel Castro.  Ninguno logra mantener el estudio sistemático de un 
problema por horas y horas en todos sus detalles y en todos sus aspectos 
como Fidel.  Ninguno es capaz de mantenerse en una reunión académica por 
algunas horas, mucho menos  por varios días en varias horas diarias (desde 
las 9 de la mañana hasta las 12 de la noche como lo he visto mantenerse en 
varias oportunidades). Y si es verdad que cuando toma la palabra es muy 
difícil detenerlo, escucha también, anota, responde exactamente lo que se le 
pregunta y tantas otras manifestaciones de respecto humano y de 
consideración al trabajo intelectual. Pero sobretodo es el único político a 
nivel de jefe de estado que admite debatir abiertamente con los que divergen 
de sus puntos de vista. Ciertamente ningún dirigente democrático que conocí 
tiene esta cualidad. En realidad, es el único que la practica ampliamente, 
con pasión y rigor, con autenticidad. Debo corregir:  está surgiendo un 
nuevo líder político con esta calidad. Tratase de Hugo Chávez. A ver si 
logrará mantenerla por tanto tiempo. Hasta los ochenta años como Fidel 
Castro. Creo que es el primer discípulo de Fidel con esta característica que 
explica en gran parte su larga permanencia en el poder.

Me extraña también que Fidel no se dirija a sus subordinados con palabras de 
bajo calibre y con órdenes impositivas, como ocurre en las democracias a 
varios niveles. Cuantas veces he escuchado explicaciones de amigos en el 
poder de que de otra forma no serían respetados. He convivido mucho con 
subordinados a los cuales le gusta la imposición del superior como forma de 
escapar de las responsabilidades, como oportunismo y "carrerismo" . 
Seguramente hay mucha gente así en torno a Fidel. Pero él no parece 
necesitar de la violencia verbal para imponerse. Cuentan amigos que vivieron 
los períodos iniciales de la revolución cubana muy cerca de él  y de los 
dirigentes revolucionarios que sus discusiones eran violentísimas y 
apasionadas. Se puede imaginarlo en el medio de las tormentas 
revolucionarias donde se toman decisiones radicales sin saber exactamente 
sus consecuencias. He visto debates violentos entre los sandinistas,  hasta 
sobre temas tan aparentemente distantes de la revolución como por ejemplo el 
rol de la rima en la poesía. Ver aquellos hombres y mujeres armados 
discutiendo las orientaciones de los talleres de poesía con tanta pasión 
parecía algo surrealista. Pero no había violencia de palabras, el uso de los 
palabrones,   intentos de imposición irracional. Así imagino yo los debates 
del período inicial de la revolución que no pude compartir.

Me acuerdo de las pasiones que,  aún en el Chile tan comedido y "británico", 
se producían durante el proceso revolucionario de 1970 a 1973 en los cuales 
participé intensamente.
Con el tiempo, Fidel fue creciendo entre los revolucionaros y quizás muy 
pocos se atreverían a contestarlo. Pero cuantas veces él mismo asumió la 
autocrítica, como en el fracaso de la cosecha de los 10 millones de 
toneladas de azúcar en 1967. Era magnífico verlo frente a más de un millón 
de cubanos en la plaza pública asumir todas las responsabilidades del 
fracaso y,  en seguida,  poner su cargo a disposición de su pueblo. Nunca he 
visto nada similar e mis 50 y tantos años de experiencia política.

Un sentimiento de debilidad de su poder personal  quedó en mi mente cuando 
en 1985 lo invité a participar en el Congreso Latinoamericano de Sociología 
que organicé en Brasil. Eran evidentes sus ganas de estar presente. Controló 
sus ganas de participación cuando le propuse la creación de una gran revista 
de ciencias sociales en la región con el apoyo de Cuba. Le pareció una gran 
idea y designó dos representantes suyos en una reunión al día siguiente en 
la cual asistí espantado el director del Centro de América Latina rehusar la 
idea bajo el pretexto que la revista de su instituto cumplía este papel. 
Nunca hablé con él sobre este asunto pero esta fue una lección muy fuerte 
sobre los límites de su poder.

Esta misma impresión tuvo un cura que participaba en las gigantescas 
reuniones sobre la deuda externa que se realizaron en Cuba en la misma 
época. Este cura, con el sentido de poder burocrático que todo clero tiene, 
tomó la palabra para decirle que extrañaba como él podía dirigir 
autoritariamente un país como Cuba si hace varios días participaba todo el 
tiempo en reuniones maratónicas de una asamblea permanente que operaba de 
las 9 de la mañana a las 12 de la noche. "No veo a nadie pasandole mensajes 
y recibiendo órdenes. Entonces ¿quién gobierna este país?"  Preguntaba 
espantado.

Me acuerdo que en esta oportunidad, en conversaciones bien íntimas Fidel me 
decía  que estaba volcado básicamente para el estudio de los grandes 
problemas mundiales y nacionales  mientras que las tareas de gobierno 
estaban en manos del partido, de las asambleas populares y de las nuevas 
generaciones.  No creo que pudo mantener esta postura por mucho tiempo. En 
1989 los rusos tiraban por el suelo aquellos acuerdos que Fidel describiera 
en las reuniones de la deuda como el nuevo orden económico mundial que Cuba 
había conseguido establecer con los países socialistas.

Pero en medio de toda esta responsabilidad local e internacional, era 
impresionante ver a Fidel, algunos meses antes, encerrar su participación en 
una de estas reuniones de la deuda para asumir la dirección personal de la 
ayuda de Cuba a México por ocasión del terremoto violento que sufriera este 
país. Ahí, una vez más, el pueblo cubano ejercía su solidariedad 
revolucionaria bajo el liderazgo de su dirigente máximo. Me acordaba de la 
voz de Allende en el gran terremoto de 1971 en Chile. Voz que nunca había 
escuchado de otros dirigentes en ocasiones similares. Pero más impresionante 
aún era escuchar la voz de un dirigente levantar se  para apoyar a los 
ciudadanos de un país hermano.

¿Donde está el dictador? En el comportamiento, en el poder incontestable, en 
el sectarismo, en la intransigencia, en el oscurantismo intelectual, en la 
distancia con su pueblo, en el no respecto a las reglas de la más 
democrática constitución ya realizada hasta la constitución venezuelana que 
también fue discutida, como la de Cuba, con toda la población y votada 
después de terminada por el parlamento?  Democracia es poder del pueblo y 
confieso que no conozco otro país donde este poder es ejercido diariamente 
por la población como en Cuba. Donde los diputados de la Asamblea popular se 
sienten tan responsables por la vida de su pueblo como mi amigo diputado 
popular que me invitó a su ciudad al lado de Habana y se puso blanco de 
vergüenza por que había un hoyo en las calles de su ciudad. Por lo cual se 
sentía responsable después de las varias reuniones que habían realizado en 
el vecindario sin lograr resolver el problema porque,  después que lo 
tapaban, el hoyo volvía a abrirse.

No me vengan a decir que estoy ocultando los problemas de Cuba. Lejos de mí 
tal cosa. Tengo gran conciencia de ellos y les garantizo lectores que si 
alguien está consciente de ellos es Fidel Castro. Nunca lo sentí ocultar 
los. Por el contrario, me acuerdo especialmente de la larga conversación con 
él y el gobernador de Río, Anthony Garotinho, en 2000 sobre el fenómeno de 
la pobreza en Cuba, tema que él estaba estudiando con un equipo de millares 
de jóvenes con la pretensión de realizar una intervención definitiva en el 
problema. Era tal su entusiasmo sobre su movilización de fuerzas en esta 
dirección que el joven gobernador se veía cansado mientras el viejo 
revolucionario continuaba preguntando sobre las experiencias de las 
políticas sociales en Río de Janeiro y contando sus experiencias sobre un 
fenómeno cuya extensión en Cuba él desconocía hace poco.

Tendría tanto que contar sobre mi compañero Fidel Castro. Quiero hacer este 
testimonio incompleto pero muy sincero por ocasión de sus 80 años. Mas 
importante aún es hacerlo en el momento de su operación que espero podrá 
superar bien. Hablo del más grande personaje del Siglo XX que tiene mucho 
que dar al siglo XXI con este gran movimiento que se dibuja en Cuba en este 
momento bajo el título general de la Batalla de las Ideas. Abrir Cuba hacia 
el más profundo debate intelectual que un pueblo haya jamás realizado. 
Garantizar la educación universitaria para toda la población. Transformar 
Cuba en el más culto y consciente pueblo del mundo. Acordémonos que Latino 
América tuvo dos experiencias fantásticas en este sentido: los casos de 
Costa Rica y del Uruguay que alcanzaron índices altísimos de educación, 
calidad de vida y paz durante los años de estado de bien estar. Pero ninguno 
de ellos lo hizo cercados y atacados  por el más grande poder económico y 
militar del mundo. Cuba lo puede hace por que realizó una revolución 
profunda y porque tiene un líder excepcional. Estoy de acuerdo con el 
cargador de malas del aeropuerto de La Habana. Que honor desfrutar de su 
admiración tantas veces manifestada y - sí lo merezco - de su amistad.
 


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