[R-P] ¿HASTA CUANDO ME SEGUIRAN MEANDO MIS COMPATRIOTAS?
jorge tribo
jorgetribo en yahoo.com.ar
Dom Abr 30 19:58:12 MDT 2006
DEL ARCHIVO DEL DIARIO CLARIN:
NOVELA
Marechal o la vieja chifladura alegórica
inventor del estilo peronista, fue leido o silenciado
por motivos ideologicos. reediciones y relecturas
analizan la valia de su obra
--------------------------------------------------------------------------------
MARTIN PRIETO.
NOVELA
EL BANQUETE DE SEVERO ARCANGELO
de Leopoldo Marechal
El viaje espiritual de "un literato de cierta
visibilidad" es el eje de este relato, ahora
reeditado.
Como otras de las grandes obras de la literatura
argentina, la de Leopoldo Marechal también segrega un
relato de iniciación. Adán Buenosayres, su novela más
importante, publicada en 1948, generó un mito
alrededor de un hecho singular: las alternativas que
se jugaron en relación a su recepción inmediata. La
novela fue descalificada por Eduardo González Lanuza
quien, desde la revista Sur trazó un severo
diagnóstico generacional: se trataba de una novela
ilegible por su estilo y por la ideología de su autor
(intelectual orgánico del peronismo, funcionario,
exégeta del golpe de 4 de junio de 1943). Sin
perspectiva histórica, Lanuza no pudo ver que lo
verdaderamente irritante no era que Marechal fuese
peronista y autor de un estilo excesivo e indecoroso,
sino que ambos componentes se abonaban, y que Marechal
estaba inventando un estilo en la literatura: el
peronista, que tendrá descendencia no, como se leyó
oportunamente, en Cortázar, sino en Leónidas
Lamborghini y en su hermano Osvaldo.
Relatos como éste, funcionales al mito de la ficción a
la que representan, suelen servir como inmejorables
paratextos publicitarios. El que se construyó
alrededor de la obra de Marechal no pudo desprenderse
nunca de su sino de negatividad. No fue leído en los
años 40 y 50 por la intelligentzia argentina (que era
liberal), porque era peronista; en los 60, recentrado
unos años antes por la lectura renovadora del grupo
Contorno, fue uno de los beneficiarios del boom, y con
la publicación en 1965 de El banquete de Severo
Arcángelo y la reválida otorgada por Tomás Eloy
Martínez desde Primera Plana, Marechal se encontró por
primera vez con un público masivo. Pero el sino
negativo no tardó en reaparecer: en 1967, fue invitado
a Cuba por Casa de las Américas y a su regreso, el
gobierno de Onganía censuró su nombre y obra. "Hasta
cuándo me mearán mis compatriotas", dicen que se
preguntaba, otra vez, como en los años de la
Libertadora. Murió en 1970. Es cierto que luego de la
publicación de su novela póstuma (Megafón, o la
guerra, 1970) y a medida que el país se peronizaba
otra vez, proliferaron los homenajes y su obra fue
objeto de estudio hasta del estructuralismo más duro
(también montonero). Pero esa efervescencia no duró.
Entre el fuego cruzado de la izquierda y la derecha
peronistas, Marechal quedó del lado de los vencedores,
quienes, aferrados a sus galanteos con el catolicismo
más recalcitrante y a la estructura rígida y binaria
de sus novelas, consiguieron que su obra quedara
adelgazada a alegorías, quitándole revulsión y
descendencia.
Seix Barral acaba de reeditar El Banquete, definida
por su autor como una novela de suspenso, cuya fábula
es la que sigue: el 14 de abril de 1963, "un literato
de cierta visibilidad", llamado Leopoldo Marechal,
encuentra en el altillo una carpeta que le dejó
Lisandro Farías ("Padre de los Piojos y Abuelo de la
Nada"), horas antes de morir. Marechal cuenta cómo
conoció en el hospital de Villa Dolores a Farías,
mientras él visitaba al domador Celedonio Barral.
Farías reconoce a Marechal como místico mediocre, y le
cuenta su propio viaje espiritual, como integrante de
una secta iniciática, comandada por Severo Arcángelo,
un destacado empresario metalúrgico de la ciudad de
Avellaneda. Del tercer capítulo en adelante, el relato
corre por cuenta de Farías, desde el momento en que es
rescatado de un seguro suicidio por los agentes de
Arcángelo, hasta que es expulsado de la secta y
condenado a morir, quince días más tarde, en el
hospital de Villa Dolores. La novela da con todas las
notas marechalianas: la "vieja chifladura metafórica"
—tal vez Marechal es el mayor proyector de imágenes de
la literatura argentina—, su "vocación por la farsa",
la "galanura de estilo", y un impresionante sentido
del humor más verbal que conceptual, notas que
comparten Marechal y Farías, retomando lo que María
Teresa Gramuglio señaló a propósito de Adán: una
cadena de pactos desviados, como resultado de la cual
la realidad queda contaminada por la ficción, y la
ficción por la realidad. Así se potencian y disminuyen
alternativamente las figuras del narrador y del autor,
convirtiendo a Marechal no sólo en uno de los grandes
novelistas argentinos, sino en uno de los pocos
capaces de crear un mundo, una temporalidad y una
lengua cerradas, de las que sólo se saldrá tras haber
leído la última página.
Cuando a un autor le llega "su hora" también le llega
su final. No promovamos, pues, "la hora" de Marechal.
Pero veamos algunos signos coincidentes: la
publicación en 1998 de su obra completa en Perfil, la
excelente edición del Adán, realizada por Fernando
Colla y Jorge Lafforgue para la colección Archivos
(fuera de circulación en la Argentina) y la reciente
inauguración de la biblioteca del autor en la Escuela
de Letras de la Universidad de Rosario. Nueva
circulación, nuevas lecturas y nuevos lectores, tal
vez concurran a desterrar a Marechal del modesto lugar
de los símbolos de la derecha peronista y lo devuelvan
a la plenitud de la literatura
__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis!
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular