[R-P] Respondiendo a pregunta de hhmanzolillo sobre Lopez Rega 20/03/06 (3ra. parte)

jorge tribo jorgetribo en yahoo.com.ar
Vie Abr 21 08:14:10 MDT 2006



Gelli también había contribuido económicamente al
régimen de Juan Domingo Perón en Argentina y mantenía
relación con Ronald Reagan, que le invitó a su
ceremonia de toma de posesión como presidente de
Estados Unidos en 1981. Con quien sí se sabe que trabó
amistad fue con Phil Guarino, director de la campaña
electoral de Reagan, quien un año antes, el 8 de abril
de 1980, recibió una carta de Gelli en los siguientes
términos: “si crees que puede ser útil que algo
favorable a tu candidato presidencial sea publicado en
Italia, envíame el material y yo haré que salga en
alguno de los periódicos de aquí”. Además, Gelli había
sido uno de los principales patrocinadores del régimen
de Anastasio Somoza en Nicaragua y de los comandos de
la Triple A en Argentina, Colombia y Brasil. Afirmaba
encontrarse en términos amistosos con el antiguo
director de la CIA y presidente de Estados Unidos
George Bush padre, a quien calificaba de “miembro
honorario” de P2. 
Gracias a su logia y a sus contactos creó lo que los
tribunales italianos calificaron como “una estructura
secreta con la increíble capacidad de controlar las
instituciones gubernamentales hasta el punto de
convertirse, virtualmente, en un Estado dentro del
Estado”. Con toda esta experiencia no es de extrañar
que Licio Gelli obtuviera notables éxitos cuando
decidió dedicarse al comercio de armas, teniendo como
principales clientes las dictaduras de extrema derecha
iberoamericanas y un Estado de Israel que no debía de
conocer sus tratos con criminales de guerra nazis. Sin
embargo, en 1981 se vino abajo el entramado de P2 al
ser descubierto por las autoridades. Durante un
registro en la mansión de Gelli se encontró una copia
del documento “La estrategia de tensión” y una lista
con los nombres de los principales conspiradores,
incluidos tres ministros, cuarenta miembros del
Parlamento, cuarenta y tres generales del ejército,
entre ellos el poderoso Giovanni Torrisi, jefes de la
policía y los servicios secretos, como Giuseppe
Santovito, el doctor Joseph Michelle Crimi y Giulio
Grassini, el jefe de la policía financiera; Orazio
Giannini, el general del SID Vito Milici, el general
de la Guardia Financiera Raffaele Giudice, el
magistrado del Tribunal Supremo Ugo Zilletti, ocho
almirantes, industriales, financieros, artistas,
periodistas, dueños de diarios, ejecutivos de
televisión, cientos de diplomáticos y altos
funcionarios […].



Muchos de los incluidos en la lista negaron su
asociación con la logia, aunque nadie les creyó.
Otros, incluido el propio Gelli, fueron inmediatamente
detenidos por orden del fiscal de Milán, Pierluigi
Dell’Osso. Gelli escapó de la cárcel sobornando a los
guardianes. Algunos no tuvieron tanta suerte y vieron
sus carreras definitivamente arruinadas por culpa de
Propaganda Due. Sin duda, el mayor afectado fue el
ministro de justicia Adolfo Sarti, que si bien no
figuraba en la lista de miembros, sí había solicitado
su ingreso en la logia según los documentos
encontrados en la casa de Gelli. Sarti tuvo que
dimitir mientras las autoridades investigaban su
posible implicación en “actividades criminales”. La
aparición del nombre de Sarti en los documentos fue
especialmente significativa, ya que el ministro era
popularmente conocido por ser uno de los adalides de
la lucha antiterrorista. El escándalo hirió de muerte
al gobierno de coalición, que sólo siete meses antes
había conseguido ensamblar con no poco esfuerzo el
primer ministro Arnaldo Forlani. De la noche a la
mañana, el semidesconocido Gelli pasó a ocupar las
portadas de los diarios de todo el mundo.
Terrorismo y confusión[…] Fue en ese momento de máximo
poder personal cuando Licio Gelli se acercó a la
Iglesia católica, y lo hizo a través del cardenal
Paolo Bertoli, un antiguo amigo de Toscana. Por él
conoció a los cardenales Sebastiano Baggio, Agostino
Casaroli, Ugo Poletti y Jean Villot. No sabemos si por
ellos, por Michele Sindona –miembro destacado de P2– o
por su propia influencia, el caso es que pronto tuvo
acceso a Pablo VI, que le concedió una serie de
audiencias. Para añadir mayor respetabilidad a su
figura de cara al Papa, Gelli se las ingenió para ser
nombrado caballero de la Orden de Malta y caballero
del Santo Sepulcro –Lo que no sabía el pontífice era
la condición de masón de Gelli–. La masonería y el
catolicismo son incompatibles, y esto es algo que los
Papas de los últimos cien años han puesto especial
esmero en subrayar. El código de derecho canónico de
1917 es claro y no deja lugar a la duda cuando castiga
la pertenencia a la masonería con la excomunión. 




El código de 1983 mantuvo esta medida: “La posición
negativa de la Iglesia católica respecto a las
asociaciones masónicas permanece inalterada desde que
sus principios han sido siempre considerados como
irreconciliables con la doctrina de la Iglesia […].
Los católicos integrados en asociaciones masónicas
están cometiendo pecado mortal y no podrán acercarse a
la Sagrada Comunión”. Llama la atención que, a pesar
de esta advertencia, la mayor parte de los miembros de
P2 se consideraban buenos católicos que compartían con
la Santa Madre Iglesia un visceral anticomunismo. Sin
embargo, la implicación de clérigos de todo calibre y
condición en las filas de P2 era el menor de los
problemas de un fenómeno que llevaba años siendo
denunciado desde diversos sectores católicos: la
infiltración de la masonería en el seno de la Iglesia
católica.
La infiltración masónica en el Vaticano ya había sido
denunciada con anterioridad, pero ésta era la primera
vez que una de esas acusaciones se publicaba en un
medio de comunicación, incluyendo nombres y apellidos.
Después ha habido otras igualmente precisas, como la
que reproducimos a continuación: “El hecho de que el
clan masónico esté tan envuelto en el secreto como su
adversario opusdeísta hace que la identificación de
sus miembros resulte tan difícil como la de los de
este último. En el Vaticano se rumorea que, aparte del
cardenal José Rosalío Castillo Lara, pertenecen al
clan masónico el cardenal Achille Silvestrini
–prefecto de la Congregación para las Iglesias
Orientales, señalado como uno de los jefes del clan–,
el cardenal Pío Lagui –prefecto de la Congregación
para la Educación Católica–, el cardenal Camillo Ruini
–vicario general de Roma–, monseñor Celestino Migliore
–subsecretario para las relaciones con los estados–…”.


En lo referente a P2, parece que uno de los hechos más
trascendentes para la Iglesia que sucedieron dentro de
la logia fue la posibilidad de que allí trabaran
conocimiento Michele Sindona y Paul Marcinkus, un
clérigo de Chicago que había hecho carrera en el
Vaticano. Marcinkus fue adscrito a la secretaría de
Estado en 1959. Su elevada altura fue, al parecer,
clave en su ascenso en la Santa Sede. En 1964 una
multitud enfervorecida puso en peligro la integridad
física de Pablo VI, que fue oportunamente rescatado
por el gigantesco Marcinkus. A partir de ese momento
pasó a ser asesor del Papa y su guardaespaldas
oficioso. Ese día se gestó el apodo que Marcinkus
arrastraría de por vida en la Santa Sede: “el Gorila”.
La cercanía entre el Papa y Marcinkus se fue haciendo
mayor, en especial después de que éste último volviera
a rescatar al pontífice durante un viaje a Filipinas.
Tanta amistad culminó en el nombramiento de Marcinkus
como presidente del Instituto para las Obras de
Religión en 1969, nombramiento que Sindona no pudo por
menos que aplaudir, ya que la aparente falta de
experiencia financiera de Marcinkus le dejaba las
manos más libres para manejar las finanzas del
Vaticano… 

Fuente: Enigmas 

Autor: Santiago Camacho

ATTE.

JORGE A. TRIBÓ


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