[R-P] Lacolla El neoliberalismo en el ocaso
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Dom Abr 2 15:13:26 MDT 2006
El neoliberalismo en el ocaso
Por Enrique Lacolla l Periodista.
El sueño o más bien la pesadilla neoliberal que devastó a nuestros países
vacunó, hasta cierto punto, a estos pueblos contra su continuación. Vivimos
sumidos en un despertar doloroso, pero despertar al fin. El mismo fenómeno
parece estar dándose en otras partes del mundo, incluso en lugares donde las
formas extremas del modelo no habían podido avanzar demasiado, pero donde
aún hoy no ceja en su pretensión de imponerse, prevaliéndose de su
formidable parafernalia publicitaria y de la defección de las fuerzas
políticas que deberían haberlo enfrentado y que, por el contrario, se le
sumaron en mayor o menor grado desde la década de 1970 en adelante. Es
decir, las variantes socialdemócratas.
América latina está experimentando una reacción contra las políticas
neoliberales desde fines de la década pasada. Aquí, de manera trabajosa y
ambigua, las fuerzas políticas que están ascendiendo al gobierno empiezan a
dar la espalda al recetario de los Chicago boys. En algunos casos, cabe
dudar de su confianza en sí mismas y hasta de su sinceridad, pero el empuje
de abajo es, por ahora, lo suficientemente fuerte como para impedirles
traicionar de manera flagrante esa proclamada voluntad.
Pero no es sólo en nuestras escamadas sociedades donde se percibe esta
reversión de la corriente que, durante las tres últimas décadas del pasado
siglo, pareció incontrastable en su voluntad dominadora. En Ucrania y
Bielorrusia, la pasada semana, hubo manifestaciones electorales que dejaron
en claro la desconfianza o el rechazo que las recetas neoliberales suscitan
entre el grueso de la gente. Y en Francia, donde un movimiento sindical
poderoso y la conciencia social de las clases medias se nutre de una larga
historia de luchas populares, un nuevo intento de introducir el modelo de
precariedad laboral a través del caballo de Troya de un plan de empleo
juvenil se estrelló contra la rebelión estudiantil, primero, y luego contra
la gigantesca huelga general que la siguió, asumida por todas las alas del
movimiento obrero.
El damero ex soviético
Bielorrusia y Ucrania son dos naciones pertenecientes a la Comunidad de
Estados Independientes (CEI), la laxa agrupación de estados que reemplazó a
la Unión Soviética en diciembre de 1991. Con tal motivo, ambos países no son
sólo la presea del programa económico neoliberal que ambiciona extenderse al
mundo entero, sino también el espacio de una ofensiva de carácter
geoestratégico que tiene en su centro la liquidación de Rusia como factor de
poder.
El recuerdo de la grisalla del “socialismo real” y los tintes mafiosos y
autoritarios del régimen capitalista de rapiña con que fue suplantado,
dieron pábulo, en muchos países de la ex-URSS, a una serie de “revoluciones
de color” fogoneadas por Estados Unidos y la Unión Europea, con miras a
incrementar las tendencias centrífugas de la otrora segunda superpotencia
mundial. Aun hoy –en Chechenia, en las repúblicas del Asia Central, en
Georgia– esa pretensión disgregadora sigue actuando... y con bastante éxito.
Ucrania, con su “revolución naranja”, y Bielorrusia, a la que los medios de
comunicación occidentales dicen puesta bajo el talón del “despiadado”
dictador Alexander Lukashenko, parecían ser frutos maduros listos para caer
en el regazo de Occidente, operando así el definitivo debilitamiento del
factor oriental.
Sin embargo, en las elecciones que se realizaron en ambos países en días
pasados, los resultados dieron un mentís a esa expectativa.
Pese a que la oposición a Lukashenko en Bielorrusia intentó, sin éxito,
montar un motín de plaza parecido al que revirtió las tornas del proceso
electoral algunos meses atrás en Ucrania y dio el gobierno al político pro
occidental Viktor Yuvshenko, los resultados electorales mostraron un notorio
respaldo al partido del presidente bielorruso. Y, para redondear el
panorama, en Ucrania el mismo Yuvshenko salió muy malparado de la contienda
electoral local, que dio la victoria al Partido de las Regiones, prorruso.
Las causas de estos dos reveses de fuerzas que se proclaman liberales y
preconizan el mercado pueden ser varias y estar marcadas por el perfil
político de los contendientes y por razones contingentes. Pero parece, sin
embargo, que la razón de fondo, en Minsk al menos, pudo residir en el miedo
a los desastres que las políticas de mercado están sembrando en la vecindad;
y que en Kiev el deseo de democracia genuina no confundió al electorado,
determinándolo en cambio a buscar opciones que consientan escapar de la
ambigüedad de un régimen que no consiguió resolver la escisión del país
entre ucranianos y rusófonos.
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