[R-P] Zumbí (Kintto Lucas)
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Lun Sep 19 06:23:07 MDT 2005
Zumbí
Por: Kintto Lucas (Fecha publicación:18/09/2005)
1695. El negro viejo de pelo blanco, fuma su pipa
recostado contra una pared de madera. Fuma y mira los
negritos que corren por la plaza ser reprendidos por
sus madres. Fuma y recuerda... 'Cien años ya que se
fundó Palmares. A sabiduría do Exu, a força de Ogún y
a astucia de Oxosse nos faz viver... Y nosos irmaos
siguen chegando... 'Como hace cien años, cincuenta o
veinte, ayer varios negros han llegado a Palmares... Y
llegan queriendo ser gente. 'No somos cosas, tenemos
nuestra historia' suelen decir. Escapan del maltrato
en los ingenios de caña de azúcar que se extienden por
el nordeste brasileño. Tierra de sol quemante: selva,
sertao y sierras. No quieren seguir dejando el corazón
y el alma en los trapiches. Se hacen cimarrones y
caminan a la sierra en busca de la libertad de esta
nación negra comunitaria de seis pueblos: Macacos que
es la capital, Subupira, Dambrabanga, Obenga, Tabocas
y Arotirene. Cada uno es dirigido por un jefe y en las
plazas las asambleas populares definen rumbos.
Cosechan feijao, maíz, mandioca y tabaco; crían
gallinas y porcos. La palma africana que cubre la
sierra les regala su nobleza: las hojas son techo,
pared y cama; las fibras material para tejer ropas y
canastos; la pulpa del fruto alimento y el carozo da
el aceite. Son treintamil libres, dueños de su propio
mundo. Trabajan para ellos... y también descansan
porque 'o branco nao vem cá, si vem o diabo levará y a
garrotazos sairá'. Al son de maracas, tambores y
campanillas cantan y bailan; veneran a sus orixás,
defienden con armas las conquistas... y por las noches
tocan fogo nos cañaverales... 'Cuando amanece desde a
praia, la de longe, se ve a fumaza', piensa el preto
velho, y sonríe con cierta ironía, soltando bocanadas
de humo...
Los portugueses están preocupados: en cien años, más
de treinta expediciones militares intentaron acabar
con Palmares... no pudieron. Unas veces los
soldados-cazadores de negros, terminaron enloquecidos,
tragados por la floresta, otras quemaron pueblos
vacíos creyendo haber vencido...
Siempre imaginan vencer... tan solo vencen la sombra
que aparece y desaparece. Ni los holandeses que
ocuparon Pernambuco durante muchos años, ni los
portugueses, han podido con Palmares... Cuando
lograron algún prisionero: los holandeses lo
crucificaron y los portugueses lo mutilaron para dar
temor a los que todavía eran esclavos. 'Cuando los
holandeses invadieron -recuerda el viejo-, los
portugueses querían darnos la libertad para que
combatiéramos con ellos. Creyeron que aceptaríamos...
esa guerra no era nuestra, cualquiera que triunfara
nos seguiría esclavizando'.
Algunas de las expediciones contra Palmares estaban
comandadas por negros esclavos a los que se daba la
libertad por liquidar a sus hermanos... Otras cruzadas
iban dirigidas por mestizos engreídos como aquel
capitán que en 1677 dijo a sus tropas antes de partir:
'La naturaleza hizo a los esclavos para obedecer y no
podrán resistir. Si terminamos con ellos habrá tierras
para plantar caña de azúcar nuestra, negros para el
trabajo y honor para todos'. Volvió derrotado... Y
como la victoria no llega, los portugueses inician
conversaciones de paz... Al año siguiente en Recife el
gobernador de Pernambuco representa la corona
portuguesa, el jefe Ganga Zumba al pueblo de Palmares,
y el obispo hace de intermediario. Hay acuerdo: 'Los
santuarios de Palmares serán desalojados. Se declara
libres todos los que allí nacieron. Los que llevan la
marca de fuego candente vuelven a ser propiedad
privada de sus amos'. De los treinta mil palmarinos
solo cinco mil aceptan el trato. 'Traidor, merecía la
muerte, ese grande diabo de
Ganga Zumba', piensa el negro viejo y sus ojos se
iluminan. Zumbí, jefe de Macacos y sobrino de Ganga no
acepta lo que cree traición. 'No creo en la palabra de
mis enemigos, ni entre ellos mismos se creen', dice al
pueblo que se queda... 'Han pasado diecisiete años y
la resistencia se mantiene. Zumbí sigue aplicando la
justicia del fuego en los cañaverales', piensa el
viejo. Y mientras el recuerda y se regocija con sus
pensares, en Recife se prepara la mayor expedición
militar de que se tenga memoria.
Jorge Domingos, un mestizo que había sido contratado
por la corona portuguesa para exterminar indígenas
sublevados en el sertao de Pernambuco y Río Grande do
Norte, cumplidor de su trabajo, fue llamado para
destruir Palmares. Tierras, negros para vender,
órdenes religiosas y grados militares, son los
ofrecimientos. Se vacían cárceles y pobres de todos
los rincones vienen a engrosar el ejército más grande
que se haya formado en Brasil. Diez mil hombres:
indios, negros y mestizos -los europeos mandan no
pelean-, atraviesan la selva y suben la sierra donde
están las fortificaciones negras.
Varios días duran los cañonazos que logran destruir la
triple muralla de madera y piedra. Tras el combate
cuerpo a cuerpo son miles los muertos, otros al
intentar huir resbalan por el despeñadero al vacío;
también están los que se arrojan al precipicio
prefiriendo la muerte a la esclavitud; unos pocos
logran escapar... El preto velho cae con lágrimas en
los ojos pidiendo a los orixás que protejan a Zumbí de
la saña enemiga... Desde la costa se puede ver el humo
que surge de la sierra mientras las llamas se tragan
Palmares. El jefe Zumbí ha logrado escapar y se
interna en la selva reuniendo a sus hermanos. Allí
estará tiempo reconstruyendo los sueños... Entre los
esclavos se corre la voz: 'A Zumbí la muerte no lo
toca'... Pero un día, cuando el sol está naciendo
llega un negro a la floresta, amigo en Macacos. Zumbí
lo abraza, el traidor le hunde su puñal en la espalda.
Los soldados lo degüellan y clavan la cabeza en una
lanza. La llevan a Recife para exhibirla en la plaza:
'Así aprenderán que Zumbí no es inmortal', gritan. El
viento ya camina rápido por las ruinas de Palmares. El
fuego se ha comido todo... creen los que han vencido
que con Zumbí han muerto la memoria de Palmares... Y
como antes, se equivocan. Dicen sus hermanos que el
jefe sigue caminando entre los espíritus y a veces
decide bajar. Mientras un hombre explote a otro, él
andará por acá, entre las palmas, cantando el canto de
las araras, danzando el ruido de los tambores,
dirigiendo a su pueblo entre el cielo y la tierra...
Los jefes de las rebeliones que vendrán seguirán
llamándose Zumbí...
Hoy cuando mil o dos mil agricultores sin tierra del
nordeste ocupan un latifundio o toman un pueblo
saqueando depósitos de alimentos hay quienes recuerdan
a Zumbí. El anda caminando, baja en los templos de
candomblé, sale a la calle y dirige las revueltas
fumando seu charuto. Hasta que un hombre explote a
otro, andará revelándose por los tiempos...
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