[R-P] La revolucion fusiladora llega al NOA-La Noche de los cuchillos largos de Jujuy
Julio Fernández Baraibar
echeveste en fullzero.com.ar
Dom Sep 18 18:17:00 MDT 2005
La Otra Historia / Los Malditos / Mitos y Cultura PopularEnviado por la Nac
y Pop.
El envío está originado en Centro Cultural Enrique Santos Discépolo cuya
figura más importante es Norberto Galasso.
Al final del artículo hay una nota que explica quién fue Esteban Rey. Por
alguna razón que ignoro olvida algunos datos importantes para definir a
Esteban Rey.
Fue abogado de Fotia. Se vinculó desde muy joven a los grupos trotsquistas
que, encabezados por Jorge Abelardo Ramos, en las postrimerías del segundo
gobiertno peronista, convergieron en la fundación del Partido Socialista de
la Revolución Nacional. Fue este partido el que editó el diario Lucha Obrera
y Jorge Abelardo Ramos fue su alma mater y quien le dio la dirección
política a la la redacción.
Caído el gobierno peronista siguió vinculado a Ramos y publicó un libro
llamado Frigerio y laTraición de la Burguesía Nacional.
Durante muchos anos estuvo alejado de la acción política directa. Fue
candidato a diputado nacional por el FIP en 1973, época en que tuve el gusto
de conocerlo personalmente.
Posteriormente a ello fue asesor del ministro del Interior de Perón, Benito
Llambí.
Julio Fernández Baraibar
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La Otra Historia / Los Malditos / Mitos y Cultura Popular
Esteban Rey / Un artículo político memorable
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La Revolución Libertadora llega
al extremo Norte
La noche de los cuchillos largos de Jujuy
Por Esteban Rey
Escribimos esta crónica desde donde Argentina comienza a ser sinónimo de
América. Densa muchedumbre de montañas preparan para la violenta ascensión a
las mineralizadas mesetas centrales del continente. Desde aquí, por el
Pilcomayo y el Bermejo, rumbo al Paraná profundo y lejano, se extiende la
selva y el trópico.
Tierra y hombres de idéntico color se reconocen a sí mismos desde el
comienzo de los tiempos.
El desafío vegetal del bosque sufre la civilizada derrota del ingenio
azucarero. Altas chimeneas destacan su arrogancia vencedora en el dilatado
esmeralda de la caña.
Mas allá, junto a las últimas fronteras, el cedro, la tipa y los lapachos
defienden las profundidades húmedas donde cuentan que duerme su sueño el
Dios de la madera. La cinta paralela de las vías, junto a caminos cada vez
más estrechos, señalan el rumbo de los conquistadores.
Lo que fue antes:
Durante muchos, muchos años después de la Independencia Nacional, estas
regiones siguieron viviendo como cuando la encomienda, lamita y el yanacona
coloniales. Hombres pletóricos de derechos y gente famélica de justicia,
opulencia natural y necesidad humana, ricos muy ricos y la inmensa pobreza
multiplicada y multiplicándose en ranchos y taperas hacia los cuatro puntos
cardinales.
Alguna que otra ciudad en la que el comercio y las oficinas administrativas
creaban la sensación de la época moderna.
Desesperación, vicios, gobernadores, diputados, senadores, intendentes,
todos de uno u otro modo vinculados a los ricos.
Un administrador de ingenio era necesariamente un candidato a diputado
nacional, un gobernador debía ser por lo menos apoderado de una firma
azucarera.
Largos y melancólicos ingleses de grandes pies y rudos zapatones claveteados
moraban en algunas zonas, siempre las mas ricas y las de mayor pobreza.
Aislados en sus casas y en su idioma, repetían en éstas latitudes la actitud
nostálgica y despreciativa de los administradores británicos de la India.
Después vino el 17 de Octubre de 1945. Después vinieron los sindicatos y los
indios y los obreros comenzaron a tener derechos.
Ledesma, Sugar Company debió tratar con los gremios y no con el cacique
envilecido a alcohol y a coima.
Debió pagar en moneda nacional, olvidándose del salario en escopetas viejas
y en caballos inservibles al fin de cada cosecha.
Debió franquear a todo el mundo las calles que antes se abrían solo para los
señores dueños del ingenio y sus sirvientes de alto copete.
El mataco se estremeció con la risa amplia del hombre recuperado.
El cuchillo pelador de caña fue también razón y derechos desde entonces.
Un administrador hubo de recorrer los lugares de sus tropelías con una
cornamenta de ciervo a manera de sombrero.
Los chaguancos tuvieron zapatos y aprendieron a hablar en castellano.
Por primera vez en la historia nacional tuvieron voto y se inscribieron en
los padrones y registros civiles. Dejaron de llamarse Benito Mussolini,
Jorge Washington o Al Capone, nombres con los que los sirvientes menores de
la oligarquía azucarera los bautizaban en las contabilidades, para divertir
sus ocios de imbéciles sin remedio.
Se llaman ya con sus nombres extraños, resonancia lejana del grito de sus
pájaros o del rumor profundo de sus bosques y sus ríos.
Allí, alrededor de la mesa del sindicato, los coyas de la puna, los matacos
de los grandes ríos, los chauancos de los bosque los trabajadores blancos o
morenos de todas las latitudes se reconocieron hermanos, se reconocieron
también, como en una revelación, argentinos.
Alrededor de esa misma mesa se encontraron también con los aimaras, los
quechuas bolivianos y se reconocieron hermanos y aprendieron que América
Latina es un realidad que les pertenece por historia y por destino.
Faltaban muchas cosas, es cierto. Sobraban penas. La lucha seguía siendo un
largo camino a recorrer, pero había esperanzas.
En esto, llegó la llamada .revolución libertadora al extremo norte. Fue por
la radio. Se anunció que el gobierno que habían elegido, que había elegido
el pueblo de la república no existía más.
Ahora, se dijo, había un gobierno provisional.
Armados de sus cuchillos y su fe se resistieron a aceptar lo impuesto por
lejanos locutores.
Durante días, casi semanas después de la instalación del nuevo gobierno,
velaron sus armas en una dolorosa impotencia.
-Ya les avisaremos cuando habrá que jugarse, dijo alguien, pero nunca nadie
les comunicó que la hora había llegado.
Las banderas y las escarapelas lucieron por las calles céntricas de algunas
ciudades, en ningún lugar más.
Los cañaverales, los obrajes, los dilatados campos del tabaco no lucieron
los colores nacionales. Una profunda tristeza sucedió al estupor de una
derrota que no había sido el resultado de ninguna batalla.
Ahora, la tarea aumenta, ahora crecen las voces de los capataces, en los
ingenios, en los obrajes, en las minas. Se despide a los dirigentes
sindicales y se hace retroceder en 20 años la legislación social vigente, so
pretexto de adulteración en los padrones electorales.
Se habla abiertamente de quitar el derecho a voto a millones de indios, tal
vez quiera borrárselos también de los registros civiles o hacerlos regresar
de nuevo sin nombre, ni patria, a lo profundo de la selva.
Los dueños de ingenios y de minas, los latifundistas han regresado a las
funciones de gobierno, ahora mandan por sí o por intermedio de sus
mandatarios, tienen en sus manos la suerte de la región, alguien moderno
Sigfrido azucarero ha elaborado una frase que gana cada día mayor
predicamento: -El país necesita un baño de sangre.
Con ese espíritu se actúa. En los ojos de esta oligarquía brilla el ansia de
la revancha, pero también, más al fondo, brilla el miedo.
Todos los partidos tradicionales apoyan a la llamada -revolución
libertadora. La inmensa mayoría de la población los enfrenta. No hay
desertores. Tal vez no se sepa con claridad lo que se desea pero se sabe
claramente lo que no se quiere.
Durante la última huelga, los trabajadores ocuparon Ledesma por tres días.
Un riguroso cerco de soldados y gendarmes se anudó alrededor del ingenio.
Ráfagas de ametralladoras disparadas al aire establecieron un verdadero
sitio contra los ocupantes, así hasta que se levantó la huelga y comenzaron
las represalias. Se ha abierto en la región la noche de los cuchillos
largos.
La inmensa mayoría contra la inmensa minoría. La pasión vela, arden en
ingenios, minas y fincas. No se acepta la vuelta al pasado. Se resiste.
Nadie se pregunta cuando se reconquistará lo perdido, pero nadie duda que
todo lo perdido será recuperado y que se irá mucho más adelante en lo
económico y social.
Esto es lo que dice el silencio agresivo de este pedazo de América Latina
que ha cobrado y conciencia de su propio destino.
ER/
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(*) En los últimos meses de 1955, después del golpe militar de septiembre,
apareció integrando la resistencia el periódico Lucha Obrera, dirigido por
Esteban Rey.
Formado en las lecturas del troskismo, Rey había sido antiperonista y en tal
carácter había intentado arengar a un grupo de obreros tucumanos allá por
1949, produciendo una airada reacción de éstos que estuvieron a punto de
agredirlo.
Tiempo después, cuando intentaba explicar al peronismo desde un perspectiva
de izquierda nacional, alguien le recordó el episodio y Rey contestó
inmediatamente - ¿Sabelo que pasa?, Ellos tenían razón!.
El 18 de enero de 1956, poco tiempo antes de su clausura, Lucha Obrera
publicó un editorial redactado por Rey constituye esta brillante página
política, que merecia ser rescatada del olvido.
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