[R-P] Nora Lagos, una historia del peronismo rosarino de los `50
Eduardo Toniolli
edutoniolli en yahoo.com.ar
Dom Sep 18 08:10:29 MDT 2005
Rosario/12
Domingo 18 de septiembre de 2005
A MEDIO SIGLO DEL DERROCAMIENTO DE JUAN PERON
Nora Lagos, una historia del peronismo rosarino de los
`50
En 1953, a los 28 años de edad, fue la primera mujer
que estuvo al frente de La Capital, poniendo el diario
al servicio del sistema peronista. "Gracias a mi no lo
expropiaron", diría después. Tras la caída de Perón,
dirigió periódicos semiclandestinos como parte de la
Resistencia y estuvo exiliada en Paraguay, luego de un
escape de novela a través de selvas y ríos.
Por Guillermo Lanfranco
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Podría haber seguido el destino marcado por su
familia, pero cambió de bando con tanto empuje que
quedó en la vereda de enfrente. Se envolvió en la
bandera del primer peronismo y devino en la única
mujer que estuvo a cargo de La Capital en toda su
historia, convirtiendo a un diario que había sido
acérrimo opositor del gobierno, en un órgano
oficialista sin medias tintas. Cuando asumió esa
responsabilidad, en setiembre de 1953, tenía apenas 28
años. Dos años después ‑hace exactamente medio
siglo‑ acompañó la caída del gobierno de Juan
Perón con su propia caída. Fue el principio de una
nueva etapa: se sumó a la Resistencia Peronista que
durante un lustro enfrentó a la Revolución Libertadora
y sucedáneos. Su aporte fue la edición de periódicos
semiclandestinos, actividad que la llevó repetidamente
a la cárcel, incluyendo un escape de aventura a
Paraguay junto a un futuro miembro de las Fuerzas
Armadas Peronistas, una de las primeras guerrillas en
la década del `60. Nora Lagos, bisnieta de don Ovidio,
el fundador del decano de la prensa argentina, ya era
leyenda ‑blanca o negra, según quien la
contara‑ antes de su muerte en noviembre de
1975. Hoy, al cumplirse 50 años del golpe que derrocó
a Juan Domingo Perón, su figura vuelve casi como
personaje de novela, inscripto en hechos que forman
parte de la historia local y nacional del siglo XX.
Otro rumbo
Nora Lagos nació el 14 de febrero de 1925 en Buenos
Aires. Su padre era Carlos Lagos, director de La
Capital desde 1916 hasta 1940, nieto del fundador y
activo dirigente de la democracia progresista, cuando
la lideraba Lisandro de la Torre. La madre era María
Teresa Chauvin, de nacionalidad francesa.
La vida de Nora podía seguir el derrotero de tantas
chicas de clase alta de la época: estudios
secundarios, matrimonio con alguien del círculo social
frecuentado y una rutina hogareña y sin sobresaltos.
Pero en 1947 conoció al hombre que acompañaría su
destino por los próximos años. Hugo Mac Dougall usaba
su apellido materno en lugar del paterno Mascías, una
forma de ganar glamour en los ámbitos artísticos donde
se movía. Escritor de origen, había devenido en
guionista ‑alentado por su amigo Homero
Manzi‑ de un cine nacional que estaba viviendo
tiempos dorados. Malambo, El Cura gaucho, Tres hombres
del río, El tambor de Tacuarí fueron algunas de las
épicas criollas ‑tan propias de esos años‑
a las que prestó su pluma. Hasta hizo su aporte a la
primera televisión argentina, guionando una novela
histórica llamada Heroínas de Mayo. Hugo y Nora se
integraron a los círculos culturales afines al
peronismo y frecuentaban y recibían en su piso de
avenida del Libertador a personajes de la farándula de
entonces, como Enrique Muiño, Zully Moreno, Tania,
Discepolín, Tita Merello y Mirtha Legrand.
Pero a principios de la dΘcada del `50, los
acontecimientos políticos metieron la cola en la vida
en la pareja Mac Dougall‑Lagos. Desde 1947 el
gobierno peronista venía construyendo una arquitectura
de medios favorables a su gestión, que no ahorraba
recursos oscuros a la hora de sumar voces y plumas. En
Buenos Aires, los diarios La Epoca, Democracia,
Crítica, Noticias Gráficas, El Mundo y La Razón
formaban parte de una cadena oficial construida
alrededor del grupo editorial Alea, del Estado. Solo
los tradicionales y conservadores diarios La Prensa y
La Nación ‑y el más reciente Clarín‑
estaban por fuera del sistema de medios del peronismo,
presionados por las restricciones que desde el IAPI
(organismos oficial que controlaba el intercambio
comercial con otros países) se imponía a la
distribución del papel prensa importado.
Mientras, en el Congreso Nacional una comisión
encabezada por el diputado ‑rosarino de
origen‑ ex conservador José Emilio Visca se
encargaba de fiscalizar las "actividades
antiargentinas" de los diarios de todo el país, con
atribuciones para intervenir en sus contenidos,
suspenderlos y hasta clausurarlos. De hecho, esto
sucedió en muchas oportunidades cuando alguna
publicación no sintonizaba con el discurso oficial o
se excedía en las críticas al peronismo, una modalidad
que alcanzó su punto máximo ‑y más
simbólico‑ con la expropiación de La Prensa, que
terminó en manos de representantes de la CGT.
En la capital de los cereales, la familia Lagos veía
cómo el cerco se iba cerrando sobre su empresa, con
riesgo cierto de correr la misma suerte que los Gainza
Paz ‑dueños de La Prensa‑ a quienes les
habían confiscado todos sus bienes, incluyendo cuentas
bancarias. La Capital había apoyado abiertamente a la
Unión Democrática en 1946 y sus directivos eran de
filiación demócrata progesista o demócrata nacional.
Con acuerdo de la familia -explícito o no-, Nora
Lagos fue la clave para evitar el peor de los
destinos para el diario y sus dueños. "En 1952 mis
padres estaban por irse a España y pasan por Rosario
para arreglar algunas cosas. Pero les gustó el
ambiente, se engancharon y torcieron el rumbo de sus
vidas", cuenta a Rosario/12 la menor de las hijas que
Nora tuvo con Mac Dougall y que lleva el mismo nombre
que su madre.
En septiembre de 1953 los acontecimientos se
precipitan. El día 5 una breve información daba cuenta
en la página 4 del diario que "El general Perón
recibió ayer a la Sra. Nora Lagos y a su esposo Hugo
Mac Dougall. Durante la entrevista, que se prolongó
por espacio de más de una hora, los visitantes
conversaron con el primer magistrado acerca de algunos
problemas vinculados al periodismo". El 20 del mismo
mes, tomaba sentido ese suelto noticioso: Nora Lagos
asume como directora de La Capital ‑cargo que en
los hechos ya venía ejerciendo‑, gracias a un
fallo judicial que había desplazado del timón a sus
parientes. Era la primera mujer ‑y hasta ahora
la única‑ con esa responsabilidad en toda la
historia del decano de la prensa argentina.
Las columnas
Si bien eso de que "pertenecen al pueblo" había
servido para adaptar las columnas del diario a lo que
aconsejaran algunas circunstancias, para Nora Lagos
la frase de su bisabuelo tenía un sentido unívoco:
"Nuestro lema seguirá siendo siempre el de Ovidio
Lagos, y nuestra divisa el amor a la Patria, porque
amando a la Patria estaremos unidos al gran patriota
que nos manda este saludo: ¡Adelante, muchachos!" El
"gran patriota" al que hacía referencia no era otro
que el general Perón, quien había mandado ese saludo
en oportunidad de visitar Rosario para inaugurar el
nuevo local de la CGT en calle Córdoba al 2000. En la
edición del 1º de setiembre se publica una gran foto
donde Perón abraza a Nora, señal de que 1) ella ya
ejercía gran influencia sobre la línea del medio aun
antes de ser directora y 2) su condición de editora y
de militante peronista eran la misma cosa.
"Al confundirse en un abrazo con la señora Lagos, el
general Perón le dijo: `Lleve este saludo a los
muchachos'", cuenta el cronista, para luego avanzar en
una interpretación libre de la escena: "No pensó el
Presidente en la empresa. Su recuerdo unió a la
institución con aquellos que la engrandecen mediante
su labor cotidiana y su inquietud incesante. Perón, al
pensar en La Capital, pensó en los muchachos que la
escriben y componen".
Sin el respaldo de la familia, desplazada a la
fuerza de la conducción, por necesidad y/o convicción
Nora se recostó en los empleados, lo que marca una
impronta constante en los dos años en que manejó el
diario. "Estaba muy en contacto con nosotros, los
otros Lagos nunca bajaban al taller, pero ella siempre
lo hacía", recuerda hoy José Giorgio, quien había
ingresado al diario como trabajador gráfico en 1939, a
los 15 años de edad. "Se quedaba hasta las 4 de la
mañana para esperar la salida de los ejemplares de
rotativa", cuenta su hija.
La mujer de físico menudo y pelo corto asumía el rol
de nave insignia del periódico. Una delegación de
obreros textiles o una de boyscouts visitaban el
diario y ahí estaba Nora para la foto. Podía recibir a
un grupo de escritores o al embajador alemán, como ir
a un agasajo del sindicato de periodistas. Todo
quedaba registrado en una imagen que se publicaba al
día siguiente, aludiendo a la presencia de "la señora
directora Nora Lagos".
Las ocho páginas de cada edición ‑acotadas por
la escasez de papel‑ rebosaban de información
oficial, mientras se repetían los editoriales
laudatorios hacia Perón y sus acciones, con un
alineamiento explícito y sin pudores. Y así como
existía una sección fija dedicada a "Noticias
gremiales", no se veían muchas informaciones
partidarias por fuera del justicialismo.
Cada vez que Nora podía acceder a "El General", en
los días siguientes se repetía la foto de saludos
hechos llegar por el líder a los dependientes del
diario a través de la directora. Incluso Nora llegó a
repartir entre todos los empleados copias de fotos
autografiadas con una dedicatoria especial de Perón.
El cenit de su adhesión al gobierno peronista lo
alcanzó en agosto de 1954, cuando viajó al Paraguay
junto al Presidente, donde dio conferencias mientras
Perón le devolvía al dictador Stroessner los trofeos
conquistados durante la guerra de la Triple Alianza.
A todo esto, Hugo Mac Dougall, desde el cargo de
subdirector, editaba el nuevo suplemento literario del
diario, de perfil "litoralista", según su propio
mentor. "Era un espacio cultural muy bueno", recuerda
Gary Vila Ortiz, "donde se le daba lugar a autores de
distintas vertientes". El primer número fue abierto
por un poema de José Pedroni e incluso hasta se generó
un "comisión de amigos" del suplemento, encabezada por
al arquitecto Sinópoli y el ingeniero Angel Guido,
cuyos actos contaban con la locución del joven Jack
Benoliel. Mac Dougall también había tenido su momento
sublime peronista al escribir el guión para la
película Caballito criollo (1953), inspirado en el
afecto que el general le profesaba a los equinos de
raza nacional.
La caída
Después de aquel discurso del "cinco de ellos por
cada uno de los nuestros que caiga", en agosto de
1955, la suerte del gobierno de Perón estaba echada.
El 16 de setiembre ‑también viernes como en este
mes de de recordación‑ comenzó la insurrección a
la que le llevó un fin de semana afianzarse, entre
apoyos y rebeliones hacia el gobierno de distintas
facciones de las Fuerzas Armadas. El lunes 19, La
Capital era un hervidero. "Este diario se había
convertido en el baluarte agitativo del peronismo
-cuenta, como testigo directo de ese día, Juan M. Vigo
en sus Memorias de un combatiente de la Resistencia-.
Allí concurrían todos los dirigentes obreros de la
gran ciudad y una inmensa cantidad de público de los
barrios populares en busca de noticias. Centenares de
personas se renovaban constantemente delante de las
pizarras o recorrían el edificio, como si fuera casa
propia, comentando animadamente las noticias".
En esa jornada se precipitaron los acontecimientos,
cuando Perón le pidió a los militares que dispusieran
del poder. Como el canto de cisne de una época que
terminaba, al día siguiente el editorial de La Capital
habla del "supremo sacrificio" de Perón al renunciar a
la presidencia, vaticinando que así todo "tendrá el
amor de su pueblo, que no lo arrancará jamás de su
corazón". Fue quizás el último acto de Nora en el
edificio de calle Sarmiento, ya que rápidamente la
familia Lagos -solo hizo falta un telegrama judicial
desde Buenos Aires- recuperó la conducción del diario,
perdida dos años atrás. "Gracias a mi no lo
expropiaron", diría Nora años después. "Los Lagos eran
antiperonistas, pero estaban agradecidos a ella porque
les había salvado el diario", ratifica el ex gráfico
Giorgio, en una definición que aparece repetida en
varios testimonios.
Claro que esos eran momentos de revanchas grandes y
pequeñas. "Los mismos empleados a los que ella les
había comprado los muebles para su casa, la escupieron
cuando se iba", recuerda Giorgio algunas escenas de la
salida de la directora, que de inmediato fue a parar a
la cárcel. Poco después un editorial habla de "la
restauración espiritual" (29/09/55) resultante de la
Revolución Libertadora, aunque al lado una pequeña
noticia evidencia que algo no andaba bien del todo:
"Salvo en Rosario, ha sido levantado el toque de
queda".
Es que a la caída de Perón le siguieron seis días
continuados de huelgas que desconocieron los llamados
del nuevo gobierno. La ciudad a orillas del Paraná
ratificaría su fama de "capital del peronismo" a lo
largo de la resistencia posterior al golpe. Y Nora
Lagos estaba dispuesta a hacer su aporte.
Resistente
Ni bien fue dejada libre, Nora Lagos comenzó a
editar por su cuenta un periódico semiclandestino
llamado La Argentina (justa, libre y soberana). "Salía
un número a la calle, se lo cerraban y la metían
presa", señala el historiador Eduardo Zanella. Algunos
ejemplares se vendían en los quioscos, pero la mayoría
los repartían los propios militantes peronistas que
iban a buscarlos hasta la puerta de la casona de
bulevar Oroño 1345, donde ella misma los recibía. "Se
presentaban graves dificultades para imprimirlo,
porque los imprenteros, amenazados por los
`libertadores', se negaban a hacerlo", cuenta Vigo en
su libro sobre la Resistencia. Una accedió, la que
estaba ubicada en la esquina de San Martín y Urquiza,
donde se hacía un viejo periódico llamado La Reacción.
Al tiempo que el gobierno militar se endurecía en
manos del general Aramburu, ella terminaba otra vez en
la cárcel. "¿Dónde está Nora Lagos?", dice el el
título de tapa de La Argentina el 31 de diciembre de
1955. Fue el último número del periódico partidario
semiclandestino, ya que su directora estuvo entre
rejas en Buenos Aires hasta 1956. Al regreso,
Hugo Mac Dougall, se baja de cualquier proyecto
militante y se va a vivir a un campito en las sierras
de Córdoba. Nora, lejos de aplacarse, regresa a
Rosario ‑ahora en una casa de Maipú 1679,
desafiantes fotos de Perón y Evita en el frente y a la
vista de todos‑ para editar Soberanía. El
periódico mostraba la misma línea editorial militante
de su anterior creación, alejada de cualquier
alternativa "neoperonista" como estaba a punto de
alentar el frondizismo, con la intención de ganarse el
sufragio peronista. "La posición intransigente de
Soberanía solo convalidaba la decisión de votar en
blanco", señala la historiadora Carina Capobianco, en
vista a los comicios que consagrarían como presidente
a Arturo Frondizi. Mientras, en el camino quedaba la
figura de Luis Sobrino Aranda, quien la había
secundado en parte de la aventura editorial. El mismo
que después ganó triste fama como figura de la derecha
peronista en los `70.
Al tiempo Nora vuelve a caer presa junto a su nueva
pareja, el militante René Bertelli. "La pasaban juntos
en una comisaría de San Justo (Buenos Aires), en una
celda con un colchón en el suelo y una manta de
vicuña", reconstruye los viejos relatos maternos la
hija Nora. Logran huir para emprender el exilio hasta
Paraguay, en un viaje -también con las dos hijas-
"mitad caminando por la selva y mitad en canoa, bien
clandestino". Nora, la hija, recuerda que en Asunción
"había miles de argentinos, ibamos cambiando de
pensión para disimular".
De regreso a la Argentina, Nora Lagos fue una de las
principales promotoras de una gran marcha que se
organizó desde el Monumento hasta el Cristo Redentor,
para rendirle homenaje a los fusilados el 9 de junio
de 1956. Y siguió siendo partícipe de una resistencia
tan fervorosa como desorganizada. "Cuando tramaban
algo al día siguiente se descubría, porque no tenían
medidas de seguridad, si hasta invitaban al comisario
del barrio a las reuniones", señala Zanella.
Solitaria y final
En los `60 recupera el 6 por ciento de acciones de
La Capital que le quedaban, a la par que merma su
militancia. "Reputeaba contra las estructuras
políticas del peronismo, ella que nunca había querido
tener cargos para que no pensaran que esa era su
ambición", señala Oscar de Sanctis, que la conoció
como yerno en 1967.
Para el grupo compañeros que acompañaban la
militancia peronista de sus hijas, era una fuente
inagotable de historias, además de participar de
acciones "de control" -verificar por teléfono que cada
uno de los jóvenes hubiera regresado a su casa- cuando
se realizaban acciones de perturbación del orden
impuesto por la dictadura de Onganía a partir de 1966.
Por ese entonces, su ya ex pareja René Bertelli
-quince años más joven que ella- se inclinaba hacia
las Fuerzas Armadas Peronistas lideradas por Cacho El
Kadri, junto a quien viajó a Madrid para contactarse
con Juan Perón. En 1968 un terreno familiar de los
Bertelli adquirido por las FAP sirvió de base para las
acciones de la incipiente guerrilla en Taco Ralo
(Tucumán), rápidamente desbaratadas por la policía. En
el anecdotario político queda la historia de René
refugiándose -con la ayuda del dirigente radical
Agustín Rodríguez Araya- en la embajada de México, a
bordo de una ambulancia y vendado de pies a cabeza
para que no lo reconocieran las fuerzas de seguridad.
Una de las últimas imágenes que De Sanctis recuerda
de Nora Lagos parece tomada de una novela de Osvaldo
Soriano. "El 20 de junio de 1973, en el frustrado
arribo de Perón a Ezeiza, había llegado sola manejando
su Torino desde Rosario. No se cómo, estaba a 200
metros del palco mientras silbaban las balas".
-¿Qué hacés acá Nora?, andate-, le dijo su yerno.
-No, no, si Perón va a venir-, contestó Nora.
Murió el 23 de noviembre de 1975. La nota
necrológica del diario destacó que Nora Lagos "estaba
dotada de enérgico carácter". Un trato bastante más
benévolo -acorde a cada momento político- que el
dispensado en el suplemento especial por el centenario
de La Capital en 1967, cuando faltó su foto junto a
las de los directores que hasta entonces había tenido
el decano. Y muchos más condescendiente que el
"bastarda" con que sus consanguíneos solían
calificarla a partir de la década del `50. Si, como
decía John William Cooke, el peronismo fue el hecho
maldito del país burgués, hasta sus últimos días el
nombre de Nora resonó en forma similar entre la
numerosa familia que manejó al decano de la prensa
argentina durante 130 años.
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