[R-P] Primicia: Discurso completo de Chavez en la ONU

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Jue Sep 15 18:10:48 MDT 2005


DISCURSO DEL PRESIDENTE DE VENEZUELA, HUGO CHÁVEZ, EN
LA SEXAGESIMA  ASAMBLEA DE LAS NACIONES UNIDAS

Excelencias, amigas y amigos, muy buenas tardes: 

El propósito original de esta reunión ha sido
desvirtuado totalmente. Se nos ha impuesto como centro
del debate un mal llamado proceso de reformas, que
relega a un segundo plano lo más urgente, lo que los
pueblos del mundo reclaman con urgencia, como lo es la
adopción de medidas para enfrentar los verdaderos
problemas que obstaculizan e impiden los esfuerzos de
nuestros países por el desarrollo y por la vida. 

 

Cinco años después de la Cumbre del Milenio, la cruda
realidad es que la gran mayoría de las metas
diseñadas, pese a que eran ya de por sí modestísimas,
no serán alcanzadas. 

 

Pretendimos reducir a la mitad los 842 millones de
hambrientos para el año 2015. Al ritmo actual la meta
se lograría en el año 2215, ve a ver quién de nosotros
estaríamos allí para celebrarlo, si es que la especie
humana logra sobrevivir a la destrucción que amenaza
nuestro medio ambiente. 

 

Habíamos proclamado la aspiración de lograr en el 2015
la enseñanza primaria universal. Al ritmo actual la
meta se alcanzará después del año 2100, preparémonos
pues para celebrarlo. 

 

Esto, amigas y amigos del mundo, nos lleva de manera
irreversible a una amarga conclusión: las Naciones
Unidas han agotado su modelo, y no se trata
simplemente de proceder a una reforma, el siglo XXI
reclama cambios profundos que sólo son posibles con
una refundación de esta organización. Esto no sirve,
hay que decirlo, es la pura verdad. 

 

Esas transformaciones, a las que desde Venezuela nos
referimos, al mundo, tienen para nosotros, desde
nuestro punto de vista dos tiempos: el inmediato, el
de ahora mismo, y el de los sueños, el de la utopía;
el primero está marcado por los acuerdos lastrados por
el viejo esquema, no le rehuimos, y traemos, incluso,
propuestas concretas dentro de ese modelo en el corto
plazo. Pero el sueño de esa paz mundial, el sueño de
un nosotros que no avergüence por el hambre, la
enfermedad, el analfabetismo, la necesidad extrema,
necesita –además de raíces– alas para volar.
Necesitamos alas para volar, sabemos que hay una
globalización neoliberal aterradora, pero también
existe la realidad de un mundo interconectado que
tenemos que enfrentar no como un problema sino como un
reto, podemos, sobre la base de las realidades
nacionales, intercambiar conocimientos,
complementarnos, integrar mercados, pero al tiempo
debemos enten der que hay problemas que ya no tienen
solución nacional, ni una nube radioactiva, ni los
precios mundiales, ni una pandemia, ni el
calentamiento del planeta o el agujero de la capa de
ozono son problemas nacionales. Mientras avanzamos
hacia un nuevo modelo de Naciones Unidas que haga
cierto y suyo ese nosotros de los pueblos, hay cuatro
reformas urgentes e irrenunciables que traemos a esta
Asamblea, la primera, la expansión del Consejo de
Seguridad tanto en sus categorías permanentes como en
las no permanentes, dando entrada a nuevos países
desarrollados y a países en desarrollo como nuevos
miembros permanentes. La segunda, la necesaria mejora
de los métodos de trabajo para aumentar la
transparencia y no para disminuirla, para aumentar el
respeto y no para disminuirlo, para aumentar la
inclusión. La tercera, la supresión inmediata,
seguimos diciéndolo desde hace seis años desde
Venezuela, la supresión inmediata del veto en las
decisiones del Consejo de Seguridad, ese vestigio
elite sco es incompatible con la democracia,
incompatible con la sola idea de igualdad y de
democracia. 

 

Y en cuarto lugar el fortalecimiento del papel del
Secretario General, sus funciones políticas en el
marco de la diplomacia preventiva, debe ser
consolidado. La gravedad de los problemas convoca a
transformaciones profundas, las meras reformas no
bastan para recuperar el nosotros que esperan los
pueblos del mundo, más allá de las reformas reclamamos
desde Venezuela la refundación de Naciones Unidas, y
como bien sabemos en Venezuela, por las palabras de
Simón Rodríguez, el Robinson de Caracas: “O inventamos
o erramos”. 

 

En la reunión de enero pasado de este año 2005
estuvimos en el Foro Social Mundial en Porto Alegre,
diferentes personalidades allí pidieron que la sede de
Naciones Unidas saliera de Estados Unidos si es que
continúan las violaciones a la legalidad internacional
por parte de ese país. Hoy sabemos que nunca
existieron armas de destrucción masiva en Iraq, el
pueblo estadounidense siempre ha sido muy riguroso con
la exigencia de la verdad a sus gobernantes, los
pueblos del mundo también: nunca hubo armas de
destrucción masiva y sin embargo, y por encima de
Naciones Unidas, Iraq fue bombardeado, ocupado y
continúa ocupado. Por eso proponemos a esta Asamblea
que Naciones Unidas salga de un país que no es
respetuoso con las propias resoluciones de esta
Asamblea. Algunas propuestas han señalado a una
Jerusalén convertida en ciudad internacional como una
alternativa. La propuesta tiene la generosidad de
proponer una res puesta al conflicto que vive
Palestina, pero quizás tenga aristas que hagan difícil
llevarlo a cabo. Por eso traemos aquí otra propuesta,
anclada en la Carta de Jamaica, que escribió Simón
Bolívar, el gran Libertador del Sur, en Jamaica, en
1815, hace 190 años. Ahí propuso Bolívar la creación
de una ciudad internacional que sirviera de sede a la
idea de unidad que planteaba. Bolívar era un soñador
que soñó lo que son hoy nuestras realidades. 

 

Creemos que ya es hora de pensar en la creación de una
ciudad internacional ajena a la soberanía de ningún
Estado, con la fuerza propia de la moralidad de
representar a las Naciones del mundo, pero esa ciudad
internacional tiene que reequilibrar cinco siglos de
desequilibrio. La nueva sede de Naciones Unidas tiene
que estar en el Sur, “¡El Sur también existe!”, dijo
Mario Benedetti. Esa ciudad que puede existir ya, o
podemos inventarla, puede estar donde se crucen varias
fronteras o en un territorio que simbolice al mundo,
nuestro Continente está en disposición de ofrecer ese
suelo sobre el que edificar el equilibrio del universo
del que habló Bolívar en 1825. 

 

Señoras, señores, enfrentamos hoy una crisis
energética sin precedentes, en el mundo, en la que se
combinan peligrosamente un imparable incremento del
consumo energético, la incapacidad de aumentar la
oferta de hidrocarburos y la perspectiva de una
declinación en las reservas probadas de combustibles
fósiles. Comienza a agotarse el petróleo. 

 

Para el 2020 la demanda diaria de petróleo será de 120
millones de barriles, con lo cual, incluso sin tener
en cuenta futuros crecimientos, se consumiría en 20
años una cifra similar a todo el petróleo que ha
gastado la humanidad hasta el momento, lo cual
significará, inevitablemente, un aumento en las
emisiones de dióxido de carbono que, como se sabe
incrementa cada día la temperatura de nuestro planeta.


 

Katrina ha sido un doloroso ejemplo de las
consecuencias que puede traer al hombre ignorar estas
realidades. El calentamiento de los océanos es, a su
vez, el factor fundamental detrás del demoledor
incremento en la fuerza de los huracanes que hemos
visto en los últimos años. Valga la ocasión para
transmitir una vez más nuestro dolor y nuestro pesar
al pueblo de Estados Unidos, que es un pueblo hermano
de los pueblos de América también, y de los pueblos
del mundo. 

 

Es práctica y éticamente inadmisible sacrificar a la
especie humana invocando de manera demencial la
vigencia de un modelo socioeconómico con una galopante
capacidad destructiva. Es suicida insistir en
diseminarlo e imponerlo como remedio infalible para
los males de los cuales es, precisamente, el principal
causante. 

 

Hace poco el señor Presidente de Estados Unidos
asistió a una reunión de la Organización de Estados
Americanos, a proponerle a la América Latina y al
Caribe incrementar las políticas de mercado, la
apertura de mercado, es decir, el neoliberalismo,
cuando esa es precisamente la causa fundamental de los
grandes males y las grandes tragedias que viven
nuestros pueblos: el capitalismo neoliberal, el
Consenso de Washington lo que ha generado es mayor
grado de miseria, de desigualdad y una tragedia
infinita a los pueblos de este continente. 

 

Ahora más que nunca necesitamos, señor Presidente, un
nuevo orden internacional, recordemos que la Asamblea
General de las Naciones Unidas en su sexto período
extraordinario de sesiones, celebrado en 1974, algunos
de quienes están aquí no habían nacido, seguramente, o
estaban muy pequeños. 

 

En 1974, hace 31 años adoptó la declaración y el
programa de acción sobre un nuevo Orden Económico
Internacional, junto con el plan de acción la Asamblea
General adoptó el 14 de diciembre de aquel año 1974 la
Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados
que concretó el Nuevo Orden Económico Internacional,
siendo aprobada por mayoría aplastante de 120 votos a
favor, 6 en contra y 10 abstenciones –esto era cuando
se votaba en Naciones Unidas–, porque ahora aquí no se
vota, ahora aquí se aprueban documentos como este
documento que yo denuncio a nombre de Venezuela, como
irrito, nulo e ilegal, se aprobó violando la normativa
de las Naciones Unidas, ¡no es válido este documento!,
habrá que discutir este documento, el Gobierno de
Venezuela lo va a hacer conocer al mundo, pero
nosotros no podemos aceptar la dictadura abierta y
descarada en Naciones Unidas, estas cosas son para
discutirlas y para eso hago un l lamado muy
respetuoso, a mis colegas los Jefes de Estado y los
Jefes de Gobierno. 

 

Ahora me reunía con el presidente Néstor Kirchner y
bueno, yo sacaba el documento, este documento fue
entregado cinco minutos antes, ¡sólo en inglés!, a
nuestros delegados y se aprobó con un martillazo
dictatorial, que denuncio ante el mundo como ilegal,
irrito, nulo e ilegítimo. 

 

Oíganme una cosa, señor Presidente, si nosotros vamos
a aceptar esto, es que estamos perdidos, ¡apaguemos la
luz y cerremos las puertas y cerremos las ventanas!
Sería lo último: que aceptemos la dictadura aquí en
este salón. 

 

Ahora más que nunca –decíamos– requerimos retomar,
retomar cosas que se quedaron en el camino, como la
propuesta aprobada en esta Asamblea en 1974 de un
Nuevo Orden Económico Internacional, para recordar
algo, digamos lo siguiente, el Artículo 2 del texto de
aquella carta, confirma el derecho de los estados de
nacionalizar las propiedades y los recursos naturales
que se encontraban en manos de inversores extranjeros,
proponiendo igualmente la creación de carteles de
productores de materias primas. En su Resolución 3.201
de mayo de 1974, expresó la determinación de trabajar
con urgencia para establecer un Nuevo Orden Económico
Internacional basado –oiganme bien, os ruego– “en la
equidad, la igualdad soberana, la interdependencia, el
interés común y la cooperación entre todos los estados
cualesquiera que sean sus sistemas económicos y
sociales, que corrija las desigualdades y repare las
injusticias entre los país es desarrollados y los
países en desarrollo, y asegure a las generaciones
presentes y futuras, la paz, la justicia y un
desarrollo económico y social que se acelere a ritmo
sostenido”, cierro comillas, estaba leyendo parte de
aquella Resolución histórica de 1974. 

 

El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional
era modificar el viejo orden económico concebido en
Breton Woods. 

 

Creo que el Presidente de Estados Unidos habló aquí
durante unos 20 minutos el día de ayer, según me han
informado, yo pido permiso, Excelencia, para terminar
mi alocución. 

 

El objetivo del Nuevo Orden Económico Internacional
era modificar el viejo orden económico concebido en
Breton Woods en 1944, y que tendría una vigencia hasta
1971, con el derrumbamiento del sistema monetario
internacional: sólo buenas intenciones, ninguna
voluntad para avanzar por ese camino, y nosotros
creemos que ese era, y ese sigue siendo el camino. 

 

Hoy reclamamos desde los pueblos, en este caso el
pueblo de Venezuela, un nuevo orden económico
internacional, pero también resulta imprescindible un
nuevo orden político internacional, no permitamos que
un puñado de países intente reinterpretar impunemente
los principios del Derecho Internacional para dar
cabida a doctrinas como la “Guerra Preventiva”, ¡vaya
que nos amenazan con la guerra preventiva!, y la
llamada ahora “Responsabilidad de Proteger”, pero hay
que preguntarse quién nos va a proteger, cómo nos van
a proteger. 

 

Yo creo que uno de los pueblos que requiere protección
es el pueblo de Estados Unidos, demostrado ahora
dolorosamente con la tragedia de Katrina: no tiene
gobierno que lo proteja de los desastres anunciados de
la naturaleza, si es que vamos a hablar de protegernos
los unos a los otros; estos son conceptos muy
peligrosos que van delineando el imperialismo, van
delineando el intervencionismo y tratan de legalizar
el irrespeto a la soberanía de los pueblos, el respeto
pleno a los principios del Derecho Internacional y a
la Carta de las Naciones Unidas deben constituir,
señor Presidente, la piedra angular de las relaciones
internacionales en el mundo de hoy, y la base del
nuevo orden que propugnamos. 

 

Permítanme una vez más, para ir concluyendo, citar a
Simón Bolívar, nuestro Libertador, cuando habla de la
integración del mundo, del Parlamento Mundial, de un
Congreso de parlamentarios, hace falta retomar muchas
propuestas como la bolivariana. Decía Bolívar en
Jamaica, en 1815, ya lo citaba, leo una frase de su
Carta de Jamaica: “Qué bello sería que el istmo de
Panamá fuese para nosotros lo que el de Corinto para
los griegos, ojalá que algún día tengamos la fortuna
de instalar allí un augusto congreso de los
representantes de las repúblicas, de los reinos, a
tratar y discutir sobre los altos intereses de la paz
y de la guerra, con las naciones de las otras tres
partes del mundo. Esta especie de corporación podrá
tener lugar en alguna época dichosa de nuestra
regeneración.” Urge enfrentar de manera eficaz,
ciertamente, al terrorismo internacional, pero no
usándolo como pretexto para desatar agresiones
militare s injustificadas y violatorias del Derecho
Internacional, que se han entronizado como doctrina
después del 11 de septiembre. Sólo una estrecha y
verdadera cooperación, y el fin de los dobles raseros
que algunos países del Norte aplican al tema del
terrorismo, podrán acabar con este horrible flagelo. 

 

Señor Presidente: 

 

En apenas 7 años de Revolución Bolivariana, el pueblo
venezolano puede exhibir importantes conquistas
sociales y económicas. 

 

Un millón 406 mil venezolanos aprendieron a leer y a
escribir en año y medio, nosotros somos 25 millones
aproximadamente y, en escasas semanas el país, dentro
de pocos días, podrá declararse libre de
analfabetismo, y tres millones de venezolanos antes
excluidos por causa de la pobreza, fueron incorporados
a la educación primaria, secundaria y universitaria. 

 

Diecisiete millones de venezolanos y venezolanas –casi
el 70% de la población- reciben, por primera vez en la
historia, asistencia médica gratuita, incluidos los
medicamentos y, en unos pocos años, todos los
venezolanos tendrán acceso gratuito a una atención
médica por excelencia. 

 

Se suministran hoy más de 1 millón 700 mil toneladas
de alimentos a precios módicos a 12 millones de
personas, casi la mitad de los venezolanos, un millón
de ellos lo reciben gratuitamente, de manera
transitoria. Estas medidas han generado un alto nivel
de seguridad alimentaria a los más necesitados. 

 

Señor Presidente, se han creado más de 700 mil puestos
de trabajo, reduciéndose el desempleo en 9 puntos
porcentuales, todo esto en medio de agresiones
internas y externas, que incluyeron un golpe militar
facturado en Washington, y un golpe petrolero
facturado también en Washington, pese a las
conspiraciones, a las calumnias del poder mediático, y
la permanente amenaza del imperio y sus aliados, que
hasta estimula el magnicidio. El único país donde una
persona se puede dar el lujo de pedir el magnicidio de
un Jefe de Estado, es Estados Unidos, como ocurrió
hace poco con un reverendo llamado, Patt Robertson muy
amigo de la Casa Blanca: pidió públicamente ante el
mundo mi asesinato y anda libre, ¡ese es un delito
internacional!, ¡terrorismo internacional! 

 

Pues bien, nosotros lucharemos por Venezuela, por la
integración latinoamericana y por el mundo. 

 

Reafirmamos aquí en este salón nuestra infinita fe en
el hombre, hoy sediento de paz y de justicia para
sobrevivir como especie. Simón Bolívar, padre de
nuestra Patria y guía de nuestra Revolución, juró no
dar descanso a su brazo, ni reposo a su alma, hasta
ver a la América libre. No demos nosotros descanso a
nuestros brazos, ni reposo a nuestras almas hasta
salvar la humanidad. 

 

Señores, muchísimas gracias. 

 



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