[R-P] Beslan: un año después

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Sab Sep 3 06:49:53 MDT 2005


Beslán: un año después el misterio se aclara 
por Thierry Meyssan*

No es prudente considerar la actualidad internacional
sin tener en cuenta las realidades estratégicas.
Durante la toma de rehenes del 3 de septiembre de 2004
en Beslán, Rusia, que terminó con la muerte de 186
niños, los repetidores mediáticos dominantes se
distanciaron del horror afirmando que apoyaban a los
«chechenos moderados» de Aslan Maskhadov, quien
contaba entonces con el apoyo de Londres y Washington.
Sin embargo, un año más tarde, Shamil Basáyev,
organizador de la operación concebida para provocar
una carnicería, acaba de ser proclamado viceprimer
ministro del gobierno en el exilio. Con el tiempo, se
comprueba una vez más que la emoción inmediata sirve a
intereses más complejos: los recursos del Mar Caspio.
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3 de septiembre de 2005

Desde
París (Francia) 

Guerra de Chechenia: «el gran juego» en el corazón de
Rusia

Hace exactamente un año, el 1º de septiembre de 2004,
un grupo de hombres armados irrumpía en una escuela de
Beslán (Osetia del Norte) y tomaba niños, padres y
profesores como rehenes. Al cabo de tres días de
crisis, de una serie de explosiones y el asalto de las
fuerzas del orden, 376 personas encontraron la muerte,
entre ellas 172 niños.

La acción fue reivindicada por Shamil Basáyev, un jefe
militar checheno. Extrañamente, la prensa occidental,
lejos de expresar la menor compasión por los rusos,
arremetió con saña contra el presidente Putin, acusado
de ser responsable de la carnicería por mantener una
atroz guerra colonial en Chechenia y a la vez por
haber organizado un asalto a ciegas.

Algunos autores fueron más lejos, acusando a Vladimir
Putin de haber provocado deliberadamente el baño de
sangre para justificar nuevas medidas autoritarias
[1].

Por su lado, el Kremlin respondió afirmando que la
toma de rehenes no tenía relación con el conflicto
checheno, el cual estaría en vías de normalización,
sino que demostraba que Rusia era blanco del
terrorismo internacional. Esta versión fue rápidamente
modificada cuando expertos rusos dejaron entrever que
la operación habría sido preparada en realidad por los
servicios británicos para debilitar a Rusia [2].

Un año después ¿qué sabemos de aquel drama, de los
objetivos políticos de sus protagonistas y de sus
consecuencias?

El drama checheno

Para dar respuesta a estas preguntas, es necesario
reconstruir primero el contexto de los hechos.
Chechenia es un Estado miembro de la Federación Rusa
que vivió dos guerras sucesivas en un decenio y sigue
inmersa en el caos [3]. Para quienes tienen una visión
étnica de Rusia, blanca y ortodoxa, el asunto es un
caso de guerra colonial clásica. Por el contrario,
para quienes tienen una definición euroasiática de la
Federación, el problema actual es consecuencia del
derrumbe del Estado en el periodo 1991-1999, durante
el cual el presidente Yeltsin vaciló entre la guerra
contra su propia población y la independencia de
facto. El vacío de poder fue aprovechado a la vez por
las bandas armadas y los predicadores islamistas según
un esquema comparable al que conoció Afganistán
durante la misma época.

Ambos puntos de vista pueden sostenerse por igual,
pero es importante entender bien las ideologías que
les sirven de base. La visión étnica es la que
defienden la extrema derecha, en Rusia y en la misma
Chechenia, y, en Occidente, los partidarios del
«choque de civilizaciones». La visión euroasiática es
la que promueve el presidente Putin, quien no deja
pasar ninguna ocasión de celebrar el aporte musulmán a
la edificación de Rusia [4].

El análisis histórico da la razón a los partidarios de
la visión euroasiática, como ha señalado el profesor
Francisco Veiga de la universidad de Barcelona [5],
quien no desecha sin embargo el punto de vista étnico,
que puede constituir un proyecto político.

Como quiera que sea, la cuestión chechena es también,
y quizás sobre todo, una cuestión estratégica
internacional: a través de ese Estado pasa una red de
oleoductos indispensable para la explotación rusa del
petróleo del Mar Caspio. Por consiguiente, los rivales
y adversarios de Rusia, especialmente Estados Unidos,
están interesados en que el conflicto perdure y que se
extienda incluso a todo el Cáucaso [6]. Los esfuerzos
que este último país despliega en la región son
visibles. Ha instalado a sus servidores en Georgia,
cuyo ejército controlan, y controlan el espacio aéreo
desde su base de Incirlik, en Turquía [7]. En
respuesta, los rusos apoyan por debajo del tapete, en
Georgia, a los separatistas de Osetia del Sur [8].

Las elecciones de agosto de 2004

El proceso político en marcha permite a la Federación
Rusa organizar elecciones en Chechenia, el 29 de
agosto de 2004. Los observadores internacionales
atestiguan unánimemente, incluso los de la Liga Árabe,
la limpieza del escrutinio mientras que, fiel a sí
misma, la prensa occidental persiste en denunciar una
farsa organizada por el aprendiz de dictador Putin.

El llamado de los independentistas a boicotear el
escrutinio obtiene poco resultado y el promedio de
participación alcanza el 79%. El general Alkanov,
candidato favorable a la Federación, gana la elección
sin dificultad. Mala perdedora, la prensa occidental
ve en ese resultado la prueba de una manipulación. Dos
días después, el presidente francés, Jacques Chirac, y
el canciller alemán, Gerhard Schroder, quienes tienen
una visión muy diferente, viajan a Sochi para
felicitar al presidente Putin por haber logrado
restablecer las instituciones democráticas en
Chechenia.

Sin embargo, los partidarios del caos no habían
escatimado esfuerzos para hacer fracasar el proceso
político: el 24 de agosto, un Tupolev 154 de la línea
Moscú-Sochi y un Tupolev 134 de la línea
Moscú-Volgogrado explotan en pleno vuelo provocando la
muerte de 90 personas. Después de haber evocado la
posibilidad de accidentes, las autoridades rusas
admiten que ambos aviones han sido blancos de
atentados. Las Brigadas Al-Islambuli (Kata’ib
al-Islambuli) [9] se atribuyen la acción. El 31 de
agosto la misma organización hace estallar una bomba
en Moscú, frente a la estación Rizhskaya del metro
moscovita, provocando 10 muertos y unos 50 heridos.
Pero, lo más terrible está por suceder.

La masacre de Beslán

El 1º de septiembre, 32 hombres y mujeres armados
penetran en la escuela de Beslán (Osetia del Norte,
Federación Rusa) durante la celebración de la «Jornada
del Saber». Reúnen 1 300 rehenes entre alumnos, padres
de alumnos y personal de la escuela, y los concentran
en el gimnasio del establecimiento, en el cual
siembran gran cantidad de explosivos.

Imagen de un video tomado por los secuestradores,
dentro de la escuelaLas fuerzas de seguridad rodean la
escuela mientras que el doctor Leonid Roshal (quien
había desempeñado ya el papel de negociador durante la
crisis de los rehenes del teatro de Moscú) llega para
parlamentar. Sin embargo, los secuestradores no
plantean demanda alguna, se niegan a dar de comer y
beber a los rehenes, y matan a 20 de ellos cada vez
que un miembro del comando es herido por las fuerzas
de seguridad.

Mientras tanto, el Kremlin, que no cree que el asunto
esté vinculado a la causa chechena sino que ha sido
preparado por una potencia extranjera, plantea la
cuestión al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
Éste rehúsa debatir un proyecto de resolución y se
limita a un comunicado de condena de la toma de
rehenes y de los atentados contra los aviones en el
que exhorta a la comunidad internacional a cooperar
con las autoridades rusas para detener y juzgar a los
culpables [10].

Al día siguiente, el ex presidente de Inguchetia,
Ruslan Aushev, trata a su vez de servir de mediador y
obtiene la liberación de algunos rehenes. Los niños
siguen sin agua ni comida y se ven obligados a beber
su propia orina para sobrevivir. Los secuestradores se
muestran particularmente insensibles y sarcásticos. El
jefe del comando declara que actúa por orden del jefe
militar Shamil Basáyev, sin formular exigencia alguna.
Su juego consiste en dejar que la situación se
deteriore mientras que los medios de difusión afluyen
a la pequeña ciudad. Inesperadamente, el jefe del
comando exige la presencia de varias personalidades y
declara que no dará de beber a los niños hasta que el
presidente Putin anuncie por televisión la
independencia de Chechenia.

Al tercer día, el comando de secuestradores autoriza a
los servicios médicos a evacuar los cadáveres de 21
rehenes que empiezan a descomponerse debido al calor y
la humedad. Se oye entonces una explosión sin que se
sepa si se trata de un disparo hecho por el padre de
algún alumno desde el exterior de la escuela o, lo que
parece más probable, el estallido accidental de una de
las bombas. La explosión desencadena un tiroteo
generalizado en medio del cual las fuerzas del orden
se lanzan al asalto. Los disparos y las bombas
causaron 376 muertos, entre ellos 11 soldados rusos y
32 secuestradores.

Sólo un secuestrador sobrevivirá y será juzgado. Las
autopsias revelarán que 22 de sus compañeros de armas
eran toxicómanos que murieron en estado de stress
debido a la falta de la droga. La identificación de
los atacantes sigue siendo incierta.

Shamil Basáyev reclamó la autoría de la acción,
condenada por el vocero del gobierno checheno en el
exilio, Ahmed Zakaiev.

Algunos apuntes

Para la realización del ataque de Beslán, Shamil
Basáyev no pudo contar con sus fuerzas militantes.
Tuvo que recurrir a toxicómanos, pagados en droga y
comandados por varios combatientes aguerridos. Basáyev
no goza de legitimidad alguna en Chechenia y no tiene
partidarios. Es un jefe militar que tuvo una carrera
de mercenario en diferentes conflictos antes de tratar
inútilmente de entrar en la política en Chechenia y
volver, finalmente, a la acción armada.

La operación estaba concebida para que se terminara en
una matanza. El comando había emplazado bombas en el
gimnasio pegándolas a los techos con esparadrapo,
sistema tan precario que uno se pregunta cómo pudo
aguantar tres días. Al parecer, la dirección militar
del grupo había decidido huir sacrificando al resto de
sus compañeros, pero se vio sorprendida cuando los
hechos se precipitaron.

El comando no formuló demanda alguna antes del final
del segundo día, o sea, antes de la llegada de los
periodistas extranjeros, y la exigencia que planteó
era irrealista así como puramente formal. El objetivo
era, por consiguiente, crear una situación de crisis,
en vez de negociar nada.

La toma de rehenes tuvo lugar tres días después de la
elección presidencial en Chechenia y horas después del
final de la cumbre ruso-germano-francesa de Sochi, que
saludó la normalización política en Chechenia. Su
objetivo fue detener el proceso político y el
reconocimiento internacional de la acción de Vladimir
Putin por el establecimiento de la democracia.

Caen las máscaras 

Al aproximarse el primer aniversario de la masacre de
Beslán, Shamil Basáyev, objeto de una orden
internacional de arresto, dio una entrevista a una
cadena estadounidense de televisión. Después, fue
nombrado viceprimer ministro del gobierno checheno en
el exilio en Washington y Londres, aunque ese mismo
gobierno había condenado oficialmente la operación de
Beslán.

Ese gobierno checheno en el exilio dispone del apoyo
del American Committee for Peace in Chechnya, que
dirige el ex consejero de Seguridad Nacional Zbigniew
Brzezinski, con sede en los locales de la Freedom
House [11], dirigida a su vez por el ex director de la
CIA James Woolsey. 

Shamil Basáyev dice tener vínculos recientes con Osama
Bin Laden, a quien Estados Unidos pretende estar
buscando actualmente en vano.

Zbigniew Brzezinski es conocido como el funcionario
estadounidense que reclutó personalmente a Osama Bin
Laden y por haberle confiado la organización de
atentados en Afganistán con el objetivo de provocar la
intervención soviética. En diversas obras y
conferencias, Brzezinski no ha cesado de predicar el
desmantelamiento no sólo de la URSS sino de la
Federación Rusa y de aportar su apoyo a todos los
movimientos separatistas con tal de que sean
antirrusos.

Lo que se puede sacar en conclusión 

La operación de Beslán no fue perpetrada por
militantes sino por mercenarios. Su objetivo no fue,
por consiguiente, la defensa de una causa, ya fuera la
independencia de Chechenia o la instauración de un
califato. Es parte del «gran juego» en el que las
grandes potencias se disputan el control del Cáucaso y
de los recursos del Mar Caspio. Su organizador, Shamil
Basáyev, es hoy viceprimer ministro de un gobierno en
el exilio que tiene contactos en Washington y Londres.
Este último dispone de toda la ayuda logística
necesaria que provee el gobierno de Estados Unidos
mediante instituciones conocidas por sus vínculos con
la CIA.

Thierry Meyssan

Periodista y escritor, presidente de la Red Voltaire
con sede en París, Francia. Es el autor de La gran
impostura y del Pentagate.

En colaboración con periodistas de Francia, España y
Gran Bretaña, el Instituto Europeo por el Pluralismo
Político ha emprendido una acción en Londres, París y
Madrid con el fin de conmemorar los trágicos hechos de
Beslán.

Del 1º al 3 de septiembre de 2005, circulará por las
principales avenidas de las capitales de Francia,
España y Gran Bretaña una plataforma móvil llevando un
cubo transparente de 120 cm por 120 cm que contiene un
oso de peluche mutilado y acompañado de las
inscripciones «NO OLVIDEN BESLÁN» y «EL TERRORISMO
INTERNACIONAL NO ES UN JUEGO DE NIÑOS».

El 3 de septiembre a las 12h un acto de recogimiento
tendrá lugar alrededor de ese símbolo en Londres
(Potters field – South Bank – London Bridge), en París
(Mur de la Paix, avenue de La Motte Piquet, frente a
l’École Militaire) y Madrid (Plaza de La Provincia).

Los participantes podrán conmemorar allí la memoria de
las víctimas de aquel acto inhumano.

[1] Así lo hizo el estudio «Beslan – The Political
Fallout», redactado por el Dr. Mark A. Smith para la
Academia Británica de Defensa.

[2] «La responsabilité anglo-saxonne à Beslán» por
Marivilia Carrasco y la redacción de la Red Voltaire,
Voltaire, 27 de septiembre de 2004.

[3] El lector puede remitirse a la investigación en
tres partes de Paul Labarique: La primera guerra de
Chechenia, Business et terrorisme à Moscou y Le domino
tchétchène, Voltaire 4, 7 y 11 de mayo de 2004.

[4] «La Russie musulmane» por Akhmet Yarlykapov,
Voltaire, 28 de junio de 2005.

[5] «El Agujero negro de Chechenia» por Francisco
Veiga, El Periodico, 6 de septiembre de 2004.

[6] «La stratégie anti-russe de Zbignew Brzezinki» por
Arthur Lepic, Voltaire, 22 de octubre de 2004.

[7] «Les dessous du coup d’État en Géorgie» por Paul
Labarique, Voltaire, 7 de enero de 2004.

[8] «Coups de maîtres sur l’échiquier géorgien»,
Voltaire, 19 de marzo de 2004.

[9] El nombre de esa organización hace referencia al
teniente Khaled Al-Islambuli quien organizó el
asesinato del presidente egipcio Anwar el-Sadat, el 6
de octubre de 1981.

[10] Referencia ONU: S/PRST/2004/31.

[11] «Freedom House: quand la liberté n’est qu’un
slogan», Voltaire, 7 de septiembre de 2004.



	


	
		
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