[R-P] "Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde el perro" Perón

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Sab Sep 3 05:23:57 MDT 2005


"Quien da pan a perro ajeno,

pierde el pan y pierde el perro"

 



 

"ROMA NO PAGA TRAIDORES" era un apotegma conocido en
los tiempos del imperio. Cuenta Plutarco que, en la
conquista de la PERSIA, dos generales persas se
presentaron a Alejandro el Grande para proponerle su
ayuda en una traición contra su propio Rey, DARIO.
Alejandro los escuchó y ordenó que los degollaran.
Desde entonces, los traidores han sido siempre los
mismos, lo que ha variado han sido sólo los hombres
que los utilizan, porque a tales traidores corresponde
semejantes contratantes.

 

En la política, que en el campo de las realidades no
es sino lucha, vale decir dos voluntades
contrapuestas, la traición puede ser usada sin medida,
cuando las bajas pasiones y la inmoralidad han pesado
más que las virtudes y el bien hacer. Pero en último
análisis, tan miserable es el traidor, como el que se
vale de él para traicionar. Generalmente, cuando ello
sucede, es que entre "taitas" anda el juego.

 

La psicología de la traición tiene innumerables
gradaciones y características: los hay de toda laya,
desde el que se vende por dinero o por prebendas,
hasta el que lleva la traición adentro y así no puede
escapar a su influencia. Todos tratan de disimular su
infamia escudándose en lo que suelen llamar "viveza" y
"habilidad", sin percatarse que en el "pecado lleva la
penitencia", porque aún gozando de beneficios
inmediatos, no escapan a la sanción de su propia
infamia, ya que los que proceden mal, terminan
víctimas de su propio mal procedimiento.

 

Las guerras modernas han creado los "agentes" que no
son sino una forma de la traición tecnificada, como
todo lo moderno. De allí han nacido las diversas forma
de la "guerra psicológica" empeñada en el
reclutamiento de traidores en masa, para la
"provocación", el sabotaje, el "boicot", la
"intimidación", etc... Con todo ello se han conformado
"los servicios" que se ocupan del espionaje,
contraespionaje y la preparación de los planes en cada
una de las actividades disimuladas en el
aprovechamiento de la traición, también tecnificada.
Ahora parece que los métodos militares, invadiendo la
política, traen a este campo sus métodos castrenses,
sin meditar que no es lo mismo la guerra que la
política, ni el enemigo exterior igual que el
compatriota.

 

La permanente vigilancia de nuestro Pueblo también
logra información, y ella nunca ha fallado. Ahora
sabemos bien quiénes se han prestado o se prestan para
tan sucio negocio y así no ha resultado difícil
neutralizar a los elementos comprometidos o propensos.
Ningún hombre o mujer del Movimiento Peronista, sea
político o sindicalista, ignora que ningún caso, quién
es quién en nuestro Movimiento. Así que la masa no
puede ser engañada en caso alguno y a menudo, las
autodefensas del mismo, terminan con los amagues de
traición, vengan de donde vengan. Por eso nosotros no
tememos a los traidores, más bien los aceptamos como
generadores de anticuerpos que refuerzan nuestras
defensas.

 

Es que en nuestro Movimiento jamás se han aceptado
semejantes métodos para combatir a nuestros enemigos.
Anhelamos la lucha pero en el campo de la dignidad y
no de la ignominia. Tampoco tememos cuando nuestros
enemigos la utilizan, porque sabemos con toda certeza
que su fracaso será una carta más de triunfo para
nuestra causa, desde que colaboran con nosotros para
purificar nuestras formaciones mediante la eliminación
de los indignos. Si echamos una mirada al pasado
inmediato, quizá podremos comprobar tales
afirmaciones, si analizamos el destino que los
traidores han cumplido dentro de nuestro Movimiento.

 

Mientras la masa peronista esté con la firmeza actual,
mientras la juventud argentina mantenga su idealismo y
su entusiasmo por la causa que servimos, poco podemos
temer de las defecciones de algunos dirigentes que,
encandilados por una riqueza momentánea, sacrifiquen
lo más sagrado para un dirigente; su lealtad y su
honestidad. Por eso nos reímos de los intentos de la
dictadura militar por corromper y dividir nuestras
fuerzas. Lo más que podrán obtener será el voto
aislado de algún dirigente venal a quien no lo
acompañará ni siquiera su mujer. Lo lamentable es que
se utilicen los fondos del Estado para corromper y no
para dignificar a los ciudadanos. Cuando ello ocurre
se comete un crimen de lesa Patria.

 

Por lo demás, pueden seguir haciéndolo; conocemos uno
a uno a sus venales servidores que, aunque tengan
puesta la camiseta peronista, nosotros sabemos de la
pata que cojean y no se moverán aunque lo intenten.
Los tratamos como leales y les perdonamos sus desvíos
disimulados con tal de que hagan lo que deben hacer:
hay dos clases de lealtades: la que nace del corazón
que es la que más vale y la de los que son leales
cuando no les conviene ser desleales. A esos también
los aprovechamos en las circunstancias en que puedan
servir. Así para nuestros enemigos queda el viejo
refrán: "Quien da pan a perro ajeno, pierde el pan y
pierde el perro". ¡Eso es lo que está pasando!

JUAN PERON - Junio 24 de 1972.




	


	
		
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