[R-P] 25 aniversario de " solidaridad" Polonia se hunde en el pantano del mercado
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Vie Sep 2 12:18:39 MDT 2005
25º aniversario del sindicato Solidaridad
Polonia se hunde en el pantano del mercado
Lisandro Otero
Rebelión
En las últimas elecciones a las que se presentó Lech
Walesa, el otrora líder de Solidaridad, apenas obtuvo
el 1% de la votación. Debe recordarse ahora que se
cumple el 25º aniversario de los acuerdos de Gdansk,
movimiento que condujo al poder al electricista
convertido en líder, lo cual inició el proceso que
abatió el modelo soviético de socialismo en Polonia,
donde se efectúan en estos días actos conmemorativos
en medio del desencanto y el escepticismo. La
culminación de esta festividad de la caverna política
tendrá lugar el 31 de agosto con la presencia de dos
líderes del renacimiento fascista: George Bush padre y
Vaclav Havel. La frustración de los polacos es tan
grande que el 45 por ciento, según encuestas
realizadas, con ocasión del aniversario, sienten
nostalgia por los tiempos del régimen comunista.
El catorce de agosto de 1980 comenzó una huelga, con
motivo del despido de un trabajador. Lech Walesa se
puso al frente del movimiento. La huelga general se
extendió a todo el país tras dieciocho días de
exasperada penuria. El país se hallaba en una crisis
económica total bajo el gobierno de Edward Gierek,
quien se vio obligado a firmar acuerdos que
permitieron el nacimiento del sindicato autónomo de
Solidaridad, al cual se adhirieron en un breve lapso
diez millones de obreros, en una población de treinta
y ocho millones. Sólo en Lublin, ciudad que se erigió
en centro del movimiento, participaron en las
protestas más de 150 empresas y más de 50.000 obreros.
Una encuesta del periódico Rzeczpospolita constata que
un 76% de los polacos considera que su vida personal
no mejoró e incluso empeoró con Solidaridad y los
cambios realizados. Según ese sondeo, un 85% considera
ahora el paro, como el mayor fracaso de Solidaridad,
un 58% lo ve como el inicio de la corrupción y un 52%
como el germen de la pobreza actual. El analista
K.S.Karol afirma que: “Como resultado de ello, Polonia
se ha convertido en un país con una exigua minoría de
ricos y una gran masa de obreros mal pagados, sin
olvidar el 18% de parados que, en las antiguas
provincias alemanas del Norte, alcanza el 40%. Esto ha
producido un descontento popular que en 1995 barrió
del poder al presidente Walesa, en cuyo lugar fue
elegido el poscomunista Alexander Kwasniewski. Pero,
pese varias elecciones legislativas y a unas nuevas
elecciones presidenciales en 2000, ganadas de nuevo
por Kwasniewski, la situación social no ha
evolucionado mucho.”
Hijo de campesinos, Walesa laboraba como electricista
en los astilleros Lenin, de Gdansk. Levantó la bandera
de la autonomía sindical que pusiera un final al
verticalismo de la organización obrera. En 1981 fue
arrestado por el general Jaruzelski quien, temiendo
una invasión soviética por la inestabilidad polaca,
aplastó el naciente movimiento democrático. Al salir
de prisión fue recibido por el Papa, su coterráneo
Wojtyla. Ese fue el ápice de su popularidad. Juan
Pablo II le abrió los cofres del Vaticano y el flujo
monetario contribuyó a aceitar su organización.
En 1982 recibió el Premio Nobel de la Paz. En
noviembre del 89 fue recibido por el Congreso de
Estados Unidos en sesión plenaria, honor que solamente
se le había dispensado, hasta entonces, al Marqués de
Lafayette y a Winston Churchill. No fue extraño, pues,
que en 1990 fuese electo Presidente de Polonia y ahí
comenzó su declinación.
Al abrir el país a la economía de mercado y a la
gestión empresarial el pueblo polaco sufrió una
reducción de su nivel de vida. Aumentó el desempleo y
decayó el poder adquisitivo de los salarios. Se
suprimió el beneficio social que el Estado socialista
había aportado. Walesa demostró ser un pésimo
político. Su estilo autoritario e impositivo no se
avenía bien con los nuevos tiempos. Se demostró que
Walesa no era un estadista sino un improvisado, a
quien una coyuntura política había situado en un punto
de giro de la historia.
En una Polonia que se abría a la modernidad, tras la
noche del absolutismo estalinista, los polacos pedían
amplias reformas en su estilo de vida. Pese a ser una
nación profundamente católica la legalización del
aborto era un reclamo compartido. Walesa se opuso a
ello empecinadamente. Su débil cultura y su nula
experiencia hicieron de él un pésimo gobernante que
pasó de la popularidad al descrédito en un breve
lapso.
Walesa fue la palanca que permitió pasar de la rigidez
del modelo soviético a una parodia de democracia. Era
necesario romper las trabas al desarrollo productivo
que la centralización económica del Estado había
impuesto. Walesa era un hombre de ingeniosas
respuestas, de humor populista, fácil al trato con las
personas, esas fueron las causas de su encumbramiento.
Pero convertido en gobernante demostró que sus luces
no le daban para ir más allá de la imperiosa necesidad
del cambio del absolutismo hacia una mayor
flexibilidad.
Le favoreció la muerte del dogmático Breznev y el
surgimiento del reformista Gorbachev, que propiciaba
otro tipo de socialismo con métodos inadecuados y
concesiones innecesarias y excesivas. Con el anuncio
de su retirada política Walesa confirmó que un líder
que no tiene su oído atento sobre la tierra, para
escuchar los desgarramientos profundos de su pueblo,
tiene una vida limitada.
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