[R-P] La palabra de la Iglesia sobre Maccarone (1a Nota)

ana graciela real educba2003 en yahoo.com.ar
Jue Sep 1 14:27:00 MDT 2005


De Panorama Católico Internacional

¿Quién se conduele de las ofensas a Dios?

Algunos lectores, muy pocos, nos han reprochado, a
propósito de nuestros artículos sobre el tema
"Maccarone", que nos ensañamos con un pecador.
Contrariando nuestra regla habitual hemos preferido no
responderles personalmente. 
Nos ha parecido tan inútil como responder a la
pregunta retórica de Poncio Pilato a Jesús, cuando el
Procónsul acuñó el lema por antonomasia de los
liberales: "¿Qué es la verdad?"

Escribe el Editor y Responsable

Los católicos argentinos hemos debido sufrir una de
las más terribles humillaciones de nuestra historia
por culpa de Maccarone. 
El obsceno video circulando por Internet. 
Sus obscenas palabras de autogratificación. 
El "apoyo" del pueblo santiagueño: 1500 personas,
según La Nación, se reunieron ante la catedral al
toque de campanas, convocadas por varios sacerdotes
que tienen cosas que agradecerle a Maccarone, en
especial "su hombría de bien". 
Ya hemos perdido hasta el sentido del ridículo. 
Completó el elenco de adherentes al obispo invertido,
una junta de 2500 piqueteros.

Hemos debido padecer la blasfema solidaridad de Hebe
de Bonafini: "Su decisión de apoyar a los desposeídos
y reprimidos nos demuestra una vez más que la Iglesia
de Jesús es la que usted representa."

Un sodomita pertinaz y corruptor es, según la dulce
Hebe, el mejor representante de la Iglesia de Jesús. 
Del mismo modo que su hijo adoptivo, el parricida
Schocklender, habrá de ser el mejor representante de
la piedad filial… según sus criterios morales.

La multitud de ensayos laudatorios que se han lanzado
a la difusión en los últimos días han sido para los
católicos una laceración sobre otra: al hecho, el
elogio del actor, o, para calificarlo moralmente, al
mal hecho, el elogio del malhechor. 
Ya hemos hablado de la "madre de todas la
declaraciones", la de la Comisión Ejecutiva de la CEA,
que acabó en un escandaloso levantamiento de las
sesiones de la última reunión y amenaza traer más
voladuras y desastres que el huracán "Katrina". 
Es de presumir que algunos obispos aún tienen
testosterona en su flujo sanguíneo.

El gran olvidado en todo este fétido asunto es Dios

¿Alguien ha reparado, más allá de lo antedicho, en la
gravedad de la ofensa inflingida a Dios? 
El hecho de que este ser humano, cuyas manos fueron
ungidas con el sagrado crisma, haya celebrado misa
durante años en un estado de degradación moral tan
profundo. 
Que haya elevado la sagrada forma y la haya
administrado a sus feligreses. ¿Alguien ha reparado en
el sacrilegio cotidiano, que no pierde gravedad por
oculto (en realidad, acallado, porque todo el mundo en
Santiago y fuera de Santiago conocía las costumbres
nefandas del obispo)?. 
¿Alguien ha pedido actos de reparación, como cuando se
profana un lugar sagrado? 
Porque este obispo profanó todos los lugares sagrados
en los que celebró la misa, los vasos sagrados que
tocó, los ornamentos sagrados que usó, los atributos
episcopales que ostentó.

Parece que hoy ya nadie se acuerda de Dios, ni del
Santísimo Sacramento en la esfera oficial de la
Iglesia. 
Todo ronda en torno de la política, las repercusiones,
las consecuencias para los distintos grupos de poder. 

El Santo Padre ha celebrado unas multitudinarias
jornadas juveniles bajo el lema "venimos a adorarlo". 
Se refiere al Niño Dios, que no es otro que Cristo
presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad bajo las
especies eucarísticas. 
A nadie -comenzando y terminando por el clero- se le
ha ocurrido pedir una reparación para Este al que días
antes proclamaban ir a adorar. 
Solo declaman hipócritamente solidaridad con los
pobres, mientras elogian a un sodomita vicioso que
gastaba sumas muy considerables en pagar sus
inclinaciones y el silencio de sus cómplices. 
O, en el mejor de los casos, callan. 
Si por ventura la obediencia los redujera al silencio,
concedamos, ¿no habría un margen dentro de esa
obediencia, en el cual todos y cada uno de los
pastores se dirigieran al pueblo para dibujar la
figura del pastor ejemplar, tomando por ejemplo a
algún santo obispo, y ponerlo por paradigma de lo que
se debe ser?
 Al menos para que el pueblo tenga el consuelo de
recordar que la Iglesia -Casta et Meretrix- puede
ostentar miríadas de santos obispos.

¿Han perdido todo interés en lavar el rostro escupido
de la Iglesia, de enjugar su rostro, como la Verónica,
en el momento más terrible del camino de la Cruz? 
¿Nadie llorará sobre los pies de Cristo, los secará
con sus cabellos y los ungirá con un perfume de nardo?

¿Nadie se allegará hasta el sepulcro con especias para
honrar el sagrado cuerpo místico a la espera de su
resurrección gloriosa?

¿Han perdido todo recato, todo temor de Dios? 
¿Creen, los sacerdotes que así proceden, los obispos
"solidarios", realmente creen en el Dios Uno y Trino? 
¿Creen en la presencia real? 
¿Creen en el dogma católico? 
¿Son católicos?

Si tuviéramos que aventurar una conjetura diríamos que
NO.




	

	
		
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