[R-P] Declaraciones de Monseñor Giaquinta y el periodismo
Juan María Escobar
escobar45 en infovia.com.ar
Mar Oct 18 18:41:18 MDT 2005
La Agencia Informativa Católica Argentina www.aica.org.ar difundió un
reportaje realizado por el Diario Norte de Resistencia al obispo Carmelo
Giaquinta.
A partir de las respuestas, que adjunto a continuación, en que señala la
evolución histórica de las relaciones entre la iglesia y los estados, el
diario Clarín tituló ( y este titular ha sido recogido por la mayoría de las
agencia y diarios tal como se ve haciendo una recorrida por google): MAS
CRITICAS DEL TITULAR DE LA PASTORAL SOCIAL Giaquinta calificó de
"dificilísima" la relación entre la Iglesia y el Gobierno.
Para comparar con las repercusiones y comentarios de la prensa abajo va el
artículo completo.
Saludos
Juan María Escobar
¿Nada que ver entonces con un divorcio entre la Iglesia y el Estado?
-Ni divorcio ni matrimonio. Está de por medio el hombre que, por una parte,
es ciudadano de la República, y, por otra, es con mucha frecuencia miembro
de la Iglesia Católica. Por lo mismo no conviene ni el matrimonio ni el
divorcio entre la Iglesia y el Estado, sino la autonomía y la colaboración,
como enseña el Concilio.
¿No le parece una relación difícil?
-Si se quiere, dificilísima. Lo muestra una historia de dos mil años. La
Iglesia y el Estado han caído sucesivamente en relaciones desafortunadas. El
Estado romano al principio pretendió destruir a la Iglesia porque los
cristianos tenían la osadía de no adorar al Emperador. Y después pretendió
domesticarla oficializándola y otorgándole privilegios. La Iglesia, a su
vez, pretendió luego domesticar al Estado, pretendiendo ser ella la que
otorgaba la autoridad terrena a reyes y emperadores. Pero hay muchas cosas
difíciles que se vuelven de lo más fácil.
El reportaje del Diario Norte:
LA IGLESIA NO CRITICA AL GOBIERNO, RESPETA SU AUTORIDAD
Resistencia, OCT 18 (AICA): El diario Norte, de Resistencia, publica hoy una
entrevista efectuada al obispo emérito y administrador apostólico de la
arquidiócesis de Resistencia, monseñor Carmelo Juan Giaquinta, en la que el
prelado expresa que "la Iglesia respeta la autoridad del presidente de la
Nación, y ora por él para que el Señor le dé luz y fortaleza para conducir a
la República por el camino de la reconciliación, de la justicia y del
progreso".
A la pregunta de por qué los obispos critican tan duramente al gobierno,
monseñor Giaquinta negó que eso sea cierto. "Cuando los obispos
hablamos -aclaró- casi siempre los medios utilizan títulos catástrofe
(como): 'Severa crítica de los obispos'. Nunca un título que diga: 'Los
obispos llaman a la reflexión a los ciudadanos'. Y muchos creen en los
titulares y opinan a partir de ellos".
Sobre el episodio del Presidente Kirchner en Luján confesó que "sintió un
gran disgusto".
Acerca del caso del obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto,
El prelado chaqueño dijo: "No me haga meter el dedo en el ventilador", y
reconoció que el asunto "es muy complejo", porque tiene que ver con la
verdad de la cuestión, "que la opinión pública desconoce".
El reportaje, cuyo texto completo damos a continuación, se titula "Dar al
César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios".
El reportaje
-En la misa radial del domingo, Usted dijo que la Iglesia no apoya la
gestión de ningún gobernante. ¿Aludió al pedido que el presidente Kirchner
hizo recientemente en la basílica de Luján de que lo ayuden?
-Ni aludí, ni dejé de aludir. En la homilía hago catequesis al pueblo
cristiano. Y, por tanto, procuro primeramente que entienda el texto bíblico
y la enseñanza fundamental que da Jesús. En segundo lugar, procuro iluminar
su vida cotidiana y cómo comportarse según esa enseñanza. Esto es
básicamente una homilía. Si entre los hechos de vida hay alguno reciente al
cual le viene bien esa enseñanza, tanto mejor. Pero la enseñanza de Jesús
siempre calza bien, con hechos frescos y no tanto. La enseñanza del
Evangelio del Domingo trata del César, o sea de la autoridad, y de Dios. Que
a la autoridad se le debe respeto. Y que todo está sometido a Dios, también
la autoridad. Así, en síntesis, la enseñanza evangélica.
-¿Nada que ver entonces con un divorcio entre la Iglesia y el Estado?
-Ni divorcio ni matrimonio. Está de por medio el hombre que, por una parte,
es ciudadano de la República, y, por otra, es con mucha frecuencia miembro
de la Iglesia Católica. Por lo mismo no conviene ni el matrimonio ni el
divorcio entre la Iglesia y el Estado, sino la autonomía y la colaboración,
como enseña el Concilio.
¿No le parece una relación difícil?
-Si se quiere, dificilísima. Lo muestra una historia de dos mil años. La
Iglesia y el Estado han caído sucesivamente en relaciones desafortunadas. El
Estado romano al principio pretendió destruir a la Iglesia porque los
cristianos tenían la osadía de no adorar al Emperador. Y después pretendió
domesticarla oficializándola y otorgándole privilegios. La Iglesia, a su
vez, pretendió luego domesticar al Estado, pretendiendo ser ella la que
otorgaba la autoridad terrena a reyes y emperadores. Pero hay muchas cosas
difíciles que se vuelven de lo más fácil. ¿Hay algo más difícil que caminar
en dos pies? Y, sin embargo, lo hacemos con toda naturalidad. Con la
experiencia acumulada en tantos siglos no debería ser nada difícil la
relación Iglesia-Estado. Basta un poco de sentido común por parte de los
hombres de la Iglesia. Y que los políticos y gobernantes se tomen en serio
la democracia que pregonan y la realidad del pueblo que representan.
-¿Cómo interpreta Usted que el Presidente haya pedido ayuda desde el altar
de la Basílica de Luján?
-No he visto ningún noticiero de la TV con la visita del Presidente a Luján.
De modo que sólo cuento con lo leído en los diarios metropolitanos. Por lo
que dicen éstos, he sentido un gran disgusto. Y no sólo por lo dicho por el
Presidente, sino por el papel indebido que se le habría dado en el templo.
-Al margen de su disgusto, ¿cuál podría ser la ayuda que la Iglesia podría
prestar al Presidente?
-Respetar su autoridad; orar por él para que el Señor le dé luz y fortaleza
para conducir a la República por el camino de la reconciliación, de la
justicia y del progreso; dejar en claro que a ella no le corresponde aprobar
la gestión de ningún gobernante, porque para eso está la ciudadanía. Pero la
ayuda principal que presta la Iglesia es predicar la verdad del Evangelio
con libertad. Confío en que el Presidente quiso pedir esto. Porque si fuese
otro tipo de ayuda, como la que puede prestarle un partido político, estaría
en un grave error. La Iglesia Católica no puede actuar como un partido
político. Ni existe un partido político de su preferencia. "Partido" dice
"parte". "Católica" dice "totalidad". La Iglesia aprecia a los partidos
políticos como instrumentos de la democracia, y procura con su enseñanza
totalizadora que éstos se abran a la verdad que aportan los otros, discutan
civilizadamente entre ellos cómo lograr el bien común, lleguen a acuerdos
dignos, y eviten encerrarse en sí mismos y pretender imponerse como fuerza
hegemónica.
-Pero en los orígenes del justicialismo la jerarquía lo apoyó y desconfiaba
de los demás partidos.
-Es verdad, pero ésta no es la mayor gloria de la jerarquía argentina. Ese
apoyo no le hizo bien a la jerarquía, ni al justicialismo, ni a la
democracia. Por otra parte no fue sólo la antigua jerarquía la que apoyó al
justicialismo. Recordemos en época más reciente el apoyo de grupos católicos
pensantes al movimiento montonero.
-¿Será esa relación inicial de la jerarquía con el justicialismo, y la de
ambientes pensantes que Usted señala, la que dificulta que el justicialismo
asuma una relación moderna con la Iglesia?
-No analicé ese punto de vista.
-¿Y con el radicalismo cómo fue la relación?
-Me pareció que con el Dr. Rodríguez Giavarini prometía ser madura. Cómo
fueron antes, con el Dr. Alfonsín, no tengo mucha idea. Una vez, al final de
una Asamblea, los Obispos no aceptamos la invitación de ir a comer un asado
con él. Y me llamó la atención que esa negativa no fuese entendida bien.
Pero al margen de las relaciones con los gobiernos de diversos signos, lo
cierto es que a los argentinos nos costó mucho comprender la democracia, y
nos sigue costando. A la jerarquía le sucedió lo mismo. Pero ha habido un
cambio fundamental desde mayo de 1981, con el documento "Iglesia y Comunidad
Nacional", lo cual tiene también incidencia en la concepción de las
relaciones Iglesia-Estado.
-¿Hay, entonces, un cambio fundamental entre aquella jerarquía y la actual?
-Evitaría un planteo maniqueo. La jerarquía que escribió "Iglesia y
Comunidad Nacional" es la misma que actuó durante el proceso militar, a la
cual nos sumamos entonces algunos nuevos. Una jerarquía, muchos de cuyos
miembros se interesaron por los presos y desaparecidos como yo no supe
hacerlo después que fui ordenado Obispo. No son pocos los ex presos y
familiares suyos que vinieron a agradecerme por lo que mis predecesores en
Posadas y en Resistencia hicieron por ellos. Pero era una jerarquía que
creyó demasiado en las negociaciones con el gobierno militar, en vez de
instituir un hecho público de otro tipo, como podría haber sido organizar
una mesa oficial donde ir a denunciar las desapariciones. Porque
declaraciones públicas y cartas privadas del episcopado a la Junta Militar
hay a montones. Ningún partido político puede exhibir una documentación a
favor de los derechos humanos ultrajados por los militares semejante a la de
la jerarquía de entonces. Pero hay que reconocerlo: eso fue harto
insuficiente para frenar el terror de Estado. Muchos en el pueblo cristiano,
laicos y sacerdotes, así lo veíamos. Y lo decíamos como podíamos, no siempre
con demasiada valentía. Tenías que medir qué decías en público, cómo
decirlo, porque si no, tal vez a vos no te pasaba nada, pero al lado tuyo
otro pagaba el pato: los jóvenes del grupo parroquial, los estudiantes de la
Facultad en que enseñabas. Época terrible, de la que no se cuenta toda la
verdad. Época de miedo, que empeoró brutalmente en 1976, pero que empezó
mucho antes.
-¿Cómo le cayó a Usted que el Presidente no solicitase la celebración del Te
Deum de la Catedral de Buenos Aires el 25 de mayo?
-Si esa es la costumbre en Buenos Aires, está en su derecho. En Resistencia,
para el 9 de Julio, soy yo quien invita al pueblo y al gobierno al Te Deum.
Y me pongo de acuerdo con el jefe de protocolo del Gobierno.
-¿Por qué los Obispos critican tan duramente al Gobierno?
-No se ofenda, pero esa es una visión paranoica, en la que los medios tienen
no poco que ver. Cuando los Obispos hablamos, casi siempre utilizan títulos
catástrofe. "Severa crítica de los Obispos". Nunca un título que diga "Los
Obispos llaman a la reflexión a los ciudadanos". Y muchos creen a los
titulares. Y opinan a partir de ellos. Me ha pasado que gente inteligente de
Resistencia ha opinado sobre lo dicho por mí no a partir de la lectura de mi
columna dominical que sale en los cuatro diarios locales, sino del rebote
radial en Buenos Aires. Es comprensible que entonces se den interpretaciones
disparatadas. Y hay que ser paciente con ellas.
-¿Piensa que el Vaticano arreglará pronto la cuestión del Obispo castrense?
-No me haga poner el dedo en el ventilador. Sólo le voy a responder lo
siguiente: la cuestión tiene que ver no sólo con el Vaticano. Es mucho más
compleja.
-¿Es un conflicto con el episcopado argentino?
-No insista demasiado. Tiene que ver con la verdad de la cuestión. La
opinión pública la desconoce. Y según Jesús, cuando no hay verdad, no hay
libertad, y el nudo del problema no se desata. Se ha hecho un planteo
erróneo, por parte de la prensa, incluso por periodistas católicos, por
parte del gobierno, y hasta por parte de varios de nosotros los Obispos. Se
podrá quizá solucionar la cuestión del Obispado castrense a nivel
diplomático. Pero si no se solucionase el meollo del problema suscitado,
volverá a reaparecer en cualquier momento, y en cualquier otra área de las
relaciones Iglesia-Estado. Como si un médico hiciese una cirugía perfecta,
pero se olvidase las tijeras en la panza del paciente.
-¿Se promete Usted un tiempo de relaciones difíciles entre la Iglesia y el
Estado?
-No. Espero que sean normales. Difíciles hemos tenido de sobra en épocas
recientes.+
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