[R-P] Alberto Buela: La relación con el pasado

edgar smith condornacional en yahoo.com.ar
Mie Nov 30 13:24:37 MST 2005


                   La relación con el pasado

                                                      
        Alberto Buela (*)

Nuestra relación personal con el pasado se da a través
de la memoria, que es aquella capacidad por la cual
recordamos lo sucedido desde nuestra subjetividad. 
La otra relación con el pasado, la científica. nos la
brinda la ciencia de la historia, que a través de
testimonios y documentos intenta una interpretación
objetiva de dicho pasado. Quien dice ciencia, dice
conocimiento sistemático.

Así memoria e historia son formas distintas de
entender el pasado. En un Estado de derecho  aquello
que forma al ciudadano es la historia, al contrario de
lo que sucede hoy en nuestros Estados democráticos
postmodernos de corte político socialdemócratas, donde
la exaltación de la memoria prima por sobre la
historia. 

Así la memoria se mantiene mediante conmemoraciones,
actos, homenajes, mientras que la historia exige
investigación, trabajo de atenerse a los hechos,
esfuerzo constante y la más de las veces tedioso.

La historia y su método pasan por distintas etapas:
a)heurística, que es la búsqueda de los testimonios.
b) la crítica, que realiza el análisis de las fuentes.
c) la síntesis, que pone en orden lo recabado, y d) la
exposición, que debe ser clara, sencilla y acompañada
del aparato erudito. 
 
El historiador tiene que realizar todo el esfuerzo
posible por desvincular sus juicios de sus prejuicios,
e intentar superar la subjetividad. De ahí que sea
sumamente importante la idea aportada por la
fenomenología de verificación intersubjetiva según la
cual se puede hablar de objetividad sólo cuando sobre
un mismo hecho(lo sucedido=res gestae) se produce una
coincidencia mínima del juicio de los pares,
(conocimiento de ese suceder= rerum gestarum) que en
el caso de la historia es el juicio de los
historiadores.

“Cuando la relación con el pasado, sostiene Alain de
Benoist, avanza por el camino de la memoria, nada le
importa la verdad histórica. Le basta con decir:
¡Acuérdate!”(1).

Con el recurso a la memoria se trata de que el pasado
esté siempre presente, que el pasado no pase sino que
esté siempre vivo, siempre ahí.

Como cuenta muy bien Javier Esparza recordando la
denominada polémica de los historiadores entre Jürgen
Habermas y Ernest Nolte, donde éste último quería
tomar distancia y así poder historiar la segunda
guerra mundial y aquél primero sostenía que el nazismo
estuviera siempre presente. Fue así que Nolte deploró
“ese pasado que no pasa” como un daño al logro de la
unidad alemana.

Uno de los rasgos de la postmodernidad es el reemplazo
cada vez más de la historia por la memoria. Es que
ésta es más atractiva y aquella más ardua, pues la
memoria tiene el condimento de la imaginación. Además
la memoria privilegia la visión de la víctima. Y en
una sociedad como la de hoy en donde los Estados
otorgan a los ciudadanos infinitos “derechos
incumplibles”, el recurso a la memoria les ofrece el
simulacro de la reparación. Los ejemplos son tantos y
tan recientes que se los dejamos a elección del
lector.

En esta parodia de felicidad postmoderna en donde lo
único que se nos prohibe es ser infelices, como bien
denunció Fray Beto respecto de la nueva constitución
del Brasil, la aliada es la vieja idea romana de
damnatio memoriae, la condena y destrucción del
pasado. Donde se condena el recuerdo de un hombre
público prohibiendo pronunciar su nombre, como ocurrió
con Perón en el Golpe del 55, borrando su nombre o
retirando sus estatuas, como acaban de hacer en España
con Franco o descolgando cuadros, como sucedió aquí
hace muy poco.

La damnatio memoriae es otro de los simulacros
políticos más utilizados últimamente y de menor
eficacia real, pues si funcionara no nos tendríamos
que acordar de aquellos que se pretende borrar de la
memoria. Pero....“conforma a la gilada” como diría un
reo.

La Historia como magistra vitae según la definiera
Cicerón, como la formadora del hombre y sobre todo del
ciudadano, pues sólo ella le muestra su pertenencia
real, ha dejado paso cada vez más a la memoria, en
donde el ciudadano ha sido transformado en “público
consumidor”. Consume y compra no sólo alimentos sino
relatos interesados de “las memorias” que terminan
alienando su espíritu.
De modo tal que como la memoria está siempre escrita a
favor del narrador, ella transforma muchas veces al
victimario en víctima según sea quien la narre. Así
los judíos con el mitema por antonomasia del siglo XX,
se presentan siempre como los perseguidos por todos;
el indigenismo presentará a nuestros pampas como
angelicales perseguidos por el opresor blanco; los
ingleses del carnicero general Kimberley persiguiendo
a los boers para liberar a Suráfrica;  los turcos
persiguiendo a los bárbaros de los cristianos
armenios; las madres de la plaza de Mayo monopolizando
el sufrimiento de todos los argentinos y desde hace un
siglo, los yanquis sacrificándose por todo el mundo
para hacer, por la guerra, “la democracia a palos”.

A los poderes mundiales, a los poderes indirectos que
gobiernan este mundo a piacere, más allá de los
parlamentos nacionales y de los grandilocuentes gestos
de algún gobernante infatuado, les es funcional la
categoría de memoria político-cultural porque ella al
estar más allá de cualquier examen crítico permite una
recreación permanente de relatos míticos, los cuales
no sólo oscurecen los hechos reales y tal como han
sucedido,(revelación reservada a la historia) sino que
“estas memorias” logran desviar a los
pueblos(entreteniéndolos con debates culturales) de su
verdadero objetivo: La construcción de un poder
nacional o regional autónomo y soberano. El asunto es
lograr que nuestras comunidades, nuestros pueblos, no
se pregunten por la naturaleza del poder, cómo se
construye y cómo se conquista, ni cuestionen a quienes
lo ejercen.  

No al ñudo un marxista lúcido como el esloveno S.
Zizek pudo afirmar que en nuestra época el discurso
sobre el poder ha sido reemplazado por el discurso
cultural, con lo cual los que ostentan el poder siguen
haciendo lo que quieren a espaldas y a costillas de
los pueblos sometidos a sus designios.


1.- de Benoist, Alain: Enfrentarse con la historia,
revista El manifiesto N° 3,Barcelona, 2005.- 

(*) Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires
alberto.buela en gmail.com 



	


	
		
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