[R-P] La batalla de Aroma

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Nov 28 13:40:33 MST 2005


Gentileza de la lista Tribuna Boliviana

 La Batalla de Aroma, de la guerra a la fiesta

Wilson García Mérida 
Servicio Informativo Datos & Análisis

Aquella batalla librada en noviembre de 1810 por un "ejército 
cochabambino" mal armado, bajo el gobierno liberador de la Junta de 
Buenos Aires, es hito incuestionable en la gesta por la independencia 
sudamericana, a tal punto que Cochabamba la celebró hasta romper 
campanas con la entusiasta idea de que la felicidad perdida se 
hallaba a la vuelta de la esquina.

"Ante vuestras macanas el enemigo tiembla" es la arenga más poética, 
casi un graffiti, que Cochabamba ofrendó a la memoria revolucionaria 
de los pueblos del mundo. La profirió Esteban Arze, el general de un 
ejército de cochabambinos desarmados e indisciplinados que 
infringieron una derrota estratégica a los colonialistas españoles en 
el altiplano aymara de Haru Uma (Aroma, en castellano), el 14 de 
noviembre de 1810, exactamente dos meses después de la gran revuelta 
valluna del 14 de septiembre en ese mismo año.

Aquello de las macanas fue real y fantástico. La batalla se produjo 
cuando el "ejército cochabambino" comandado por Esteban Arze y 
Melchor Guzmán Quitón se dirigía de Oruro a La Paz para impedir el 
avance de las tropas realistas hacia el sur altoperuano, protegiendo 
así los territorios liberados por el ejército auxiliar argentino. El 
choque se produjo en las riberas del río Aroma, a pocos kilómetros de 
Sica Sica, sobre un terreno donde, según una descripción de Eufronio 
Viscarra poco conocida, "numerosos conejos semejantes a la liebre 
(viscachas, nr) establecen en el suelo sus madrigueras en forma de 
largas y profundas encrucijadas, que se hunden bajo las plantas, 
produciendo agujeros donde caen fácilmente hombres y bestias. Los 
españoles, no acostumbrados a pisar un suelo tan accidentado, daban 
tumbos a menudo, deteniéndose por tal motivo y facilitando el avance 
de los cochabambinos que evitaban los peligros con su natural 
agilidad y por el conocimiento que tenían del lugar".

Según el relato de Viscarra, "instintivamente y sin previo acuerdo, 
los patriotas adoptaron una táctica harto singular: aprovechando de 
las concavidades naturales del terreno, de los pequeños barrancos 
formados por el río de Aroma en su curso caprichoso y de las tolas 
(arbustos que en esos parajes alcanzan proporciones considerables), 
se alebraban en el suelo mientras los enemigos hacían sus disparos, y 
cuando cesaba el fuego se adelantaban rápidamente para acortar la 
distancia que había entre los contendientes. A las nuevas descargas 
del enemigo volvían a agazaparse sin retroceder un solo paso y 
avanzando siempre, hasta que llegó el momento de lanzarse sobre los 
realistas". Entonces las macanas entraron en acción en un cuerpo a 
cuerpo indescriptible. "Arrostrando serenos los fuegos de la 
fusilería, descargaban terribles golpes de macana sobre los realistas 
y les arrebataban las armas para seguir combatiendo con ellas. Los 
chuzos y los palos que empuñaban vigorosamente, caían sobre los 
adversarios haciendo saltar en mil pedazos sus cascos y corazas y 
convirtiendo en esquirlas sus cráneos".

En los mil encuentros que se sucedían rápidamente, prevalecía, casi 
siempre, la fuerza muscular de los cochabambinos, que, acostumbrados 
como estaban a las rudas faenas del campo, manejaban sus garrotes con 
admirable desenvoltura y pujanza. "Encontróse en algunos sitios, 
después del combate, a más de un patriota muerto por la bayoneta de 
un soldado realista; pero cubriendo con su cuerpo el del enemigo 
muerto también, lo que manifiesta que el independiente, al sentir el 
frío de la espada en las entrañas, se daba modos para aplastar con su 
macana la cabeza del adversario, pereciendo en consecuencia los dos 
(…). Desconcertado el enemigo ante la pujanza descomunal de los 
cochabambinos, cejó de sus posiciones y bien pronto se entregó a la 
fuga para buscar en ella su salvación".

Y así fue que el enemigo tembló.

 La ética de Arze Aroma tiene un significado de dimensiones aún hoy 
poco asimiladas en nuestra historia. Una vez impuesta la Gobernación 
Autónoma de Cochabamba como una extensión orgánica de la Junta 
Tuitiva de Buenos Aires, el gobernador Francisco del Rivero encomendó 
a Arze y Guzmán formar un ejército regular cuya primera misión 
consistía en dirigirse a Oruro para proteger unas arcas reales (con 
millonarios caudales producto de exaccivos impuestos y esclavitud en 
las minas de plata) que el realista Goyeneche ordenó saquear para 
llevarlas al Virreinato de Lima.

Mientras permaneció en Oruro desde el 20 de octubre para custodiar 
los caudales reales, Esteban Arze impuso en esa ciudad una autoridad 
rigurosamente celosa de la conducta ética en sus propias filas. Al 
general Arze le interesaba muy poco la corrupción de sus enemigos. Le 
preocupaba la de los suyos mismos, sabiendo que nadie es 
perfectamente inmaculado en estas viñas del señor, más aún detentando 
un poder nacido de las armas.

Pocos días antes de la partida de los cochabambinos hacia La Paz, el 
9 de noviembre, el Ilustre Cabildo de la Real Villa de San Felipe de 
Austria de Oruro, certificó que Esteban Arze "logró conquistarse las 
voluntades todas con el desinterés, talento, sagacidad política y 
demás virtudes que realzan y caracterizan su persona, consiguiendo 
por medio de ellas el fin laudable de que su gente no cometiese 
exceso, extorsiones ni incomodidad alguna en la citada población".

El fugaz gobierno interventor de Esteban Arze en Oruro, previo a 
Aroma, fue un modelo de autocontrol administrativo inédito y singular 
en la historia política de ésta que terminó siendo la República de 
Bolivia 15 años después.

 Armas libertarias El guerrillero José Santos Vargas, quien entonces 
contaba con 14 años de edad, fue testigo de aquella "invasión de 
cochabambinos a Oruro", en octubre de 1810, lo cual además obedecía a 
un clamor de los orureños para bloquear el avance que desde el Cuzco 
emprendía Goyeneche en pos de aniquilar a las tropas argentinas de 
Castelli que se expandían sobre el territorio de la Audiencia de 
Charcas y cuya influencia en la insurrección cochabambina es 
innegable. De hecho, Castelli y sus tropas de Buenos Aires ya habían 
ingresado a Oruro en abril de 1810. "Don Francisco del Rivero" -
relata el Tambor Vargas- "mandó 2.000 hombres entre los que fueron 
200 de infantería armada, dos piezas de artillería, 500 de caballería 
y los restantes de cívicos (que se decían urbanos) al mando del señor 
coronel y comandante general don Melchor Guzmán, alias el Quitón".

Eufronio Viscarra informa sin embargo que el ejército expedicionario 
de Arze constaba de mil hombres divididos en 10 compañías; y que "se 
creó también una tropa auxiliativa de 174 indios, encargada de 
conducir víveres y pertrechos de guerra y hostilizar al enemigo en 
caso necesario", lo cual revela la composición dominantemente criolla 
de aquella expedición.

"El partido que más contribuyó a la formación del ejército fue 
Tapacarí" -dice Viscarra-. "En la tropa creada en Punata con el 
nombre de 'Patricios de Caballería', llama la atención la 
circunstancia de que jefes y soldados se alistaron en sus caballos 
propios, y sin exigir el precio de estos últimos".

Por lo que toca al armamento, según el historiador, "apenas una 
tercera parte del ejército contaba con malos fusiles, morteros y 
arcabuces. Las dos terceras partes restantes estaban armadas 
solamente de chuzos, garrotes, macanas, cachiporras, barras de hierro 
y lazos".

 La Batalla de la Felicidad Cuando este ejército libertario (en el 
estricto sentido anarquista de la expresión) obtuvo la victoria de 
Aroma, parecía que la utopía estaba a la vuelta de la esquina, que la 
felicidad por fin reinaría en estas colonias de tristeza y 
humillación. Los festejos en Cochabamba duraron oficialmente tres 
días después del Te Deum de rigor celebrado el 22 de noviembre.

"Por cuanto la victoria de nuestras armas contra los enemigos de la 
felicidad común que decretaron la resistencia a los designios de 
nuestra capital Buenos Aires, obtenida por los campeones de ella en 
Suipacha y por nuestros esforzados y leales cochabambinos, exige que 
tributando al Dios de las batallas las más fervorosas gracias por la 
misericordia con que nos ha protegido, se hagan también 
demostraciones de nuestro júbilo y complacencia", reza un bando 
emitido por el Gobernador de Cochabamba el 21 de noviembre de 1810.

Francisco del Rivero había ordenado que "en las noches de este día y 
las dos siguientes se iluminen los balcones, ventanas, puertas de 
calle y tiendas, y que en las de mañana y siguientes se procure la 
diversión pública en celebración de aquellas acciones decisivas de 
nuestra feliz suerte".

La crónica de aquel festejo es elocuente: "Los caminos que conducen a 
Tarata, Quillacollo y Sacaba estaban atestados de muchedumbres que 
acudían a la capital para tomar parte en las solemnidades que se 
verificaban en honor de los vencedores de Aroma, y de jinetes que, en 
grupos compactos, iban y venían desalados, conduciendo armas y 
caballos para las nuevas expediciones que se estaban organizando 
rápidamente, en los momentos mismos en que el delirio de la victoria 
parecía embargar todos los ánimos".

Los relatos de la época testimonian que los repiques no cesaron 
durante 72 horas, y que la campana más grande que existía en la 
ciudad, la del convento de San Francisco, "tañó de tal suerte que 
hubo de rajarse, quedando inhábil desde entonces".

Aroma era una batalla por la felicidad perdida, y la reconquista de 
esa felicidad en forma de republiqueta el mayor logro político y 
militar de los cochabambinos. En tanto duró ese corto verano que se 
acabó el 6 de agosto de 1825, otro mundo era posible, ciertamente.

llactacracia en yahoo.com 


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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