[R-P] La bicicleta y el auto de Edgar Morin
edgar smith
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Mie Nov 23 06:30:16 MST 2005
Dialógica del orden y desorden según Morin - Ramón E.
Azócar
Jueves, 10 de noviembre de 2005
Uno de los ensayos más directos en lo que respecta a
la búsqueda de respuesta entorno al pensamiento
complejo, es el texto denominado "Epistemología de la
complejidad", del filósofo francés Edgar Morin.
Morin desarrolla en nueve puntos su percepción del
estado actual del pensamiento humano, destacando sus
avances y sus desaciertos en la necesidad de responder
qué relación tenemos con la naturaleza y cuál es el
lugar que ocupa esa relación en el marco de un
pensamiento racional cada vez más incoherente con las
acciones, interacciones y retroacciones del mundo
social.
Una de las afirmaciones más aguda de Morin acerca del
pensamiento
complejo es que éste no existe como explicación o como
fundamento para "dar una explicación", sino que señala
"una dificultad para explicar". Un pensamiento
complejo, de existir como lo resalta Morin, no es un
pensamiento capaz de abrir todas las puertas, sino de
identificar nudos constantes de dificultades que en la
medida que son despejadas y abordadas surgen nuevas y
más complejas dificultades. Es un espiral constante e
infinito, pero a su vez alcanza ciertos niveles de
lucidez que permiten a las personas comprehender y
aprehender de los cambios y dinámicas del
universo y de la civilización humana.
El concepto de complejidad se ha formado de la
periferia al centro de los objetivos o metas de
estudio de las personas; devino de un macro-concepto
ligado en sí mismo, de allí en más, el problema de las
relaciones entre lo empírico, lo lógico, y lo
racional. Morin expresa que en la complejidad se puede
destacar dos polos: el empírico, en el cual lo que
ocurre en el mundo es producto de constantes
interacciones y transferencias de estímulo que hacen
posible materializar hechos o situaciones que influyen
en la dinámica universal; y el lógico, que se refiere
a la
insuficiencia del pensamiento racional de dar
respuesta a las reacciones del sistema de pensamiento
y surgen las contradicciones como emergencia para
crear múltiples alternativas que despejen algunas de
las dificultades propias de la dinámica de pensar.
Morin enfatiza que tanto el "todo" como la "parte"
tienen elementos comunicantes que le son afines, pero
sin que esto corrompa la autonomía de la parte:
".somos singulares, puesto que el principio el todo
está en la parte no significa que la parte sea un
reflejo puro y simple del todo. Cada parte conserva su
singularidad y su individualidad pero, de algún modo,
contiene el todo." Un ejemplo palpable de esto es el
ser humano, el cual pertenece a un todo que es la
sociedad humana, pero a su vez
es independiente en su parte como ser humano
individual, con
personalidad e intereses relativos.
Ahora bien: ¿qué somos como seres humanos en la
actualidad según Morin?
Somos portadores de un pensamiento disyuntivo,
reductor; en el cual buscamos la explicación de un
todo a través de la constitución de sus partes y
aspiramos eliminar el problema de la complejidad, la
cual vemos como un obstáculo, pues ".obedece al
arraigamiento de una forma de pensamiento que se
impone en nuestra mente desde la infancia, que se
desarrolla en la escuela, en la universidad y se
incrusta en la especialización; y el mundo de los
expertos y especialistas maneja cada vez más nuestras
sociedades".
Pero esta manera de pensar es irreal, su fundamento
está construido sobre la base de falsedades, de
superficialidades y de un desconocimiento total de lo
que es el hombre y lo que es la sociedad. Para ello
Morin da variados ejemplos que ocurren en el sistema
biológico y/o físico, demostrando que los límites de
las interacciones y reacciones en el mundo, tanto
entre objetos y cosas como viceversa, son altamente
complejos y por muy variada que sean las
explicaciones, no terminan de ser explicaciones,
puesto que materializar un pensamiento completo acerca
de algún
evento de estudio, es infinitamente imposible.
A esto Morin llama "dialógica del orden y desorden";
dialógica en el sentido de que las interacciones y
reacciones en el mundo humano y físico son totalmente
heterogéneas (que se rechazan mutuamente), por lo cual
se concentra en un intercambio de información y
retro-alimentación que hace posible avanzar sobre
algunas dificultades pero no sobre todas las
dificultades; el orden y desorden, es una dinámica
propia de las organizaciones existentes en el
universo. Para Morin ".todo ha nacido a
través de encuentros aleatorios." Por ello, del orden
aparente, ese que existe en las antesalas de la
existencia, hasta las reacciones que generan desorden
y caos, son producto natural del proceso de creación
en esta realidad universal que reconocemos.
Es ante tan evidente realidad que se hace necesario
reorientar nuestro pensamiento racional y llevarlo
hasta límites de profundidad que tenga como objeto de
estudio esas reacciones heterogéneas, aleatorias y de
incertidumbre, que es donde encontraremos respuesta
acerca del lugar que ocupa el hombre en el universo y,
¿por qué no?, del lugar que ocupa el universo en el
pensamiento complejo humano.
Ese pensamiento complejo humano está anclado en una
organización, la cual está ligada a un sistema, que es
un todo constituido de elementos diferentes
ensamblados y articulados. Según Morin:
"...el todo tiene una cantidad de propiedades y
cualidades que no tienen las partes cuando están
separadas.Podemos llamar emergencias a esas cualidades
que nacen a nivel del todo, dado que emergen, que
llegan a ser cualidades a partir del momento que hay
un todo.El todo, por lo tanto, es más que la suma de
sus partes."
Ahora bien: ¿cómo entender ese asunto del orden y
desorden en el ámbito de una sociedad moderna que ha
creado mecanismos artificiales para aminorar el
desorden y tener mayor control sobre el medio y sus
relaciones?
Morin comprende esta situación y responde a ella
explicando que las sociedades humanas toleran una gran
parte del desorden.
"Podemos (expresa Morin).utilizar el desorden como un
elemento necesario en los procesos de creación e
invención, pues toda invención y toda creación se
presentan inevitablemente como una desviación y un
error con respecto al sistema previamente
establecido."
En el mundo occidental de hoy día, ese desorden
tolerable lo llamamos libertad, y el orden lo
entendemos como lo acordado por las mayorías como
sistema; es más adaptar ese acuerdo a nuestra
estructura mental, la cual reconoce un mundo externo
que le es afín pero ajeno a sus intereses más
sentidos. Ello nos lleva a que al aceptar un orden,
que llamaría aparente, nos damos a la tarea no sólo de
tolerar la libertar y los deseos de cambio de algunas
personas, sino de traducir el conocimiento tanto el
que viene como precedencia de nuestros antepasados
como el que
apreciamos a través de nuestros sentidos humanos. Esa
traducción al persistir acuerdos y dogmas sociales, la
reconstruimos en razón de códigos que nos alineen al
orden existente, pero no por ello ese conocimiento
traducido pernotará en ese margen de interpretación,
está allí y en cualquier momento reacciona en contra
de una imposición difícil de mantener: la ignorancia.
Lo que Morin expone en cuanto a la acción de traducir
y reconstruir, no es más que la acción de nuestra
percepción en representar ese conocimiento y realidad
acorde a un orden existente, siempre en razón del
contexto en donde se encuentre, nunca perdiendo la
idea de que el hombre es un ser de naturaleza
multidimensional que mezcla un pensamiento doble: uno
racional, empírico, técnico; y otro simbólico,
mitológico. Ambos están al mismo nivel, a veces uno
supera por momentos al otro, pero nunca
se superan totalmente.
A todo esto, Morin dedica una pequeña reflexión de esa
omplejidad
humana a la política, como factor determinante de las
relaciones en la hoy moderna sociedad de consumo.
Expresa Morin que la política dejó de ser un "arte de
gobernar" para llegar a ser el arte de las relaciones
políticas en sociedad. La política ha entrado en
muchos aspectos de los humanos, sobre todo en el
interés de conservar el estatus de las personas tanto
en su existencia como seres planetarios (que viven
bajo condiciones de innumerables interconexiones entre
los diversos segmentos del
planeta), como en la conservación del medio ambiente y
sus riquezas.
Si una frase resume la posición de Morin ante la idea
de un pensamiento complejo es: "Con nuestros ojos
somos capaces de ver de manera compleja. Pero no somos
capaces de pensar de manera compleja".
El pensamiento complejo es un pensamiento que se
reconoce como local, ubicado en un contexto
determinado; no es completo, se produce y
auto-eco-organiza en razón de la incertidumbre;
rechaza el dogmatismo, no es escéptico; privilegia la
estrategia y no lo programático. Pero para entender
esto es necesario reconocer que estamos en la
pre-historia del espíritu humano. "No estamos (como
expresa Morin) en la batalla final sino que estamos en
la lucha inicial: estamos en un período inicial en el
que hay que repensar las perspectivas de un
conocimiento y una política dignos de la humanidad en
la era planetaria, para que la humanidad pueda
nacer como tal. Y debemos trabajar en el azar y la
incertidumbre".
El problema teórico de la complejidad es el de la
posibilidad de
comprehender el origen de las incertidumbres. Por ello
es básico considerar la complejidad organizacional
(que enfatiza en lo racional) y la complejidad lógica;
es decir, la dificultad no está sólo en la renovación
de la concepción del objeto, sino que está en revertir
las perspectivas epistemológicas del sujeto, que no es
más que el observador científico; lo científico hasta
hoy es eliminar la imprecisión, la ambigüedad, la
contradicción; hace falta aceptar la imprecisión, no
solamente en los fenómenos, sino también en los
conceptos, de allí que Morin nos llame a estudiar el
azar y la incertidumbre.
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