[R-P] [E. Lacolla] Sobre el violento siglo XX

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Nov 22 13:36:58 MST 2005


[Con esta charla presentó su libro "El siglo violento" el escritor E. 
Lacolla.  Que lo disfruten.]

Como lapso histórico, el siglo XX dura todavía, si nos atenemos a los 
datos que configuran el movimiento del mundo desde 1914 hasta la 
fecha. Más que nunca vivimos en la era de la guerra mundial, aunque 
en la larga y revolucionaria andadura de estos años hayan surgido y 
caído regímenes y se haya articulado una superpotencia hegemónica que 
aparentemente ha emergido victoriosa de la polémica entre ideologías, 
sistemas económicos y poderíos militares.

Estados Unidos se postula abiertamente a la supremacía global, tras 
el naufragio o el eclipse de sus rivales a lo largo de un siglo. La 
Alemania del káiser Guillermo y de Adolfo Hitler, el Japón del 
Mikado, la Unión Soviética y, último pero no el menos importante, el 
Imperio Británico. Que al comienzo de esta larga disputa era primus 
inter pares, pero que se agotó en el largo esfuerzo realizado por 
conservar su puesto y cuya matriz original, la Gran Bretaña, se 
resigna ahora a fungir de adláter de la megapotencia.

Hasta el momento el único ganador de este torbellino, en términos 
absolutos, es Estados Unidos. Pero el ser ganador en las condiciones 
del mundo actual, plantea el peligro de creer que esa victoria puede 
ejercerse en provecho propio. Y no es así. Los problemas que aquejan 
al mundo aun son más devastadores que en 1914, sólo que no hay 
vectores nacionales o sociales que puedan asumir el reto de pretender 
resolverlos por cuenta propia. Ni siquiera Estados Unidos, pese a su 
musculatura.

Acaparar una victoria, en efecto, no siempre significa resolver los 
problemas que llevaron a la guerra. Un planeta dividido entre ricos y 
pobres, entre naciones bien provistas, y otras indigentes o 
miserables; donde la riqueza se concentra cada vez más y la pobreza 
se expande cada vez más rápido; recorrido por dilemas morales que 
giran en torno de la bioética,acosado por el espectro del hambre a 
pesar de sus enormes riquezas, con problemas crecientes de 
abastecimiento energético y de deterioro ambiental, con una 
progresión demográfica que desde el mundo sumergido golpea a las 
puertas del mundo desarrollado; con enormesproblemas de 
representatividad política que establecen a su vez un campo de 
elección para la proliferación de las conspiraciones oligárquicas y 
de los credos fundamentalistas que reaccionan contra la crisis de 
identidad que resulta de este vacío…, este mundo es una bomba de 
tiempo.

Sólo conociendo lo que nos ha traído hasta aquí, es posible empezar a 
representarse cuáles pueden ser las salidas de este laberinto. No 
podemos hablar de modelos hechos; todo tiene que hacerse a partir de 
ahora. Pero partir de aquí no supone desconocer lo que nos ha 
precedido y nos ha traído adónde ahora estamos, sino entenderlo 
puntualmente.

La informaciónque nos brinda la historia oficial de nuestro tiempo 
está, al menos en lo referido al material que se arroja para el 
consumo de las masas, afligida de una distorsión que se funda en la 
confección de verdades hechas, sacrosantas, contra las cuales es 
imposible rebelarse a menos arriesgar la calificación de totalitario, 
fascista, antisemita, comunista o, simplemente, autoritario. En el 
campo de los estudios académicos no siempre la situación es mejor: 
hay un temor cerval a irrumpir con posturas que de alguna manera 
tiendan a modificar los lugares comunes de la versión "democrática" 
de la historia -en la acepción que el establishment da al término 
democrático, es decir, la de una representatividad donde lo que 
cuentan son los representantes y no los presuntamente representados. 
Condenados, estos, a elegir entre fórmulas que difieren en la 
superficie pero jamás en el fondo, que sostienen la infalibilidad del 
mercado y del laissez faire, cualquiera sea el costo que su 
mantenimiento suponga para quienes no están en condiciones de dirimir 
fuerzas con los gigantes de la economía mundial.

Este es el panorama, que repropone, a una escala incomparablemente 
superior, la inviabilidad del sistema capitalista tal como lo 
conocemos, devolviéndonos a la época de las grandes propuestas para 
derrocarlo o, al menos, modificarlo radicalmente.

Se dirá que ahora no hay un proletariado operante, que esté en 
condiciones de gravitar políticamente para estrangular al sistema a 
través de la huelga o, eventualmente, la insurrección revolucionaria. 
Es cierto. Pero deberíamos tomar en cuenta que, en el pasado, ese 
proletariado no operó por cuenta propia sino que, en todas las 
ocasiones, su espontaneidad hubo de ser canalizada por partidos de 
extracción en esencia pequeño burguesa, cuya operatividad fue 
henchida por las masas obreras y campesinas, carentes sin embargo de 
una vocación de poder arraigada tal como lo era la de la burguesía.

Esas masas, en definitiva, apuntaban muy natural y legítimamente a 
configurarse como un estrato propietario, a convertirse en clase 
media, en el caso de los proletariados urbanos; y, en el de los 
países sometidos al coloniaje, a acceder a esa dignidad a través de 
una revolución nacional que sacudiese el yugo extranjero.

Hoy, tanto el proletariado como la clase media y las sociedades 
dependientes, están sometidos a la presión del imperialismo más 
anónimo que imaginarse pueda; pero que de alguna manera recibe el 
contrachoque de ese anonimato en la forma de una conducción 
irresponsable, incapaz de forjarse una idea de equilibrio y entregada 
a una especie de dinámica preventiva originada en cálculos mecánicos 
mucho más que en una evaluación racional de las cosas.

La "guerra preventiva" que los planificadores del Imperio enarbolan 
como sistema para demoler no sólo a las oposiciones que encuentran en 
su camino sino para preparar la aniquilación de sus potenciales 
rivales, es simbólica de esta manera inhumana de calcular las cosas. 
El arte, que suele prodigar anticipos muy reveladores de las 
corrientes subterráneas que trabajan a la cultura, un par de décadas 
atrás ya estaba pronosticando el advenimiento de esta era de 
monstruos que se está inaugurando, a través de un filme de gran 
éxito: Terminator, donde las máquinas, que se habían adueñado de las 
palancas del poder, habían condenado a la entera raza humana al 
exterminio en razón de su incapacidad para seguir las normas 
automáticas -es decir, inhumanas-del cálculo electrónico.

Más que una ironía, es una confirmación de la pertinencia de ese 
anticipo el hecho de que el actor que personificaba al robot asesino 
en esa película, se haya convertido en el actual gobernador de 
California.

Los Bush, Reagan, Schwarzenegger, son exteriorizaciones de la 
máquina, fantoches parlantes de un régimen deshumanizado que prosigue 
ciegamente un camino dictado por el criterio de la maximización de la 
ganancia y por un social darwinismo que propugna la supervivencia de 
los más fuertes, sin atender al delicado hecho de que esa fortaleza 
no es tanto el resultado de la selección natural, sino más bien la 
consecuencia de prácticas predatorias cultivadas durante siglos y que 
si bien han hecho avanzar al mundo, lo han llevado al borde un abismo 
donde esos métodos deben ser revisados si no se quiere que nos 
arrojen a él.

Hay que tener en cuenta que el capitalismo está agotando los recursos 
naturales del planeta sin tener todavía los recursos para desarrollar 
fuentes energéticas alternativas y sin una clara capacidad de frenar 
el deterioro ecológico, como no sea apelando al control manu militari 
de las reservas que quedan y a la coerción o el avasallamiento de los 
países y pueblos donde estas se encuentran. Lo que naturalmente 
promete una catarata de problemas de consecuencias imposibles de 
pronosticar.

Generar alternativas a este estado de cosas es por lo tanto 
imperioso. Pero sólo se podrá descubrirlas andando. La generalización 
de un "cognitariado" -es decir, de una infinidad de personas capaces 
de lidiar con la tecnología y de decodificar sus pautas, es esencial 
a este proceso y también connatural a él, pues es lo único que puede 
dotar de linfa a los conductos por los cuales circula el 
conocimiento. Pero esta generalización implica también un previo 
desarrollo de las potencialidades culturales, intelectuales, sociales 
y productivas de los países que se encuentran bajo la férula del 
sistema imperialista.

Este desarrollo, a su vez, sólo puede lograrse continuando las luchas 
que distinguieron al inmediato pasado en su doble dimensión: la que 
nos afectó directamente y la que lo enmarcó desde una circunstancia 
externa. Conocer estas coordenadas resulta, por lo tanto, un 
expediente indispensable para ir forjando las armas de la liberación. 
La máquina de desinformar e incomunicar hace de la distorsión de la 
historia un recurso para el desarme intelectual y político de las 
jóvenes generaciones. El maniqueísmo, la "macchietta" biográfica, el 
reduccionismo y la versión made in Hollywoodde los fenómenos de la 
historia contemporánea, se dan la mano con una versión pasteurizada 
del progresismo, que lo entiende no ya como un combate por la 
revolución social, la liberación nacional y la solidaridad humana, 
sino más bien como un expediente para salvar a las minorías 
"transgresoras"; para propagandizar una liberación de las costumbres 
que se parece demasiado al hedonismo y para generar conflictos 
secundarios que tapen con su ruido las grandes contradicciones 
fundamentales: capitalismo y socialismo, dependencia y liberación 
nacional, políticas hegemónicas de poder y luchas por la liberación 
de las masas postergadas y explotadas.

El libro que presentamos hoy quiere ser una síntesis de los 
acontecimientos que han dominado el siglo XX puestos bajo la luz de 
esta problemática fundamental. Para ello he intentado seguir el hilo 
rojo de los fenómenos más ostensibles de una historia "evenemencial" 
tan dramática como catastrófica, tan explosiva como llena de 
posibilidades de hacer el bien o el mal a manos llenas. La guerra del 
'14 como apertura a las tempestades del mundo moderno, la tregua 
significada por el período de entreguerras, la reproposición del 
conflicto por el poder mundial y su definición entre 1939 y 1945, el 
nuevo antagonismo surgido de esta; la manifestación del reclamo de 
los pueblos coloniales y dependientes (proyección global y 
magnificada de la escisión en clases del mundo desarrollado); y, por 
cierto, la forma peculiar que este combate adopta en nuestra parte 
del mundo. En estaAmérica latina que todavía no termina de 
encontrarse pero que cuenta, a pesar de todos sus inconvenientes, con 
un capital inapreciable en el mundo de falsas contradicciones étnicas 
al que nos están llevando: su capacidad de asimilación racial y de 
mezcla cultural.

Este tesoro es fruto del carácter aluvional de la conquista, 
colonización y mestizaje que estas sociedades vivieron y siguen 
viviendo, y donde es factible reconocer, como lo señala Arturo Uslar 
Pietri, una serie de factores que se influyen mutuamente a lo largo 
del tiempo. Entre ellos la fusión de los españoles con las distintas 
civilizaciones indígenas, el aporte de los esclavos africanos, las 
varias oleadas inmigratorias que se aposentan en estas playas y el 
espacio, el espacio americano, que propone paisajes, climas y 
accidentes geográficos muy variados en una tierra sin confines, que 
por este mismo carácter de apertura infinita predispone a la libertad 
y a la asimilación de lo nuevo.

Como en toda síntesis, es infinitamente más lo que ha quedado afuera 
que lo que ha entrado en este libro. Pero, dentro de este obligatorio 
límite, espero haber dado en el clavo y haber construido un relato 
útil, sobre todo para los jóvenes, de esta época que nos arrastra y 
que contiene todas las expectativas paroxísticas y las condenas de la 
maldición china que reza: "ojalá te toque vivir en una época 
interesante".

Y bien, somos patriotas de nuestro tiempo y, en medio de tanta 
convulsión y en el subibaja de la historia, agradecemospoder combatir 
todavía en esta batalla.



 


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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