[R-P] La cooperacion en la construccion social
silvio ansaldi
silvioansaldi en yahoo.com.ar
Lun Nov 14 10:49:18 MST 2005
Dejando de lado lo que refiere a la perdida de los
recursos naturales , esenciales en cualquier nacion .
Silvio Ansaldi
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DEBATE
Ninguna caída es para siempre
Si, como dice un pensador del XIV, los ciclos de las
naciones son frecuentes pero no inmovilizantes y el
sentimiento de grupo es una construcción social e
histórica, Argentina puede iniciar un lento y valioso
ascenso.
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José Gabriel Tokatlian. Director de Ciencia Política y
Relaciones Internacionales, Universidad de San Andrés
Abd-ar-Rahman Abu Zayd ibn Muhammad ibn Muhammad ibn
Khaldun —más conocido como Ibn Khaldun— nacido en
Túnez el 27 de mayo de 1332 hizo quizás el más
original aporte a la caracterización de regularidades
históricas en materia de continuidad y cambio en la
organización sociopolítica de las sociedades.
Su reflexión más lúcida, contenida en el Muqaddimah
(Introducción a la Historia), puede ser vista como un
quiebre en la historiografía tradicional y como el
primer esfuerzo por elaborar una historia científica
del hombre. Su mirada está marcada por la realidad de
su tiempo, el declive del Islam y de la comunidad
musulmana.
Entre el siglo VII y el X el islamismo florece
cultural y territorialmente. Del siglo X en adelante
decae gradual y notablemente: cuando en el siglo XIII
el sultanato turco asume el califato árabe
—trasladando la capital del califato de Bagdad a
Estambul— se torna evidente la intensidad del declive.
Es así como Ibn Khaldun examina la evolución del ser
humano y sus formas organizativas colectivas en un
contexto de decadencia. Sin embargo, su mirada no es
pasiva ni derrotista: busca discernir, a partir de la
identificación de ciertos ciclos históricos, un nuevo
comienzo. Su horizonte entonces no es el de la fatal
postración ante la realidad humana sino el de una
prudente esperanza.
La realidad de nuestra propia declinación —y su
potencial superación— bien puede brindarnos la
oportunidad de meditar sobre las eventuales lecciones
que podemos extraer del análisis de aquel profundo
pensador árabe del siglo XIV.
Ibn Khaldun coloca en el centro de su atención al
hombre y su condicionamiento ambiental. Se interroga
acerca de cómo enfrentar los problemas de la
existencia material. En la cultura está en buena
medida la respuesta.
En ese sentido, Khaldun rechaza la idea de un estado
de naturaleza permanente y destaca la cooperación como
la principal condición humana: la sociedad necesita la
cooperación para hacer frente al entorno ambiental y
para alcanzar el bienestar material.
A partir de ese punto de partida procura evaluar la
evolución —así como la involución— de las
organizaciones humanas. Procede analógicamente:
observa la trayectoria generacional de familias y
dinastías y pondera con una matriz semejante el
desarrollo de los estados y las civilizaciones. Al
hacerlo descubre una pauta recurrente que va desde el
surgimiento y consolidación de una unidad
políticosocial, a una fase de crecimiento, madurez y
esplendor, seguida por una etapa de liberalidad y
despilfarro, continuada por un período de complacencia
y desatención que culmina, finalmente, en un estadio
de degradación y ruina.
En ese largo proceso de concreción, auge y caída —que
acontece tanto a nivel familiar como estatal— existe
un fenómeno dialéctico que está en el corazón del
ascenso y en el núcleo del colapso: la asabiyah.
En Ibn Khaldun, la asabiyah expresa la solidaridad, el
sentimiento de grupo, el sentido de pertenencia.
Podríamos decir que ese término sintetiza la idea de
lo que hoy llamaríamos un destino común. La fuerza de
la asabiyah conduce al ascenso colectivo y a la
riqueza extendida; la ausencia de la asabiyah lleva al
descenso social y al malestar masivo. En síntesis, la
cooperación como condición humana primordial está
asociada a la asabiyah como práctica ciudadana.
La decadencia de Argentina no está vinculada a la
pérdida de recursos naturales, a la destrucción de los
activos productivos ni al eclipse de las inversiones
financieras. Nuestro declinar quizás tenga más que ver
con el deterioro progresivo de nuestra conciencia
colectiva, de un ideal compartido, enraizado y
solidario en el que a través de la conjunción de
esfuerzo paciente y empatía recíproca podamos alcanzar
la prosperidad general.
Si como observa Ibn Khaldun, los ciclos de las
naciones son frecuentes pero no inmovilizantes y el
sentimiento de grupo es una construcción social e
histórica, Argentina puede iniciar un lento y valioso
proceso de ascenso. Cabe ver si nuestro Estado y
nuestra sociedad asumen, con creatividad y
generosidad, el camino de forjar una nueva asabiyah.
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