[R-P] Chávez sobre el programa bolivariano

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Lun Nov 7 12:29:01 MST 2005


[Cito: «A mediados de los 80 propuse a mis compañeros militares 
agregar la letra R -de revolución- a la sigla de nuestro movimiento 
que se llamaba EB-200 -Ejército Bolivariano 200 porque en 1983 era el 
bicentenario del nacimiento de Bolívar-... Lo que perseguíamos era 
eso, una revolución... Diseñamos así lo que hemos llamado el 'árbol 
de las tres raíces', que es nuestra fuente ideológica. Consiste en la 
raíz bolivariana (su planteamiento de igualdad y libertad, y su 
visión geopolítica de integración de América Latina); la raíz 
zamorana (por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano y de la 
unidad cívico-militar) y la raíz robinsoniana (por Simón Rodríguez, 
el maestro de Bolívar, el Robinson, el sabio de la educación popular, 
la libertad y la igualdad). Este 'árbol de las tres raíces' dio 
sustancia ideológica a nuestro movimiento..."»

En resumen:  igualdad, libertad, unidad americana, soberanía popular, 
unidad cívico-militar, educación popular.  Lo que se llama, del modo 
más estricto, un programa nacional democrático.  El socialismo 
tracciona este programa desde la experiencia concreta de la lucha 
contra la agresión imperialista.]

Gentileza de la lista Redial Simón Bolívar

Socialismo del Siglo XXI

Chávez se ha convertido en un arrollador fenómeno político a escala 
latinoamericana. Presentamos esta interesante entrevista, publicada 
recientemente en PF, por la importancia que tiene para toda la 
izquierda latinoamericana.


 Esta entrevista a Hugo Chávez Frías, presidente de la República 
Bolivariana de Venezuela, se efectuó el 27 de julio. El escenario: un 
patio en el piso superior del palacio de Miraflores que Chávez ha 
convertido en jardín. A veces juega allí con su nieto. Entre las 
plantas hay una hamaca para el descanso.

 En un ángulo del patio, Chávez tiene su escritorio a la sombra de un 
bohío caribeño. Es el rincón privado donde lee, escribe y recibe 
visitas informales. En estos días está leyendo "Memorias de 
ultratumba", de Chateaubriand, que le obsequió el vicepresidente José 
Vicente Rangel. El presidente está dentro de Miraflores, pero lejos 
del protocolo palaciego. Desde la calle suben gritos de vendedores y 
el ruido de vehículos que le quitan sosiego al rincón campesino en 
que Chávez quiere aislarse.

 Nacido hace 51 años en el poblado de Sabaneta, Estado Barinas, en el 
seno de una familia muy modesta, Chávez se ha convertido en un 
arrollador fenómeno político a escala latinoamericana. Desde luego, 
en su país es el presidente sobre el cual más libros -a favor y en 
contra- se han escrito. Sin mencionar que de su Constitución 
Bolivariana se han publicado millones de ejemplares.

 Desde el 6 de diciembre de 1998, en que ganó la presidencia con 
56,24% de los votos, no ha cesado de ganar confrontaciones 
electorales -incluyendo el referéndum del 16 de agosto de 2004 sobre 
su permanencia en el cargo-. La legitimidad democrática de su mandato 
se ha convertido en contundente desmentido a la campaña internacional 
que dirige Estados Unidos contra su gobierno. Las encuestas -de 
empresas privadas opositoras, algunas norteamericanas- le acreditan 
más de 70% de apoyo popular. Eso le asegura la reelección en 
diciembre de 2006.

 La oposición se ha destrozado a sí misma intentándolo todo para 
derrocar o asesinar a Chávez. Incluyendo el golpe de Estado de abril 
de 2002, el paro patronal y sabotaje petrolero de dos meses, en 2003, 
que causó pérdidas por 14 mil millones de dólares a la economía 
venezolana.

 En diciembre de este año se le presenta una nueva oportunidad porque 
hay elecciones parlamentarias (en Venezuela, esa rara "dictadura" que 
describe la oposición, hay elecciones a cada rato). Sin embargo es 
difícil que una oposición diezmada y carente de principios 
democráticos saque lecciones de sus propias torpezas. El pasado 1º de 
agosto hubo elecciones municipales y aunque la abstención en esos 
eventos siguió siendo muy alta, un 68,4%, la alianza de gobierno 
eligió el 80% de los concejales. El Movimiento V República, de 
Chávez, alcanzó por sí solo el 58% de los votos. El principal partido 
de oposición, Acción Democrática, socialdemócrata, obtuvo 18%. Otros 
grupos menores llamaron a no votar, jugando con oportunismo a la 
tendencia histórica de las elecciones municipales que llegó a una 
abstención de 76,3% en los 40 años que gobernaron AD y el 
socialcristiano partido Copei.

 Chávez y su gobierno, más allá de la revolución bolivariana que 
realizan en Venezuela, se han convertido en surtidor de iniciativas 
de integración y hermandad en América Latina y el Caribe. A través de 
la integración -a cuya disposición pone el enorme potencial 
energético de Venezuela-, el gobierno de Chávez divisa un camino 
inédito al socialismo.

Porque después de seis años y medio de tormentoso gobierno, 
enfrentando a un poder imperial implacable en sus designios e 
inescrupuloso en sus métodos, Chávez ha llegado a la conclusión que 
sólo el socialismo -despojado de lastres burocráticos, dogmatismos 
ideológicos y errores del pasado- puede traer justicia social y 
derrotar la pobreza.

 Ha comenzado por un ensayo de poder popular en su propio país de 24 
millones y medio de habitantes. Pero a la vez ofrece al vecindario el 
respaldo de la riqueza petrolera y gasífera venezolana, que 
permitiría construir nuevos instrumentos de integración regional. Una 
integración en todos los ámbitos, desde lo económico hasta lo 
político.

Chávez, sin duda, juega fuerte. Su apuesta puede resultar porque, 
desde luego, ha provocado un sorprendente interés en América Latina 
por volver a discutir los temas del socialismo a la luz del fracaso y 
desprestigio del neoliberalismo.

 Esa resurrección del viejo fantasma que aterroriza a los 
privilegiados, se sustenta en la vasta corriente de apoyo popular que 
en América Latina acompaña a la revolución bolivariana de Venezuela y 
que provoca profunda preocupación a Washington.

De estos temas hablamos con el presidente Hugo Chávez. Pero también 
de "Punto Final", que en septiembre cumple 40 años de su fundación. 
Por ahí, en realidad, se inició la conversación.

 "¿Cuarenta años cumple Punto Final, Manuel?"

Cuarenta años, presidente. Claro, hubo un largo intervalo: 17 años de 
dictadura militar. La revista estuvo clausurada desde el 11 de 
septiembre de 1973 hasta agosto de 1989. Durante un tiempo apareció 
en México bajo la dirección de Mario Díaz, un periodista chileno que 
vivió parte de su exilio aquí, en Venezuela.

 "Pero lo que ustedes rescatan es el año de su nacimiento... En 
1965".

 En efecto: el tiempo perdido es un tiempo que también nos 
pertenece...

 "¿Y el nombre Punto Final de dónde salió?"

De una conversación con Mario Díaz, mi camarada en esta aventura. La 
idea era poner punto final a un tema, es decir agotarlo.

Sobre todo aquellos asuntos censurados por la publicidad comercial, 
la restricción del espacio u otras formas de censura que limitan la 
libertad de expresión de los periodistas.

"O sea, llegar al fondo de un asunto, sin limitaciones, sin 
mordaza...".

En efecto, esa era la idea y sigue siéndola.

 ("Pasa, pasa compadre, siéntate aquí -se dirige al fotógrafo Marcelo 
García-. Pero esta foto así, separados por una mesa, no me gusta... 
Vamos a conversar allá". Chávez indica el pequeño jardín vecino.  
Terminadas las fotos, entramos en tierra derecha en la entrevista).

 Presidente: lo primero que quiero plantearle es el interés por 
conocer algunas ideas sobre una discusión que usted mismo ha 
provocado, tanto en Venezuela como en América Latina. Me refiero al 
socialismo del siglo XXI. El tema es muy atractivo para los lectores 
de "Punto Final" y para la Izquierda en general en muchos países. 
Imaginar un nuevo socialismo es todo un desafío, no sólo intelectual 
sino político. Me parece que su intención es que un conjunto de ideas 
sean elaboradas por amplios sectores sociales y políticos, no esperar 
la receta de un Carlos Marx que nos ilumine sobre lo que hay que 
hacer. Sin embargo, usted puede estimular esta discusión con algunas 
ideas y propuestas de lo que considera debería ser el socialismo del 
siglo XXI.

 "Mira, Manuel, lo primero -permíteme- es felicitar a Punto Final por 
sus cuarenta años de batalla, sembrando ideas revolucionarias y 
abriendo las anchas alamedas de que habló nuestro compañero 
presidente Salvador Allende. Y también saludar por intermedio de PF 
al pueblo chileno y a todos los pueblos latinoamericanos.

Ahora entremos al tema del socialismo del siglo XXI.

Primero, en lo personal se trata de un asunto de conciencia. ¿Por 
qué? Porque uno viene evolucionando en su pensamiento. En mi caso he 
venido adquiriendo experiencia y recogiendo ideas producto de esa 
dialéctica que se reproduce entre la teoría, los debates, las 
discusiones y la práxis de lo que está ocurriendo en Venezuela. Estos 
seis años, Manuel, han sido muy ricos, nos han nutrido desde el punto 
de vista de las ideas. Han alimentado nuestro pensamiento. Como 
sabes, estoy pronto a cumplir 51 años (al día siguiente de esta 
entrevista. N. de PF). Comencé en esta lucha allá por los años 80. 
Recordaba hace un rato con Beto Almeida (dirigente social brasileño. 
N. de PF), que poco antes de los 80 comenzamos a formar en el seno 
del ejército una corriente bolivariana y nacionalista que ni siquiera 
se planteaba una revolución. A mediados de los 80 propuse a mis 
compañeros militares agregar la letra R -de revolución- a la sigla de 
nuestro movimiento que se llamaba EB-200 -Ejército Bolivariano 200 
porque en 1983 era el bicentenario del nacimiento de Bolívar-. El 
movimiento nació en 1982 en un acto simbólico. En realidad, era una 
pequeña célula clandestina. Por el año 87, dimos una discusión que 
fue dura. El movimiento había crecido pero todavía éramos pequeños 
grupos, que al fin nos definimos como un movimiento bolivariano 
revolucionario. Lo que perseguíamos era eso, una revolución, una 
transformación política, social, económica y cultural inspirada en el 
planteamiento de Bolívar. Diseñamos así lo que hemos llamado el 
'árbol de las tres raíces', que es nuestra fuente ideológica. 
Consiste en la raíz bolivariana (su planteamiento de igualdad y 
libertad, y su visión geopolítica de integración de América Latina); 
la raíz zamorana (por Ezequiel Zamora, el general del pueblo soberano 
y de la unidad cívico-militar) y la raíz robinsoniana (por Simón 
Rodríguez, el maestro de Bolívar, el Robinson, el sabio de la 
educación popular, la libertad y la igualdad). Este 'árbol de las 
tres raíces' dio sustancia ideológica a nuestro movimiento...".

 Revolución antiimperialista

¿Pero entre ustedes había militares con formación marxista?

"Sí, los había. Mis primeros contactos con el mundo político, por 
ejemplo, fueron con un ex guerrillero venezolano a quien respeto 
mucho, Douglas Bravo. Me reuní con él varias veces, incluso antes que 
naciera nuestro movimiento.

Douglas dirigía el movimiento Ruptura, que tenía una revista del 
mismo nombre. (Bravo procedía del PCV y fue comandante de las Fuerzas 
Armadas de Liberación Nacional -Faln- en los años 60. N. de PF). 
Luego me reuní también con la Causa R originaria, aquel movimiento 
que fundó Alfredo Maneiro, de claro planteamiento marxista. Sin 
embargo, eran los años en que comenzaba a resquebrajarse la Unión 
Soviética. Vimos cómo el planteamiento socialista fue desapareciendo, 
incluso en los círculos y publicaciones que venían del marxismo, y 
algunos hasta de la lucha armada.

Luego vino en Venezuela la rebelión militar del 4 de febrero de 1992. 
Pero este movimiento bolivariano no tenía un planteamiento 
socialista. Si revisas declaraciones mías de esos años, cuando nos 
preguntaban si éramos de Izquierda o derecha contestábamos: 'No, no, 
esa división no existe'.

Era una posición neutra, desconectada de la realidad pero muy 
influida por todo aquello del 'fin de la historia', la caída de la 
URSS, etc. Luego viene la fase actual: llegamos al gobierno en 1999 y 
se formula el planteamiento de la revolución bolivariana que da un 
salto -como debes recordar- después del golpe de Estado de abril de 
2002. Es entonces cuando esta revolución se declara antiimperialista. 
Nunca lo habíamos asumido así. Fue la respuesta que dimos al golpe y 
nuestro pueblo lo asumió con mucho vigor".

 ¿Una réplica a la intervención imperialista en el golpe?

"Exactamente. Fue una respuesta a lo que estábamos viviendo.

Quizás, Manuel, en los primeros años de nuestro gobierno -y te 
confieso que yo lo viví aunque por poco tiempo- hubo la ilusión de 
que podíamos estar bien con Dios y con el diablo. Alguna gente que se 
me acercó y que hasta cierto punto me rodeó en este palacio -tu sabes 
que en torno al poder y a quienes personificamos parte del poder, se 
van generando anillos de influencia-, llegó con un discurso de 'no 
hay que buscar conflictos, hay que buscar consensos'. Me dejé llevar 
por esa línea en los primeros años. Eran los días de mis reuniones 
con Clinton y con altos empresarios estadounidenses. Fui al Fondo 
Monetario Internacional, estuve en la Bolsa de Nueva York y toqué el 
martillo ése... Pero llegué a descubrir, Manuel, porque soy del monte 
y el montuno desarrolla un instinto especial, que me tenían cercado. 
Una madrugada me metí a la central telefónica de palacio y descubrí 
que allí tenían instrucciones de no pasarme ciertas llamadas. Por 
ejemplo las llamadas de Fidel Castro estaban anotadas en el libro, 
pero no me las pasaban. Porque en el grupo que me rodeaba había la 
tesis que la relación con Fidel Castro no era positiva ni necesaria".

 No hay "tercera vía"

¿Y esa gente tenía autoridad para dar ese tipo de instrucciones a la 
central telefónica?

"Pero claro. ¿Tú no recuerdas que tuve de ministro del Interior a 
Luis Miquilena, por ejemplo? El fue uno de los que articuló un férreo 
cerco en torno mío... Y tuve de ministro en la Secretaría de Gobierno 
nada menos que a Alfredo Peña. Y aquí venía Cisneros a almorzar con 
Peña(*). Hasta que me fui dando cuenta que me habían montado un 
cerco.

Entonces yo era un muchacho, pero uno va madurando. Un general amigo, 
un sabio, el general Pérez Arcay, me dijo: 'Hugo, tienes que 
graduarte de viejo. Aunque tengas 40 años debes ser un viejo, tienes 
que aprender rápido, no puedes esperar llegar a viejo, madura ahora'. 
El me ayudó a abrir los ojos.

Perdona, Manuel, que tienda a alargar las respuestas, pero este tema 
de la ideología nunca lo había analizado como ahora, desde una 
perspectiva lejana. Bueno, ¿qué produjo todo esto? Golpe el 2002, 
paro patronal, sabotaje petrolero, contragolpe, discusiones y 
lecturas. Llegué a la conclusión -asumo la responsabilidad porque no 
lo discutí con nadie al hacerlo público en el Foro Social Mundial de 
Porto Alegre- que el único camino para salir de la pobreza es el 
socialismo.

En una época llegué a pensar en la tercera vía. Andaba en problemas 
para interpretar el mundo. Estaba confundido, hacía lecturas 
equivocadas, tenía unos asesores que me confundían todavía más. 
Llegué a proponer un foro en Venezuela sobre la tercera vía de Tony 
Blair. Hablé y escribí mucho sobre un 'capitalismo humano'. Hoy estoy 
convencido que es imposible. Pero esto ha sido producto de seis años 
de dura brega y de aprender de mucha gente. Me convencí de que el 
socialismo es el camino y así lo dije en Porto Alegre y después aquí, 
ante la Asamblea Nacional. He invitado al país a un debate. Creo que 
debe ser un socialismo nuevo, con planteamientos frescos, acoplado 
con una nueva era que apenas está comenzando. Por eso me atreví a 
llamarlo 'socialismo del siglo XXI', como proyecto. Creo que es un 
reto, un desafío. Pero me da mucho gusto ver cómo el llamado no ha 
caído en tierra infértil. Por el contrario, ya han aparecido hasta 
libros sobre el tema. En Venezuela hay un debate que va 
extendiéndose. El general Alberto Müller Rojas (ex embajador en 
Chile. N. de PF) invitó el 5 de julio en la Asamblea Nacional, el día 
de la patria, a que hagamos el Manifiesto Socialista del siglo XXI. 
Por ahora lo que estamos haciendo es un llamado a discutir ideas 
nuevas y viejas experiencias para delinear ese nuevo socialismo. Por 
ejemplo, yo quiero aportar algunas ideas. Una es afirmar que el 
primer socialista de nuestra era fue Cristo. Soy cristiano y pienso 
que el socialismo debe nutrirse de las corrientes más auténticas del 
cristianismo. Tampoco se trata de andar buscando a un iluminado, como 
tú decías, para que nos haga un modelo que vamos a copiar todos. 
Sería absurdo. Vamos a hacer el socialismo desde nuestras propias 
raíces, desde nuestros aborígenes, desde las comunas en Paraguay y 
Brasil, desde el socialismo utópico que representó Simón Rodríguez, 
desde el planteamiento de Bolívar de libertad e igualdad, desde el 
planteamiento de Artigas, el gran uruguayo, de que hay que invertir 
el orden de la justicia, eliminando los privilegios. Creo que estamos 
comenzando esta tarea".

 Es el momento de avanzar

¿No cree, presidente, que declarar sus intenciones socialistas es 
algo prematuro en la actual situación venezolana y latinoamericana en 
general? ¿No es una apuesta política muy alta?

"Es posible que lo sea, no me creo dueño de la verdad. Pero mi 
instinto político me dice que es el momento de formular este 
planteamiento. Desde el punto de vista del cálculo electoral algunos 
buenos amigos y compañeros me han dicho que no era oportuno. Que 
mejor habría sido esperar las elecciones de 2006 y después de 
ganarlas, hacer ese planteamiento. Pero yo no veo la situación de esa 
manera. Los tiempos políticos no coinciden necesariamente con los 
tiempos electorales. De aquí a un año hay un siglo. El tiempo es 
relativo, ya lo demostró Einstein.

Creo que es el momento. Cuando ves reverdecer los campos, es el 
momento de abonar para que broten las sementeras. Cuando vemos lo que 
está ocurriendo en América Latina, sobre todo en América del Sur, el 
gran debate que hay en Brasil, en Uruguay, y los gobiernos que 
impulsan cosas nuevas, cuando se mira lo que ha pasado en Ecuador y 
en Bolivia, también en Venezuela por supuesto, en Centroamérica y el 
Caribe... Pero el epicentro está en América del Sur. A este rebrote 
popular y democrático hay que darle sustancia ideológica. ¿Y cuál es? 
Yo respondo, desde mi conciencia política, que es la vía socialista. 
En Venezuela lo he puesto de la siguiente manera: estamos en una 
transición y como decía Gramsci, que muera lo que tiene que morir y 
que nazca lo que tiene que nacer. Una transición que me atrevo a 
llamar 'democracia revolucionaria', un término que tampoco es mío 
sino del poeta cubano Roberto Fernández Retamar. Habla de eso en una 
entrevista de 1992 que leí -cuando estaba preso- en un libro, América 
Latina, marca registrada, del chileno Sergio Marras.

Fernández Retamar habla del bolivarianismo y la democracia 
revolucionaria.

He retomado ese término para caracterizar el tipo de democracia que 
empuja como una caballería, que abre puertas y se impregna de pueblo. 
Es una fase de transición hacia el socialismo. Esta dirección está 
mucho más clara en Venezuela. Si hace cuatro años me hubieras 
preguntado: ¿Chávez, hacia dónde vamos?, quizás mi respuesta no 
habría sido tan precisa, aun cuando a la que estoy dándote todavía le 
falta muchísima precisión. Te habría dicho, como tantas veces lo 
dije: aquí está la Constitución Bolivariana, este es el proyecto. 
Ahora creo que vamos rumbo al socialismo. La democracia 
revolucionaria hay que irla orientando hacia el socialismo.

Eso ha generado aquí una dinámica por abajo, muy interesante. Pdvsa 
(Petróleos de Venezuela S.A.), por ejemplo, está discutiendo ese tema 
al interior de la empresa con ese líder extraordinario que es el 
ministro de Energía y Petróleo, Rafael Ramírez, un muchacho que fue 
formado en ese movimiento Ruptura del que te hablé.

Pero los funcionarios de mi gobierno con formación marxista no se 
atrevían a hablar de socialismo. Yo les he dado luz verde. Ahora 
hasta la Asamblea Nacional habla de socialismo. Ha sido como una 
liberación, se vuelve a hablar de un tema tabú. El chantaje mediático 
era muy pesado: si te declarabas socialista, te decían trasnochado, 
troglodita, dinosaurio.

Ahora no, el socialismo anda en la calle y hasta algunos empresarios 
declaran que no les asusta. ¡Magnífico! Habrá que oir sus razones, 
respetarlas y discutirlas. Los militares hablan de revolución y 
socialismo, y discuten esos temas. Creo que es muy positivo. Y yo 
asumo la responsabilidad que me cabe en este proceso. Tenemos que 
estudiar y debatir mucho. Ojalá podamos hacer pronto un evento 
internacional sobre socialismo y conocer así distintas opiniones y 
experiencias".

 Viejo y nuevo socialismo

Hay cosas del viejo socialismo, presidente, que fracasaron.

Por ejemplo, la concepción de partido, la ausencia de participación 
real del pueblo en las decisiones, la falta de pluralismo, el 
estatismo absoluto de la economía, el bajo perfil de los derechos 
humanos, de las libertades públicas y de la libertad de expresión, 
etc. ¿Qué diferenciaría al socialismo del siglo XXI de aquel 
socialismo que se derrumbó?

"Tienes razón, alguien dijo que en realidad nunca hubo socialismo... 
Circulaba un chiste sobre Breznev u otro líder soviético que 
confidenciaba a un amigo: ojalá que aquí no llegue nunca el 
socialismo!

Ahora bien, entre los elementos que pudieran definir el socialismo 
del siglo XXI yo diría que el primer rasgo es el moral. Hay que 
comenzar por ahí, por la conciencia, por la ética. El Che escribió 
mucho de la moral socialista. Desde la visión del mundo que cada cual 
tenga, debemos recuperar el sentido ético de la vida. Sin duda lo que 
digo tiene mucho de cristianismo: 'Amaos los unos a los otros' o 'Ama 
a tu prójimo como a ti mismo'. En realidad se trata de eso: de la 
solidaridad con el hermano. Luchar contra los demonios que sembró el 
capitalismo: individualismo, egoísmo, odio, privilegios. Creo que por 
ahí habría que comenzar. Es un trabajo de todos los días, una tarea 
cultural y educativa de largo aliento. En Venezuela hemos comenzado a 
debatir ese aspecto y es muy positivo. Es un arma en la lucha contra 
la corrupción, un mal que es propio del capitalismo. Empresas y 
empresarios corrompidos, negocios oscuros, funcionarios corruptos, 
movidos sólo por la ambición.

Aunque también la corrupción se ha dado en el socialismo ese fenómeno 
tiene una raíz capitalista, es la ambición de riqueza. El socialismo 
debe defender la ética, la generosidad. Bolívar fue un ejemplo: 
abandonó todo por ser útil a su país. Hay que recordar también a 
Cristo y lo que dijo al hombre rico que quería ir al cielo: vende 
todo lo que tienes y repártelo entre los pobres. El hombre se puso a 
llorar porque no era capaz de hacer eso. Fue entonces cuando Cristo 
lanzó aquella frase 'será más fácil que un camello entre por el ojo 
de una aguja que un rico entre en el reino de los cielos'.

En la línea política uno de los factores determinantes del socialismo 
del siglo XXI debe ser la democracia participativa y protagónica. El 
poder popular. Esto es un elemento político definitorio que contrasta 
con aquello del partido único o centrar todas las decisiones en el 
partido. Hay que centrar todo en el pueblo, el partido debe estar 
subordinado al pueblo. No al revés".

 Pluralismo político

¿Un sistema político pluralista que permita participar a diferentes 
sectores? ¿Un poder popular real?

"Claro que sí, una democracia participativa y abierta.

En lo social, el socialismo debe conjugar igualdad con libertad. Una 
sociedad de incluidos, de iguales, sin privilegios, sin esta abismal 
diferencia entre extrema riqueza y extrema pobreza. En lo económico: 
un cambio del sistema de funcionamiento metabólico del capital.

Este es un tema complejo de tratar. Aquí hemos iniciado experimentos 
como el impulso al cooperativismo y al asociativismo, a la propiedad 
colectiva, a la banca popular y núcleos de desarrollo endógeno, etc. 
Se trata de dejar atrás la lógica de funcionamiento perverso del 
capitalismo. Son válidas muchas experiencias como la autogestión y 
cogestión, la propiedad cooperativa y colectiva, etc. Estamos 
poniendo en marcha un ensayo de empresas de producción social y 
unidades de producción comunitaria. Eso está recién naciendo pero 
ayudará a definir un modelo teórico. Le da también una connotación 
especial: no se trata de un grupo de intelectuales escribiendo un 
libro de dos mil páginas. Práctica y teoría deben marchar en 
paralelo".

 Visión de América Latina

¿Cómo analiza usted la situación actual en América Latina? ¿Cree que 
el imperio tratará de generar conflictos para desestabilizar 
gobiernos rebeldes como el suyo?

"Estábamos preparados para la reacción internacional que ahora 
estamos sintiendo. Ya no sólo en el caso de Venezuela, sino también 
de Brasil. El caso de ese país y el escándalo que se ha desatado por 
la corrupción, sin que esto suponga benevolencia con la corrupción, 
me huele que no tiene sino un objetivo: debilitar al gobierno de 
Lula, tratar de chantajearlo. Tengo mucha fe en que Lula, un 
extraordinario líder, va a salir de esta situación tan difícil. Está 
la posibilidad de que Brasil se sume de manera determinante al nuevo 
camino que hoy necesitan los pueblos de América Latina. En Argentina 
también vemos un proceso complejo: permanentes ataques de sectores de 
la oligarquía criolla al gobierno, ataques internacionales, etc. 
Vemos lo que pasa en Bolivia, en Ecuador, en Uruguay. En fin, en este 
enfoque sobre la situación latinoamericana, que ni siquiera pretende 
ser un análisis, diría que tenemos razones para estar optimistas. Lo 
que pasa en México y las perspectivas de un gobierno distinto se suma 
a esa visión. Los que estamos al frente de algunos procesos en 
América Latina, ya sea desde el gobierno o de movimientos políticos y 
sociales, debemos diseñar el mapa no sólo estratégico sino también 
táctico y de trabajo. En esto tenemos un vacío y creo que es 
necesario que con pensadores y líderes de distintos países 
conformemos un equipo con capacidad de hacer propuestas que impacten 
esta realidad. Como seguir impulsando TeleSur, por ejemplo. Petrosur, 
Petroamérica, el Banco del Sur, la Universidad del Sur, proyectos de 
integración que no pueden quedar sólo a nivel de gobiernos. Si no les 
damos contenido de participación popular, serían, como decía Bolívar, 
'repúblicas aéreas', castillos en el aire".

 La suya, presidente, es una visión optimista sobre el futuro de 
América Latina.

 "Sí, es optimista y te digo el porqué. Uno tiene varios años, bueno 
tú tienes más que yo, Manuel..."

Sí, pero yo no he gobernado...

 "...Yo he tenido esa oportunidad desde hace seis años y medio. Y uno 
puede comparar. Han ocurrido muchas cosas no sólo en América Latina. 
Si vas a la India, ves algo distinto a lo que había hace cinco años. 
Vas por Europa y hay cosas nuevas que están ocurriendo. Son señales 
que indican nuevos tiempos. No puede ser una casualidad que se 
enciendan estas señales en Europa, en Asia, en América Latina. En 
Africa también. He leído una noticia que revela la preocupación del 
imperio norteamericano: un plan de apoyo militar a países africanos. 
Mira lo que está pasando en Iraq... Son señales muy alentadoras a 
pesar de que acepto lo que dices.

Las batallas que vendrán serán muy duras. Pero si en alguna ocasión 
hubo una oportunidad de avanzar y alcanzar importantes victorias en 
la dirección histórica que nos hemos fijado, si en algún momento fue 
oportuno avanzar, es ahora, ahora y aquí. Punto Final, que ha pasado 
40 años en esta batalla, tendrá otros 40 años más para luchar y ojalá 
publicar lo que aquí estamos intuyendo y soñando"



(*) Luis Miquilena, de larga trayectoria en la Izquierda venezolana, 
terminó sumándose al golpe de Estado del 11 de abril de 2002.

Alfredo Peña, de origen comunista, se convirtió en implacable 
opositor desde el cargo de alcalde mayor de Caracas, que perdió en 
las elecciones de octubre del año pasado.

Gustavo Cisneros, dueño de Venevisión. Uno de los amos de la prensa 
en Venezuela y de la TV en América Latina. (N. de PF).

 


Este correo lo ha enviado
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
[No necesariamente es su autor]
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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