[R-P] Una estrategia alternativa al Tratado de Libre Comercio

ana graciela real educba2003 en yahoo.com.ar
Sab Nov 5 11:51:33 MST 2005


 Planteamientos para una estrategia alternativa al
Tratado de Libre Comercio 
Por René Báez (*)

En los albores del siglo XXI y a más de ciento setenta
años de la independencia política de la mayoría de las
naciones que la conforman, la situación de América
Latina colinda con la catástrofe económica y social.
Con sus aparatos productivos reprimarizados y
desarticulados, hipotecados a una deuda
externa-interna de dimensiones siderales, aislados de
las principales corrientes de inversión productiva,
comercio e innovación tecnológica y sometidos al
diktat de una potencia a la par arrogante y decadente
nuestros países parecerían tener obstruidas todas las
salidas.
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`Libertad` obra de Carlos Galli (Costa Rica) 
Esta «crisis de alta intensidad», conforme la
caracterizó Agustín Cueva ya a fines de los 80, no
totaliza sin embargo la realidad continental de este
tornasiglo, que también aparece jalonada por la
resistencia incluso empresarial al fundamentalismo
liberal y por posiciones defensivas de corte
institucional como la política antiinjerecista de
Cuba, la Revolución Bolivariana de Venezuela y los
promisorios avances del ALBA y de las tendencias
nacionalistas y populares tanto en el Área Andina como
en el Cono Sur.

En estas ambivalentes condiciones, Nuestra América -la
martiana, no la monroísta- enfrenta los desafíos del
ALCA y los TLC, es decir, los retos de su integración
con la economía más poderosa del planeta. 
Proyecto que ni remotamente tiene relación con un
interés de Estados Unidos de compartir con sus vecinos
del Sur su bienestar material o sus avances
tecnológicos, sino que, por el contrario, implica una
estrategia de Washington para profundizar su dominio
hemisférico en un amplio espectro de actividades:
comercio de bienes y servicios, movimiento de
capitales y tecnología, compras gubernamentales,
recursos naturales y medio ambiente, propiedad
intelectual e incluso conductas políticas.

De galvanizar tal propuesta liberal de «una sola vía»
–contenida germinalmente en la Iniciativa Bush (l99l)-
la región en su conjunto pasaría a desenvolverse
dentro de un estatuto más ominoso que el de los
tiempos del coloniaje ibérico. 
Sería el «fin de América Latina» que pronosticara
Alain Rouquié.

Este indeseable horizonte impone, especialmente a
quienes no militan en ningún determinismo histórico,
la tarea de configurar y defender proyectos
alternativos al ALCA y los TLCs. ¿Con qué materiales
construir las utopías?

El desafío mayor consiste, sin duda, en el rescate de
la soberanía de nuestros Estados, tan mellada en los
últimos tiempos por el desbordamiento del poder
estadounidense y de sus gigantes corporaciones, y por
el vasallaje («por libre determinación») de regímenes
como los de Colombia, Ecuador y Perú.

Dado que la soberanía no es una entelequia sino un
planteamiento con soportes identificables, la
reivindicación de ese atributo supone acciones (al
menos) en los siguientes ámbitos concretos: la deuda,
la lucha por la paz y el impulso a esquemas de
integración/integradora.

En cuanto al primer ámbito, conviene no olvidar que,
sin una resolución radical del problema del
endeudamiento, el futuro simplemente no existe para
América Latina, salvo como hundimiento de un
archipiélago de Estados fallidos. 
En el mundo de la economía no existen milagros: nadie
puede sobrevivir con deudas que más se acrecientan
mientras más se pagan.

Si Estados Unidos, la Unión Europea y los restantes
acreedores institucionales o comerciales - incluidos,
por cierto, los Shyloks nativos- buscan realmente
restañar esa ulceración del mundo moderno, ¿por qué no
disponen la vigencia de un régimen sabático
(condonación total de deudas cada siete años)? 
¿No sería la mejor forma de honrar a nuestra tradición
de civilización cristiana y asegurar la supervivencia
de nuestros pueblos? 
¿O se quiere que el genocidio económico llegue a sus
últimas consecuencias?

El derecho a la paz y a la autodeterminación es
consustancial a la libertad, prosperidad y felicidad
de las naciones. 
Resueltas o atemperadas la práctica totalidad de
controversias fronterizas entre nuestros países
-oprobioso legado del viejo colonialismo- ¿qué sentido
tiene despilfarrar los escasos recursos en guerras
internas o regionalizadas por mandato metropolitano? 
Aludimos específicamente al complemento del TLC
andino- estadounidense en ciernes, el denominado Plan
Colombia/IRA/Plan Patriota que ha significado para mi
país, aparte de la cesión de la Base de Manta al
Pentágono, solventar el emplazamiento en su frontera
norte de 10-12 mil efectivos militares y policiales.

A este mismo respecto:

¿Por qué Latinoamérica no contribuye a desactivar el
conflicto civil colombiano presionando a Estados
Unidos para que levante la prohibición al consumo de
las drogas psicoactivas, igual que lo hizo en l933 con
las bebidas alcohólicas?

¿Por qué aceptar que se continúe «criminalizando» a
nuestras sociedades en sus protestas?

¿Por qué no formar un frente latinoamericano -similar
al Grupo Contadora- en pro de la reanudación de las
negociaciones pacificadoras en la hermana Colombia?

Respecto de la cuestión específica de la
integración-desintegradora («anexionista») que
representan el ALCA y los TLCs, creemos del caso
cerrar estas lacónicas reflexiones con tres
comentarios atingentes a la historia de la fusión
económica de nuestros países.

•	Primera. Cuando el Libertador Bolívar convocó al
Congreso Anfictiónico de Panamá (l826), lo hizo
buscando sustentar su ideal de la Patria Grande en el
proteccionismo de nuestros países frente al avizorado
peligro de la emergente potencia norteamericana. ¿A
título de qué argumento científico se descalificó el
proteccionismo de los países periféricos? 

•	Segunda. Cuando hace cuatro décadas los gobiernos de
la época pusieron en vigencia la Asociación
Latinomericana de Libre Comercio (ALALC) y el Mercado
Común Centroamericano (MCCA), a nadie se le ocurrió
dudar en estas latitudes de la necesaria filosofía
defensiva de los Estados y proyectos nacionales.

¿A título de qué razón se pretende que nuestros países
echen por la borda sus atributos de soberanía? 

•	Tercera. ¿Por qué no reconocer orgullosamente que la
Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), con
sus planteamientos teórico/prácticos de corte
no-capitalista, está contribuyendo de manera
fundacional a una nueva comprensión de la economía y
la política. Y de ese modo, a que la humanidad entera
vislumbre la superación de la servidumbre a la
civilización del egoísmo y de las cosas? 

(*) René Báez Economista, investigador y escritor
ecuatoriano. Profesor universitario. Pertenece a la
International Writers Association
  



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“A aquellos argentinos que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a la Patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempo de la dominación española; una tal felonía ni el sepulcro la puede hacer desaparecer." 
(Carta de San Martín a Rosas. 10 de Junio de 1839).

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