[R-P] Re: Fascismo chileno
Julio Fernández Baraibar
juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Mar Nov 1 23:20:45 MST 2005
Quiero antes dar a la lista algunos antecedentes. Alrededor del 17 de
octubre nos encontramos algunos amigos -varios de ellos integrantes de esta
lista-, para celebrar el cumpleaños de dos queridos amigos. Durante el asado
y entre permanentes y agradables brindis por la salud y bienaventuranza de
los agasajados, de todos y cada uno de nosotros, nos trabamos en algunas
discusiones. Una de ellas fue referida a una apodíctica afirmación hecha por
quien esto escribe acerca de que era una tontería sin sentido hablar del
fascismo de Pinochet o de Videla. Como la explicación requería una larga
disgresión acerca de lo que es y no es el fascismo y muy posiblemente no
pudiese articular ninguna de las sesudas referencias que tal explicación
requería, preferí suspender la discusión y dejé a mi contendora, la
colistera María García, con la sangre en el ojo. Al día siguiente entraba en
mi casilla un mensaje de María recordándome la respuesta pendiente. Hela
aquí.
Estimada María:
Recién hoy puedo contestar este mensaje que enviaste hace ya quince días.
Conozco y he estudiado una amplia bibliografía sobre el fascismo que
incluyen textos que van desde los clásicos del marxismo, comenzando por
Trotsky, Togliatti y Gramsci, y que he completado con los estudios más
modernos y actualizados de polítologos europeos y latinoamericanos. Los
textos de George L. Mosse, Karl Dietrich Bracher y Heinrich August Winkler,
y los de Ernesto Laclau , para dar algunos ejemplos me han proporcionado
información y reflexiones que permiten ampliar la originaria y simplista
definición del fascismo como dictadura policial del gran capital, dada por
Trotsky en los años 30 y en el medio de una feroz lucha política de
sobrevivencia.
George Mosse (1921-1999) ha sido uno de los mayores estudiosos de la cultura
occidental. Su familia, alemana de origen hebreo, era propietaria del
Berliner Tageblatt. Con el advenimiento del nazismo emigró a Inglaterra,
donde estudió con Trevelyan, y posteriomente a los EE.UU, a Harvard. Por
muchos años fue catedrático de la Universidad de Winsconsin y profesor
visitante de la Universidad Hebrea de Jerusalén. También fue codirector del
Journal of Contemporary History. Ha sido un profundo conocedor de la
modernidad, las relaciones entre religión e ideología, del puritanismo y la
Reforma, encontrando en el Barroco el nexo con los movimientos de masa
modernos -la composición teatral, por ejemplo- y el proceso de
secularización.
Coincido con este autor en lo que afirma al iniciar su "Towards a General
Theory of Fascism", que traduzco al correr del teclado: "... a causa de la
guerra y del record de los fascistas en la permanencia en el poder, el
fascismo ha permanecido como sinónimo de opresión y dominación; se alegaba
que carecía de ideas sobre sí mismo, y que no era sino una mera reacción
contra otros movimientos más progresistas como el liberalismo o el
socialismo. Académicos que han estudiado el fascismo han sido singularmente
vulnerables a puntos de vista subjetivos y muy a menudo han sido
consecuentemente usados para luchar en polémicas contemporáneas".
Y esto es el eje principal de mi franca y abierta oposición a caracterizar
como fascista tanto a la Junta militar pinochetista como a la videlista. No
puede denominarse fascista a todo movimiento político despótico o
autoritario. El gobierno de las dos juntas militares a las que hice mención,
y que constituían el eje de nuestra discusión en aquel asado de los Dos
Vasquitos, carecían por completo de las características que hicieron
distintivo a lo que la ciencia política contemporánea llama fascismo,
emparentando a movimientos tan singularmente nacionales como el nazismo, el
fascismo mussoliniano, el rexismo belga de Degrelle, el falangismo español,
el vichysmo francés y la Guardia de Hierro croata.
Continúa Mosse: ""Algunos historiadores han visto un conexión integral entre
el bolchevismo y el fascismo. Ambos eran regímenes totalitarios y, como
tales, dictaduras basadas sobre el exclusivo reclamo de un liderazgo de un
partido político (y acá cita Mosse el libro "La controversia de la época,
sobre el Fascismo, Totalitarismo y Democracia" de Karl Dietrich Brache).
Aumnque semejante ecuación fue a menudo motivada políticamente, no era, como
sus opositores reclaman, meramente hija de la guerra fría".
"Ambos movimientos estaban basados en el ideal, aunque distorsionado, de la
soberanía popular. Esto significaba el rechazo al gobierno parlamentario y
sus instituciones representativas a favor de una democracia de masas en las
cuales el pueblo directamente se gobernaba a sí mismo. El líder simbolizaba
el pueblo, expresaba la 'voluntad general'; pero semejante democracia
significaba que, en lugar de asambleas representativas, una nueva religión
secular mediaba entre el pueblo y sus líderes, proveyendo, al mismo tiempo,
un instrumento de control social sobre las masas. Se expresaba en el nivel
público a través de ceremonias oficiales, festivales y, no menos,
iconografía, y en un nivel privado a través del control sobre todos los
aspectos de la vida por los dictados del partido político único. Este
sistema fue común en varios grados a movimientos fascistas y bolcheviques".
En otro lugar escribe Mosse: "Ambos tenían en común la misma concepción del
mundo. Ambos refutaban aquello que llamaban el sistema de valores burgués,
al cual sustituían por una creencia en el estado orgánico, la acción y la
lucha... Pero el elemento nihilista en el nazismo no nacía de una ideología
pragmática, como en el fascismo italiano. Este último pivoteaba sobre las
desilusiones del ideal del Risorgimento; el fondo del fascismo alemán era la
revuelta contra el positivismo advenido con el siglo. El neoromanticismo no
se difundió en Italia como en Alemania; aquí el neoromanticismo se acompañó
de la 'revolución del nihilismo'. Como tantas otras ideologías de la Gran
Guerra, el nazismo creía que la humanidad vivía en 'situación extrema' pero,
a diferencia del existencialismo, aún creía que esta situación podía ser
superada: el hombre suspendido en el vacío debía encontrar sus raíces" (
Cultura dell'Europa Occidentale. Mondadori, Milano 1984, pgs. 424-425.)
(Esta cita la he tomado del artículo de Horacio Cagni, "La necesaria
historización del Siglo XX").
Pero Mosse establecía algunas diferencias, en su parecer, centrales entre
ambos movimientos. Dice, al respecto Horacio Cagni, en el artículo antes
citado: "En todos los fascismos encontramos elementos de poesía, un mito de
creatividad contrapuesto al liberalismo y al positivismo. Nótese -dice
Mosse- la importancia de la idea de belleza -tanto clásica como la nueva
belleza-, que valoran todos los fascismos, entendida como principio de
orden. 'La imagen del caballero, el héroe, el jefe tuvieron particular
importancia en el contexto nacional-patriótico' -aquí subyace la
importancia del Eros-, 'un predicado de belleza.una cualidad que se suponía
era indispensable para apreciar las manifestaciones culturales' . Así, las
diferencias entre los nuevos socialismos o izquierdismos con los fascismos
son, pues, muy grandes desde este punto de vista: la primacía de la estética
sobre la racionalidad".
Y continúa Cagni: "Hay un elemento más, común a los fascismos: todos ellos
prometían el fin de la alienación. En Mein Kampf se manifestaba que todo
hombre que salía de su fábrica y entraba en un movimiento de masas, formaba
entonces parte de la comunidad, pues se liberaba de la alienación. Más aún,
todos los fascismos se presentaron como una teoría de la producción, pues
recalcaron la importancia del trabajo. Una de las principales banderas de
sus programas era, precisamente, reemplazar el valor
'capital' -especialmente el especulativo financiero- por el valor
'trabajo'".
No necesito ampliar mucho más estas consideraciones para darnos cuenta que
ninguno de los elementos expuestos por Mosse, y ratificados por una serie de
investigadores, se manifiestan en nuestros dos procesos dictatoriales.
Todos, o casi todos, los regímenes mencionados que se integran a alguna
forma de lo que se denomina fascismo se caracterizaron por ser encarnados,
no por los estamentos dominantes de la sociedad capitalista -plutocrátas
industriales, banqueros, grandes latifundistas, etc.-, sino por sectores
medios organizados por una visión del mundo radicalmente diferenciada de la
del establishment al que combatieron. El fascismo es, por su composición
social, plebeyo; posee una ideología "antiburguesa"; es nacionalista,
enfrentado con las potencias dominantes en su época -fundamentalmente el
imperio talasocrático angloamericano-; pone control férreo a la penetración
del capital extranjero -fundamentalmente inglés- y realiza transformaciones
en sus sociedades que han favorecido al pueblo: la ley del Lavoro italiana,
las leyes campesinas hitlerianas, el control del capital finaciero; sin por
ello dejar de sostener el régimen capitalista, al cual, de manera objetiva,
salvan frente a la crisis y ante la amenaza de la insurrección proletaria.
Ni siquiera el militarismo del Mikado tuvo estas carácterísticas y nadie
intentó, pese a su sangrienta dominación en la Manchuria de calificarlos de
fascistas. Eran imperialistas japoneses, simple y llanamente.
Sobre todo esto podremos discutir con los amigos nacionalistas más
simpatizantes del Duce o de Primo de Rivera, pero lo que es evidente a
cualquiera es que nada de esto tiene que ver con las dictaduras establecidas
en Chile en 1973 y en Argentina en 1976.
Esas dictaduras fueron simple expresión de los intereses oligárquicos
internos y del imperialismo inglés y norteamericano. Fueron llevadas
adelante por cuadros surgidos de las capas más selectas de la sociedad
oligárquica, con cuadros educados en los grandes centros imperialistas y por
militares adscriptos a esa visión política. Lejos de enfrentar al imperio
talasocrático se caracterizaron por subordinarse al mismo. Su ideología era
la de la democracia liberal, proyecto en el cual ellos no eran sino un
interregno preparatorio que aseguraría su total y plena vigencia.Y no ha
habido una sola ley que haya beneficiado a los sectores más postergados.
Las juntas chilena y argentina fueron sangrientas dictaduras oligárquico
imperialistas, de ideología democrática liberal, destinadas a integrar a sus
países como colonias, en el mejor de los casos prósperas, en el marco del
esquema mundial del imperialismo.
Calificarlas de fascistas oculta este carácter, pervierte el correcto
sentido de las palabras, convirtiendo la palabra en un insulto que no quiere
decir nada y dificulta la comprensión de una realidad que no se simplifica
por el hecho de simplificar el sentido de las palabras que tratan de
expresarla.
De ahí que a quince días de nuestra discusión ratifico lo dicho. Hablar de
fascismo en Chile o en Argentina para referirse a sus dictaduras militares
es una zoncera progre que ignora ambas puntas de la afirmación.
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
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