[R-P] Un campanazo de realidad (Lacolla, sobre las votaciones francesas)

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Mar Mayo 31 13:37:17 MDT 2005


Señores:

Acompaño al presente email, el brillante análisis
sobre el No en el Plebiscito Francés del 29 pasado, en
el cual el periodista Enrique Lacolla, expone, lo que
muchos pensamos, que no es que la Unión Europea es la
derrotada sino el SISTEMA, que a través de esta
constitución se quiere imponer a los pueblos y que no
es otro que la doctrina neoliberal y la de los
organismos burocráticos internacionales conformado
para tales fines. Como bien lo indica este artículo,
tanto la derecha conservadora como la Izquierda
“progresista” Europea no salen de su estupor por el
resultado del mismo. Por ello ahora inventaran dar
explicación  a lo acontecido escudándose en la palabra
maldita se viene el POPULISMO, tenemos que pensar que
esta victoria del NO es la victoria de un Pueblo el
Francés que no quiere ser arrastrado como hacienda en
los caminos de una globalización de la cual son solo
mero espectadores y no artífices de su propio destino.

Lic. Carlos A. Pereyra Mele
Partido de la Victoria Córdoba
CEES Córdoba



Un campanazo de realidad

Por Enrique Lacolla | 
Periodista

Pese a que se lo veía venir, el aplastante triunfo del
No en el referéndum francés sobre la Constitución
Europea ha desconcertado a las figuras más en vista de
la política y de los medios de comunicación del viejo
mundo. Pero no sólo de allí, cabría decir, pues el
formidable mazazo del plebiscito no afecta tanto al
proyecto de construcción europea, cuanto al modelo en
el cual se quería por fuerza acomodarlo. Y que no es
otro que el producido por el neoliberalismo y por la
dictadura anónima de los entes burocráticos
internacionales, cada vez más abstractos y ajenos al
interés de los pueblos. 

 

Los tenores de la globalización neoliberal y del
sometimiento al diktat de los organismos
internacionales de crédito, de la desregulación de los
mercados de trabajo y de la demolición del Estado de
Bienestar; de la construcción impersonal de las
grandes líneas de la política mundial y de las guerras
preventivas, no saben a qué santo encomendarse.

¿Cómo, no era que un país no podía cambiar las reglas?

En el caso de una nación del Tercer Mundo, semejante
falta de adecuación a la “realidad” hubiera sido
descripta como un capricho o una insolencia merecedora
de escarmiento; pero, tratándose de Francia, semejante
acto de desprecio a lo que está estipulado como
políticamente correcto no puede ser evaluado tan
desdeñosamente.

Sin embargo, tras el voto del domingo 29, hemos tenido
ocasión de ver por la televisión europea a muchos de
los sesudos expositores adeptos al sistema, meneando
la cabeza ante lo que _evalúan una renuencia popular a
introducirse en las complejidades del texto
constitucional. Que ellos, seguramente, están en
mejores condiciones para evaluar. También deploran el
temor, al que con prudencia califican de natural, que
sienten muchas personas frente a la posibilidad de una
invasión del mercado de trabajo derivada del concepto
de la Europa ampliada y de la segura inmigración de
operarios venidos del Este. Estos dos, según ellos,
serían los factores básicos y casi contingentes,
accidentales, del rechazo francés.

Pero, en general, estos observadores olvidan poner en
conexión a esos dos datos con el sentido que revisten
dentro del esquema del doctrinarismo del mercado:
ambos se derivan del empobrecimiento de la democracia
directa y de una concepción de la economía que la
entiende como una dimensión que encuentra en sí misma
su propia finalidad, en la que no cuentan los destinos
personales o colectivos y donde lo único que vale es
la “racionalización” estructural de la producción,
dirigida a procurar el máximo de los beneficios
posibles a los detentores del capital.

Que son tan anónimos como los organismos financieros
que regulan el tránsito de los flujos dinerarios y
resuelven la política macroeconómica.

Por encima de cualquier otra cosa, el voto francés por
el No ha sido un estruendoso rechazo a la economía
neoliberal y a la parafernalia política que la
sustenta. Empero, ni los comunicadores ni las fuerzas
políticas que se han repartido el poder en la última
década parecen considerarlo así. La razón por la cual
no parecen prestar atención a esta evidencia
aplastante es que están temerosamente decididos a
insistir en la misma vía. Los Tony Blair, Jacques
Chirac, Silvio Berlusconi o incluso Romano Prodi,
Massimo D'Alema o Piero Fassino –para no hablar de
José María Aznar o Gerhard Schröder–, son, más allá de
sus cosméticas diferencias ideológicas, sostenedores
del modelo, al que algunos de ellos se rindieron, por
convicción o conveniencia, con armas y bagajes no bien
se eclipsó la utopía socialista. 

Seguramente, ahora volverán a esgrimir el vocablo
populismo para denostar este tipo de manifestación de
la voluntad de las masas que tiende a expresarse más
allá de los condicionamientos partidarios.

En efecto, en la emisión del No francés se codearon
partidos de la extrema izquierda y de la extrema
derecha, pero el populismo suele irrumpir cuando las
formas de representación tradicionales se han vaciado
de contenido (si lo tuvieron alguna vez) y las gentes
buscan un nuevo canal por el cual manifestarse. 

Crisis de representación

Esto nos trae al tema de la crisis de representación
que padecen grandes masas de la población mundial en
este momento. Los partidos tradicionales, cualquiera
sea su signo, están en su mayoría enfeudados a un
sistema económico que les asegura prebendas y frente
al cual no tienen ninguna gana de rebelarse. Las
corporaciones mediáticas, a su turno, se encuentran en
la misma situación o, cada vez más a menudo, son parte
integrante y esencial del sistema. El referéndum
francés ha inferido un brutal cachetazo a esta opinión
de rebaño, e irrumpe como una corriente de aire fresco
en un espacio viciado por el lugar común,
machaconamente repetido por el establishment y sus
voceros. 

No se sabe si, de acuerdo a lo que afirman, estos
prestarán ahora atención a lo que el voto les indica.
Personalmente, me inclino a descreer de tales dichos:
más bien intentarán camuflar las proyecciones del
plebiscito y otorgarle una coloración racista o
xenófoba en razón de la explicable resistencia a la
importación de mano de obra extranjera de parte de las
cada vez más enflaquecidas huestes proletarias o del
proteccionismo enarbolado por los pequeños productores
agrarios.

La globalización es un hecho, sí, y las
configuraciones regionales, como la Unión Europea,
únicas en condiciones de sostener el reto, también.
Pero el signo que habrán de revestir es una cosa
distinta. El modelo neoliberal que se pretende imponer
a machamartillo es resistido por las mayorías, que
sienten que en ese tipo de forja habrán de hacer de
yunque y no de martillo. 

¿De dónde ha de surgir la resistencia y cómo ha de
articularse? Esta es una pregunta difícil de
contestar, pero la reformulación de la política y el
surgimiento de un “cognitariado” –esto es, de una masa
de población bien provista desde el punto de vista
intelectual y esencial para el desarrollo de la
tecnología– es un atributo básico de esa ecuación. No
es casual que el estallido del No se haya dado en
Francia, arquetipo del Estado-nación y país de
conformación racionalista y capaz tanto de absorber
como de generar tecnología. Las redes de comunicación
alternativa que se armaron por Internet para defender
el No frente a la apabullante unanimidad que tenía el
Sí en los más importantes medios de prensa y en el
espectro político que defiende el actual modelo,
fueron decisivas para volcar la opinión. 

Las formas de democracia directa van a ser cada vez
más importantes en el futuro. Sean comunicacionales o
políticas, llámenselas populistas o como se quiera,
parecen ser las únicas capaces de captar la atención
de un público harto de un discurso que disimula su
unanimidad bajo sellos ideológicos que sólo sirven de
tapadera para ratificar la misma cosa. 

En esta lucha por lograr una representación, aunque
sea vicaria, algunas coyundas parecerán contra natura,
como la llamada “gauche lepeniste”, nombre con el cual
los analistas han bautizado al electorado que vota al
Frente Nacional de Jean-Marie Le Pen en algunas
barriadas obreras; pero todo este revoltijo, en vías
de transformarse en torbellino, expresa el carácter
irreductible a los esquemas que presenta la realidad.

Sería bueno para el mundo que los estamentos de poder
comenzaran a escucharla; pero si, como es más que
probable, esto no sucede, es hora de buscar en su seno
las señales y las formas de un futuro distinto al que
hasta hace poco parecíamos estar condenados.

http://www.lavozdelinterior.net/2005/0531/opinion/nota331404_1.htm


__________________________________________________
Correo Yahoo!
Espacio para todos tus mensajes, antivirus y antispam ¡gratis! 
¡Abrí tu cuenta ya! - http://correo.yahoo.com.ar




Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular