[R-P] ARTIGAS, CAUDILLO DE LAS DOS ORILLAS por Alberto Guerberof

INFOR-MET rmermet en yahoo.com.ar
Vie Mayo 27 08:22:20 MDT 2005


Notable texto del Cro Guerberof, que sitúa, creo yo, 
sobre coordenadas correctas, la interrelación
dialéctica exitente entre revolución social y unidad
latinoamericana.

El Artiguismo, y su revulsivo "Reglamento Provisorio
de Tierras" de 1815 ( reforma agraria), para "que los
más infelices sean los más privilegiados", guarda hoy
más que nunca, plena vigencia.

El MST de Brasil, y el MPP (Tupamaros) de Uruguay, en
ese sentido, se presentan como la continuidad vital
del ideario artiguista.  

Rolando
======================================================
ARTIGAS, CAUDILLO DE LAS DOS ORILLAS

Por Alberto Guerberof

La puesta en marcha del Mercosur está suscitando más
de un debate. Para sus detractores -los hay de derecha
y de izquierda- la integración es inviable y, más aún,
inconveniente. Quienes reivindican el empeño
integrador lo ven como el embrión de la reunificación
latinoamericana en una sola Patria Grande. Apelar a la
dimensión histórica -y en nuestro caso a las ideas y
actuación de hombres como José Gervasio Artigas- puede
echar luz para comprender mejor y encontrarle sentido
al emprendimiento mercosureño, más allá de
cuestionables esquemas económicos e intereses
trasnacionales que gravitan para desviar en su
provecho o frustrar el proyecto de una integración
plena.

La independencia

En el proceso histórico de la Independencia
iberoamericana se advierte desde el inicio el
conflicto entre dos líneas antagónicas. Por un lado,
el patriciado mercantil de las ciudades-puerto,
ansioso por reemplazar el monopolio español por el
comercio inglés. Por otro, los pueblos del interior
criollo, que resistían esta hegemonía de las minorías
liberal-oligárquicas y su apertura a la libre
importación de mercancías inglesas baratas que
arruinaban las artesanías domésticas.

Se enfrentaban, por consiguiente, dos universos
sociales y culturales. En un caso, la élite dirigente,
el poder de la “tienda y la hacienda”, que daba la
espalda al propio espacio americano y se enajenaba al
liberalismo ultramarino con sede imperial en Londres;
por otro, el crepitante subsuelo social de indios,
gauchos, negros, artesanos y pastores, intérpretes de
una realidad geográfica, económica y social
incompatible con los modelos europeístas que
procuraban imponer los sinuosos doctores de levita de
las capitales.

La región del Plata fue escenario notable de esta
pugna y Artigas quien encarnó, con más fuerza y
proyección que nadie, el rumbo federal, popular y
americano de la Revolución emancipadora, en
contraposición al unitarismo liberal porteño, cuyas
figuras paradigmáticas serían primero Bernardino
Rivadavia, y después de Caseros y Pavón, Bartolomé
Mitre, que favoreció un proyecto de reducción y
finalmente de desmembramiento iberoamericano en los
múltiples fragmentos de ficticios “estados
nacionales”, unidos cada uno al Imperio inglés.

¿Héroe o “bandido”?

Es que el Protector de los Pueblos Libres está lejos
de ser ese mítico “héroe oriental”, supuesto autor de
la independencia uruguaya que todavía 30 años después
de su muerte era condenado por los gobernantes
porteños y montevideanos como “sedicioso”, “bandido” y
“anarquista”.

Vencida la gesta artiguista y su programa de
integración federal de los pueblos, el caudillo
oriental, que por 1815 encabezó una federación de
provincias que abarcaba desde la propia hasta las de
Corrientes, Misiones, Entre Ríos, Santa Fe y Córdoba,
es rescatado del olvido, como dice el historiador
oriental Oscar H. Bruschera, como “un Artigas de
bronce, descarnado y difuso, deshumanizado,
desarraigado de su mundo, idealizado y falsificado”.

Artigas siempre rechazó la independencia del Uruguay
porque consideraba a su Provincia Oriental parte
indisociable de las Provincias Unidas y de la patria
común iberoamericana. Fue en definitiva un gran
caudillo argentino que otorgó a la Revolución de
principios del siglo XIX un perfil singular.

El programa político artiguista, contrafigura del que
triunfaba en Buenos Aires con el Directorio, postulaba
la instauración de una república igualitaria, asentada
en una equitativa distribución y tenencia de la tierra
y en la regulación del tráfico comercial (Bruschera).
De tal modo, el alzamiento oriental adquirió -según el
mismo autor- la dimensión de una guerra social que
apuntaba a los privilegios de los comerciantes,
tenderos y hacendados ricos de Montevideo y la
campaña.

No sorprende entonces que la influencia del
“Protector” se extendiese rápidamente por la vasta
región vertebrada por los tributarios del Río de la
Plata y sus afluentes. El núcleo esencial del
“sistema” artiguista fueron las misiones jesuíticas,
clave de la visión geopolítica del caudillo, eje
integrador -con la fórmula federal- de un vasto
espacio minero, artesanal y agrícola-ganadero, que con
los puertos de Santa Fe y Montevideo podía prescindir,
siquiera provisoriamente, de Buenos Aires.

Una revolución agraria

El artiguismo fue el atrevido impulsor de una
revolución agraria. La iniciativa -que no deja dudas
sobre las razones que alimentaron las injurias que
despertaba la sola mención de su nombre entre la
llamada “gente principal”- tomó forma en el Reglamento
provisorio para el arreglo de la campaña y seguridad
de los hacendados, en que se formula la política de
reparto de tierras bajo la idea rectora acuñada por el
Jefe de los orientales: “Los más infelices serán los
más agraciados”.

El Reglamento afectaba de entrada las tierras fiscales
y realengas, las abandonadas y aquellas de los
“emigrados malos europeos y peores americanos”. Se
procuraba, como se ve, tanto un objetivo de incremento
productivo como de justicia distributiva. Análoga
claridad de fines inspira la normativa aduanera
impulsada por Artigas y orientada a frenar el
librecambio y a establecer un régimen proteccionista.

El poder al pueblo

Finalmente, cabe reiterar otro rasgo de la gesta de
Artigas: su carácter de auténtica revolución popular
que busca en las propias raíces el perfil
institucional de una democracia apoyada en la
deliberación y elección popular, y que rechaza la
receta oligárquica del modelo liberal que traían en
sus bodegas, junto a las mercancías, ideas y novedades
de Europa, las naves de la superpotencia de la época.

La posibilidad de establecer en el Plata una
confederación de pueblos, como alternativa al dominio
de las oligarquías portuarias socias del poder
británico, no pudo prevalecer. “El Protector”, vencido
y enfermo, morirá en Asunción -refugiado en el
Paraguay gobernado por el doctor Francia- y
proclamando amargado: “Ya no tengo patria”.

La Provincia Oriental se había convertido, bajo el
auspicio británico, en una “nación independiente”, en
la Gibraltar sudamericana, y no faltaba mucho para que
el propio caudillo, denostado por la oligarquía de
ambas márgenes del Plata por su empecinamiento en
defender la unidad federal de los pueblos del antiguo
Virreinato, se transmutara en el “héroe” fundador de
la nacionalidad uruguaya, como se establecerá por
decreto de 1884. De esa manera, Artigas muere dos
veces. Pero el ideario de este argentino notable
volverá a resplandecer, no ya en el frío mausoleo que
en la Plaza Independencia de Montevideo lo consagra
falsamente padre de la independencia uruguaya
(pergeñada por Canning y Ponsonby), sino junto a San
Martín y Bolívar y al proyecto inconcluso de la unión
iberoamericana en una única Nación federal.

Tomado de la página web de Augisto Alvarado 


	


	
		
___________________________________________________________ 
1GB gratis, Antivirus y Antispam 
Correo Yahoo!, el mejor correo web del mundo 
http://correo.yahoo.com.ar





Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular