[R-P] 25 de Mayo

María García abrieendome en yahoo.com.ar
Mie Mayo 25 05:46:48 MDT 2005



25 de Mayo


Invité a Carrizo a trepar  la cordillera y visitar la
Laguna Brava. Fue entonces cuando me respondió
sonriendo: "Gracias, amigo. Yo busco hombres. No
paisajes..." Al día siguiente, partí solo, condecorado
de inspector de soledades (...) Me indicaron como
baquiano a Félix Cruz (...) y el 20 de mayo partimos
montados en sendos mulares (...)Era un compañero
ideal. No hablaba (...) 
La última noche pasada en el refugio, a la par de la
Laguna Brava, estábamos junto a un débil fuego en ese
silencio que tanto respetan los paisanos, sabedores de
la meditación del rito (...)
De pronto, Félix Cruz habló:
–En Vinchina estarán los amigos zambeando
lindo...
–¿Alguna fiesta? –le pregunté.
–¡Claro! Y ya me habían apalabrado para ir. Como
es 25 de Mayo...
¡Verdad ! Sin calendario, ni reloj, era otro universo
en que vivía, otras sensaciones. Me resultaban
pequeños los ojos para ver las cosas de esa
inmensidad, para conocer piedras, guijarros, cumbres,
bichos, vertientes, pastos, historias, huellas,
leyendas... Nos pusimos de pie, y brindamos por la
Patria, bebiendo un aguado café en nuestros jarros de
lata.
De repente, tuve una idea, una ocurrencia. Mi alforja
se había descosido cuando en Vinchina, días antes,
cargaba clavos y otros objetos de metal. Y recordé que
en la noche remendé la alforja con una cuerda de
guitarra, una "tercera". Corrí al rincón de los
aperos, y hallé la prenda de viaje. Despacio fui
deshaciendo el torpe hilván hasta recuperar completa
la cuerda. Luego, la até, bien tensa, al mango de mi
rebenque. Y a manera de puente, le añadí una caja de
fósforos. 
Don Cruz me miraba con una sonriente curiosidad, sin
entender la razón de mis movimientos.
Es que me estaba fabricando una vihuela de una sola
cuerda. Varias veces tuve que asegurar la tensión de
esa "tercera", hasta que, probándola, alcanzó una nota
que me conformó.
–Bueno, don Cruz -le dije-. Ahora nos vamos a
dar un concierto en homenaje al 25 de Mayo. Y
abordando la mera melodía, ya que pulsaba una sola
cuerda, toqué unos compases del Himno Nacional. 
Cruz, de pie, quitose la gorra andina, y su sonrisa
desapareció. Luego, la Zamba de Vargas, y una Vidala
Chayera, y hasta canté en voz baja algunas coplas. 
No sé cuánto tiempo estuvimos ganados por una
particular emoción, a raíz de una ocurrencia que más
parecía una "sonsera", pero que en el transcurso de la
noche adquirió la importancia que tienen las cosas
cuando sentimos que nos galopa en la sangre un cálido
y sagrado fuego.
 

Atahualpa Yupanqui


 

Yupanqui, Atahualpa, El Canto del viento,
G.Grobocopatel-C. Yema, Prov. De Buenos Aires, 2001,
 p.73-79


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