[R-P] Para derogar la Ley Federal de Educación (Ana Lorenzo) reenvio

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Mie Mayo 18 14:40:31 MDT 2005


Reenvio a pedido de la Compañera Ana Lorenzo, quien
ademas de amiga, es una de las especialistas en el
tema educativo.

Rolando
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Estimados compañeros: les envío esta notita mía en
respuesta a un artículo de Clarín de N. Baigorria y
que circuló en Reconquista Popular. Como aún la lista
no acepta mi resuscripción, la mando a sus direcciones
particulares para que la incluyan en RP, si les parece
útil. 

Gracias. Ana
 

Para derogar la Ley Federal de Educación

Por Ana T. Lorenzo
                                                      
                                                

            El jueves 28 de abril pasado, la Prof.
Nélida Baigorria publicó una nota en Clarín titulada
“La Ley Federal de Educación debe ser derogada”.

            El concepto del título registra una
notoria unanimidad, sólo alterada por los técnicos que
implementaron tal ley y los actuales funcionarios que
actúan amparados en ella. Hace varios años que no se
escucha una opinión educativa en su defensa, ni
siquiera la de los legisladores que la impulsaron.
También es notable que los tecnócratas político
educativos describen como dramática la situación del
sistema educativo pero sin mencionar como una de sus
causas la aplicación de la ley.

            Desde el momento mismo de su tratamiento
parlamentario, fuimos muchos los que intentamos
advertir sobre sus riesgos, hoy claramente visibles.
Justo es reconocer nuestro error de magnitud: los
males político educativos provocados superaron
ampliamente nuestras peores previsiones.

            Aunque no compartimos las posiciones
políticas y sí sólo algunas de las ideas educativas de
la Prof. Baigorria, respetamos su coherencia  y su
ética personal. En estos tiempos de travestismo
político y de liviandad ideológica, su trayectoria
resulta ejemplar. Pero ello no debe ser obstáculo para
señalar algunas de las imprecisiones que contiene su
artículo.

 La primera es el grueso error (¿consciente o
inconsciente?) del párrafo donde afirma que la
susodicha ley fue... "sancionada por la mayoría
peronista de ambas Cámaras Legislativas  y con el
rechazo categórico de la oposición...". Esto no es
verdad.

            En su primera sanción por el Senado de la
Nación, mayo de 1992, el dictamen de la comisión de
educación fue aprobado por unanimidad de todos los
bloques: el justicialista, el radical y el de los
partidos provinciales. Unanimidad de la que sus
autores se enorgullecían públicamente al principio,
antes de que llovieran las críticas. Se le
introdujeron brevísimas correcciones en el debate en
el recinto, no propuestas precisamente por los
correligionarios radicales de la Prof. Baigorria; una
de ellas, planteada por la entonces senadora Alicia
Saadi (PJ) que, obviamente, no mejoró el resultado
sino todo lo contrario. 

 En varios paneles de la época, la entonces diputada
radical Gabriela González Gass tuvo la gran valentía
de decir que "la votación de los senadores de la UCR
no respetó la posición histórica del radicalismo en
materia educativa". Tampoco era la posición histórica
del peronismo en educación, viraje equivalente al que
se estaba produciendo en todos los campos. Se sabe que
el menemismo prefirió inspirarse en Ivanisevich --con
las diferencias propias de la época--  y no en Taiana,
precisamente; de la misma manera que, en economía, se
inspiraba en Alsogaray y no en Miranda ni en Gelbard.

            Asimismo, durante el tratamiento de la ley
en Diputados, setiembre de 1992, los radicales votaron
a favor en general y sólo hicieron objeciones y
votaron en contra algunos artículos. Concertaron casi
todo su contenido con el PJ y, donde no pudieron por
conflictos internos --como en lo referente a
universidad--, lo derivaron a una ley posterior, como
dice el texto. Sólo se opusieron frontalmente los
entonces diputados Alfredo Bravo, Carlos Chacho
Álvarez, con sus respectivos bloques, y Luis Zamora.
Los dos primeros se retiraron del recinto después de
cuestionar el proyecto en general pero Zamora se quedó
y pidió la palabra oponiéndose a cada uno de los
artículos. Por otra parte, el radicalismo publicó un
folleto con su dictamen en el cual proponía un cambio
de estructura del sistema educativo muy similar al
decidido en la Ley Federal, entre otras similitudes.

            Podríamos seguir añadiendo datos,
particularmente analizando los doce proyectos
presentados previamente, incluidos cuatro radicales,
con sustanciales diferencias entre ellos, y varios con
cambios inexplicados en la estructura del sistema.

             Se formulan estos señalamientos no para
defender o atacar por especulación política a unos o a
otros, sino para contribuir a clarificar las conductas
de cada uno, al margen del acuerdo o desacuerdo que
otros posicionamientos de los mismos protagonistas nos
merezcan.

 

            Otra aclaración imprescindible se refiere
a la calificación “de inspiración falangista" que hace
la Prof. Baigorria de la Ley Federal de Educación.

 En realidad, utilizado en un discurso de barricada,
tal calificativo puede ser impactante. Pero incluido
en un artículo de opinión, resulta francamente
temerario porque es indemostrable. Caracterizar
correctamente la ideología de lo que se pretende
denunciar, constituye no sólo un elemental requisito
de rigor intelectual sino de efectividad política.

            Probablemente, la confusión de la Prof.
Baigorria se origina en el hecho cierto de que la
estructura del sistema educativo establecida en el
Título III de la Ley Federal de Educación (Educación
General Básica de nueve años, Educación Polimodal de
tres, etc.) es una copia casi exacta de la que impuso
la Ley General de Educación de España (Educación
General Básica de ocho años, Bachillerato Unificado
Polivalente de tres, etc.), aprobada en 1970, un
lustro antes de la muerte de Franco.

 

             A esa altura de la dictadura franquista,
el autotitulado Caudillo "por la gracia de Dios" ya
hacía mucho tiempo que había eliminado prolijamente a
los falangistas de su gobierno, aunque se había
apropiado del culto a su "héroe", José Antonio Primo
de Rivera. Una pléyade de funcionarios del Opus Dei y
de tecnócratas adictos eran quienes conducían
ministerios y gobernaciones desde principios de los
años sesenta. Ningún poder hegemónico deja de tener
contradicciones internas y, en el caso de España, los
enfrentamientos y luchas por el poder entre
falangistas, monárquicos, carlistas, franquistas
netos, derechistas históricos y otros datan desde la
misma Guerra Civil, aunque no fueran visibles por la
férrea censura.

 

 Por lo tanto, muy lejos estaba ya La Falange de poder
influir en una ley educativa. Y, si bien no tenemos
datos, sospechamos que se opuso a ella. Porque no es
la "España de la Cruz y la Espada", tan cara al
corporativismo falangista, la que está expresada en su
articulado.

 

            Dicha ley de educación española está
inspirada tardíamente en las teorías del capital
humano o del recursismo humano, tan en boga al
comienzo de la década del sesenta. Con un afán
aparentemente modernizante, predicaba valores
desarrollistas y cientificistas.  Por otra parte, es
justicia señalar que esa norma fue quizá lo mejor de
esa dictadura --lo que no quiere decir que haya sido
bueno--, dado el atraso brutal de la educación en la
península; esto ha sido reconocido por toda la
oposición.

 

            Veinte años después, la LOGSE, Ley de
Ordenación General del Sistema Educativo Español, de
1990, sancionada con amplio consenso durante el
gobierno del PSOE, vuelve a la estructura tradicional
del sistema educativo de primaria y secundaria, ambas
obligatorias.

 

 

 Una última observación se refiere al Plan Nacional de
Alfabetización, que la Prof. Baigorria menciona y que
ella organizó durante el gobierno de Alfonsín. Recibió
innumerables y merecidísimas críticas en su momento
--varias nuestras, por cierto-- y no modificó en
absoluto las cifras de analfabetismo existente, a
pesar de sus buenas intenciones.  Autoelogiándose por
el mismo, la Prof. Baigorria comete el mismo error que
Susana Decibe, a quien critica  --con total razón,
esto sí--,  por jactarse de su gestión.

 

 La UNESCO que efectivamente premió tal programa ya no
era la de los '70, tercermundista y nacional-popular,
sino la de fines de los '80, cuando ya empezaba a
pedagogizar, muy seductoramente sin duda, las
“recomendaciones” del Banco Mundial. Es la misma
UNESCO que, en setiembre de 2003, eligió a Laura Bush
--la esposa de quien todavía no había sido reelecto
presidente de EEUU-- como Embajadora de la Década de
la Alfabetización. La misma UNESCO que acaba de
premiar a Lucio Gutiérrez por su "esfuerzo por la
educación" (?), en el mismo momento en que el pueblo
ecuatoriano lo echaba como se merecía.

 

 

            Bienvenido sea todo aporte que contribuya
a derogar el engendro legislativo que es el origen de
la mayoría de nuestros males político educativos. Pero
dudamos que sea desde el espacio de "la defensa
irrestricta de la escuela pública sarmientina" --al
que la Prof. Baigorria dice pertenecer y en lo cual se
le debe reconocer su coherencia y persistencia-- desde
el cual se derroten y superen las políticas
neoliberales.

Ana T. Lorenzo

15 de mayo de 2005 

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 Clarín. Jueves 28 de abril de 2005
 La Ley Federal de Educación debe ser derogada
Quienes entienden realmente de educación no
necesitaron dotes adivinatorias para saber que la ley
de 1993 sería un rotundo fracaso.


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Nélida Baigorria. Ex diputada nacional, ex presidenta
del Plan Nacional de Alfabetización
La lógica señala que la evidencia es el único criterio
de verdad que no requiere demostración. Por eso, el
Diccionario de la Lengua la define como "certeza
clara, manifiesta y tan perceptible que nadie puede,
racionalmente, dudar de ella". 
La Ley Federal de Educación, sancionada en 1993 por la
mayoría peronista de ambas Cámaras Legislativas y con
el rechazo categórico de la oposición, ha fracasado
rotundamente, tanto por sus fundamentos
político-filosóficos como por los devastadores efectos
de su aplicación, que se explicitan en esa juventud
intelectualmente desvalida que la padeció con
irreparables consecuencias para el desarrollo exitoso
de su vida dentro del mundo del conocimiento, tan
dinámico cuanto selectivo.
Sin embargo, no obstante esta evidencia, quienes
tuvieron, por acción u omisión, la responsabilidad de
la crisis terminal de nuestro sistema educativo han
montado en el país, a través de los medios de
difusión, una secuencia de imputaciones recíprocas,
digna de una comedia de enredos a lo Lope o a lo
Tirso, si no involucrase la tragedia de una generación
perdida.
La Ley Federal, de inspiración falangista y por lo
tanto anacrónica y retardataria (remedo de la reforma
propuesta en 1967 por el dictador Onganía) debe ser
derogada lisa y llanamente, aunque los grupos de
presión que la impusieron, trabajen ya, a través de
sus "equipos técnicos vitalicios" para introducir en
ella nuevos afeites que dejen indemnes sus esencias.
La provincia de Buenos Aires fue el centro
experimental del engendro educativo que significó la
ley. Desfilaron por esa gestión conocidos personajes
políticos hoy encumbrados funcionarios del Gobierno
tanto nacional como provincial, entre ellos el actual
director de Escuelas Bonaerenses, quien ahora descubre
—en referencia al polimodal— que "la etapa más
compleja de la vida escolar necesita cambios".
Simultáneamente, una de sus asesoras habla de reparar
"las secuelas" de la ley como si la etiología de la
enfermedad ya hubiera sido curada.
Entre los artilugios dialécticos empleados para eludir
responsabilidades y derivar en causas no pedagógicas
el estrepitoso derrumbe de la ley, en un artículo
publicado en esta misma sección en febrero, la ex
ministra de Educación Susana Decibe, luego de
explayarse en un vehemente panegírico de su gestión
aduce que "es nuestra cultura política la que
entorpece los intentos de mejora de nuestra educación.
Es posible y deseable que cada gobierno supere por su
producción y no por su discurso a los que lo
precedieron". Parece no recordar Decibe que fue la
piqueta peronista la que demolió "una producción
anterior", el Plan Nacional de Alfabetización,
premiado por la UNESCO.
Quienes tenemos documentada tanto en la acción gremial
como política la defensa irrestricta de la escuela
pública sarmientina y del "derecho a la educación para
todos", quienes no somos "prestigiosos pedagogos" ni
"expertos" rentados por organismos internacionales y
sólo somos modestos maestros de pizarra y tiza
—siempre en el aula, de pie, trabajando en la ardua
forja de seres libres en el manejo de su pensamiento
lúcido, reflexivo y crítico, y adscriptos a los
valores de la democracia— no hemos necesitado los
dones adivinatorios de la troyana Casandra para
vaticinar, cuando la ley era sólo un proyecto, este
desquicio final.
En un manifiesto al "Pueblo de la República" escrito
en 1905, el presidente Yrigoyen decía que esperar la
regeneración del país de aquéllos que lo degradaron
era hacer del delito un factor de reparación.
 

 




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"De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace:

 ganémosla a pensamiento". José Martí.

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