¿De dónde vino la "aristocracia de Estado brasileña"? Era (Re: Fwd: Re: [R-P] Jaguaribe y la crisis (opini ó =?ISO-8859-1?Q?n?=))
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Sab Mayo 14 09:41:36 MDT 2005
[Sería buenísimo que este intercambio diera lugar a una participación
de los miembros brasileños de esta lista, a ver si aprendemos de
ellos... Igual, me tiro a la pileta ya.]
Respuesta a:"Fwd: Re: [R-P] Jaguaribe y la crisi"
Enviado por:INFOR-MET
Con fecha:13 May 2005, a las 18:29
> Creo que la estupidez a la que
> se refiere Jaguaribe se refiere a una debilidad político ideológica
> ( cultural), de la conduccion política que dirige la
> Argentina, víctima, probablemente, de las presiones
> cruzadas del imperio, la prensa cipaya, y el sistema
> de la oligarquia industrial de la UIA ( Franzoia
> dixit) y sus capitanes o "grumetes" de la industria.
>
> Desde la conduccion política del estado del Brasil
> ( por más conservador que este sea), la presión por la
> unidad con Argentina es enorme, y hay en cualquier
> diplomático de por allá, una visión y un proceder
> consecuente, en ese sentido. y es obvio que no
> conducen al país las masas trabajadoras, sino la
> burguesia mediotrasnacionalizada, medio nacional
> brasileña...en alianza con los trabajadores.
>
(1)
Me parece que la cosa es bastante más de a pie. Hay en esta idea, a
mi entender, una sobrevaloración del papel de la "nobleza de toga"
del Estado brasileño.
Como bien explicaba el Chin Cabral hace pocos días, en una clase del
curso de Elgue a la que tuve el privilegio de asistir, lo que
realmente está pasando es que la burguesía brasileña -aunque no sin
contradicciones internas, en particular con la burguesía bandeirante
de São Paulo- ve hoy a la Argentina como la burguesía argentina veía
al Brasil en 1950, cuando Vargas retorna al poder: necesita expandir
su mercado mientras que su par transplatina necesita cuidarse y
hacerse florecer.
Como la burguesía brasileña se niega a aceptar la revolución agraria
que podría expandir ese mercado por vías revolucionarias, busca la
unidad por la vía de la incorporación de mercados externos. Es por
esto que también en Brasilia se cuecen bastantes habas, y la "visión
y proceder consecuente" sólo lo son en comparación con la chapucería
tan frecuente en la diplomacia argentina (¿pero solamente allí?).
(2)
Creo por otro lado que detrás de la sobrevaloración de la "nobleza de
toga" hay tesis que me gustaría discutir en la lista. Y aprovecho
este correo para tirarla a debate. De allí el cambio de título,
dicho sea de paso.
No pretendo una polémica con Rolo, sino más bien una discusión
clarificadora de un asunto que a mi entender no se puede dejar de
lado. Solamente al final se verá porqué, precisamente con una cita a
algún pedacito del texto de Rolo que acabo de extractar.
Permítaseme antes una introducción metodológica muy cortita.
No se me entienda mal. No creo, como puede parecer, que todas las
explicaciones históricas se tienen que encontrar en la base material
de existencia de la sociedad. Creo firmemente en la objetividad de
lo subjetivo, y creo más en esa objetividad cuanto más cerca nos
encontramos de los individuos aislados. Pero, sin negarle totalmente
cierta trascendencia, no le asigno tanta capacidad explicativa a las
"tradiciones subjetivas" a nivel de clases sociales enteras.
Y ello no por capricho materialista sino por lo siguiente: en esos
casos, el sujeto histórico es un _conjunto de seres humanos_ cuya
existencia se engendra porque comparten, sin decidirlo
concientemente -como parte de lo que Heidegger llamaría su Dasein,
sin comerla ni beberla, en forma objetiva- determinada relación
común dentro de la estructura productiva con el resto de las clases.
Por lo tanto, más que asignarle a la perduración de un rasgo de la
conciencia valor explicativo tiendo a considerarla como el problema a
resolver: cómo es que se mantuvo, qué significa para los seres
humanos de carne y hueso el que ese rasgo de la conciencia se
mantenga, qué me dice sobre las relaciones sociales a las cuales
sirve. Porque si no sirve a ninguna relación social concreta, el
rasgo de la conciencia se disipa con velocidad asombrosa.
(3)
Un caso concreto es, como dije antes, el que propone Rolando,
reproduciendo en cierto modo la tesis de un ilustre historiador del
revisionismo rosista, la de que las tradiciones de "la aristocracia
de Estado importada de Europa por los brasileños" explican la
superioridad del estado del Brasil sobre el de la Argentina.
Difícilmente se encuentre en esta lista alguien más "pro-brasileño"
que yo. Así que no se tome lo que diré ahora como una "anti-
brasileñada" que podría ser utilizada por los enemigos de la unidad,
etc., etc., etc., sino como el intento de entendernos mejor para
mejor unificarnos.
Soy probrasileño, pero no porque crea demasiado en esa tesis de la
"aristocracia trasplantada", que al fin de cuentas no es desde cierto
punto de vista sino la reproducción, puesta de cabeza, de la famosa
hipótesis del "imperialismo natural" de los brasileños.
Creo que la que llamaré "tesis de Irazusta", subyacente a mi entender
en el comentario de Rolando, con todo su atractivo (y con su
capacidad, que no niego, de dar cuenta de ciertos rasgos peculiares
del Brasil), no se puede absolutizar en modo alguno, porque olvida
algunos elementos centrales de análisis. Comento algunos, nomás.
* Primero: el punto de partida de Irazusta es completamente falso.
Esa "aristocracia de Estado" no trajo consigo ninguna tradición
unificadora. Muy por el contrario, en Europa fue la principal
responsable de la secesión portuguesa de 1660 y del inmediato
sometimiento de Portugal a Gran Bretaña (son los que firmaron el
draconiano Tratado de Methuen, por ejemplo).
Habría que explicar, si la tesis fuera correcta, cómo es que
semejante bicharraco social puede hacerse "patriota" en América
cuando tenía centurias de entreguismo en Europa. O sea: estaríamos
ante un súbito "cambio de tradición", que desde el vamos invalida la
tesis de que el "nacionalismo de Estado" brasileño nace en la
"aristocracia importada de Europa". Habría que buscar su origen,
entonces, en otra parte.
* Segundo: esa "aristocracia de Estado", rápidamente fundida con la
aristocracia de ingenio en el Nordeste, separó al Brasil de Europa,
ante todo, para evitar que la Revolución Liberal que amenazaba en
Lisboa contagiara al país y, por ejemplo, terminase de un tajo (por
"ideologismo tabernario", diría algún pensador brasileño
contemporáneo) con la esclavitud.
Este elemento es grato para un conservador como Irazusta, por
supuesto, pero no me la hace particularmente confiable a mí.
Pero gustos personales al margen, lo que me interesa hacer notar es
que la tesis no sirve mucho para entender cómo es que una clase
social tan conservadora, producto de una fuerte tendencia
secesionista, pudo mantener algún tipo de cohesión interna entre los
distintos hinterlands de los puertos brasileños.
En efecto.
Téngase en cuenta que su conservatismo cerril la llevaba a promover y
consolidar el régimen de la esclavitud y la exportación azucarera,
pero ese régimen tendía a astillar al país con mucha mayor potencia
que en América española: como lo sabe cualquier estibador, el azúcar
es una mercancía bastante pesadita; piénsese entonces que el
transporte del azúcar a puerto -que normalmente no se hacía por vía
fluvial sino por caminos en pésimo estado, con anticuadas recuas de
bueyes- era una actividad muy onerosa, y por lo tanto los hínterlands
portuarios de un producto de tanto peso específico tenían que ser
necesariamente reducidos.
Contrariamente a la hipótesis, entonces, nuevamente nos encontramos
con que semejante clase social tendería a generar división y no
unidad.
Pues bien: basta con echar una ojeada al mapa del Brasil para
percibir la extensión mínima de los Estados del Nordeste, frente a
las vastedades que ocupan, digamos, Minas Geraes o São Paulo, Estados
que no se organizaron en torno al arcaico gran ingenio esclavista
nordestino. Más aún: como recuerda muy bien Vamireh Chacón en su
biografía del pernambucano Abreu e Lima, la "clase social
unificadora" no trepidó en descuartizar Pernambuco como respuesta a
las revoluciones liberales que asolaron la provincia durante toda la
era napoleónica.
¿Unificadora, entonces, esta "aristocracia de Estado"? Me parece, a
priori, que ni por "tradición" ni por las condiciones concretas de
existencia objetiva tendría demasiados motivos para serlo. Mucho más
coherente y simple es la explicación que da H.S.Ferns, alejado de
toda veleidad sobre las virtudes cívicas de esa nobleza. Según el
candadiense, Brasil se mantuvo unido porque los ingleses lograron que
así fuera.
Esa "tradición" de amor eterno a Londres sí era fundacional en la
"aristocracia trasplantada", como ya hemos comentado. Los ingleses,
por su parte, necesitaban al Brasil unificado, esclavista, monárquico
y conservador para enfrentarlo a las republicanas masas
hispanoamericanas, envueltas en una revolución liberal y en guerra
civil, hijas en último análisis de la Revolución Francesa y por lo
tanto partidarias de abominaciones tales como la eliminación de la
servidumbre y la esclavitud, y tantas otras cosas que dañaban
irremediablemente los negocios y por lo tanto Londres detestaba
(véase "Queimada").
Tercero: para colmo, durante toda la primera fase del Imperio la
aristocracia trasplantada, lejos de plantearse lo que podríamos
llamar la "liberación nacional a la japonesa" del Brasil, siguió
manteniendo una política de sometimiento a Gran Bretaña ante la cual
Rivadavia y Santander parecen aprendices. No por nada Manuel José
García admiraba tanto a la Corte de Río.
La "patriótica aristocracia de Estado" promulgó, en Brasil, una
legislación aduanera que dejó al país exhausto y que no hizo sino
sacarse de encima al galpón intermediario situado sobre el Tajo. No
es metáfora: hasta el terremoto de 1758 (creo, no sé bien la fecha),
Lisboa era conocida en los grandes puertos del Mar del Norte como el
"galpón de Europa".
En relación a América, la única "política exterior unificadora" de
esta aristocracia era la propulsada por los intereses del azúcar:
conseguir campos de pastoreo en el Sur para las recuas de bueyes que
se desgastaban en los ingenios a un ritmo casi tan brutal como el que
sufrían los seres humanos. Y también una fuente local de charque.
La presión sobre el Plata no venía de alguna obsesión diplomática
heredada de los firmantes de Tordesillas, sino de la necesidad de
fuerza motriz que tenían los ingenios, primero, las minas de metales
preciosos, después, y siempre los priimitivos medios de transporte
del país semifeudal.
Tan poco "nacional" era esa tendencia territorial que cuando Londres
les dijo "en el río de la Plata, no", se quedaron bien en el molde
(véase la sección pertinente de los libros del Colorado Ramos sobre
este asunto). Siguieron apretando un poquitito al Uruguay, pero eso
se debió, más bien, a codicias locales de los grandes ganaderos
riograndenses, y casi fue una cosa de familia en ciertas épocas. Y
duró relativamente poco. El "Drang nach Süden" recién se reactivaría
de verdad en la segunda mitad del siglo XIX, por el lado del Mato
Grosso y Paraguay y, oh sorpresa, también en ese momento coincidió
con las necesidades británicas.
Cuarto: la impotencia de esa "aristocracia de Estado" para vertebrar
al Brasil se tradujo en los permanentes conatos separatistas que
afectaron al país, siendo el más tardío el paulista de 1932, caída ya
la República Vieja, y durante el cual, como nos ilustrara
recientemente Julio Fernández Baraibar, debemos a los restos
sobrevividos de la nobleza brasileña nada menos que la invención de
la matraca. Téngase en cuenta que el intento de 1932 es a Brasil lo
mismo que el intento de Tejedor en 1880 fue a la Argentina.
Quinto: Es cierto que alguna sabiduría de gobierno tenían los
"grandes estadistas" lusitanos. Pero no era sino la vieja sabiduría
de la "inmensa sombra de esclavista" del portugués, como bien se dice
en "Casa Grande y Senzala": la de mantener unidas a las clases
dominantes contra los explotados de la factoría.
Por eso, ante las rebeliones, iban con el látigo en una mano y la
rama de olivo en la otra. Pero esto valía solamente para las
rebeliones de las clases superiores: para el resto, no había rama de
olivo alguna. Pregúntesele a los negros del Quilombo de Palmares, a
los alzados de Canudos o a los campesinos místicos del Contestado si
vieron alguna vez una rama de olivo.
Ni siquiera los grandes héroes nacionales se salvaron de ese odio
mortal contra quien intente alterar el orden. Las clases dominantes
brasileñas, por ejemplo, ni siquiera se privaron de seguir llamando,
(¡aún hoy!), "Motín de Minas" (Inconfidência Mineira) a lo que en
cualquier otro país de América se hubiera llamado "Revolución
independentista". Es decir, se ponen todavía hoy del lado del
dominador europeo...
También es por eso que Tiradentes, el principal héroe nacional del
Brasil -justamente el líder de ese "motín"- es un decapitado, un
decapitado por la misma clase social que se supone constituyó el
núcleo de la "aristocracia de Estado".
(4)
Bueno, se me dirá, todo eso es muy interesante, pero no se puede
negar la existencia de esa "noblesse de robe" que tan bien
ejemplifican estadistas como Jaguaribe o Moniz Bandeira. ¿De dónde
pensamos que viene esa indiscutiblemente poderosa "aristocracia
togada de Estado" del Brasil, si no le damos mucho crédito a las
tesis de Irazusta?
Creemos que es mucho más joven que lo que se pretende. Viene del
varguismo, y no de otro lado. Su flexibilidad política no refleja
sabiduría secular alguna (como sí pasa en el caso de la aristocracia
británica, que supo comprar su supervivencia ofreciéndose como clase
gobernante a la burguesía).
En realidad, la "tradición de gobierno" imperial se continuó,
precisamente, en los rasgos más detestables de la República Velha:
el coronelismo, el estadualismo, la opción por el atraso y la
extensividad, el desprecio orgánico por las clases inferiores, la
total indiferencia ante el desclasamiento masivo de millones de seres
humanos que se sumergían en el estado de naturaleza, todos esos
rasgos que soliviantaron al Ejército brasileño y lo llevaron a
fundar, por primera vez en la historia de su país, un Estado digno de
ese nombre.
No conozco tanto los detalles internos del Estado brasileño como para
atreverme a negar taxativamente a Rolo cuando afirma que "hay en
cualquier diplomático de por allá, una visión y un proceder
consecuente, en ese sentido." Es posible que la de Rolo sea,
también, una generalización excesiva, más producto de los deseos que
de la realidad.
Pero de algo _sí_ estoy seguro: si esto es así, no se debe a ninguna
virtud especial derivada de su historia, que es una historia de
exclusión del Pueblo de la cosa política, sino más bien de asuntos
bastante más vulgares y concretos.
Por ejemplo: su existencia se debe a la insondable opresión y al
desclasamiento generalizado que padecía (y aún, en parte, padece) la
inmensa mayoría del pueblo brasileño. Es un caso bastante similar,
quizás, al de la aristocracia de Estado borbónica de fines del siglo
XVIII. Es más bien un "despotismo ilustrado", tan bien definido
alguna vez por Delfim Netto cuando dijo, en pleno auge de la alianza
máxima con EE.UU., que "aquí se morirán de hambre millones de
personas, pero seremos un país industrial" (¿y de qué le sirve la
industria a un país que no le provee el mercado que ella necesita?).
Sobre este trasfondo, herencia directa de la esclavitud (cuya
resolución conservadora no hizo sino transferir la cuestión del
esclavo a la cuestión de la tierra: al mismo tiempo que se liberaba
a los hombres se esclavizaron los suelos, y se expulsó a los negros a
los caminos), se alza una inmensa capacidad de negociación y
confrontación entre los diversos sectores de las clases dominantes.
Interesados en común en la continuidad de la exclusión social, es
natural que salvo rarísimas excepciones arreglen sus conflictos en
las salas de negociación.
Esta, la sabiduría de la conciliación de intereses no necesariamente
antagónicos, sí me parece una tradición que podría aportar la nobleza
de toga del Brasil a la tarea común, pero la pregunta es de qué modo
lo hará. No me parece razonable acallar las críticas al origen
reaccionario de semejante "flexibilidad política", en la medida que
solamente de este modo se podrá tomar lo que tiene de bueno y
rechazar aquello que tiene de malo.
Hay un antecedente ominoso. En Estados Unidos, los grandes
plantadores esclavistas del Sur dominaron la política del país entre
1800 (año en el que justamente el _estadista_ Jefferson llega a la
Casa Blanca) y la Guerra Civil. De hecho, ese dominio fue el que
llevó a la Guerra Civil.
(5)
¿Hay alguna justificación de "realismo político" por la cual, en la
era del dominio mundial del imperialismo, que nos penetra hasta el
tuétano, tengamos que aceptar calladamente que, de un modo similar,
los sectores más privilegiados del país más poderoso (pero al mismo
tiempo más arcaico) de América del Sur determinen los lineamientos
generales de la política de la Confederación Sudamericana de
Naciones?
No olvidemos que esos mismos sectores son, al mismo tiempo, los
principales promotores del sometimiento nacional (brasileño o
sudamericano) a las potencias extranjeras.
No me parece muy buen negocio, pero quizás me equivoque. En fin,
dejo la puerta abierta a la discusión, para aprender (porque yo tengo
muchísimo que aprender en estos asuntos). Y porque, como bien dice
Rolando más abajo, esta conducción del Brasil actual es la
representante "obrera" de la coalición paulista que en 1964 cortó de
un tajo, (y hasta ahora no permitió renacer), el desarrollo del
movimiento nacional brasileño.
Es decir, porque -como ya lo demostró con Cardoso y hace poco con
Lula a través de la degradación jubilatoria de la "nobleza de toga",
es decir de una erosión de su atractivo para las nuevas generaciones
de graduados universitarios- en el fondo esta aristocracia de toga es
una especie de bastarda en un Brasil que aún no se reconoce a sí
mismo, y en parte su "latinoamericanismo" se asienta sobre bases más
frágiles que las que podemos vislumbrar en el Plata.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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