[R-P] Buela
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Vie Mayo 13 13:52:32 MDT 2005
El desencantamiento de la sexualidad
Alberto Buela(*)
A Pedro Godoy, el insobornable.
Hace ya medio siglo el filósofo marxista, renegador
del marxismo y cofundador con Jean Paul Sartre de la
revista Temps Modernes, Maurice
Merlau-Ponty(1908-1961) rescataba la idea de cuerpo
propio como un todo psicofísico, que se hace en la
incertidumbre de la vida, en su magistral obra
Fenomenología de la Percepción, pretendiendo superar
la dicotomía alma-cuerpo o más precisamente res
cogitans- res extensa que su compatriota, René
Descartes, había impuesto en el nacimiento de la
modernidad, para explicar la naturaleza del hombre.
Es el mismo autor francés que en un artículo
imperdible Mundo clásico y mundo moderno nos dice que:
los modernos no tienen ni el dogmatismo ni la
seguridad de los clásicos, ya se trate de arte,
conocimiento o acción. Tienen otro dogmatismo:
eliminar el misterio en el conocimiento del hombre”.
El misterio en el caso que nos ocupa es la vinculación
intrínseca entre sexualidad y fecundidad.
Antes que nada conviene aclarar que el tema del sexo
que vamos a tratar, plantea lo que llama Hegel una
situación diplomática, donde las palabras, en este
caso sexo, significan por lo menos dos cosas y donde
las cosas no se dejan nombrar por una sola palabra.
Nosotros que caímos a la existencia inmediatamente
después del final de la segunda guerra mundial y que
fuimos formados, o mejor des-formados, por todo el
ideario aliado, tenemos que hacer un gran esfuerzo
intelectual para comprender la ligazón entre
sexualidad y fecundidad..
El sexo, a pesar de lo que se nos enseñaba en
contrario, desde siempre se nos presentó como “el sumo
placer”. Ni qué decir con su vinculación a la
“hombría”, porque el que no “debutaba” en tiempo y
forma era un gil o cosas peores. ¡Quién no recuerda
los baños con permanganato!.
Todo esto para mostrar que no estamos escribiendo
desde la mojigatería o la gazmoñería, sino desde un
pensamiento situado.
La modernidad al quebrar la idea clásica de hombre
como unidad de cuerpo y alma, y reservarle al primero
la medida y a la segunda el pensamiento, destruyó la
unidad intrínseca entre sexualidad y fecundidad.
El sexo, se redujo al cuerpo y pasó a ser, entonces,
cuantificable, mensurable. Comenzó un proceso de
trescientos años de perfeccionamiento sexual. Las
técnicas y sus instrumentos cada vez más sofisticados
lograron escindir radicalmente sexualidad de
fecundidad.
Así llegamos a nuestros días en donde preservativos,
para todos los gustos, y de una textura extraordinaria
nos hacen admirar nuestra potencia viril que antes
funcionaba con esas “cámaras de bicicleta” que eran
los antiguos profilácticos.
El sexo esta limitado a eso: goce y satisfacción. Este
es el sexo como facultad gimnástica. Se banaliza la
sexualidad al alentar su práctica precoz, que la
limita, en general, a una gestualidad física.
Este sexo tiene dos problemas: el sida, que es mortal
y el embarazo adolescente, que es social, ya que deja
como consecuencia madres jóvenes solteras por doquier
con hijos a cuestas.
¿Cómo se lo previene? Con las pastillas
anticonceptivas y el condón, repartido por millones
desde el Estado. ¿Cómo se lo resuelve, si no dieron
efecto? Con la legalización del aborto.
Se quiere desde el Estado en forma legítima, por ello
se busca la sanción de las leyes abortivas, combatir
la enfermedad mortal y social.
Ya está. Aparentemente, el tema quedó resuelto.
El pensamiento progresista, así se caracteriza al
pensamiento laico moderno de hoy, encuentra un solo
obstáculo. El de la Iglesia católica troglodita y
reaccionaria que dice: No.
Pero este laicismo progresista ya no es un elemento
neutro que abre espacios de libertad como lo fue en la
época de sus padres fundadores, Diderot. Volataire et
alii, sino que se transformó en una ideología(la
izquierda progresista socialdemócrata) que se impone
por la política y no concede espacios públicos a otras
versiones que lo opugnan.
Pero, ¿por qué la Iglesia dice no?. Apoyada en dos
petitio principii: la castidad y la fidelidad, sabe
que es imposible eliminar el misterio en el
conocimiento del hombre, y que en este tema puntual,
el misterio está en la relación intrínseca entre
sexualidad y fecundidad.
Los adelantos tecnológicos han separado ambos
aspectos, y los piensan como distintos. Esto responde
al cambio radical introducido por Descartes en la
antropología cuando escindió en el hombre res cogitans
de res extensa y lo transformó en un “sujeto”.
Este cambio antropológico parece irreversible. Hoy el
sexo está, de hecho y de derecho, escindido de la
fecundidad de ahí la nivelación de todas las
experiencias sexuales. El igualitarismo en este domino
hace que todas valgan lo mismo, todas tienen el mismo
valor. Las relaciones heterosexuales, homosexuales,
bisexuales, zoofílicas o autosatisfactorias, se tornan
equivalentes. Todo está permitido en función del mayor
goce.
El escritor Abel Posse en un reciente y espléndido
artículo: El sida y la enfermedad espiritual ha
remarcado esta diferencia: “se combate legítimamente
la enfermedad física sin reparar en la enfermedad
espiritual y metafísica de la permisividad. Estamos
sumidos en la incómoda peripecia del impudor”.(1)
Es que el sexo toca el dominio más profundo de la
privacidad(2). Allí está la raíz de la eternidad del
hombre al decir de Aristóteles: Cuando un hombre
engendra a un hombre. El reparto burdo y millonario de
preservativos por parte del ministerio de salud,
quiebra la inocencia de miles y miles de niños y
adolescentes, elimina el tema del misterio en la
sexualidad. Al alentar indirectamente la precocidad
sexual, porque algo tiene que hacer un niño con el
preservativo o una niña con la píldora anticonceptiva,
lo que producen es el desencantamiento del sexo.
Se pierde de una vez para siempre ese encantamiento de
hacer el amor con el ser amado pensando no sólo en el
placer sino también en lo que vendrá. Que no se limita
a los hijos(fecundidad biológica) sino al proyecto en
conjunto de construir un futuro(fecundidad
existencial). El sexo abre el sentido de la vida en
común(3)
El sexo no se agota en la fertilidad biológica del
matrimonio. Esto lo observó magistralmente el filósofo
Max Scheler al comentar una observación del
historiador romano Tácito: “cuando las mujeres
germanas no ven en el marido más que el padre de sus
hijos, reducen el matrimonio a una forma de
reproducción”(4).
Esta misma definición de marido la hacen comúnmente
las mujeres divorciadas de sus ex, cuando el amor
entre ambos ya partió.
La fecundidad existencial es el fundamento más
profundo del sentido y significación del sexo.
El acto sexual no se agota en sí mismo como sucede con
“ los otros goces”, un buena comida, una pieza de
teatro o cine, la observación de un cuadro o una
escultura, o la audición de una buena sinfonía. La
sexualidad plena, exige la existencia de un proyecto.
El sexo exige fecundidad, que a su vez no se limita a
la fecundidad física. El sexo ocasional, pasajero o
prostibular, termina en el sabor amargo de encontrarse
en una soledad mayor al concluir.
Así lo entendieron los griegos. Con el sexo unitivo
del mito del Andrógino, magistralmente narrado por
Platón en su famoso Banquete, una parte busca a la
otra para descansar en ella y por el solo hecho de
estar con ella.
Vemos entonces que cuando decimos sexo, decimos goce,
pero también decimos unión y fecundidad.
1.- La crítica de Posse apoyada en las categorías de
permisividad e impudicia se mueve, lo que no es poca
cosa, en el lugar de los moralizadores al estilo de
Miguel de Montaigne. Nuestra posición, no la invalida,
pero se apoya en la escisión entre sexualidad y
fecundidad lo que conduce al desencantamiento del
sexo.
2.- Sobre este tema de la privacidad tan personal
viene a cuento un anécdota que le sucedió al eximio
filósofo cordobés Nimio de Anquín, cuando ya mayor, su
médico le sugirió un tacto rectal, a lo que respondió:
No, el ser no me lo tocan.
3.- Sobre esta relación tan íntima entre sexualidad y
fecundidad existencial nos comenta el sociólogo Martín
María Crespo: “Esta es la raíz de la frustración que
se experimenta cuando, aún queriendo y teniendo hijos,
es decir alcanzando la fecundidad biológica, la unión
de la carne no alcanza su plenitud en la fecundidad
existencial. Fecundidad que se verifica en el mutuo
crecimiento y perfeccionamiento en el amor, en el
reconocimiento de un común sentido, en definitiva, en
el amor al Destino del otro. "Nadie puede decir que
ama al otro si no ama su Destino" (Luigi Giussani)
¿Quién diría que la unión carnal, por su propia
naturaleza, nos encamina al encuentro con nuestro
Destino?. Esto sólo se hace más comprensible desde el
Misterio de la Encarnación. Se trata del mismo
Misterio pero al "verre": es la carne que se diviniza,
se une a su Creador. Así entendida la unión de la
carne nos ata al suelo, por la fecundidad biólogica y
también nos ata al cielo -nuestro Destino- por la
fecundidad existencial.
Esta prodigalidad, esta sobreabundancia que nos ha
sido dada con el Don del vida, no puede menos que
estallar en un buen y simultáneo orgasmo: es la unión
plena de los que se aman con el Cosmos y su Destino. Y
si no lo logra es por la crisis de sentido, el vacío
existencial que carcome cada vez más nuestras vidas
despotenciándolas, quitándoles fertilidad y
fecundidad, virilidad y femineidad; hundiéndonos en el
tedio, la banalidad y la accedia. ¡¡Qué vida de
mierda!!, ¡¡Qué desolación!!. Dejamos de ser
descendientes de ángeles, co-creadores que siguen la
huella de la fecundidad divina para transformarnos en
aún menos que mera naturaleza indiferenciada. Porque
el hombre rebajado e igualado es menos que naturaleza,
ya que ésta aunque imperfecta lleva la huella de su
Creador”.
Otro sociólogo el Chino Carlos Fernández comenta al
respecto: “La clave de tu proposición filosófica está
en la ampliación de la noción de fecundidad, que
trasciende el mero experimento biológico de tener
hijos.
Este razonamiento no es disidente, es dialéctico; por
tanto superior en la escala de valores”.
4.- Scheler, Max: Esencia y forma de la simpatía,
Bs.As.,Losada, 1957, p.242.-
(*) CEES (Centro de estudios estratégicos
suramericanos)
alberto.buela en gmail.com
___________________________________
A tu celular ¿no le falta algo?
Usá Yahoo! Messenger y Correo Yahoo! en tu teléfono celular.
Más información en http://movil.yahoo.com.ar
Más información sobre la lista de distribución Reconquista-Popular