[R-P] De José Hernández a la Internet: Breve Historia de una Dictadura
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Mayo 11 07:05:55 MDT 2005
[La Comisión de Comunicaciones e Informática de la Cámara de
Diputados de la Nación mantuvo ayer martes una "Jornada sobre el
régimen legal del correo electrónico". Esta jornada se organizó en
torno a tres proyectos vinculados a la represión del correo intrusivo
(spam) por parte de los servidores.
Se me solicitó participar, exponiendo mi punto de vista. En consulta
con Martín García, víctima privilegiada del uso político de los
filtros anti-spam, me pareció que mi mejor aporte podría ser lo que
sigue a continuación:]
DE JOSÉ HERNÁNDEZ A LA INTERNET: BREVE HISTORIA DE UNA DICTADURA
Se dice que, adversario implacable del mitrismo, José Hernández
remitió un ejemplar de su obra magna al Gral. Bartolomé Mitre
adjuntándole una dedicatoria manuscrita. En esa breve notita, y con
irónico coraje, Hernández resaltaba el afortunado hecho de ser uno de
los pocos adversarios de Mitre que se mantenían con vida.
En ese momento, esto era una verdad evidente y no requería mayor
demostración. Pero en un sentido histórico, Hernández se equivocó.
Porque el mitrismo, que no logró tronchar su vida en esta tierra, sí
consiguió enterrarlo en el desconocimiento de sus compatriotas, y
mucho tiene que ver en esto el manejo perverso de los medios de
comunicación.
(Varias décadas más tarde de esa impertinente dedicatoria, Ramón Doll
criticaba a los nacionalistas que atacaban a todos los próceres de la
historiografía liberal salvo a uno, el que había dejado un diario por
guardaespaldas: el General Bartolomé Mitre, númen tutelar (y
propietario tras haberla comprado a los Gutiérrez) de la "tribuna de
doctrina": _La Nación_.)
Valgan ambos ejemplos para resaltar el papel de los grandes medios
comerciales de comunicación de masas en la República Argentina. Se
trata, en realidad, de un caso paradigmático de aquello que en los
Estados Unidos se conoce como la "construcción del consenso". ¡No ya
la CNN, ni siquiera la radio a galena existía cuando nuestro sistema
mediático ya ejercía la más sutil y extensa de las extorsiones
ideológicas!
En efecto, desde su mismo origen los grandes medios no son las meras
empresas exitosas que aparentan ser. En todo caso, no es ése su
papel social y, justo es reconocerlo, al menos uno de ellos lo
pregona a los cuatro vientos cuando se autodefine desde su página
editorial como "tribuna de doctrina".
No son, sin embargo, una mera "tribuna". Para que haya "tribuna"
tiene que existir una diversidad de ideas con iguales condiciones de
difusión. Pero el rol de los grandes medios es, ante todo, asfixiar
el debate de ideas. Ejercen de este modo una verdadera dictadura (no
hay otro modo de definirlos) donde no se sabe qué predomina más, si
lo antidemocrático o lo antinacional. Para mayor desvergüenza, lo
hacen bajo la hipócrita apelación a una "libertad de prensa" que,
curiosamente, garantiza la inexistencia mediática de quienes
cuestionan la visión de mundo que los medios propalan.
El ejemplo de José Hernández, quizás el máximo publicista argentino
de la segunda mitad del siglo XIX, demuestra tanto la potencia del
sistema como su precocidad. En la Argentina de hoy prácticamente
nadie sabe que el federal Hernández fue un enorme periodista.
También en la historia de los medios hay una deformación
intencionada: los programas de estudio apenas si mencionan "La
Gaceta", y de "La Gaceta" se salta de inmediato a las grandes
empresas contemporáneas.
Es tan grosera (y por lo tanto demostrativa) de Hernández que sin
esta faceta periodística y combatiente de su autor, el _Martín
Fierro_ pierde casi todo su significado. Pero eso no interesa. En
la medida que Hernández se opuso a Bartolomé Mitre, el sistema de los
medios se dedicó a sumergirlo y lo declaró inexistente. Solo la
potencia artística de su gran poema logró salvarlo del entierro
mediático.
Tanto poder tiene su explicación.
Los grandes medios son, desde su mismo inicio, parte constitutiva de
la oligarquía argentina. Los nombres de Mitre y Gainza Paz
sintetizan este hecho. Aparecen al mismo tiempo que dos fenómenos
fundamentales en la construcción histórica y social de nuestro país.
Por un lado, la imposición del proyecto agroexportador y
antiindustrial subsiguiente a la batalla de Pavón. A ese proyecto
los medios no se integran solo como difusores sino como promotores y
beneficiarios.
Por el otro, y en medio del genocida vendaval de muerte que el
mitrismo desata en ese momento contra el gauchaje, es decir contra
los argentinos, se integran al país ingentes masas de inmigrantes
europeos, que llegan en la más completa ignorancia de cuanto había
ocurrido aquí antes de que descendieran por las planchadas de los
barcos. Los grandes medios serán un vehículo privilegiado de su
uniformización ideológica.
Esta tarea fue esencial para asegurar el correcto funcionamiento del
esquema agroexportador. Desde su origen mismo, entonces, lejos de
promover la discusión de ideas, los medios se impusieron como pieza
fundamental del esquema de colonización pedagógica (así lo denomina,
con toda precisión, Arturo Jauretche).
Ya a principios del siglo XX, el tono general del pensamiento
argentino lo comandan dos grandes diarios:"La Prensa" y "La Nación".
Más allá de diferencias menores, ambos se dedican a glorificar la
estructura agroexportadora, promover la cultura francesa, las
instituciones políticas inglesas y el desdén por la creación local.
Difunden el librecambio, se oponen a los gobernantes populares, y en
los momentos de crisis se los puede ver siempre junto a esa rosca de
comerciantes portuarios, terratenientes y financistas que los
argentinos conocemos como "oligarquía".
"La Nación" se especializaba en la élite, "La Prensa" era más
popular. No es ajeno a esto último la sección de avisos
clasificados. Como se ve, el actual reparto de tareas entre "La
Nación" y el "Grupo Clarín" reconoce un antecedente ilustre.
Estamos ante una prensa que toma partido y forma opinión, lo que nada
tiene de criticable. Lo criticable es que no se muestra como tal, y
contrabandea opinión haciéndola pasar por "información". Y lo grave
es que -en las condiciones particulares de la Argentina de principios
del siglo XX- haya logrado imponer con tanto éxito su visión,
oligárquica y antipopular, de la historia y la realidad nacional.
El ocultamiento y la deformación de los grandes pensadores del campo
nacional es un pilar de esta tarea. De allí que José Hernández
desaparece de la conciencia popular... salvo en las pulperías de
campaña que pedían el _Martín Fierro_ como un artículo de primera
necesidad. Se trató de un verdadero proceso de desaparición
mediática, del cual el periodista y publicista Hernández fue quizás
la primera y más ilustre de las víctimas.
Claro está, lo más estimable y profundo de su obra se difundió en
diversos medios, pequeños y efímeros ¿Cómo no iban a ser efímeros,
cuando el tono general de la cultura y el pensamiento de las clases
superiores de la sociedad estaba sometido a la dictadura intelectual
de los grandes medios comerciales, a cuyos intereses Hernández se
oponía?
Lo mismo le sucedió a todos aquellos que lucharon por una Argentina
industrial y digna. Entre muchos otros, los ejemplos paradigmáticos,
con toda certeza, son los de Raúl Scalabrini Ortiz y Arturo
Jauretche.
Jauretche, ácidamente, hacía notar que si él escribía para
publicaciones de escasa tirada no lo hacía por gusto y por amor al
frasco chico. De hecho, en su juventud conservadora había llegado a
ver algunas de sus cosas publicadas en _La Nación_. Bastó con que se
volcara al campo nacional para que esas puertas, esas páginas, se le
cerraran para siempre.
Scalabrini intenta, hacia 1940, lanzar al mercado "Reconquista", un
diario puesto al servicio de los intereses de la industrialización.
Huérfano de apoyo del mismo empresariado al que defendía, no llega a
durar dos meses. Ese empresariado, de origen básicamente
inmigratorio, había sido instruido en la prédica antiindustrialista
de _La Prensa_ y _La Nación_, y era incapaz, salvo muy escasas y
parciales excepciones, de apoyar un medio que se proponía servirlo.
Los grandes medios, por lo demás, no dejaban flanco descubierto. El
sistema siempre contó con un "ala izquierda".
Según relató en su momento el hoy senador Antonio Cafiero (en Cinco
años después), tras la nacionalización de los ferrocarriles el
empleado que preparaba el inventario de bienes en el F.C. Pacífico
descubrió en una de sus cajas fuertes el paquete accionario completo
de la Editorial Haynes.
La Editorial Haynes, además de controlar revistas y radios, era la
empresa que editaba el diario El Mundo, es decir el diario "de
izquierdas" de la Argentina de la Década Infame, una hoja donde
escribían plumas del nivel de Roberto Arlt. Como sabemos, ese diario
tuvo ilustres y repetitivos sucesores, el más moderno de los cuales
se llama Página 12. No había resquicios entonces, como no lo hay
hoy, en el blindado sistema dictatorial de los grandes medios de
comunicación de la Argentina.
La posesión del paquete accionario no era sino un recaudo adicional,
innecesario en nuestros tiempos. Por un lado, los medios se han
convertido en fracciones de poderosos conglomerados de inversión, con
intereses múltiples y diversificados, constituyentes íntimos del
estáblishment económico, y que lógicamente ponen la dictadura
mediática tan a su servicio como al servicio general de los intereses
de los grandes grupos de poder.
Pero aún cuando esto no fuera así, existe otro mecanismo que
garantiza la vinculación orgánica de los grandes medios comerciales
con los intereses del capital más concentrado, y son las grandes
agencias de publicidad. Éstas suelen condicionar sus inversiones a
la "corrección política" de quienes reciben sus encargos.
Es, en cierto modo, comprensible: el negocio de una agencia de
publicidad incluye la defensa de los intereses corporativos de sus
clientes. Sería absurdo que una empresa automotriz financiara a un
medio que afirmase que durante el Proceso Militar tuvo miembros de
las Fuerzas Armadas operando dentro de sus plantas para restaurar la
disciplina en la línea de producción.
Eso sería como pedirle al papá de Manolito que financiara un diario
especializado en denunciar sus pequeñas trapisondas de almacenero de
barrio. Mucho más razonable es pensar que el almacenero financie un
diario especializado en demostrar que el almacenero de enfrente vende
caro.
Y con la misma lógica una empresa automotriz podría llegar a apoyar
un medio "de izquierdas" que enseñase a sus lectores sobre cómo,
durante el Proceso Militar, algunos dirigentes sindicales colaboraron
en la represión de delegados de base...
Por otra parte, basta con mencionar la diferencia cualitativa entre,
digamos, el Supermercado El Cruce y el Supermercado Carrefour, para
percibir la distinta capacidad de presión financiera que tiene el
gran capital (extranjero, para colmo) sobre los medios de
comunicación. "Carrefour", en francés, significa "El Cruce". Pero
como vemos, el cambio de idioma implica un cambio violento de
posición y poder económico-social.
Lo inaceptable es que frente a esta intromisión inevitable del poder
económico en la conformación del estado de conciencia de los
ciudadanos, el Estado argentino no solo esté inerme sino incluso se
haya despojado de sus propias herramientas de presión.
En efecto, no es en modo alguno casual que durante el período de
dictadura socioeconómica antinacional que se instala en 1976 y -bajo
diversos ropajes formales- perdura intacta hasta hoy, una de las
primeras medidas de "austeridad" haya sido la prohibición de que las
entonces aún argentinas empresas de servicios públicos hicieran
publicidad en los grandes medios.
Esto le quitó al gobierno central un mecanismo de equilibrio que no
tuvo incidencia menor en el salvajismo con que, a posteriori, los
medios crearon el clima intelectual de ese desguace del Estado y esa
liquidación de la Nación con que, durante los años 90, el poder
constitucional coronó la obra del poder inconstitucional instalado en
1976.
Sin embargo, así como las pulperías de campaña hicieron del Martín
Fierro el primer "bést seller" de nuestra historia, los últimos
veinte años han visto crecer un sistema de medios alternativos que
viene sufriendo permanentes embates, siempre bajo argumentaciones
técnicas, de parte del sistema monopólico de medios de comunicación.
Existe una batalla por las radiodifusoras y televisoras locales, y
también existe una batalla por los medios alternativos, basados en la
tecnología de Internet. ¿Puede llamar la atención, en este contexto,
el hecho de que los principales servidores de Internet de la
Argentina estén en manos de los mismos intereses que controlan los
grandes medios?
Obviamente, no. Así como no nos puede llamar la atención el manejo
crecientemente coercitivo con que estos medios, que se pretenden
verdaderos dueños del pensamiento de los argentinos, gestionan dichos
recursos técnicos. Es nuestra opinión que el Estado argentino tiene
una inmensa deuda con la libertad de expresión y la libertad de
prensa de los argentinos. Porque en nuestro país los únicos que
disfrutan de plena libertad de prensa y expresión, a través del
sistema de grandes medios, son los oligopolios y monopolios dominados
directa o indirectamente por las empresas de capital imperialista
(mal denominado "globalizado").
Aún no se han tomado medidas para contrarrestar el dominio mediático
omnímodo instalado sobre el país desde el segundo tercio del siglo
XIX. Es de esperar que, al menos, se protejan aquellos escasos
resquicios por los cuales se expresa el pensamiento mal llamado
"alternativo".
Y digo "mal llamado" porque -y esto lo demuestran tanto las encuestas
de opinión (que los propietarios de los grandes medios conocen bien)
como la experiencia histórica de nuestro país- en el fondo la prédica
antinacional y antidemocrática de la dictadura mediática no es
perdurable. Tras una larga y dolorosa historia de más de un siglo y
medio, el pensamiento "alternativo" al impuesto a partir de 1860 es,
en realidad, el pensamiento mayoritario.
Pero el sistema de grandes medios, que en su momento supo colaborar
tan eficientemente en la implantación de una conciencia colonizada
sobre la población argentina, sigue ejerciendo hoy un control bajo
modos indirectos: los medios ya no tienen la eficacia que tenían a
fines del siglo XIX y principios del siglo XX.
Les cuesta mucho más imponer su concepción de lo real como sentido
común generalizado. Pero aún constituyen la visión de lo real y
sancionan lo válido. De ese modo condenan a cada uno de los
componentes de esa gigantesca mayoría de argentinos que se opone a la
continuidad del coloniaje a creer que sus ideas son ideas solitarias
De este modo, lo llevan a concluir que no puede hacer nada aislado
en su minoritaria visión de las cosas, y que "este país de mierda"
(los grandes medios tampoco olvidan machacar persistentemente en el
sentido de autodesprecio nacional) no tiene destino.
Las Comisiones de Comunicaciones del Congreso Nacional tienen, a mi
modo de ver, una enorme responsabilidad ante la historia: la de
levantar su cabeza frente a estos enormes conglomerados, enemigos de
los verdaderos intereses democráticos y nacionales de los argentinos,
o por el contrario ceder ante su prepotencia y dejar desguarnecidos a
los ciudadanos ante su nuevo crescendo intervencionista.
"Libertad de prensa es en realidad libertad de empresa", decía don
Arturo Jauretche. Y también decía que "la libertad de empresa es el
dirigismo de ellos". En estos asuntos, el parlamento no puede elegir
entre la "libertad" y la "dictadura". Tiene que elegir entre
contemplar los intereses del conjunto de la ciudadanía a través de
una legislación adecuada, o fortalecer aún más el control de una
minoría, la dictadura feroz que ejercen lo que en realidad son
grandes medios de INcomunicación entre los argentinos.
Buenos Aires, 10 de mayo de 2005
Néstor Miguel Gorojovsky
Moderador de la lista de discusión Reconquista Popular
Secretario General del partido Patria y Pueblo
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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