[R-P] Nuestra América: ¡Ahora o nunca!, Unida o devorada (Martin Guedez)

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Mar Mayo 10 06:02:35 MDT 2005


Nuestra América: ¡Ahora o nunca!, Unida o devorada
Por: Martín Guèdez 

En general todos los procesos destinados a lograr la
integración latinoamericana han debido enfrentar dos
formidables enemigos. De un lado, el destino
manifiesto del imperialismo estadounidense, para quien
desde el mismo nacimiento de nuestras repúblicas,
romper todo intento de integración significó un
objetivo vital, y del otro, las oligarquías nacionales
agrarias, secundadas por una burguesía comercial e
importadora apátrida y perfectamente acomodada con los
intereses imperiales.

La combinación de propósitos ha sido, hasta hoy,
demoledora. En esa especie de trapiche fueron
triturados los sueños integradores de Simón Bolívar,
San Martín o Artigas y tantos otros. Poco o nada
pudieron hacer los visionarios integradores a lo largo
de los siglos XIX y XX. Los intereses y pasiones más
mezquinos se han impuesto siempre sobre el interés de
los pueblos, habitualmente convidados de piedra en
esta discusión. Todas las iniciativas que lo largo de
este tiempo pudieran ser calificadas de integradoras
tenían plomo en el ala, nacía heridas de muerte.
Fueron proyectos de intercambio de capitales o lo
fueron de adhesión como vagón de cola al tren del
imperio.

Es lamentable, poco menos que dramático, que los
latinoamericanos no hayamos podido poner en marcha un
auténtico proceso integrador. Las condiciones
necesarias para que un proceso integrador tenga éxito
están naturalmente presentes entre nuestros países:
identificación social, cultural, complementación
económica, etc., pero… no se ha logrado, ha podido
siempre más la ruindad, la mezquindad y la pequeñez de
miras.

Historia… que algo queda

Simón Bolívar no ha sido el único, pero desde luego sí
el primero y quién con más claridad de ideas y
sentimientos intentó un verdadero proceso integrador.
Su más caro proyecto, la creación de un gran país que
hoy incluiría a cinco naciones, sucumbió ante las
manipulaciones y acciones divisionistas, tanto de las
oligarquías nacionales como del incipiente poder del
naciente y agresivo imperio de EEUU.

Los intereses de EEUU, y su influencia sobre América
Latina, considerada por ellos como su zona natural de
influencia, gravitaron en forma determinante para que
el proyecto del mágico adelantado sucumbiera. Detrás
de las conspiraciones oligárquicas constantes, tanto
en Venezuela, como en la Nueva Granada y Quito contra
el proyecto unificador de la Gran Colombia estuvo
siempre la sombra del poder estadounidense.

El Libertador, ya desde 1820, -apenas nacida en
Angostura la Gran Colombia- miraba hacia un objetivo
integrador más amplio pues percibía que las
insipientes naciones americanas deberían unirse para
resistir los embates de las grandes potencias
mundiales, especialmente de los EEUU Incluso llegó a
plantearse la liberación de Cuba del imperio español
temiendo que ocurriera lo que efectivamente ocurrió,
que esas colonias españolas terminaran sólo cambiando
de colonizador, de España a los EEUU.

Así, en 1826 concretó su mayor esfuerzo al lograr
reunir en el Congreso Anfictiónico de Panamá a México,
la Gran Colombia, Centroamérica y el Perú. Con motivo
de ese Congreso, el Libertador afirmaba estar
'persuadido de que los EEUU, plagaría de miseria la
América en nombre de la libertad'. No se equivocó el
genio, ni en esto, ni en el hecho de que la primera
muestra la obtendría en el resultado del Congreso: un
triste fracaso. Las naciones citadas antepusieron los
intereses de sus respectivas oligarquías y de allí
este primer gran acto fallido en la esencia.

Los ideales integracionistas de Bolívar no funcionaron
en nuestra América pero sí sentaron las bases de
futuras integraciones regionales que hoy vemos más
concretadas en Europa o Asia con notable éxito. ¿Será
que estamos muy cerca de los EEUU?...pudiera ser.
Desde entonces, el ideal integrador latinoamericano
dio paso a otra idea u otro plan made in USA: la idea
del Panamericanismo, que devino en integración de los
EEUU, con su patio trasero.

Bajo esta perversa fórmula integradora, algo así como
la reunión del depredador con las presas, EEUU,
cumplió con sus objetivos. Primero, hacer de América
Latina su zona de influencia económica y política
hasta convertirla en suministradora de materias primas
sin valor agregado y compradora de sus bienes y
servicios industrializados. Y, segundo, expandir sus
límites territoriales hasta los más lejanos confines
del continente, con presencia real o por la vía de
cipayos testaferros. La doctrina Monroe y el destino
manifiesto son claves para entender este proceso
atomizador para nuestras naciones y anexionistas en la
práctica para el Imperio.

La doctrina Monroe expresa claramente el proyecto de
los EEUU, para las naciones latinoamericanas. En ella
queda subrayada la dominación de los intereses
estadounidenses sobre el resto del continente. En
1904, el presidente T. Roosevelt proclamó el derecho
de los EEUU, a intervenir en cualquier nación
latinoamericana que 'actuara incorrectamente en su
política interior o exterior'. No muy distinto a lo
que hacen hoy. Las intervenciones militares,
invasiones y acciones desestabilizadoras en las
naciones latinoamericanas fue la característica a lo
largo de todo el siglo XX, siéndolo también en los
albores de este siglo XXI, basta mirar hacia Haití,
Cuba o Venezuela para confirmarlo. Bajo esta premisa
se dio lo que el general Perón dijera: 'El siglo XXI
nos conseguirá unidos o hundidos', henos aquí
dispersos y con el agua al cuello.

Hoy está en marcha una nueva propuesta. El nuevo
impulso integracionista dispone de unas bases y
principios filosóficos distintos. En primer lugar se
apoya en un modelo de integración autónomo que rompe
con los esquemas previos y qué, aunque no debe
considerarse como una integración anti-nadie, es una
integración para nosotros, una integración que apunta
hacia nuestros propios pueblos y necesidades. Un
proyecto integracionista qué, a diferencia de la
Alianza para el Progreso o el ALCA, especie de reunión
de ratones bajo la autoridad y amenaza de un gato
glotón y despiadado, apunta hacia la complementariedad
solidaria entre pueblos hermanos y desecha la
competitividad desalmada. Una auténtica unión de
pueblos hermanos para reivindicar al derecho al
progreso, la libertad, la igualdad y el respeto en un
mundo multipolar en el cual, uno de lo polos, por
derecho legítimo hemos de ser nosotros.

Se trata de una decisión firme de hacernos fuertes
desde la unión de nuestras potencialidades nacionales.
que son muchas. Una nueva asociación de 'ratones' que
decidimos no continuar siendo alimento del 'gato' y
qué, venciendo nuestros propios miedos, así como
nuestras propias inclinaciones a suponernos mejor
preparados para resistir el ataque del 'gato' por
separado, tomamos la decisión de apiñarnos alrededor
de un espíritu unitario y no continuar huyendo del
gato, no seguir ofreciéndonos como víctimas
propiciatorias cada vez que a éste le venga en gana,
sino hacerle frente, abandonar los miedos y
probablemente hacer huir al 'gato', o al menos,
hacerlo que busque otros ratones.

El presidente Chávez inició la nueva siembra de este
modelo salvífico de nuestra identidad y futuro, cuando
en solitario se negó a firmar el compromiso con el
ALCA en 2001 en la ciudad canadiense de Quebec. Desde
entonces ha venido trabajando sin descanso en un
modelo de integración alternativo, al cual, el mismo
Chávez ha llamado, Alternativa Bolivariana para
América (ALBA). Un modelo integracionista que no es
simplemente un conjunto de normas fruto del hallazgo
de economistas o burócratas, -¡Ya habrá tiempo y lugar
para los tecnócratas, este es tiempo de hombres!- sino
una retorno a lo más profundo de nuestras raíces como
pueblos, así como un profundo cambio en los valores de
vida, desde el egoísmo ciego hacia la solidaridad
humanista.

Sin querer presentar como modélica la conducta de
Venezuela, lo cierto es que estamos asistiendo a
ejemplos de la naturaleza intrínseca de esta forma de
integración. Pese a las críticas más severas de los
'expertos' económicos cipayos, los nuevos intercambios
funcionan bajo esta nueva filosofía. Venezuela surte a
Cuba del petróleo que tanto necesita y a cambio Cuba
está proporcionando a Venezuela médicos e instrumental
de alta tecnología para unos servicios de salud que el
pueblo venezolano nunca tuvo, además, en operaciones
gobierno a gobierno, pueblo a pueblo.

Para quienes adoran los rasgos inhumanos de la
competitividad, Venezuela debería vender todo su
petróleo al mejor postor en dólares constantes y
sonantes, hacerlo con cualquiera de los intermediarios
que se enriquecen con este negocio y Cuba comprarlo
con sobre precio. Por otro lado, el pueblo venezolano
debería continuar en las fauces de los servicios de
salud privados. ¡Una maravilla…para ellos! Así los
vende patria estarían felices. No se preguntan, por
ejemplo, cuanto habría que pagar, -en ese billetito
verde que tanto les fascina- para cancelar hasta 47
millones de consultas médicas de calidad en un año.
Las mismas que ha proporcionado, incluyendo medicinas,
totalmente gratis el programa Barrio Adentro.

Igual puede decirse del criticadísimo intercambio de
petróleo por ganado con Argentina. Ellos preferirían
que los hermanos argentinos salieran al mercado divino
a comprar, -comisiones y ganancias fabulosas de por
medio-, petróleo caro, y Venezuela continuar
importando carne por cientos de miles de toneladas
anuales, eso sí sería 'inteligente', moderno y
conveniente. Resulta evidente a quienes beneficia el
modelo de comercio por la calle del medio: A las
burguesías importadoras-exportadoras de siempre y los
países desarrollados con grandes subsidios a sus
productos agrícolas y pecuarios. Del mismo modo es aún
más evidente a quienes beneficia esta forma de
intercambio basada en la complementariedad solidaria:
¡A nuestros pueblos cara..!.

La imposibilidad de resolver nuestros problemas por
separado está escrita en las páginas de nuestra
historia reciente. En los años 80, una mezcla perfecta
de corrupción política, espíritu apátrida y el
desarrollo de ciertas políticas económicas impuestas
desde el imperio, llevaron a nuestras naciones a la
encerrona mortal de abrir sus mercados internos a la
competencia con las grandes transnacionales. Se llevó
a la ruina la industria nacional de nuestros países,
incapaces de competir con las poderosas
transnacionales. La alternativa, debidamente
estimulada con los dólares abundantes de los países
productores de petróleo ganando intereses muy bajos en
los bancos del norte, hizo aparecer el fantasma de un
endeudamiento grotesco e ilegal que sólo benefició a
las oligarquías nacionales, agrarias, comerciales y
políticas. Esto fue aprovechado por los países
industrializados para presionar sobre el flujo de
pagos y desmantelar los sistemas económicos al
interior de nuestros Estados. El Fondo Monetario
Internacional, como cabeza de la banca acreedora
condicionó rigurosamente la atención financiera a la
entrega privatizadora de los sectores estratégicos de
nuestras economías.

Argentina fue un modelo emblemático de la aplicación
de estas políticas diseñadas por el FMI, privatizando
todo, apenas se salvó, y no estoy seguro, el aire,
habría que indagar si todavía respirar es gratis. Pues
veamos, en esos momentos, como Juan en el desierto,
clamó la voz de Fidel Castro convocando a la unión
para hacer frente a las negociaciones con el FMI y la
banca internacional. El imperio se sacó de la chistera
un conejo para enredarnos en nuestros pequeños
egoísmos una vez más. Ofrecieron, -tal como lo hacen
hoy con los DD.HH o con la lucha contra el
'terrorismo'- unos certificados de buena conducta para
quienes fueran a negociar por separado, educadito y
con buenos modos. Cayó México de primero y le siguió
Venezuela con 'el mejor refinanciamiento del mundo'.
Reconocimos una deuda no suscrita legalmente por la
República de unos 30 mil millones de dólares,
admitimos la extraterritorialidad de los juicios
renunciando a nuestra soberanía, debimos aceptar como
deuda la nación unos 15 mil millones de dólares de
deuda privada. No se nos prestó ni el saludo a lo
largo de un quinquenio. Pagamos 5 mil millones de
dólares anuales por 5 años. Al terminar este primer
quinquenio debíamos 35 mil millones. Más de lo que
adeudábamos antes de comenzar esta maravilla de
refinanciamiento. Eso sí, tuvimos una buena
figuración, un buen nombre, y un certificado que debe
tener en su casa de Miami, colgado en un marquito, el
Presidente Jaime Lusínchi, genio de esta negociación.
Ese es el saldo de la desunión. Ese seguirá siendo el
saldo… siempre.

Una reconversión a fondo de nuestras conciencias más
que complejos sistemas económicos es la fórmula para
nuestra salvación. No es suficiente con MERCOSUR o la
CAN, aunque es un buen punto de partida. No es
suficiente con acuerdos comerciales, es necesaria la
integración de nuestros pueblos. Es necesario
torcerles el pescuezo a las burguesías nacionales y
obligarlas a mirar hacia dentro y hacia el sur. Es
imprescindible romper el encantamiento que les hace
mirar con inaudito embobamiento hacia el norte. Hay
que nacionalizarlas, hay que hacerlas pensar en la
patria, por cierto, no más que lo hacen los
empresarios franceses, ingleses o españoles en sus
propios países, lo que no será posible es la
coexistencia de una burguesía u oligarquía apátrida
con un proceso de integración verdaderamente
latinoamericanista. La diversidad política en nuestros
países me aconseja no pensar de partida en una
integración basada en el socialismo nuevo, deslastrada
de burguesías apátridas. El tiempo, es juez severo e
irá diciendo, sí me atrevo a señalar que ha llegado
nuestra hora, que este es nuestro tiempo, que es
ahora…o quizás nunca. Nuestra América, unida o
devorada.
 

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