[R-P] Un ajedrez complicado E. Lacolla

José María Cavalleri ingcavalleri en hotmail.com
Dom Mayo 8 07:38:51 MDT 2005


Un ajedrez complicado
Por Enrique Lacolla | Periodista
A60 años de terminada la Segunda Guerra Mundial en Europa, la única potencia 
que salió realmente gananciosa del conflicto, Estados Unidos, se encuentra 
ejerciendo una supremacía global que obtuvo 40 años después de finalizada 
aquella lucha, con la caída del bloque soviético. Y debe decirse que lo hace 
con una resolución que muchos nos atreveríamos a calificar de temeraria, 
pero que, de todas maneras, sacude al mundo y no da visos de frenarse en un 
futuro próximo.

Ahora bien, todo este ímpetu está articulado, más allá de su arrogancia, con 
una inteligencia política que especula con quizá demasiados imponderables a 
la vez.

En Medio Oriente, la Unión está practicando un complicado ajedrez que pasa 
por la semificción de la democracia iraquí; por la relación amenazadora y 
llena de suspenso que Washington establece con el gobierno de Irán, y por el 
manejo de diversas opciones para derrocar al régimen sirio. Éste es otra de 
las bestias negras de Washington, en la medida que, más allá de sus 
innegables restricciones a la democracia, resulta intolerable por su 
irreductibilidad a los designios estadounidenses e israelíes.

En Irak, bajo el paraguas militar de la ocupación, los iraquíes han elegido 
un gobierno que no representa a una sustantiva cantidad de los habitantes 
del país, los agrupados en torno del sunnismo; pero que da presencia 
política a la reducida minoría kurda y, sobre todo, a la mayoría chiíta. No 
obstante, ésta, en su totalidad, se opone a la presencia norteamericana en 
su territorio, aunque en general no recurra –todavía– a las armas para 
repelerla.

De cualquier modo, los chiítas son indispensables al proyecto estadounidense 
de poner de pie a un Estado que sirva para tener a raya a la resistencia. 
Apelando incluso a una guerra civil entre chiítas y sunnitas. Claro que para 
que esta ecuación funcione, hay que tener en cuenta a Irán, patrocinador de 
los chiítas iraquíes y resuelto buscador de un poderío nuclear que le 
consienta sentirse hasta cierto punto seguro frente a la extorsión militar 
de sus enemigos.

¿Cómo hacer para destruir o contener al régimen iraní y, al mismo tiempo, 
asegurarse su cooperación en Irak?

Remover esta contradicción va a ser muy difícil para Washington, de modo que 
es probable que el dinamismo estadounidense elija en una primera instancia a 
Siria como próximo blanco, en vez de Irán.

En efecto, la rapidez de reflejos del presidente sirio, Bashir al Assad, le 
permitió escapar de la delicada situación en que lo había puesto el 
asesinato del ex premier Rafik Hariri en el Líbano, pero esto no significa 
que las presiones en su contra vayan a desaparecer.

Siria, Irak e Irán no son, sin embargo, los únicos problemas que enfrenta el 
hegemonismo norteamericano en Medio Oriente: sin hablar del problema 
palestino-israelí, la desestabilización estructural de Egipto y Arabia 
Saudita frente a la presión fundamentalista constituye un desafío mayúsculo 
y de impronosticable proyección.

Otros frentes

Las complicaciones no terminan en Medio Oriente. A nivel global, el 
crecimiento chino representa tanto una promesa como un riesgo: si hasta aquí 
se ha dado en una suerte de calma tecnocrática y brinda espectaculares 
posibilidades de ganancias para la inversión extranjera, la magnitud del 
crecimiento y las divisiones sociales que está impulsando pueden 
desestabilizar a la potencia más poblada del globo, dando lugar a tensiones 
difíciles de pronosticar.

En América latina, por fin, por primera vez desde la independencia, se están 
dando muestras bastante coherentes de querer configurarse como una región 
suficiente a sí misma. Falta mucho para ello, por supuesto, pero el fracaso 
norteamericano en imponer a su candidato en la Organización de Estados 
Americanos (OEA) y la cada vez mayor renuencia de los principales países del 
sur del hemisferio a plegarse a las razones del “gran hermano del Norte” 
para aislar a los gobiernos que no son gratos a éste (para el caso, los de 
Cuba y Venezuela) indican que la conciencia solidaria, siempre presente en 
las profundidades del pueblo, pugna ya con la suficiente fuerza como para 
expresarse en las superestructuras políticas.

Por si esto fuera poco, en México fracasó la movida del presidente Vicente 
Fox para cerrarle el camino al alcalde del Distrito Federal, Andrés Manuel 
López Obrador, hacia la jefatura del Ejecutivo.

López Obrador es un crítico del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos 
y Canadá. Y fue la presencia popular en la calle la que obturó la maniobra 
dirigida a lograr su desafuero. Nada es simple en el ajedrez del poder.

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