[R-P] Entrevista a Julio Fernández Baraibar

Julio Fernández Baraibar juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Jue Mayo 5 11:49:51 MDT 2005


Entrevista a Julio Fernández Baraibar realizada en el programa Nuestra
América de Radio Cooperativa de Buenos Aires
y que saldrá al aire el próximo domingo 8 de mayo a las 21 hs.

Lo que está pasando en Suramérica en este momento debe ser analizado en el
marco de dos hechos centrales: por un lado, la elección del Secretario
General de la OEA y por el otro la temible visita a estas tierras de
Condoleeza Rice.
¿Por qué vinculo estos dos hechos? Por lo siguiente.

La elección del Secretario General de la Organización de los Estados
Americanos por primera vez en su historia le ha doblado el brazo a la
voluntad norteamericana. Por primera vez, y esto es un hecho histórico, los
norteamericanos tienen que bajar, no uno, sino dos candidatos: el
salvadoreño Francisco Flores, primero y el mexicano Luis Ernesto Derbez,
después, para adaptarse a la enorme presión ejercida por el sistema
suramericano para imponer un candidato distinto al de los norteamericanos. Y
en este caso, le tocó jugar ese papel al actual ministro del Interior de
Chile, el doctor José Miguel Inzulza. Este es, me parece, el hecho
fundamental, más allá del juicio político que merezca individualmente el
José Miguel Inzulza. Acá lo más importante es que, por primera vez, el
secretario general de la OEA sale porque EE.UU. debe allanarse a la decidida
y firme voluntad de los países suramericanos de poner su propio candidato.
Este es el dato fundamental que explica la enorme presión que ha metido
Condoleeza Rice, y la administración Bush, en la región con esta última
visita. No por casualidad, la inmediata consecuencia que tiene el viaje de
la scretaria del Departamento de Estado norteamericano a Brasil, a Ecuador y
a Chile es un calentamiento de las fricciones entre Brasil y Argentina.

Un hecho lamentable

Este último hecho es lamentable. Y lamentable es también que la prensa
comercial argentina no haya dado cabida a la preocupación que esto debería
generar en los argentinos. Un enfriamiento de las relaciones entre Brasil y
Argentina es una calamidad, es algo que nos perjudica a argentinos y
brasileños en lo más profundo, en nuestra posibilidad de futuro.
Acá no existe ninguna cuestión ni de hegemonía ni de quién es más taura,
como si se tratara de una disputa entre guapos y malandros. El tema es que
hay un país, Brasil, que por razones económicas, sociales, históricas,
políticas y hasta poblacionales, tiene una enorme capacidad de generar poder
y política internacionales. Ese país,  Brasil, tiene que estar en el Consejo
de Seguridad de las Naciones Unidas en representación de la región. Es
ridículo, es patético, el intento de la cancillería argentina de poner
alguna forma de representación rotativa. Eso no existe. Eso no es voluntad
de poder. Eso no es una política internacional seria, sólida, tendiente a
generar un gran bloque continental que tenga peso y poder en el mundo.
Afortunadamente ha primado la cordura de parte de Brasil. Han bajado los
decibeles de esta cuestión que algunos diarios, como Clarín, la presentó con
títulos de catástrofe como si estuviéramos a punto de invadir Florianópolis.
Y por otra parte, que esta miserable burguesía argentina, que se tragó, sin
mover un solo dedo, 25 años de neoliberalismo y que decidió que era más
rentable convertirse en importador que ser productor de mercancías, se
aguante un poco si la coyuntura económica favorece a Brasil.

Brasil, desde los inicios del Mercosur, soportó diez años de una balanza
comercial con Argentina completamente desfavorable. Que en algunos momentos
haya ciertas asimetrías y desigualdades es un problema que cualquier proceso
integrador tiene, debido a modificaciones en el mercado mundial, a la
diferencia de sus respectivos desarrollos y a cuestiones meramente
coyunturales.  No es posible determinar ninguna política de integración
continental sobre el miserable balance de fin de año de la burguesía
argentina. Primero que se hagan de abajo, que sean capaces de poner en pie,
invirtiendo y pagando buenos salarios a un país que ha sido destruido, entre
otras cosas, con la complicidad de ellos mismos.

Esto con respecto a la Argentina y Brasil, tema que me da una gran
indignación porque es muy grave y la prensa argentina solamente se hace eco
de sus avisadores. Se hace eco de los mezquinos y particulares intereses de
sus avisadores y no del conjunto del país, que se ve enormemente afectado
para un desarrollo futuro si se llega a interrumpir el proceso de unidad con
el Brasil.

Pero no solamente en esto ha tenido sus consecuencias la visita de
Condoleeza Rice. Como decía antes, la asunción de un chileno con voluntad de
no dejarse arrear con el rebenque por los norteamericanos es un paso enorme
hacia una política suramericana de mayor independencia. El bemol, la nota
desafinante que tiene la presencia de Inzulza es la respuesta
inevitablemente fría, indiferente en el mejor de los casos, u opositora de
Perú y Bolivia.

Las heridas de la Guerra del Pacífico

Chile tiene que resolver su conflicto con Perú y Bolivia, no puede hacerse
el desentendido. Los intereses en juego de la comunidad suramericana en su
conjunto son demasiado importantes para que un  mísero patriotismo
provinciano, de parroquia, de la clase dirigente chilena impida una solución
que el derecho internacional clama. El conflicto que hoy existe entre Chile,
por un lado, y Bolivia y Perú, por el otro, es una consecuencia de la Guerra
del Pacífico de fines del siglo XIX, en la que se disputó la zona del guano
o salitre en lo que hoy es el norte de Chile. Esta guerra determinó que
Bolivia perdiera su salida al mar, al Pacífico, y lo convirtiera en un país
mediterráneo sin salida a ninguno de los dos grandes océanos.
Esto es una espina clavada en el corazón del pueblo boliviano, es un dolor
diario en los bolivianos. No se puede ignorar lo que significa y lo que ha
significado para Bolivia el resultado de la guerra del Pacífico. La actitud
de hacerse el desentendido que ha tenido Chile sobre este tema, de
considerar que no existen conflictos y que, en última instancia, es un
problema bilateral entre Bolivia y Chile es cínica. Si Chile realmente
quiere jugar el papel que pretende en el marco de la OEA, en esta nueva
relación de fuerzas en este organismo donde la voluntad yanqui ya no puede
ser aplicada a rajatabla y sin resistencia, tiene que tomar seriamente la
voluntad, el deseo y el anhelo de los bolivianos que son parte inescindible
del continente americano. Chile pretende que sea Perú quien le dé a Bolivia
una salida al mar, cuando ha sido Chile quien ha ocupado un territorio que
era boliviano y que constituía su costa pacífica. La verdad que la actitud
de estos dos países ha sido hasta excesivamente prudente dada la
significación que el tema tiene en ambos pueblos andinos. Recordemos
solamente como ejemplo que el movimiento conocido como etnocacerismo toma su
nombre del Mariscal Andrés Avelino Cáceres, un héroe peruano de aquella
guerra que intentó resistir con guerrillas la invasión chilena. Es admirable
la actitud que estos dos países han asumido ante la elección de un chileno
en la OEA, pensando sobre todo en el conjunto y no en su particularidad como
estado o nación.

Creo que es una obligación de la Comunidad Suramericana de Naciones, en la
medida en que tenga voluntad de ser y existir, aportar a la solución de este
conflicto entre dos países que deberían estar mancomunados en el marco de
esta nueva unidad continental que estamos protagonizando.

El caso de Ecuador

Ecuador acaba de sufrir un golpe. El presidente constitucional de Ecuador ha
sido derrocado. Al parecer, y toda la prensa tanto argentina como
suramericana, lo presenta como un triunfo popular. Yo dudo mucho que así
sea. Creo que lo que ha ocurrido es que los sectores más vinculados al
sistema imperialista en Ecuador, con el apoyo de clases medias urbanas han
derrocado a un presidente que subió con el apoyo profundo del campesinado
ecuatoriano y que no cumplió con ninguna de las promesas que había hecho
durante la campaña. Pero que no ha sido derrocado por esto, sino porque no
era suficientemente proclive a realizar el programa de ajuste que las
organizaciones internacionales de crédito y esos sectores dominantes
ecuatorianos querían imponerle al país.

Ha sido derrocado no por sus defectos, sino por sus escasas virtudes. Es muy
sintomático el silencio cerrado que hubo, acerca del golpe, en los sectores
campesinos indígenas más profundos del Ecuador, que no han apoyado el golpe,
que se han mantenido al margen y  recién ahora empiezan a trascender en las
agencias de noticias, sus reclamos y sus deseos de que vuelva Lucio
Gutiérrez.

Este ha sido, por lo menos, un proceso de muchísima ambigüedad en su sentido
final. Lo que está en curso en Ecuador es, a mi entender, una restauración
de los mismos sectores conservadores y socialdemócratas ecuatorianos que
habían sido desplazados por los acontecimientos que llevaron a la
presidencia al coronel Lucio Gutiérrez. No está en discusión aquí que éste
haya cumplido o no haya cumplido sus promesas. Efectivamente, no cumplió sus
promesas, se alejó políticamente de los sectores campesinos con los que
había llegado a la presidencia. Pero también es necesario tener en cuenta la
siguiente situación que es muy peculiar del Ecuador.

En primer lugar es un país dolarizado, la moneda que circula oficialmente en
el Ecuador es el dólar norteamericano. En segundo lugar, Ecuador tiene dos,
repito, dos bases militares norteamericanas en su territorio. No es fácil
ponerle el cascabel al gato cuando se tienen las condiciones que acabo de
describir. De todas maneras esto no quita responsabilidad a Gutiérrez. Lo
que quiero dejar en claro en los oyentes es que no se dejen llevar por la
apariencia modernizante o progresista con que se pintan los sucesos
ecuatorianos, que miren con atención el Ecuador profundo que no está
expresado en este movimiento y que pongan atención a las voces del
campesinado que ya se empiezan a oír y que dicen "volvé Lucio, que eras
mejor que esto que ha venido".

La segunda consecuencia que tiene esto es que si la Comunidad Suramericana
de Naciones no interviene activamente en la solución del conflicto político
de Ecuador, buscando una debida y estructurada salida legítima a la crisis,
lo va a hacer EE.UU. No sé cuál es esa salida, pero hay que sentarse a
conversar, es un problema muy práctico y concreto, no existen fórmulas a
priori. Pero es claro que si no lo hacemos nosotros lo va a hacer EE.UU. y
entonces vamos a tener en el corazón de América del Sur un enclave colonial
yanqui.

De ahí la importancia que ha tenido la rapidez con que Lula, en nombre de la
Comunidad Suramericana de Naciones, salió, primero, a darle asilo a Lucio
Gutiérrez, y en segundo lugar a tomar contacto con otros gobiernos de la
región y con los sectores en pugna en el Ecuador para ver de qué manera se
le puede encontrar una solución que no sea la que venga a imponer después
Condoleeza Rice.

Toda esta repentina desestabilización que estamos atravesando responde al
hecho de que América del Sur ha comenzado a integrarse, a unificarse y a
presentar un frente único de diez países a los reclamos hegemónicos
norteamericanos. Simplemente puso resistencia, no hizo ningún acto ofensivo
o agresivo, simplemente puso la retranca. Esto bastó para que los EE.UU.
iniciaran una serie de procesos desestabilizadores. Acá hay servicios de
inteligencia y seguridad, espionaje, intereses económicos, agencias,
empresas y ongs que están trabajando en esto.

Por otra parte se encuentran con que Venezuela, lejos de debilitarse, se
fortalece. El gobierno del comandante Hugo Chávez está hoy más fuerte que
nunca y establece una relación madura y serena con el resto de los países
suramericanos. No es Venezuela, como pretenden y quieren hacer creer los
yanquis -y que todo el mundo se da cuenta que no es-, aquella Cuba de los
años 60 que sostenía o intentaba generar focos guerrilleros, la de la
reunión de la OLAS, con su reivindicación de la lucha armada y su
romanticismo revolucionario. Venezuela actúa como un integrante más y de
pleno derecho, y con la prudencia que corresponde, de la comunidad
suramericana. Establece sólidas relaciones políticas y comerciales con todos
ellos, ha consolidado una sólida y estrecha vinculación con el Brasil, de
cooperación en el terreno petrolero e industrial, y esto es lo que motiva la
preocupación de los EE.UU. que ve, contrariamente a lo que había pasado con
Cuba en los 60, que le resulta imposible aislar a Venezuela. Le resulta
imposible establecer un cerco de gobiernos títeres alrededor de Venezuela
para aislarlo. Y entre otras cosas no puede hacerlo, porque Venezuela, a
diferencia de Cuba, no es una isla. Aislar a Cuba, que es una isla, es una
tarea relativamente fácil.

Lo fueron a ver a Lula y Condoleeza Rice se fue con las  manos vacías, no se
llevó nada, nada de nada. Y esto no es algo que le haya ocurrido muy a
menudo a los EE.UU. Sobre todo con un país como Brasil, que no es Belice o
la isla de Grenada, sino que es un país territorialmente muy extenso, con
una importante producción industrial, un país exportador.  No le pudieron
sacar ni un guiño a Lula y a la cancillería brasileña tanto con respecto al
ALCA, como con respecto a Venezuela y a toda la política del cono sur.

Una cosa por la otra, entonces. Esta es la parte donde estamos mucho mejor
que antes, con el agregado, para tocar un país que no hemos mencionado, de
un Uruguay que, por primera vez en su historia desde que fuera creado por
designio de Lord Canning, se está lanzando con Tabaré Vázquez a una política
de integración suramericana. Uruguay, como quizás ningún otro país, ha
llegado a la conclusión de que su estructura como estado nación
independiente y aislado no tiene viabilidad histórica alguna y que la única
posibilidad de jugar en las  ligas mayores es integrándose al conjunto
continental.
Después está esa situación tan particular de Paraguay y Colombia.

Paraguay es un país muy difícil, es un país de una enorme altivez nacional.
Hay muchas razones para ello, entre otras la dramática guerra del Paraguay,
pero los sectores dirigentes de la política paraguaya todavía no han
encontrado un camino. El propio Paraguay, creo, por su situación tan
peculiar y una economía comercial muy vinculada al contrabando no ha logrado
encontrar una adecuada política internacional. También aquí es muy
importante que los países de la región, en conjunto con el Paraguay, busquen
un camino común, porque de lo contrario, repito,  la solución la impondrán
los yanquis.

Y por último está el problema de Colombia. Esta es una situación muy
difícil, no tanto, diría, por el tema de la guerrilla de  la FARC y el ELN,
que creo que es un tema políticamente manejable, sino por la cuestión del
narcotráfico. Esta cuestión, de carácter políticamente secundario, convierte
a Colombia en un tema estratégico para los EE.UU., habida cuenta que este
país es el principal mercado consumidor de cocaína del mundo. Su política de
perseguir a los productores extranjeros y tolerar el consumo interno es la
excusa perfecta para intervenir en los asuntos de ese país que tiene una
especial ventaja comparativa en la producción de esta nueva "comodity".

Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar



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