[R-P] Discurso de Pedro Godoy en la presentación de su "libro negro s/educación"

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Jue Mayo 5 09:56:06 MDT 2005


“LIBRO NEGRO DE NUESTRA EDUCACION”: CEREMONIA

Este martes 3 de mayo, en la Casa del Maestro de
Santiago de Chile, recinto del gremio magisterial, se
presentó la nueva obra del Prof. Pedro Godoy. El
evento lo aperturaron y clausuraron con cuecas y
marineras conjuntos folklóricos amateurs de Chile y
Perú. Con el Salón de Actos repleto de sindicalistas,
académicos, estudiantes hizo el comentario de rigor el
líder nacional de gremio Mario Aguilar Arévalo. Luego
el autor improvisó la siguiente alocución que la
periodista Silvia Aguilera rescata de su grabadora.


“Distinguido Mario,
destacados académicos,
queridos alumnos de la Universidad Arturo Prat y de la
Universidad Mayor,
integrantes del Conjunto Foklórico Peruano y del
Conjunto Fiesta Chilena,
amigas y amigos:

 

He aquí el texto que nos congrega. El escarlata de su
portada es fulgor de razón y de pasión… Razón y
pasión, hay que añadir también voluntad. Los tres
ingredientes a servicio del país concebido como
segmento de la Patria Común: Latinoamérica. Con
seguridad estas afirmaciones sin campana de palo para
aquellos “renovados” y “pragmáticos” que sepultando
principios y fines, por un plato de entejas, venden su
alma al “Gran Satán”. No estoy para simulaciones ni
acrobacias y en cuerpo y alma creo conservar el mismo
espíritu moceril de los años 60 y 70. Ayer brinde por
el trigésimo aniversario de la victoria de Vietnam
sobre EEUU y hoy me regocijo de cómo se extiende la
resistencia iraquí.

Extraño, extrañísimo comienzo de la presentación de
una obra de pedagogía, pero es que la alta política y
el quehacer de aula no son antagónicos, sino
complementarios. He dicho, señores, la alta política
no la política contingente hecha de chanchullos y
zancadillas, de promesas y virajes sospechosos.

Regreso a lo nuestro… Agradezco los agudos y amables
comentarios del relator Mario Aguilar. Pese a que, en
algunos instantes, me vapuleara merece mi respeto
porque demostró –de modo palmario- haber leído la
obra. Debo añadir que su gestión ha sido clave para
que dispongamos de este recinto y de la atmósfera de
pluralismo que nos envuelve.

Este es libro de combate y reflexión,  es analítico y
propositivo. Acepto que suele enfatizar la crítica y,
a veces, pareciera un catálogo de defectos de la
estructura escolar y de los vicios y omisiones de
quienes la administran. Desde luego no es perfecto y
está más cerca de la sangre que de la tinta.

Es producto de la observación de la realidad. No es
gárgara de estadísticas o refrito de bibliografía
forastera. No es un libro nacido de otros libros, sino
producto del manejo de datos empíricos. Aquí se
condensa una experiencia vivida y padecida en aula y
no en oficinas ministeriales. Es síntesis de las
desventuras, aventuras y venturas del muy noble oficio
de enseñar.

No contiene añejeces ni exotismos. Está en el hoy y en
el aquí. Lo anima el coraje y el conocimiento del
fenómeno educativo. En suma, es emoción y ciencia. Lo
emocional palpita en cuanto la dedico a mi maestro del
Campus Macul de la Universidad de Chile, el Prof.
Roberto Munizaga Aguirre. También a mi  condiscípulo
Carlos Ramos Ibáñez quien diera infructuosa lucha para
que los tres gobiernos de la Concertación
reincorporaran a los catedráticos que fuimos
destituidos por el régimen castrense. A ambos, ya
moradores de la República del Más Allá, -en esta
ceremonia- mi homenaje.

Este texto examina no sólo el  sistema escolar, en
general, sino –de modo específico- la básica, la media
y la superior. Quizás hay reiteraciones, pero no se
diluye el norte, es decir, el propósito  de reedificar
una escuela capaz de fundir en el aula al hijo del
taller y al hijo de palacio. Es el esfuerzo que, en
miniatura efectúa el Colegio Saint George y que
retrata la  notable película “Machuca”. Así el
magisterio efectuará un aporte a la atenuación de los
abismos que escinden a la chilenidad.

Más aun, acorde con lo enseñado por Arturo Jauretche,
se aspira a que los contenidos programáticos sean
criollos y no forasteros, es decir, que vigoricen la
identidad y no profundicen el descastamiento. Y en
estas dos esferas: lo social y lo nacional el Proyecto
MECE y la Reforma han fracasado. Fracaso rotundo y
despilfarro cuantioso. Y lo señalado lo verifican
certámenes como el SIMCE  y la PSU.

Peor aun, hoy se consolidan como algo normal,
segmentos del paisaje como la Cordillera o el
Pacífico, la existencia de planteles para “picantes”,
“mediopelo” y “palogruesos”. Así del aula brotan tres
repúblicas distintas, tres Chiles cuyos ciudadanos se
desconocen… Todo ello por efecto de un sistema escolar
clasistas reverenciado como lo conveniente por el
modelo neoliberal impuesto por el régimen militar y
perfeccionado por la “democracia”.

La disciplina escolar –y este es otro tema de mi obra-
ha sido vulnerada. Es el  afán de los “progres”
enquistados en el MINEDUC que apuntan a demoler “los
enclaves autoritarios”. Algo jamás visto en el país:
se multiplican los desacatos  a los educadores.
Maestros que son objeto de agresiones físicas y
verbales por alumnos y apoderados. De modo frecuente
las víctimas son las profesoras y me pregunto ¿en que
queda el feminismo beligerante de esos elegantes 
impulsores light de la modernidad y de la
postmodernidad si no las protegen ante esas
manifiestas cobardías? Mis amigos, esto es fruto de la
confusión entre democracia y anarquía que –tarde o
temprano- se pagará muy caro.

Me refiero también en este libro a dos nuevos tipos de
analfabetismo. Mientras la ignorancia abecedario
retrocede a un 5.2% y la Ley de Instrucción Primaria
Obligatoria festeja su 86º aniversario avanza el
denominado “analfabetismo funcional”… Millones de
chilenos leen, pero no entienden el contenido de lo
leído. El otro morbo es el “analfabetismo
tecnológico”. Es más antiguo, consubstancial al
sistema, pero hoy es más notorio. Se manifiesta en que
el aula enseña todo o de todo… hasta idioma chino
mandarín, pero no a trabajar.

Eso de proponer una “educación para el trabajo
productor” suena a raro hasta en los oídos de miles de
docentes para  los cuales toda su labor es de pizarra,
tiza y saliva. Ello  empalma con el desprecio atávico
por las manualidades y el rechazo actual por la
profesionalización temprana. También hunde su raíz en
la anacrónica separación entre teoría y práctica y en
la torpe prohibición de trabajo infantil y
adolescente. Estos temas aquí se discuten y con
argumentos. Argumentos extraídos no de experiencias
extranjeras, sino de la vida misma con sus rigores y
exigencias. Estamos, pues ante un texto iconoclasta
que choca con prejuicios ancestrales y contra otros de
factura reciente.

La nuestra es una guerra difícil, dificilísima, pero
el Centro de Estudios Chilenos CEDECH la libra pese a
las dificultades. En la brega nos iluminan figuras
emblemáticas como Simón Rodríguez… A renglón seguido
reflexiono: Simón Rodríguez ¡pero si ningún colega
conoce a ese gigante! Mis amigos, aquí para ser figura
emblemática –aunque no se lea- hay que exhibir
apellidos alemanes, franceses o sajones. Lo criollo es
ordinario y se descarta. En función de la tesis
pedagógica de ese notable venezolano proponemos una
escuela nacionalizadora y tecnologizadora.

El texto contiene reflexiones sobre la función
docente, investigativa y difusional de la Universidad.
No sin contrastar el mensaje luminoso y la obra
patriótica de otro venezolano, Andrés Bello, con la
gestión opaca y hasta turbia de rectores como Jaime
Lavados y  Luis Riveros. Estos más preocupados de
negocios esquivaron siempre la reincorporación de
quienes fuimos exonerados de las cátedras.

Queridos contertulios, imposible en esta velada
reseñar todos y cada uno de los temas analizados. Lo
cierto es que –como señalara un lector- el libro es un
informe de autopsia. Quien lo escribe, un médico
forense. El cadáver, el sistema escolar. Este recinto
una oficina de Servicio Médico Legal, o mejor dicho,
una morgue. No obstante, no habrá velatorio, sino
afanes milicianos por reconstruirlo.

Debemos, comunitariamente, aceptar como reto a la
imaginación pedagógica  proyectar con cabeza nacional
una genuina reforma. La actual ha fracasado porque es
“más de lo mismo” y producto de presiones del Banco
Mundial. Y si digo Banco Mundial digo imperialismo. Si
señores, “im-pe-ria-lis-mo” y no “globalización” como
los “progres” quieren que se diga.

Este libro que se entrega a vuestro juicio exhibe
portada de color rojo porque quiere ser capa de
torero. Sin embargo, para estoquear el toro y ganar
rabo y oreja se necesitan centenas de banderilleros
que maten al miura de la miopía borreguil, de la
mediocridad ministerial, de la vocación de calco…
Colosales tarea propongo, pero no podría refugiarme en
el cómodo silencio. Mi vocación socrática me acicatea
a formular críticas y propuestas, aunque sé que
siempre acecha el peligro de la cicuta.

En la carátula de esta obra que hoy entrego al
veredicto ciudadano figura Gabriela Mistral y no por
su condición de poetisa o Premio Nobel de Literatura,
sino porque es nuestra colega que explicita un
original discurrir pedagógico. Está en nuestra misma
barricada. No la aplaudimos por las Rondas Infantiles
ni por los Sonetos de la Muerte, sino porque propicia
una educación gratuita y no pagada, una educación
pública y no privatizada, una educación nacionalizante
y no cosmopolita, una educación tecnologizante y no 
palabrera. ¡Honor a su memoria!

No nos asustan obstáculos y trampas. Se sabe que el
lapso más obscuro de la noche es cuando está a punto
de amanecer. Entonces, simbólicamente, en ánforas
azules de cálida emoción, brindo por la aurora que
adviene”.
 

 



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