[R-P] 24 demarzo de 1976
Julio Fernández Baraibar
juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Jue Mar 24 11:18:28 MST 2005
Este artículo tiene un año. Fue escrito el pasado 24 de marzo.
Como casi ninguna de las consideraciones en el expuestas se ha modificado
creo oportuno enviarlo a la lista para conocimiento de aquellos que no lo
hayan leído.
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
24 de marzo de 1976
El golpe contra Isabel Perón y el pueblo argentino
Aunque el hecho no tenga una gran consideración oficial, hoy, 24 de marzo,
la Argentina recuerda el derrocamiento del gobierno popular y democrático,
de signo peronista, de Isabel Martínez de Perón, llevado a cabo por la
cúpula antinacional y entreguista de las Fuerzas Armadas, con el apoyo y la
complicidad - activa o pasiva - del conjunto de los partidos políticos
argentinos de izquierda y derecha, incluido amplios sectores del
justicialismo.
Una vez más la crápula militar, política e intelectual vinculada a la
oligarquía terrateniente y al capital extranjero derrocaba un gobierno
popular. Los mismos sectores sociales, los mismos partidos políticos, las
mismas tradiciones intelectuales y, en muchos casos, los mismos personajes
que habían bombardeado al pueblo indefenso en Plaza de Mayo, que habían
derrocado al gobierno del general Juan Domingo Perón en 1955, que habían
fusilado a los militares y civiles patriotas que al año siguiente se alzaron
para restaurar el orden constitucional y echar a los usurpadores, volteaban
otro gobierno peronista, elegido popularmente por el 67 % de los votos, y
que, en medio de enormes provocaciones, trataba de desarrollar el programa
por el que había sido electo.
El gobierno de Isabel - debilitado e infiltrado por sectores que intentaban
cambiar su rumbo - tuvo la enorme tarea de tratar de llenar el hueco que la
muerte del general Perón dejara en la política argentina y en el seno de su
propio movimiento. Desde el momento mismo de su fallecimiento, la cúpula
liberal de las FF.AA. comienza a conspirar contra su sucesora
constitucional. Todo tipo de aprietes y traiciones empiezan a
desarrollarse, desde fuera y desde dentro de su partido, para sacarla del
poder. El pueblo peronista y, fundamentalmente, los grandes sindicatos
industriales, habían logrado expulsar del seno del gobierno a la pústula
antipopular, reaccionaria y liberal del lopezrreguismo - que con el plan
Rodrigo intentó adelantarse a los designios de Martínez de Hoz - y la
presidente de la República acababa de nacionalizar las bocas de expendio de
combustibles, quitando a las empresas imperialistas la parte del león del
negocio petrolero. El movimiento nacional y popular de la Argentina
atravesaba, es cierto, horas de dificultad y zozobra. El lugar central y
articulador ejercido por el general Perón en los últimos treinta años no era
fácil de reemplazar. Pero en pocos meses habría elecciones generales y el
pueblo argentino tendría la oportunidad de reconstituir y fortalecer con su
voto estas debilidades.
La Unión Cívica Radical, con la retórica evanescente y las citas de
Almafuerte de Ricardo Balbín, había dado, unos días atrás, un ultimátum a la
presidente. También el prosopopéyico y engolado Oscar Alende, el mismo que
había sostenido con el énfasis habitual en él a Roberto Levingston - aquel
oscuro generalote de "inteligencia" que sucedió a Onganía -, había tenido su
turno para apostrofar al gobierno. Ellos, más Horacio Sueldo de la
democracia cristiana, Francisco Manrique, el ex bombardeador de Plaza de
Mayo, Fernando Nadra y Rubens Iscaro del partido comunista, los estólidos
hombres de negocios del frondizismo, los socialistas de Américo Ghioldi y
Luis Pan, aquel olvidado Héctor Sandler, heredero de Aramburu y hoy
"utilísimo y satelital" empresario televisivo, Raúl Alfonsín y el siempre
atribulado Ernesto Sábato, el diario La Nación y Clarín, Jacobo Timerman
desde La Opinión y Juan Carlos Coral y Nahuel Moreno desde la secta
trotkista llamada Partido Socialista de los Trabajadores - traducción
directa del Socialist Workers Party norteamericano - las conducciones de
Montoneros y del ERP, todos, con la excepción del Frente de Izquierda
Popular (FIP), el Partido Comunista Revolucionario (PCR) y el callado y no
consultado pueblo argentino, bregaban por voltear a la presidente.
Y el 24 de marzo de 1976 lo lograron. Y lo festejaron.
Así declaró al día siguiente el partido comunista:
"Ayer, 24 de Marzo, las F.F.A.A. depusieron a la presidenta María E.
Martínez, reemplazándola por una Junta Militar integrada por los comandantes
de las tres armas. No fue un suceso inesperado. La situación había llegado a
un límite extremo 'que agravia a la Nación y compromete su futuro', como
dice en uno de los comunicados de las F.F.A.A.".
No es necesario abrumar al lector con el texto completo de esta bienvenida
al general democrático Jorge Rafael Videla por parte del comunismo
argentino. Baste para terminar esta perfecta síntesis de su complicidad con
el golpe:
"El P.C. considera auspicioso que la Junta Militar haya desechado una
solución 'Pinochetista'. (.) Los imperialistas y fascistas sueñan con el
pinochetazo, con un baño de sangre".
El 24 de marzo de 1976 no fue tan sólo el resultado de una conspiración
militar liberal y entreguista. Fue un golpe cívico militar oligárquico e
imperialista, fomentado, apoyado y celebrado por toda la cipayería de
izquierda y derecha, que arrojó del poder, una vez más a un gobierno
nacional y popular.
Fueron esas fuerzas políticas y sociales que dieron origen al monstruo que
no vaciló en devorarse a sus propios socios y amigos.
Ocultarlo, deformarlo o negarlo sólo servirá a futuras contrarrevoluciones.
Buenos Aires, 24 de marzo de 2004
Julio Fernández Baraibar
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