[R-P] EL MORALISMO: .... spili 1955 PARTE 1
Fernando Lavayén
fflava en argentina.com
Mie Mar 16 08:34:46 MST 2005
EL MORALISMO: UTILIZACIÓN OLIGÁRQUICA
DE LA CLASE MEDIA
Jorge Enea Spilimbergo
Septiembre de 1955
Publicado como apéndice de Nacionalismo Oligárquico y nacionalismo
Revolucionario en 1956
PARTE 1
El contubernio oligárquico ha encontrado su tema: la moral. No hay político
"democrático" ni usufructuario en general del 16 de septiembre. Que no
presente al gobierno caído como a una banda de facinerosos que logró
mantenerse diez años en el poder, gracias a la ignorancia de los más y al
silencio impuesto sobre las minorías "ilustradas".
Si antes del pronunciamiento militar la campaña servía para Socavar las
bases del gobierno peronista, derrocado éste, las comisiones investigadoras
y la prensa se apresuran a publicar los escándalos para justificar la
dictadura y obtener el apoyo de la opinión pública.
Pero, quiénes han ejecutado el golpe de septiembre? El pueblo? No: la
oligarquía y cómo la oligarquía, la venal y corrupta oligarquía, se erige en
custodio de la austeridad republicana y en censora atrabiliaria de sus
enemigos, los gobiernos populares? Porque necesita aliados, un mínimo de
pueblo, en suma, para poder triunfar. Va a buscarlos a la clase media, cuya
debilidad y confusión explota, ocultando sus propios fines tras el canto de
sirena de dos otras consignas eficaces.
La "moral" es una de ellas; vale decir, la lucha contra la "corrupción" del
peronismo: gobierno y sindicatos. Que se trata de un pretexto destinado a
legitimar el alzamiento en armas contra un gobierno de mayoría popular, lo
dice quien lo esgrime: el grupo social más comprometido por sus fraudes,
peculados y entregas.
No obstante, el recurso obtiene resultados inmediatos e inflama el corazón
de ciertos sectores de la pequeño-burguesía: tienen éstos su lista de
agravios contra el movimiento de las masas, justos algunos, hijos de la
miopía o el resentimiento los más. La propaganda oligárquica moviliza este
sector social a modo de fuerza de choque, tras banderas especiosas como
"moralizar", "restaurar las libertades", etc.
El resultado está a la vista: conquistado el poder, luchan en el
conglomerado heterogéneo clases y sectores para copar la situación. Y, por
lógica inflexible, ella cae en manos de quienes laboraron para sí, mientras
se desplazan al llano las fuerzas que practicaron la enajenación como
conducta sistemática. Así, el nacionalismo católico desemboca en el plan
Prébisch; la democracia de Frondizi, en las ejecuciones de junio; la
pulcritud moral de unos y otros, en el gobierno controlado por los
agiotistas de la "década infame".
Resultado de estos errores, fue la presencia de grupos minoritarios, aunque
populares, en el pelotón septembrino. Explicar la ilusión acelera su
disipamiento, de todas maneras inevitable pues la experiencia que hoy se
vive vale más que cien sermones "democráticos" y administrativamente
"morales".
Por eso, nos hemos propuesto examinar, en primer término, a la clase social
que ha hecho profesión de pureza inmaculada cuando se trata de juzgar al
adversario. Veremos seguidamente la inconsistencia del moralismo como
cartabón político. Y, por último, las razones de su éxito momentáneo en las
filas de la clase media argentina.
1. -LA MORAL OLIGARQUICA VISTA POR DENTRO
El saqueo de las tierras públicas
Decía León Trotzky que cuando un pequeño-burgués habla de moral hay que
echar mano al bolsillo, porque la cartera está en peligro (1). Pero el
pequeño-burgués opera aquí -aunque no lo sepa- por cuenta ajena. La
oligarquía aparenta un código estricto para juzgar a sus adversarios"
llámense éstos Yrigoyen o Perón, Paz Estensoro o Vargas. Pero, qué hay de
ella?.
La nobleza antigua simbolizaba en escudos el origen de sus linajes. De
aplicarse el método a nuestra aristocracia terrateniente, junto a la vaca
consabida, habría que poner una ganzúa. La historia de las tierras públicas,
base de la fortuna y el poder oligárquicos, no es sólo una historia de
robos" sino de escándalos administrativos y complicidades gubernamentales.
Bajo Rivadavia y Rosas, bajo Mitre y los gobiernos que lo sucedieron, los
allegados al poder se abalanzaron sobre las tierras fiscales -las mejores y
más extensas-, sin pagar un centavo o abonando precios irrisorios (2).
(1) León Trotzky, "Su moral y la nuestra".
(2) Véase José Luis Torres, "La oligarquía maléfica".
Esas tierras se valorizaron varios miles de veces en un siglo por el cómodo
expediente de hacer trabajar a los demás. Nació así, de golpe, una
desmesurada fortuna en pocas manos, que por imperio económico gozaron
también del poder político.
La "década infame"
Qué uso hicieron esas "200 familias del gobierno así conquistado? Olvidemos
el "Régimen", que estigmatizó Yrigoyen. La "década infame" fue el reinado
del soborno y de la entrega.
La amenaza inglesa de suplantar carne argentina por la de sus dominios,
produjo el pánico en la oligarquía, que sacrificó sin vacilar intereses
nacionales a sus propios intereses de clase.
Vino así el tratado "Roca-Ruciman", por el que Inglaterra compró lo mismo,
pero pagó mucho menos, es decir, descargó sus crisis sobre nuestro pueblo.
Consecuencia del pacto fueron la ley de Banco Central, redactada en Londres
traducida y empeorada por Pinedo y Prébisch (3), que enajenó al capital
inglés nuestra soberanía financiera y crediticia; El Instituto
Movilizador -700 millones de antes, repartidos entre la oligarquía y los
bancos ingleses-; las Juntas Reguladoras, que "regularon" según la ley del
pez grande; la conversión de la deuda externa, pacto secreto con la casa
Bemberg que produjo pérdidas netas por miles de millones (sólo a la
provincia de Buenos Aires 500 millones.); la concesión de la CADE -8.000
millones regalados a SOFINA, que gastó 14 para "adquirir" el Concejo
Deliberante (4); la escandalosa evasión de impuestos sucesorios de la
familia Bemberg, que encontró cómplices en los tres poderes y la
administración; la Corporación de Transporte, ese despojo a colectiveros y
empresarios argentinos perpetrado en aras del monopolio inglés; los cien
millones de la cláusula oro del puerto de Rosario ( con que remató su medio
siglo una empresa extranjera que no puso un centavo de capital y fue la más
próspera del mundo; los convenios del petróleo, que redujeron a YPF a la
impotencia, confirmando a Manuel Ugarte cuando decía que en la Argentina el
proteccionismo regía para el capital extranjero.
(3) Otto Niemeyer, su real autor, era alto funcionario de la Vickers, trust
inglés de armamentos, al cual, como "premio" encargó Justo le construcción
del crucero "La Argentina". El ante-proyecto se conoció en Londres antes de
que tuviera de él noticia el gobierno argentino.
(4) Comenta Torres: "Hicieron volar con sobornos el Congreso de la Nación, y
también convirtieron en ruina moral los tribunales de justicia,
encontrándose los miembros de la Corte Suprema entre los primeros en
capitular ante la seria ofensiva".
A qué seguir? Por cada una de esas operaciones, el pueblo argentino perdía
más dinero y bienestar que cuanto pudieron sustraerle en diez años aquellos
jerarcas enriquecidos del peronismo.
Que quienes así obraban eran grandes señores incapaces de robar un céntimo?
(5) Que nos despojaban sin cobrar comisión a los ingleses ? Allá ellos con
su pobreza o riqueza. Lo que al pueblo le interesa es el resultado general
de una política, el influjo que ejerce sobre sus condiciones de existencia.
La "moral " oligárquica no reputa indigno que un hombre público sea abogado
de las empresas extranjeras, como lo fueron Ortiz, cuya candidatura proclamó
la Cámara de Comercio Británica; o Fresco, asalariado del ferrocarril
inglés; o aquel Guillermo Leguizamón, jefe virtual de la delegación
argentina a Londres (pacto Roca-Ruciman), presidente de media docena de
ferrocarriles y otras empresas británicas, lo que no le impidió
"representar" el interés argentino, decir que nuestra patria era la "joya
más preciada" de la Real Corona, y recibir el título de Lord por sus
beneméritos servicios.
Frente a esta formidable conjuración de bandoleros (muy de cuello duro, pero
bandoleros), qué insignificante aprendiz ese señor Jorge Antonio, sobre el
cual se cebó la algazara cipaya de los últimos meses.
(5) Era curiosa la probidad de estos caballeros. Al investigarse el
escándalo de la CADE, "pudo comprobarse con la declaración de Mauro
Herlitzka, que él, como dirigente principal del monopolio de la "ANSEC había
entregado dinero a tres presidentes argentinos: Justo, Alvear y Ortiz". (J.
L.. Torres, 00. cit., pág. 192).
Asesor de los ferrocarriles ingleses, Pinedo obtuvo por un simple peritaje
10 mil libras esterlinas oro; Culaciatti, otro "regiminoso", cobraba cientos
de miles por cada firma que estampaba en su carácter de abogado de la
empresa Puerto de Rosario.
Pero ya volveremos sobre el tema, que desasosiega a las vestales de
septiembre.
2.-- LA INCONSISTENCIA DEL MORALISMO
Nacionalización del robo
No hace mucho, un enemigo del peronismo ha tenido la franqueza de afirmar
que Perón "nacionalizó el robo". Esta fórmula, que no aspira a ser cortés,
encierra un panegírico.
El sistema que caducó el 3 de junio tenía sumido a nuestro pueblo al peor
vasallaje de su historia. Como resultado de improductivas servidumbres
extranjeras, el país pagaba anualmente a Gran Bretaña una suma que excedía
en muchos millones el valor de nuestra producción de carne. El cuarenta por
ciento de nuestras exportaciones se destinaba a pagar la deuda externa,
rescatada luego por Perón.
El peronismo -cuya política limitada y vacilante frente al capital
extranjero es harina de otro costal- redujo ese drenaje agotador. Hubo
enriquecimientos ilícitos; pero la "nacionalización del robo" no excluyó los
altos salarios, las conquistas sociales efectivas y el pleno empleo
resultante de la industrialización.
Aún admitiendo que los millones rescatados los hubiese acaparado en su
totalidad (!) una burocracia ladrona, esa burocracia puso fábricas
argentinas, dio trabajo a obreros argentinos, consumió productos argentinos,
reactivó el proceso económico. El dinero que se va en libras o en dólares,
llena de humo los cielos de Inglaterra y Estados Unidos; y todos sabemos lo
que eso significa para el país semicolonial condenado al atraso
agrícola-ganadero.
Por eso, mal puede la oligarquía acusar de corrupción al peronismo, cuando
ella ha practicado y practica la peor de las corrupciones: la que une al
peculado propio la entrega incondicional a la rapiña extranjera.
No piensan así los miembros de nuestra "aristocracia" de un modo u otro, en
estos doce últimos años, ellos han vivido "la tragedia del importador de
autos".
La tragedia del importador de autos
El importador de automóviles -uno de los engranajes comerciales del sistema
oligárquico-- desea, naturalmente, que cuanto dólar obtenga el país se
destine a la adquisición de su mercancía para cobrar sobre ella el riguroso
treinta por ciento de su ganancia "honorable". No cabe duda que este deseo
es perfectamente "moral", aunque signifique anteponer un interés egoísta, de
clase, a los intereses generales del pueblo. El honrado importador monta en
furia cuando aparece un gobierno que restringe la compra de autos en el
exterior para ahorrar divisas destinadas a la industria. Su indignación
llega al paroxismo si se entera que "su" ganancia, su robo legal logrado en
una intermediación estéril Pasa ahora a un adicto al gobierno que se
enriquece con el negocio de las órdenes. Y ya no puede más al saber que
"sus" coches, sus queridísimos coches, norteamericanos, serán producidos en
la Argentina, dando trabajo a obreros argentinos y ahorrando divisas en un
renglón importante de la producción.
Pero el importador no se desanima: busca el lado flaco y lo encuentra. El
país utilizó mejor sus dólares. Se ha creado una industria de fundamental
importancia. No obstante, he aquí que tales y cuales burócratas se han
beneficiado personalmente con esa política. Como Harpagón, nuestro tendero
de automóviles exclama: 'Au voleur, au voleur!", cuando en realidad piensa:
"Mi dinero, mi dinero (y después, justicia)". Y así, consumido de
indignación, sale a la calle en busca de salvadores, financia diarios... y
otras cosas, para destruir ese engendro moral que se llama burócrata de los
automóviles.
Ni tanto ni tan rápido! No es la moral lo que preocupa a ese hijo de la
década infame. Tras el pretexto bulle la enconada oposición a una política
nacional que lo deja fuera de juego. Como en política es inatacable (aunque
susceptible de sustanciales mejoras), procura descalificarla sin polémica
apuntando a su deformación burocrática.
La corrupción es inherente al sistema capitalista
Hemos visto que la oligarquía utiliza el peculado que acompaña a una
política intrínsecamente justa, para filtrar sus propios objetivos, que ni
son los del pueblo, ni están libres de pesada responsabilidad histórica.
De este modo, conceptos claros se tergiversan, y no Sorprenda que,
confundidos los términos, como remedio de males nos propongan aceptar otros
peores.
A qué obedece la moderna corrupción burocrática ? Al fraude de los hombres o
a la naturaleza de las instituciones? Sin responder con verdad a esta
pregunta, mal puede aspirarse a una limpieza a fondo de tantos aprovechados
y vividores como hoy pululan en la administración y en los gobiernos.
Quien se tome el trabajo de estudiar los vínculos entre los trusts y el
poder político en los países imperialistas, encontrará que en ellos el
Estado es sucursal de un puñado de monopolios. Jefes de estas gigantescas
empresas ocupan puestos claves en la administración y el gobierno.
Inversamente, los hombres públicos que "han cumplido" obtienen, al
retirarse, alguna gerencia que les asegura la vejez. Para decirlo en pocas
palabras, las burguesías yanqui-europeas, maduras y rapaces, gravitan
decisivamente sobre sus Estados, y convierten la política en cárcel de
obreros y flagelo de colonias. La burguesía, en aquellos países, crea el
Estado, organizándolo a su imagen y semejanza (6).
A su vez, las naciones oprimidas, para romper o aligerar el yugo que las
asfixia, necesitan concentrar al máximo sus energías políticas, económicas y
culturales. Carecen de clases nacionales diferenciadas y maduras, y la
presión imperialista obra como poderoso disociador. Esto es particularmente
cierto en lo que se refiere a las burguesías nativas. En nuestros países
existe una política nacional -reacción ante el insoportable vasallaje- antes
de que aparezca una burguesía nacional madura. Pero mientras esa política no
cuestione la estructura capitalista que, aunque atrasada, predomina en las
semicolonias, tendrá un inevitable contenido burgués. De ahí que el Estado
nacional, falto de una burguesía sobre la cual sustentarse, se vea en la
necesidad de crearla por el doble método del proteccionismo y el
aburguesamiento de la burocracia.
Este proceso, en cuanto tiene de corrupción, no es específico. La corrupción
es el rasgo típico de todo Estado burgués, por cuanto la sociedad
capitalista, basada en la competencia, impele al enriquecimiento privado, no
a la solidaridad social. Lo que varía es la forma. En Estados Unidos la
corrupción se manifiesta como influjo decisivo de los trusts sobre el
gobierno, mediante sobornos, infiltración de adictos y "acomodo" de
funcionarios en la industria privada. En las semicolonias el proceso es
inverso: el Estado, buscando un apoyo burgués que no existe o es
insuficiente, coloca a sus elementos en la jerarquía de la nueva clase de
patrones industriales.
(6) Puede consultarse a Selden ("Los amos de la prensa" y "Mil
Norteamericanos"), y a Daniel Guerin: "¿Adónde va el pueblo
norteamericano?". Para el aspecto teórico: Lenin, "El Imperialismo, etapa
superior del capitalismo" y "El Estado y la revolución".
" Por censurable que resulte el "sistema" de Jorge Antonio, el capitalismo
burocrático es inherente a toda revolución burguesa en un país atrasado.
Lejos de atenerse a una pasividad descriptiva, corresponde luchar por formas
superiores, proletarias, de organización social. En último análisis, la
verdadera lucha contra la corrupción pública, se liga ala conquista de un
exhaustivo control popular sobre el Estado, la economía y la cultura.
Pero cuando los agentes del gran capital vienen a moralizar contra la
administración peronista como pretexto para desprestigiar la bandera
nacional y empujarnos nuevamente a la dictadura del dólar o la libra, hay
que responderles: "Señores, el pueblo mismo se encargará de barrer con las
deformaciones burocráticas; de cruzar los límites, burgueses de la
revolución nacional. Pero mientras se elabora una conciencia colectiva a ese
respecto (y por que así ocurra somos nosotros los que luchamos, no ustedes),
preferimos que nos piquen las pulgas antes de que nos devoren los tigres
disimulados de corderos".
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