[R-P] Sobre el pedido de salario mínimo de la CGT
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Mar 16 08:27:46 MST 2005
La contribución que, desde una óptica "burguesa" y conservadora se
exige hoy de los trabajadores, para poder reconstruir el país, se
resume así: "Sabemos que nosotros disfrutamos del carnaval post-
procesista y ustedes cargaron con todos los costos. Pero así son las
cosas, muchachos. Ahora estamos dispuestos a cinchar por el país,
pero ustedes tienen que ayudarnos. La Argentina está muy mal.
Entonces, una de dos, o aceptan un larguísimo período de desocupación
masiva y prolongada, o un larguísimo período de empleo en negro.
Salarios bajos, estructura de ingresos concentrada, alta
siniestralidad en las empresas, saqueo previsional privatista, etc.,
han llegado para quedarse; y los buenos sistemas de salud pública y
educación no son prioritarios, hasta que no se acumule suficiente
capital".
A todo esto habría que responder con la simple observación de Blas
Alari: "¿Y cuándo vamos a discutir los salarios de los
empresarios?", agregando además, que para el economista burgués
tampoco parecen estar en discusión los mecanismos de succión
rentística y parasitaria (altísimas tasas de interés real -Cavallo
eliminó la figura de la "usura"-, liberación impositiva de las
transacciones financieras, extranjerización de la renta minera,
petrolera, etc.)
Estas dos cuestiones son _previas_ a todo planteo sobre el nivel de
salarios. Contra lo que afirma el economista burgués, lo que
realmente necesita el capitalismo argentino es un sostenido y
cuidadoso, pero definitivo, desplazamiento _hacia_ el consumo de
masas, empezando por el mercado interno. Esto implica, aún desde el
punto de vista del empresariado, incrementar la porción de torta que
se llevan los trabajadores.
No se trata, claro, de decir "Ah, en el Presupuesto Nacional está
sobrando plata, repartámosla mejor". Este distribucionismo, que
subyace a algunas propuestas económicas que andan dragoneando de
"progresistas" por allí, olvida que el problema fundamental de la
economía capitalista es la producción y acumulación de capital, no su
redistribución. Expresa, en realidad, la visión de las cosas de la
pequeña burguesía. Se agotan en su propia circularidad.
De lo que sí se trata, en cambio, es de impulsar a la burguesía
argentina hacia el orbe _estrictamente burgués_ y de extraerla del
círculo de consumo suntuario de raíz oligárquica y funcionalidad
imperialista. No nos parece sostenible la argumentación de que
ahora, cuando no hay "excedentes de posguerra", la reconstrucción de
la economía -capitalista- argentina exige repetir los horrores de la
acumulación originaria.
Por empezar, no todas las economías capitalistas modernas sufrieron
el _mismo_ proceso de acumulación originaria. Los horrores
descriptos por Marx para la Inglaterra de la Revolución Industrial no
necesitan repetirse. Valgan dos ejemplos entre varios: en los
EE.UU. la rápida acumulación de capital (y la temprana maquinización)
fueron _consecuencia_ de los altos salarios y la existencia de
tierras libres en la frontera Oeste, que los garantizaba; en
Alemania, Bismarck desata el desarrollo capitalista en el marco de un
acuerdo social que otorga extraordinarios beneficios a los
trabajadores (pero al mismo tiempo generaba el mercado interno para
los burgueses). O sea: no fue solamente (y ni siquiera, en muchos
casos, básicamente) la superexplotación de los trabajadores el origen
de la acumulación del capital. Hubo otras fuentes, de las cuales
pueden mencionarse tres.
Ante todo, (la mencionamos solo para dejar constancia de que existió,
no porque ahora podamos echar mano a ese recurso) el saqueo de
América, que bañó en oro a la burguesía de Europa y la colocó en
condiciones de inexorable superioridad sobre Asia y África.
Pero allí solamente empieza el asunto: otras fuentes de riqueza se
transformaron en capital, y el proceso mismo de producción del
capital adquirió formas que revelaban una contribución concreta del
burgués al interés general. No necesitaremos razonar en términos
marxistas estrictos. Nos alcanzará con la historia económica
burguesa en su más pura expresión. Y, nuevamente, nos concentraremos
en aquellos mecanismos que nos interesan más en la actual
circunstancia argentina.
Ante todo tenemos que tomar en cuenta la captura -y, de hecho,
transformación en capital- de la riqueza acumulada -y esterilizada-
por las clases sociales en decadencia (los señoríos territoriales y
tierras eclesiásticas: suele olvidarse la importancia primordial de
la secularización en la aparición de una burguesía nacional en los
países protestantes). Fue esta captura la que permitió luego lanzar
el proceso de hiperexplotación de los asalariados, y no al revés.
Fue esta captura la que permitió al orden burgués presentarse ante el
mundo como representante de la comunidad nacional, del "pueblo", y no
de los mercaderes explotadores. Fue esta captura, en suma, la que
permitió lanzar el capitalismo moderno.
No estamos proponiendo capturar las propiedades eclesiásticas[1]. El
equivalente local de _esta fuente de acumulación_, en cambio, son las
empresas imperialistas y la gran propiedad agraria. La
secularización de las tierras de la Iglesia hizo imposible el retorno
al antiguo régimen en Europa del Norte (en particular en Inglaterra),
y en nuestros tiempos, la secularización -nacionalización- de la
propiedad imperialista en los puntos nodales de la economía es
condición _necesaria_ (aunque en modo alguno suficiente) para
capturar vastas fuentes de riqueza que hoy nos drenan
sistemáticamente.
La tercera fuente es dinámica, y está vinculada a la conducta de la
clase que se apropia del excedente social. Volviendo a la
observación de Blas Alari, también resulta imperioso _desconfiar
profundamente_ del empresariado argentino, en el sentido de que no
está traspasado, precisamente, de "ética protestante". No es
precisamente una fortísima propensión a invertir lo que se ve en las
clases dominantes argentinas tal como las constituyó la historia del
país a partir de la segunda mitad del siglo XIX. Más bien todo lo
contrario.
Pero si pensamos en la acumulación primitiva, es obvio que el despojo
de los trabajadores solo tiene un sentido histórico positivo si, en
las condiciones de autodeterminación implícitas en la secularización
o nacionalización de la propiedad oligárquica e imperialista, se lo
utiliza con fines esencialmente productivos. En la Argentina de hoy
se trata, por lo tanto (si se sostiene la imposibilidad, al menos
momentánea, de una vía no burguesa), de que el movimiento nacional, a
través del Estado, controle y oriente con la máxima firmeza el patrón
de inversiones y consumo de la burguesía misma. Como mínimo, de lo
que se trata es de encontrar el mecanismo (necesariamente coercitivo,
y la burguesía argentina no debería quejarse, si pensara en los
métodos con que fueron 'instruidas' sus colegas europeas) que
suplante la famosa "ética protestante" de Europa del Norte o la no
menos famosa "tacañería" de la burguesía francesa o catalana.
Es que si nos planteamos que por ahora no hay "salida socialista",
que ésta es la "hora de la burguesía", tenemos que entender esto en
un sentido históricamente profundo, no en un sentido banal. Se trata
de "la hora de la burguesía", pero _considerada en el devenir general
de la humanidad_, de la "burguesía al servicio de la función que
tiene en la historia natural de la sociedad". No es, ni puede ser,
la hora de la "burguesía tal cual es", puesto que en la Argentina "la
burguesía tal cual es" no está en condiciones de imaginar siquiera un
proyecto serio de país. En realidad, _construir_ una burguesía
nacional implica, en primer lugar, _reeducar_ al empresariado
realmente existente.
O sea: (a) hay que terminar con las formas rentísticas de propiedad,
y en particular con aquellas formas que impliquen drenaje sistemático
de riqueza al exterior, (b) hay que forzar a la burguesía a invertir
productivamente la mayor parte de sus ingresos, y recién entonces se
podría empezar a discutir (c) cuál es la porción de la torta que
dejarán de comer los trabajadores para colaborar en la acumulación
(ajena) de capital.
Un movimiento nacional cuyo sostén básico son los trabajadores y el
pobrerío no puede resistir mucho tiempo, sin resquebrajarse y
desaparecer, la contradicción entre (a) las necesidades históricas de
su base social y del país en su conjunto y (b) las limitaciones
insalvables de una vía mezquina y claudicante.
El reclamo de la CGT es una expresión inicial, primaria y humilde,
pero inequívoca, de este enfrentamiento que no podrá demorarse
eternamente. Y, de eso estoy seguro, mujeres y hombres de la
Izquierda Nacional sabremos perfectamente de qué lado nos vamos a
encontrar.
N O T A
[1] Aunque alguna vez habrá que discutir el papel que suelen tener
en la circulación de capital inmueble en nuestras grandes ciudades y
la influencia que ejercen en el deforme proceso de crecimiento urbano
que las caracteriza
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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