[R-P] Abrir el juego ,por Gabriel Fernandez
silvio ansaldi
silvioansaldi en yahoo.com.ar
Dom Mar 13 14:25:04 MST 2005
Cuando la razón de Estado obstaculiza la recreación de
un Proyecto Nacional
La necesidad de abrir el juego
por Gabriel Fernández
Una suerte de discusión deportiva se ha instalado en
amplios sectores de la sociedad argentina, incluídas
vastas fajas de la militancia popular: estar a favor o
en contra del gobierno nacional. Decimos deportiva
puesto que parece instalada sobre percepciones en
lugar de resultar precedida por análisis y debates
precisos acerca del caracter del período en curso.
En modo alguno puede responsabilizarse al conjunto de
la población por este dilema, pero bueno es acotar que
las organizaciones populares que se consideran
nacionales, latinoamericanas, revolucionarias, tienen
la prerrogativa, aunque también la obligación de
ofrecer las preguntas adecuadas para que el conjunto
pueda elaborar las respuestas.
Resulta transparente, más allá de la ostensible
perorata conservadora, que las condenas presidenciales
para la empresa petrolera Shell, por un lado, y para
el Fondo Monetario Internacional, por otro, resultan
positivas para los intereses del pueblo argentino,
especialmente porque inciden en el clima social y
redefinen la agenda de debates, habitualmente
orientada por medios nítidamente reaccionarios y
antinacionales.
Ambas precisiones, como tantas otras vertidas desde su
asunción por el Presidente Néstor Kirchner denotan que
el proceso abierto en las jornadas de diciembre del
2001 pervive y que su contenido es progresivo. Es
preciso indicar, entonces, que no está en discusión la
adhesión a tales consideraciones. Lo que nos interesa
señalar es que los respaldos no deberían dejar de lado
el estudio profundo de la situación de las empresas
privatizadas, por un lado, y del megacanje de la
deuda, por el otro. Entre varios aspectos decisivos
del tramo vigente.
Estas faltantes en la elaboración política popular,
que se originan en el vicio orgánico de caracterizar a
todos los temas como razones de Estado --cuando hay
"razón de Estado" el dirigente político puede mentir
en lo particular para amparar un sendero general
transformador-- sin comprender que se trata de
cuestiones estratégicas para el Pueblo y la Nación, lo
cual es distinto.
Si estamos ante problemas determinantes del futuro de
los argentinos, pues entre ambos nuclean asuntos tales
como la soberanía, la propiedad de los recursos
naturales, los ingresos populares y el modo de
inserción argentina en la Unión Sudamericana, es
preciso sacarlos a luz para que el pueblo pueda
resolver en base a su inteligencia colectiva. Los
grandes empresarios y los organismos financieros ya
conocen el detalle de estos asuntos; al no
considerarlos a fondo de cara a la comunidad, se priva
a los trabajadores de información trascendente.
Ningún análisis certero efectuado por corrientes
genuinamente populares podría derivar en una acción
desestabilizadora o en el rechazo de aquellos atinados
asertos presidenciales. Pero si permitiría echar luz
acerca de las características centrales de una
administración que, si bien está montada sagazmente
sobre una ola democrático popular originada en
intensas luchas, puede defeccionar al carecer de
control social debido a vinculaciones con quienes
cuestiona y al poder de presión de los que
concentraron la economía en las décadas recientes.
En ese sentido, nos parece sumamente perjudicial que
desde las vertientes kirchneristas transversales, de
centroizquierda o de izquierda --no nos importa
debatir sobre la denominación-- esté surgiendo
enfáticamente una tendencia a la aprobación y
justificación absoluta de todo lo actuado
oficialmente, relegando al rol de "opositores" o lo
que es peor, de "desestabilizadores" a quienes
pretenden apoyar el proceso en marcha volcando datos
precisos, análisis y polémicas sobre el presente.
Si la búsqueda de un camino nacional y popular
profundamente transformador con derivación
latinoamericana es genuino, quienes se alinean
verbalmente con esa opción deberían intentar un
aglutinamiento masivo, de caracter movimientista y
abierto, en lugar de fomentar un sectarismo
neokirchnerista expulsivo, en el cual todos los
militantes populares que desean presentar algún aporte
se sienten incómodos y permanentemente sospechados de
cooperar con fuerzas oscuras.
Este proceder compulsivo permite inferir que los
contenidos político económicos de las grandes frases
oficiales son algo que debe ser ocultado por esas
vertientes. Si efectivamente se registra una acción
gubernativa popular en el área de los hidrocarburos en
particular y de las privatizadas en general, y si
efectivamente el megacanje resulta una solución
parcial atinada para el problema de la deuda ¿porqué
tanta preocupación de los dirigentes, militantes y
medios oficialistas para colocar la consigna por
encima de los logros profundos?
Es claro que el rol de las corrientes populares
auténticas debería ser el de brindar la información
necesaria para que un pueblo que manifiesta simpatía
por el presidente de la Nación tenga elementos para
movilizarse masivamente en sostén de una política que
lo beneficia. A menos que esa política no lo beneficie
y que detrás de las banderas que nos indican que la
Shell nos roba y que la negociación sobre los bonos
fue realizada con sentido patriotico resulten apenas
paños sin sentido que contravienen el camino marcado
borrosamente por nuestra gente en el lustro más
reciente.
A grandes trazos, podemos señalar que este gobierno
resulta genuinamente progresivo si apuntala el
crecimiento argentino, la mejora en los ingresos
sociales, la generación de rubros productivos
adecuados a nuestro potencial, la recuperación de la
soberanía y el hilván con los países latinoamericanos
que marchan hacia la construcción de un polo
subcontinental ensamblado por intereses comunes. Es
decir, si cumple, aunque sea precariamente, con las
tareas nacionales y populares imprescindibles para
revertir el proceso antinacional, antiproductivo y
aislacionista con respecto a América latina generado a
partir de 1976.
Pensamos que ahí debería estar enfocado, con datos
concretos, el debate de las corrientes populares. A
tal punto, que esa discusión merecería, a través de un
acuerdo de toda la militancia y sus dirigentes, una
vasta difusión nacional para involucrar al conjunto de
la sociedad en la misma. De resultar progresivas las
acciones oficiales, el presidente Kirchner nada
debería temer: el pueblo argentino ha demostrado a lo
largo de su historia una interesante capacidad de
discernimiento para respaldar --aún con errores-- al
polo más dinámico de la realidad política nacional.
Nos preguntamos: ¿es posible marcar diferencias de
fondo entre Shell y Repsol por su acción comercial?
¿qué análisis nos merece la extracción de petróleo
argentino y la remisión de beneficios al exterior en
ambos casos? ¿cuál es la derivación a mediano plazo
del megacanje? ¿la acción gubernamental implica un
reconocimiento del conjunto de la deuda externa? Y
también nos preguntamos ¿es posible hoy enfrentar a
las petroleras privadas? ¿existe una correlación de
fuerzas adecuada para esa batalla? y en la misma
dirección ¿es viable desconocer la deuda y ratificar
la moratoria? ¿en qué damnifica y en qué beneficia al
país una decisión de esa naturaleza?
Como se verá, si las primeras formulaciones pueden
perjudicar aspectos de la comunicación oficial, las
restantes pueden favorecer la comprensión de la misma.
Es decir, la apertura de una discusión al respecto
--si el gobierno está trabajando para desplegar
aquellas tareas nacional populares básicas que
mencionamos-- permitiría articular una acción
colectiva para el apuntalamiento de las medidas
positivas y un control adecuado para prever las
dificultades ocasionadas por el caracter incompleto de
las mismas.
Pero al desconocer el contenido profundo --atención:
decimos el contenido profundo y no las intenciones,
pues no es ésta una postura idealista-- se puede
suponer que las autoridades nacionales han optado por
Repsol y también por los acreedores internacionales,
en desmedro del pueblo argentino. Lo cual llevaría a
un grave desfasaje, no ya entre el discurso y el
accionar oficial, sino fundamentalmente entre el
sentido histórico de las transformaciones planteadas
por los trabajadores y sus adyacencias y la
orientación misma de la gestión Kirchner.
Una contradicción de esa naturaleza originaría una
situación económica, política y social de gran
complejidad. Pues el estentóreo discurso presidencial,
evaluado socialmente como progresivo, combinado con
una desilución de las grandes masas al percibir que su
situación cotidiana se estanca o empeora, abriría
camino a la demagogia oligárquica que no trepida en
culpar de la miseria y el atraso al "populismo" y a la
"izquierda". Vale destacar que, según los datos
conocidos recientemente, la brecha entre humildes y
poderosos se amplió durante el 2004, sin que se
registraran evaluaciones oficiales destinadas a
promover un cambio en el sentido de la distribución
interna.
Cabe un apunte exógeno: si por un lado el desarrollo
de la era de la continentalización marca una
tendencia, por otro, y en sentido semejante, la
tracción hacia una amalgama sudamericana condiciona
favorablemente al gobierno argentino. Sin embargo,
bueno es indicar que en el seno mismo de los gobiernos
latinoamericanos más inclinados a esa unidad, no hay
consenso sobre el rumbo de nuestro país y no son pocos
los funcionarios que, sotto voce, indican que la
Argentina, como Chile, puede constituírse en un
obstáculo a la integración.
Es probable que se trate de un desajuste temporal;
preferimos optar por esa estimación. No importa ser
lerdos si el camino es seguro. Y resulta entonces
posible creer que el rumbo de Enarsa, más tarde que
temprano pero al fin y al cabo, resultará confluyente
con el de Petrobras y Pdvsa. El lector ha de
comprender entonces porqué insistimos en la necesidad
de abrir el juego hacia el intercambio crítico: tal
como estamos hoy, debemos forzar la voluntad para
interpretar que la actual administración se encamina
en esa dirección. Sería bueno contar con datos
certeros para creerlo firmemente.
GF/
12 de marzo de 2005
La Señal Medios / Revista Question Latinoamérica
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