[R-P] La caída
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Mar 11 19:19:31 MST 2005
El festival de cine de Mar del Plata se abrió con la película "La
Caída", de Oliver Hirschbiegel.
No la he visto, y no creo que pueda verla. Pero sí leí la crítica de
Diego Lerer, periodista especializado de _Clarín_.
Allí, Lerer explica que el filme describe los últimos días de Hitler
y su entorno, plegándose fielmente al diario de la entonces
secretaria del Führer.
La película transcurre básicamente en el búnker donde los altos
dirigentes del nacionalsocialismo esperaban la llegada de las tropas
rusas (es decir predeciblemente más sanguinarias que las de
Occidente, y este paréntesis -como se verá- no es gratuito).
Hitler, según dice Lerer, se beneficia aquí de una pintura
"decididamente amable y hasta cándida": es "un militar indoblegable,
un guerrrero orgulloso incapaz de rendirse, un soldado solitario e
incomprendido por una serie de colaboradores que (a excepción de
Goebbels y su temible esposa) sólo quieren salvar sus propios
pellejos", y además un hombre "amable y comprensivo con su
secretaria, su cocinera y su perrita Blondi". Todo esto, según el
crítico, puede llevar a que un espectador desprevenido "salga del
cine admirando a estos siniestros personajes y sus prédicas contra la
rendición y a favor del sacrificio y de la eterna gloria militar del
que jamás se doblega."
Por lo tanto, a Lerer no le gusta la película. Porque aparentemente
ensalza a Hitler.
Pero cabe otra explicación, muchísimo más estremecedora y muchísimo
más realista, que Lerer no llega a vislumbrar pese a que da la clave
al final de su nota: "Hirschbiegel mira a Hitler con la misma
inocencia que el personaje de la secretaria, que sólo mucho después
se enteraría de los horrores cometidos por su admirado patrón".
En realidad, lo que "La Caída" mostraría, entonces, no es un retrato
de Hitler, como cree Hirschbiegel. Es más bien un retrato de la
sociedad austro-alemana de esos tiempos, por lo menos de la pequeño
burguesía que apoyó de corazón a Hitler y que constituyó su base
fundamental de acción política. Y por lo tanto de todas esas masas
de gentes pequeñas del Primer Mundo que suelen admirar a sus líderes,
"con sus prédicas contra la rendición y a favor del sacrificio y de
la eterna gloria militar del que jamás se doblega".
Varios presidentes norteamericanos, por ejemplo, entran en este rol.
Cuando se haga un verdadero juicio de Nüremberg, que ponga en el
banquillo de los acusados a todos los criminales de guerra
engendrados por el sistema imperialista, Adolfo Hitler se encontrará
en muy numerosa compañía. Y seguramente en esos tiempos futuros será
muy interesante hacer películas a partir de los diarios de sus
respectivas secretarias.
Quizás el problema esté en que la explicación de la "locura nazi" es
demasiado reconfortante. Bienvenidos todos los testimonios de este
tipo. Cuando el mundo ya se encamina decididamente a la instauración
de un Nuevo Orden, no es malo que haya alguien que nos recuerde que
Hitler fue menos actor histórico que producto de una coyuntura, líder
que emergente, loco asocial que cuerdo socialmente respetable.
Que la Segunda Guerra Mundial no se explica por la locura de algunos
líderes criminales sino por la criminalidad de un sistema, el sistema
mundial imperialista, que sigue vivito y coleando, más agresivo y
poderoso que nunca.
Y, además, heredero sublime de todo el legado de Hitler. Al fin de
cuentas, miles de nazis reciclados festejaron la caída de la URSS que
marcó el fin de la Guerra Fría: se veían reivindicados y en cierto
modo perverso no les faltaba razón.
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de
Buenos Aires, 1822
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