[R-P] Armando Hart: un balance del stalinismo

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Vie Mar 11 06:51:21 MST 2005


Gentileza de Walter Lipmann, quien recibió el original de Celia Hart.

José Stalin 
por Armando Hart

4 de enero 2005

Estas reflexiones constituyen un homenaje a todos los revolucionarios 
sin excepción que sufrieron el gran drama histórico de ver frustradas 
las ideas socialistas de octubre de 1917.  Lo hacemos con admiración 
y respeto hacia el pueblo ruso que supo llevar a cabo la primera 
revolución socialista de la historia y derrotar al fascismo décadas 
más tarde bajo la dirección de Stalin.  Ese mismo pueblo ruso que 130 
años antes derrotó también la ofensiva militar de Napoleón Bonaparte. 
  Tengo como fundamento la experiencia de cerca de 50 años de brega a 
favor de las ideas socialistas en la hermosa trinchera de la 
Revolución cubana, fidelista y martiana, es decir, la primera 
revolución de orientación marxista que ha triunfado en lo que se ha 
llamado occidente.   Precisamente, en el primer punto de la crítica a 
Feuerbach, Marx y Engels le reprochan que no tiene en cuenta el 
factor subjetivo.  Dicen:

"El defecto fundamental de todo el materialismo anterior-incluido el 
de Feuerbach-es que sólo concibe las cosas, la realidad, la 
sensoriedad, bajo la forma de objeto o de contemplación, pero no como 
actividad sensorial humana, no como práctica, no de un modo 
subjetivo."   Desde los años iniciales de la Revolución, Fidel y el 
Che nos hablaron de la importancia del factor subjetivo.  La vida ha 
mostrado su valor en favor de la causa del progreso humano, también 
ha puesto en evidencia que el mismo influye, a la vez, en el 
estancamiento y retroceso históricos.

Se puede hacer una larga relación que lo muestra en la práctica tanto 
en lo positivo como en lo negativo.  Stalin es uno de los grandes 
ejemplos de esto último, quizás sea la más importante muestra en el 
siglo XX de cómo la subjetividad puede influir negativamente en la 
historia.  Téngase en cuenta, como aquí expreso, que lo subjetivo se 
revela en la cultura.   La lección esencial que se puede extraer de 
toda esta historiaestá en el entretejido humano, es decir, el factor 
subjetivo desempeñó una influencia decisiva en el trágico desenlace 
del llamado "socialismo real" que, por serlo de manera tan simplista, 
perdió toda realidad.   Un aspecto clave que nos revela la 
experiencia del siglo XX consiste en que no se aprendieron en la URSS 
las enseñanzas de Engels, quien con su inmenso talento y modestia 
expresócríticamente que tanto él como Marx, al destacar el contenido 
económico como determinante, habían olvidado la forma y, por tanto, 
el proceso de génesis de las ideas.  Textualmente expresó:

Falta, además, un solo punto, en el que, por lo general, ni Marx ni 
yo hemos hecho bastante hincapié en nuestros escritos, por lo que la 
culpa nos corresponde a todos por igual.  En lo que nosotros más 
insistíamos -y no podíamos por menos de hacerlo así- era en derivar 
de los hechos económicos básicos las ideas políticas, jurídicas, etc. 
 , y los actos condicionados por ellas.  Y al proceder de esta 
manera, el contenido nos hacía olvidar la forma, es decir, el proceso 
de génesis de estas ideas, etc.  Con ello proporcionamos a nuestros 
adversarios un buen pretexto para sus errores y tergiversaciones.  
[1]

En la práctica política que representó Stalin se pasaron por alto 
esenciales aspectos formales de carácter ético, jurídico y político 
lo que resultó particularmente grave porque a través de ellos se 
manifiesta la vida real de millones y millones de personas que 
inciden, desde luego, en el curso de la historia.  Al subestimarlos 
no se le dio la debida atención o quedaron relegadas dos categorías 
fundamentales situadas en el corazón de la cultura y de las luchas 
revolucionarias: la ética y la jurídica.   En la antigua Petrogrado 
y, en general, en Rusia, se combinaron, en 1917, el pensamiento 
político y social más avanzado de la intelectualidad europea y las 
condiciones de explotación y miseria del campesinado y la clase 
obrera rusos, donde se unían la necesidad de luchar contra la 
dominación extranjera, es decir, el imperialismo, y a la vez contra 
lo que representaban el feudalismo y el zarismo.  En la antigua Rusia 
no se había producido hasta febrero de 1917, una revolución burguesa 
triunfante, que en Europa había comenzado más de dos siglos antes.  
El feudalismo, la Dominación imperialista y el régimen monárquico de 
los zares fue el escenario que nutrió la formación política de 
Stalin, desde luego, influido también por el leninismo, lo recibió 
con las limitaciones culturales antes aludidas.   Stalin era un 
revolucionario, pero no pudo alcanzar la dimensión de un dirigente 
socialista cabal.   A diferencia de Lenin y de otros bolcheviques, 
Stalin nunca vivió ni viajó por otros países del viejo continente ni 
se nutrió de la sabiduría revolucionaria de otras regiones del mundo. 
 Desde luego, recibió la influencia de Lenin, no debemos negarlo 
porque es parte componente del drama, pero lo hizo sobre el 
fundamento de la vieja cultura rusa a la cual, aún oponiéndosele, 
nunca pudo extraer consecuencias socialistas válidas para el mundo de 
su época.   Objetivamente, Europapor sí sola tampoco pudo llevar a 
cabo la Revolución socialista, las razones serían objeto de un 
análisis que rebasa los objetivos del presente texto.  Pero para 
entender la cultura de Marx y Engels en su profundidad, sobre todo 
para aplicarla creadoramente, había que asumir la tradición 
intelectual del viejo continente porque los forjadores del socialismo 
fueron sus más consecuentes exponentes en el siglo XIX.   Ellos 
resultaron los legítimos sucesores de las ideas revolucionarias de 
los siglos anteriores expresadas en la ilustración y los 
enciclopedistas.   De este hecho cultural, Stalin no extrajo las 
debidas consecuencias, por lo que se limitó su alcance universal.   
Fidel Castro, al comparecer en la televisión en ocasión de la visita 
a Cuba de Juan Pablo II, en enero de 1998, aludiendo a los errores de 
la política aplicada en tiempos de Stalin subrayó que:

Como polaco al Papa le toca vivir el cruce de las tropas soviéticas y 
la creación de un Estado socialista bajo los principios del marxismo 
leninismo, aplicados de una manera dogmática, sin tomar para nada en 
cuenta las condiciones concretas de aquel país, y sin ese sentido 
político y dialéctico extraordinario que tenía Lenin, capaz de una 
paz de Brest-Litovsk, capaz de una N.E.P.  y capaz de cruzar antes en 
un tren sellado por el territorio de un país que estaba en guerra 
contra Rusia, hechos demostrativos de una inteligencia, una 
capacidad, un valor y un verdadero genio político, que no dejó de ser 
jamás Marxista.  [2]

Lenin fue educado en los trajines revolucionarios de la Europa de su 
época y al estudiar la vida del fundador del estado soviético se verá 
que enriqueció su saber con la inmensa cultura y la activa 
participación en los escenarios de diversos países europeos, entre 
ellos, los que precisamente dieron nacimiento al pensamiento de Marx 
y Engels.  Sucedió de igual forma con otros ejemplos paradigmáticos 
como Ho Chi Minh.  El ilustre vietnamita fue fundador del Partido 
Comunista Francés, vivió y trabajó en Estados Unidos, viajó a muchas 
partes del mundo y recibió en su patria natal la influencia de la 
cultura francesa que había llegado imponiendo el colonialismo y la 
supo asumir desde su autoctonía asiática tercermundista y universal.  
 Las concepciones leninistas de la revolución rusa planteaban las 
tesis de que ese país era el eslabón más débil de la cadena 
imperialista europea.

Se aspiraba a que el proceso iniciado en octubre de 1917 en 
Petrogrado acabaría repercutiendo en un estallido revolucionario en 
el occidente de Europa, comenzando por Alemania.  No ocurrió así, 
surgió la idea de la construcción del socialismo en un solo país.  
Por otro lado, Rusia como país euroasiático formaba parte del inmenso 
mundo asiático.  Esta consigna pudo tener un valor coyuntural para un 
momento posterior de la revolución de octubre, pero lo que nadie 
podrá admitir es que fuera una estrategia revolucionaria correcta 
para todo un siglo.   La genialidad de Lenin para abordar estos temas 
fue extraordinaria, Pero Stalin no extrajo de sus textos las 
conclusiones acerca de la posibilidad y necesidad de articular los 
intereses del socialismo con la situación que se estaba generando 
desde entonces en los países asiáticos y en general en lo que 
posteriormente hemos llamado Tercer Mundo.   Vayamos a la 
caracterización de Stalin hecha por Lenin, y se observará que fue un 
verdadero profeta.  Dijo en 1922.   Yo creo que lo fundamental en el 
problema de la estabilidad, desde este punto de vista, son tales 
míembros del C.  C.  como Stalin y Trotski.  Las relaciones entre 
ellos, a mi modo de ver, encierran una buena mitad del peligro de esa 
escisión que se podría evitar, y a cuyo objeto debe server entre 
otras cosas, según mi criterio, la ampliación del C.  C.  hasta 50 o 
hasta 100 miembros.   El camarada Stalin, llegado a ser Secretario 
General, ha concentrado en sus manos un poder inmenso, y no estoy 
seguro que siempre sepa utilizarlo con la suficiente prudencia.  Por 
otra parte, el camarada Trotski según demuestra su lucha contra el C. 
 C.  con motivo del problema del Comisariado del Pueblo de Vías de 
Comunicación, no se distingue únicamente por su gran capacidad.   
Personalmente, quizá sea el hombre más capaz del C. C., pero está 
demasiado ensoberbecido y demasiado atraído por el aspecto puramente 
administrativo de los asuntos.   Estas dos cualidades de dos 
destacados jefes del C.  C.  actual pueden llevar sin quererlo a la 
escisión, y si nuestro Partido no toma medidas para impedirlo, la 
escisión puede venir sin que nadie lo espere.  [3]

La política seguida por Stalin durante la gestación de la II Guerra 
Mundial y su pacto con Hitler es uno de los procesos más turbios de 
su larga carrera.  El nazismo era rechazado por los pueblos y en 
particular por las fuerzas progresistas y socialistas, colocó a estas 
últimas en una posición bien difícil, incluso en Alemania.   El 
propio Fidel señala, en la ya mencionada comparecencia, que .  .  .  
al conversar con visitantes soviéticos, yo les hacía tres preguntas: 
¿Por qué el Pacto Molotov-Ribbentrop?, eso ocurrió en 1939, y yo 
tendría 13 años (...) ¿Por qué habían invadido Polonia para ganar 
unos cuantos kilómetros de terreno?, terreno que se perdió después de 
una manera desastrosa en cuestión de días (...) ¿Por qué la guerra 
con Finlandia?, tercera cosa que les preguntaba.  (...) Bien, aquello 
le costó muy caro al movimiento comunista internacional, a los 
comunistas de todas partes del mundo, tan disciplinados y tan fieles 
a la Unión Soviética y a la Internacional Comunista, que cuando 
decía:  "Hay que hacer esto", era eso.  Entonces, todos los partidos 
comunistas del mundo explicando y justificando el Pacto Molotov 
Ribbentrop, se aislaban de las masas.  [4]

La historia reveló después, como agravante, que operó de esta forma 
no obstante los informes de la inteligencia de su país en cuanto a 
que Hitler preparaba la ofensiva contra la Unión Soviética.  Sin 
embargo, ha de reconocerse que luego de la agresión nazi, Stalin 
dirigió exitosamente la contraofensiva.  El pueblo soviético luchó 
heroicamente, el Ejército Rojo llegó hasta Berlín en un esfuerzo 
sobrehumano en el cual murieron millones depersonas.  La guerra 
concluyó con la victoria sobre el fascismo, pero, a su vez, se 
suscribieron los acuerdos de Yalta y Potsdam y se crearon así las 
condiciones para la división del mundo en dos grandes esferas de 
influencia.   Ello no resultó positivo para el socialismo.   En los 
años subsiguientes en que se desencadena la guerra fría, ni Stalin ni 
sus sucesores pudieron comprender las formas y posibilidades que le 
hubiera brindado la alianza entre las sociedades del Tercer Mundo y 
el socialismo porque para ello se necesitaba una concepción universal 
de fundamentos culturales de los que ellos carecían.

  En 1959, triunfa la revolución cubana cimentada en la tradición 
Histórica nacional y con una proyección de alcance latinoamericano, 
caribeño y universal.  Las tesis tercermundistas de Fidel y el Che 
significaron, a partir de entonces, un intento de cambiar el mundo 
bipolar desde el socialismo.   El asalto al cielo representaba para 
los revolucionarios verdaderos del siglo XX superar definitivamente 
la bipolaridad establecida desde posiciones de izquierda y no de 
derecha, como ocurrió más tarde en los años 80.  El examen de algunos 
de los más importantes acontecimientos de la década del 60, muestra 
que con independencia de sus diversos matices políticos, vienen 
caracterizados por la necesidad de superar el mundo bipolar.

Veamos algunos de ellos: el triunfo de la Revolución Cubana en 1959; 
la Crisis de Octubre de 1962; la trágica escisión del movimiento 
comunista internacional que desencadenó la ruptura entre China y la 
URSS; el surgimiento y desarrollo de la guerra de liberación de 
Vietnam, la guerra de liberación de Angola; el desplome de! sistema 
colonial en Asia y África; el nacimiento y auge del Movimiento de 
Países no Alineados; el crecimiento de los movimientos de liberación 
en América Latina; el Movimiento Revolucionario Sandinista; los 
movimientos militares progresistas de América Latina, en especial 
Perú y Panamá; el Mayo francés; la crisis checoslovaca y previamente 
las situaciones creadas en Hungría y Polonia.   Los herederos de la 
obra de Stalin no podían responder a este desafío porque estaban 
encerrados en la política derivada de los acuerdos de Yalta y Potsdam 
y en la idea de la construcción del socialismo en un solo país que 
tras la Segunda Guerra Mundial se había extendido a varias naciones.

No podían los sucesores de Stalin enfrentar el dilema porque en 1956, 
tras su muerte, cuando se denunció al estalinismo por sus crímenes, 
no se hizo un análisis profundo, radical y consecuente de la 
naturaleza y carácter de su régimen.  Se podría decir que entonces no 
era posible hacerlo y menos aún por quienes habían nacido de aquella 
política, pues bien, eso fue lo que pasó.   Hoy, 80 años después, no 
solo es posible, sino indispensable, porque mientras esto no se haga, 
las ideas de Marx y Engels no podrán emerger triunfantes del caos en 
que las introdujeron en el siglo XX.   Se acusó más tarde a quienes 
deseaban cambiar el mundo bipolar desde el socialismo, como lo 
hicieron Fidel y el Che en América Latina, de violar las leyes 
económicas, y en realidad los que no las tuvieron en cuenta fueron 
los que ignoraron que el desarrollo de las fuerzas productivas y el 
progreso científico llevaba a rebasar la bipolaridad.  El curso 
posterior de los acontecimientos vino a subrayar dramáticamente que, 
por el contrario, quienes desconocieron las leyes económicas o 
trataron de acomodarlas a su posición conservadora fueron, 
precisamente, los que con las banderas del socialismo rechazaban las 
tesis revolucionarias cubanas.   Hay tres conclusiones importantes 
sobre las cuales reflexionar desde este siglo recién comenzado: La 
primera, que este cambio era una necesidad de la creciente 
internacionalización de las fuerzas productivas y, por consiguiente, 
de la evolución económica y política del mundo.  La segunda, que como 
no se hizo desde la izquierda ocurrió desde la derecha; y la tercera, 
que dicho cambio desde la izquierda solamente podría hacerse 
promoviendo la lucha de liberación nacional en Asia, África y América 
Latina y tratando de vincularla con las ideas del socialismo.  Ese 
era el reto que el socialismo tenía ante sí.   Isaac Deutscher su 
biografía sobre Stalin, que ya es un clásico, señala que el dirigente 
soviético sustituyó la idea de Marx acerca de que la violencia era la 
partera de la historia, por la que era la madre de la historia.   El 
refinamiento intelectual para entender la sutileza de la definición 
de Marx estaba, en mi opinión, más allá de las posibilidades 
culturales de Stalin.   Precisamente, el error fundamental de la 
política revolucionaria en el siglo XX, en última instancia 
condicionada por Stalin, estuvo en que marchó divorciada, separada de 
la cultura, incluso en el caso de la URSS, como se sabe, llegó a los 
extremos más dramáticos.  En Cuba -como señalábamos- tuvimos la 
inmensa suerte de contar con la sabiduría del más grande politico 
revolucionario y el más grande intelectual del siglo XIX, que fue 
José Martí.  La enseñanza singular de la revolución cubana en estos 
dos siglos y en la actualidad consiste, precisamente, en haber 
planteado y enriquecido esta relación.  En ella está la singularidad 
de Martí y de Fidel Castro.   La radicalidad del pensamiento 
revolucionario de Martí iba acompañado de un intenso y consecuente 
humanismo en el tratamiento a los hombres y los pueblos de las 
metrópolis opresoras:  Estados Unidos y España.  Sobre este 
fundamento hizo una contribución singular al convocar a la guerra 
necesaria, humanitaria y breve contra el dominio español y, a la vez, 
no generar odio contra los que se oponían a este altísimo propósito.  
Esta es una contribución que debiera estudiarse en el mundo por 
aquellos que lanzan calumnias contra quienes aspiran a 
transformaciones radicales y también para los que se proponen 
alcanzarlas con procedimientos extremistas.  La única manera de 
hacerlos triunfar está en promover la cooperación entre los humanos y 
garantizar su plena libertad y dignidad.  Esta es la forma de ser 
consecuentemente radical.

En Cuba se entendió la idea marxista sobre la violencia en la forma 
en que la concibió y llevó a cabo José Martí y la mejor tradición 
revolucionaria de nuestro país.  Ella nos enseñó que junto con la 
firmeza de principios y la lucha por obtener objetivos sociales y 
políticos, debíamos incorporar a los españoles y a los 
norteamericanos, a nuestros objetivos o, al menos, a la comprensión 
de nuestro propósito.  En Cuba se superó radicalmente la idea del 
divide y vencerás y se estableció el principio de unir para vencer.  
Esa es una política mucho más radical y consecuente que la de los 
extremistas.   Sobre el socialismo, tenemos juicios de Martí muy 
reveladores que Muestran dónde estuvieron las debilidades de la 
política llevada a cabo por Stalin.   Fermín Valdés Domínguez, su 
amigo íntimo desde la infancia, le escribió desde Cuba acerca de las 
labores que realizaba a favor del socialismo.   El Apóstol le 
respondió a su hermano del alma de esta forma:

(...) Una cosa te tengo que celebrar mucho, y es el cariño con que 
tratas; y tu respeto de hombre, a los cubanos que por ahí buscan 
sinceramente, con este nombre o aquél, un poco más de orden cordial, 
y de equilibrio indispensable, en la administración de las cosas de 
este mundo: Por lo noble se ha de juzgar una aspiración: y no por 
esta o aquella verruga que le ponga la pasión humana.  Dos peligros 
tiene la idea socialista, como tantas otras -el de las lecturas 
extranjerizas, confusas e incompletas- y el de la soberbia y rabia 
disimulada de los ambiciosos, que para ir levantándose en el mundo 
empiezan por fingirse, para tener hombros en que alzarse, frenéticos 
defensores de los desamparados.  Unos van, de pedigüeños de la reina, 
(...) Otros pasan de energúmenos a chambelanes, como aquellos de que 
cuenta Chateaubriand en sus "Memorias".

Pero en nuestro pueblo no es tanto el riesgo, como en sociedades más 
iracundas, y de menos claridad natural: explicar será nuestro 
trabajo, y liso y hondo, como tú lo sabrás hacer: el caso es no 
comprometer la excelsa justicia por los modos equivocados o excesivos 
de pedirla.  Y siempre con la justicia, tú y yo, porque los errores 
de su forma no autorizan a las almas de buena cuna a desertar de su 
defensa(...)[5]

Desde 1884, José Martí, escribió, en ocasión de la muerte de Carlos 
Marx, una crónica que puede ayudarnos a esclarecer lo que sucedió con 
el socialismo en el siglo XX.  Dijo el Apóstol lo siguiente:

Ved esta gran sala.  Karl Marx ha muerto.  Como se puso del lado de 
los débiles, merece honor.  Pero no hace bien el que señala el daño, 
y arde en ansias generosas de ponerle remedio, sino el que enseña 
remedio blando al daño.  (...)[6]

Más adelante señala:

Karl Marx estudió los modos de asentar al mundo sobre nuevas bases, y 
despertó a los dormidos, y les enseñó el modo de echar a tierra los 
puntales rotos.  Pero anduvo de prisa, y un tanto en la sombra, sin 
ver que no nacen viables, ni de seno de pueblo en la historia, ni de 
seno de mujer en el hogar, los hijos que no han tenido gestación 
natural y laboriosa.

Aquí están buenos amigos de Karl Marx, que no fue sólo movedor 
titánico de las cóleras de los trabajadores europeos, sino veedor 
profundo en la razón de las iserias humanas, y en los destinos de los 
hombres, y hombre comido del ansia de hacer bien.  El veía en todo lo 
que en sí propio llevaba: rebeldía, camino a lo alto, lucha.  [7]

Se apreciarán la estimación y profundidad que para Martí tenía el 
pensamiento de Marx.  Sobre la crítica que formula en cuanto al 
extremismo, es necesario tener en cuenta que entonces en Nueva York 
las ideas anarquistas estaban muy confundidas con las marxistas.  
Engels, desde Europa, señalaba que en Norteamérica no se estaban 
aplicando las ideas de Marx.   Es aceptado que ambos alertaron 
siempre contra los extremismos y las formulaciones de los 
anarquistas.  Sobre la idea de que se estaban lanzando unos hombres 
contra otros, hay que tomar en cuenta que en esa fecha Martí 
preparaba una guerra que aunque aspiraba fuera necesaria, humanitaria 
y breve implicaría obligadamente el enfrentamiento armado.   En unas 
líneas posteriores a la descripción hermosa, humana y profunda que 
José Martí hizo de Carlos Marx se señala:

Aquí está un Lecovitch, hombre de diarios: vedlo cómo habla: llegan a 
él reflejos de aquel tierno y radioso Bakunin: comienza a hablar en 
inglés; se vuelve a otros en alemán: "¡da! ¡da!" responden 
entusiasmados desde sus asientos sus compatriotas cuando les habla en 
ruso.   Son los rusos el látigo de la reforma: mas no, no son aún 
estos hombres impacientes y generosos, manchados de ira, los que han 
de poner cimiento al mundo nuevo: ellos son la espuela, y vienen a 
punto, como la voz de la conciencia, que pudiera dormirse: pero el 
acero del acicate no sirve bien para martillo fundador.  [8]

Todo esto fue lo que le faltó a Stalin.  No comprendió que el acero 
del acicate no resulta suficiente para edificar una nueva sociedad.  
Deutscher en su célebre biografía sobre Stalin apunta:

Aquí suspendemos la historia de la vida y la obra de Stalin.  No 
Abrigamos ilusión alguna de que podamos extraer de ella conclusiones 
finales o formar, sobre su base, un juicio digno de confianza sobre 
el hombre, sus logros y sus fracasos.  Después de tanto clímax y 
anticlímax, el drama de Stalin apenas ahora parece aproximarse a su 
culminación; y no sabemos en qué nueva perspectiva podría colocar su 
último acto a los anteriores.  Lo que parece definitivamente 
establecido es que Stalin pertenece a la estirpe de los grandes 
déspotas revolucionarios, la misma a que pertenecieron Cromwell, 
Robespierre y Napoléon.  [9]

Podemos estar de acuerdo con la comparaciónde Cromwell, Robespierre y 
Napoleón aunque apuntando la siguiente reflexión:

Robespierre murió de manera trágica defendiendo un ideal que resultó 
imposible en su época, las más puras ideas de los forjadores del 
pensamiento revolucionario francés del siglo XVIII.  El ascenso de la 
burguesía se lo impidió.  Napoleón sentó las bases jurídicas y 
políticas de la burguesía francesa y paradójicamente le abrió camino 
a la alianza burgués-feudal que conformó la política capitalista en 
el siglo XIX.

Cromwell también logró forjar un camino positivo para la burguesía 
inglesa y dejó abiertas las posibilidades para un ascenso ulterior.   
Stalin no alcanzó estos objetivos con relación al socialismo.  Ni 
pudo alentar la revolución socialista en Europa y en el mundo ni 
tampoco consolidarla en la URSS.  En Rusia se volvió al capitalismo 
siete décadas después de la Revolución de Octubre en condiciones 
nuevas y radicalmente diferentes, y ese retroceso está marcado, entre 
otros factores, por los graves errores de Stalin a quien faltó la 
estatura y la visión histórica necesarias.   Podemos llegar a la 
conclusión de que la hora de Stalin está definitivamente concluida y 
que las perspectivas de una nueva época están a nuestra vista.  Si 
Stalin pertenece a la categoría de los déspotas revolucionarios, 
habrá que extraer la lección de que con ellos no es possible abrirle 
camino de forma perdurable a una sociedad socialista que necesita del 
amor y de la cultura para edificarse.   Es evidente que si los 
déspotas revolucionarios pudieron abrirle paso al capitalismo, la 
construcción del socialismo no puede hacerse bajo la dirección de un 
déspota.  Se le acusó de culto a la personalidad, pienso que lo que 
faltó fue una gran personalidad socialista, faltó lo que sí tiene la 
revolución cubana, la revolución de Martí, retomada por Fidel, que se 
afinca en lo mejor de la tradición patriótica de nuestro pueblo con 
un sentido verdaderamente universal.   Como una conclusión final 
derivada de lo expuesto, y en especial de lo que decíamos al 
principio, la experiencia nos enseña la importancia de las llamadas 
categorías de la superestructura.  Ahí está una de las claves 
indispensables para descubrir lo que pasó y encontrar caminos para el 
socialismo en el siglo XXI.   La economía opera a través de ellas, 
entre una y otra hay una relación dialéctica.  Si la evolución 
natural y social viene marcada por la relación inseparable entre 
forma y contenido -como dijo Engels- se comprenderá que el rigor, 
seriedad y pasión con que se traten las formas están en el centro de 
nuestros deberes revolucionarios.  La moral está íntimamente 
relacionada con la cuestión social y con los sistemas de derecho.  
Estas categorías: moral, cuestión social y sistema de derecho 
constituyen el núcleo central a partir del cual se pueden realizar 
las investigaciones filosóficas y establecer la práctica política y 
jurídica válida para encontrar caminos nuevos del socialismo.  En 
fin, el tema de la cultura y en especial del papel de los factores 
subjetivos adquiere una significación práctica porque se proyecta en 
las necesidades de principios éticos, jurídicos y en las formas de 
hacer política.   Para el éxito de cualquier empeño transformador 
resulta imprescindible articular la práctica política y la cultura.  
La victoria y continuidad de la revolución cubana confirman la 
validez de este razonamiento.  Se impone en nuestros días una 
reflexión profunda en torno a esta cuestión.   La ruptura de los 
vínculos entre cultura y política estuvo, sin duda en la raíz de los 
graves reveses sufridos.  En América Latina, la tradición de nuestras 
patrias sustentó la aspiración a una cultura de emancipación y de 
integración multinacional a la que se refirió el libertador Simón 
Bolívar y José Martí llamó república moral de América.  La tendencia 
fundamental de esa cultura era antimperialista y sus raíces 
principales están en la población trabajadora y explotada.  Lo mas 
inmediatamente importante para la política revolucionaria era y es 
alentar esa tendencia.  Y esto se puede y debe hacer procurando la 
incorporación de la intelectualidad al empeño emancipador que se 
halla presente en lo más revolucionario de nuestra evolución 
espiritual.   Obviamente, esto hay que realizarlo con cultura e 
información acerca de la génesis e historia de las ideas 
latinoamericanas.  Para ello se requiere sabiduría y clara 
comprensión del papel de los factores subjetivos en la historia de 
las civilizaciones, que fue precisamente lo que se ignoró en la 
práctica política socialista.  Como se trasluce de la práctica 
histórica tras la muerte de Lenin y a partir de Stalin se impuso un 
materialismo vulgar, tosco, que paralizó el enriquecimiento y 
actualización de las ideas de Marx y Engels.  Ello requería, como sí 
hizo Mariátegui, desde su vision indoamericana, un estudio del papel 
de la cultura desde el punto de vista materialista histórico, pero 
quien se introdujera en esto era combatido por revisionista.  Así se 
paralizaron las posibilidades de arribar a una escala más profunda de 
las ideas de los clásicos.   El abordaje de una concepción como la 
que estamos planteando traía dificultades propias al intentar 
incursionar sobre complejos problemas ideológicos, pero que resultan 
infinitamente menores a los que conlleva ignorar la necesidad de 
alcanzar la relación de confianza entre la política revolucionaria y 
la inmensa y creciente masa de trabajadores intelectuales.   En 
conclusión, si no se establecen relaciones fluidas entre las 
Revoluciones y el movimiento cultural nunca triunfarán los procesos 
de cambios.  Se trata no sólo de una cuestión cultural, sino de algo 
esencial para la práctica política.  Para saber hacer política 
revolucionaria hay que asumir la importancia movilizativa del arte y 
la cultura, y comprender que en ella se hallan los fundamentos de 
nuestras ideas redentoras.   Deutscher lo había dicho en su libro en 
una forma muy elocuente y creo que es la principal conclusión a que 
en el orden teórico podemos llegar con relación a Stalin:  "En este 
desdén por los factores inmateriales en los grandes procesos 
políticos residía la debilidad principal de su vigoroso pero limitado 
realismo".[10]  Enseñanza ejemplar para los que se proclaman 
realistas.   Sin tener en cuenta lo que llaman factores inmateriales, 
es decir, los de carácter subjetivo no podremos hallar las rutas 
nuevas porque los mismos influyen objetiva y materialmente en la 
historia.  Relacione el lector estas palabras con lo que decía Engels 
autocríticamente y que mencionamos al principio.  No olvidemosnunca 
que el hombre y su sociedad forman parte también de la realidad 
material del mundo - para decirlo en el lenguaje que tanto se empleó 
por los socialistas- es decir, de la naturaleza, para expresarlo en 
forma martiana, recuérdese aquel verso de Martí: Todo es hermoso y 
constante,/Todo es música y razón,/Y todo, como el diamante,/Antes 
que luz es carbón.  [11]

En el 2005, cualquier político revolucionario ha de examinar la 
historia del siglo XX a partir de la inmensa cultura acumulada sin 
sectarismo alguno y buscando la esencia de las ideas revolucionarias 
en lo mejor de la historia milenaria del hombre.   Alguien, en 
tiempos de la perestroika, afirmó que Marx quedaría como una cuestión 
cultural.  Yo pensé: ¿y le parece poco? Para encontrar nuevos caminos 
hay que hallar el de la cultura, no hay otra alternativa política 
práctica, y quien no crea en eso, no podrá contribuir a hacer 
revoluciones en el siglo XXI.   Quiero subrayar que dedico estas 
palabras a todos los comunistas y revolucionarios que lucharon a 
favor del socialismo, se mantuvieron fieles y presenciaron con dolor 
el desenlace trágico del socialismo, en especial a los de los pueblos 
de nuestra América.  Quienes sientan en el corazón la causa de la 
justicia humana de una forma radical y universal y tienen Mirada en 
profundidad, han de reconocer -como subrayó Martí- que Marx merece 
honor porque se puso del lado de los débiles, y han de tomar cada vez 
más conciencia de que él y su leal compañero Federico Engels 
constituyen la expresión más elevada del pensamiento social y 
filosófico de Europa en el siglo XIX.  Los fanáticos negadores del 
marxismo no son postmodernos, sino premodernos, y no han podido 
analizar las raíces profundas de lo que pasó con Stalin.   La 
sabiduría romana, en el marco de una sociedad esclavista, desde 
luego, señalaba que lo dejado como herencia por alguien al morir 
podía ser aceptado a beneficio de inventario, es decir después de 
determinar que no sería afectado por el pago de las deudas del 
difunto.  En el siglo XXI, los hombres perfeccionarán la práctica 
socialista, y sobre los errores cometidos tendrán que emplear las 
herramientas necesarias para transformar el mundo, y no podrán 
hacerlo echando en saco roto la herencia socialista.

Por eso, he recomendado a los jóvenes asumir conscientemente la 
práctica socialista del siglo XX a beneficio de inventario.  No 
renunciamos a la herencia de Marx, Engels y Lenin y al ideal 
socialista de los siglos XIX y XX, pero asumámosla a partir de una 
profunda evaluación de lo ocurrido.  Solo con el pensamiento de Marx, 
Engels y Lenin podremos realizar esta tarea.  Pero no solo de ellos.  
 En la década de 1920, Julio Antonio Mella y los fundadores del 
primer Partido Comunista de Cuba, rescataron del olvido o menosprecio 
en que había caído el programa de Martí durante los primeros años de 
la república neocolonial.  Hoy, en el 2005, con el pensamiento del 
Apóstol cubano y su programa ultrademocrático podemos los cubanos 
fortalecer las fibres socialistas en nuestro país y contribuir a 
rescatarlas del descrédito y el aislamiento a que las condujo la 
práctica política que se generó a partir de Stalin.

[1] C.  Marx, F.  Engels, Obras Escogidas, t.  3, p, 523, Editorial 
Progreso Moscú.   

[2] Castro, Fidel.  Comparecencia ante la televisión cubana, 16 de 
enero de 1998, periódico Granma, 20 de enero de 1998.   

[3] V.  I.  Lenin, Carta al Congreso, Moscú.  Ediciones en Lenguas 
Extranjeras, /S.  A.  /

[4] Castro, Fidel.  Comparecencia citada.   [5] Martí, José, O.  C.  
, t.  3, p.  168

[6] Martí, José, O.  C.  t.  9, p.  388

[7] Ibídem

[8] Ibídem

[9] Deutscher, Isaac.  Stalin biografía política, Polémica, Instituto 
del Libro, La Habana, 1968.   

[10] Deutscher, Isaac, obra ciada, p.  420

[11] Martí, J.  O.  C.  Versos sencillos, t.  16, p.  65.


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"Sí, una sola debe ser la patria de los sudamericanos".
Simón Bolívar al gobierno secesionista y disgregador de 
Buenos Aires, 1822
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