[R-P] ¿Por qué etapa pasamos? (2 de 2)
Ed George
edgeorge en usuarios.retecal.es
Mie Mar 9 02:25:34 MST 2005
ALGUNOS BALANCES Y PERSPECTIVAS
¿Qué pasó con la revolución socialista, entonces?
Dijo una vez [15] el propio Lenín -criticando a los jóvenes comunistas
británicas por su voluntarismo impaciente- que para que ocurran
revoluciones no sólo basta con que las masas explotadas no quieran vivir
como antes, sino también es necesario que los explotadores sean
_incapaces_ de continuar como antes. Ahora, claro está que las clases
explotadoras -y sus aparatos políticos- padecen de crisis mortal no sólo
como consecuencia de las condiciones económicas y la presión de
movimientos de masas -impulsados por los estragos de guerra y depresion
económica- desde abajo, sino también como consecuencia de sus relaciones
con las clases explotadoras de otros estados. Dicho en otra manera,
cuando buscamos las condiciones 'objetivas' para la revolución
socialista no basta buscarlas sólo en el tejido socioeconómico de la
sociedad capitalista o respecto al conocimiento o la combatividad de la
clase obrera, sino también en el ámbito de las relaciones entre la clase
dirigente y sus instituciones y otras clases e instituciones tanto
dentro como fuera del país.
El problema planteado antes -¿por qué ocurren revoluciones durante sólo
uno de las fases descendentes 'B', cuando se podría esperar que
ocurrieran en dos otras más?- ya no debería costarnos tanto. Por lo que
distingue la fase 'B' del tercer ciclo -el de 1914 a 1945- es que es la
fase 'B' de un ciclo marcado por una ausencia de hegemonía dentro de la
estructura política-estatal de la metróplis, y si se busca algo presente
en el periodo entre las dos guerras mundiales que se encuentra ausente
actualmente es precisamente la ausencia de una sola potencia hegemónica.
Hoy día, aunque la hegemonía estadounidense está en declive, y aunque
estamos a punto de entrar en un nuevo ciclo ascendente-descendente
sociopolítico, no hay quien diga seriamente que ya hayamos salido de la
misma hegemonía estadounidense bajo de la cual vivimos desde el fin de
la Segunda Guerra Mundial.
Lo que aquí propongo es que para que la clase dirigente sea incapaz de
continuar como antes hay que haber una ruptura en la hegemonía entre los
estados de la metrópolis; y que sin ruptura semejante las instituciones
del estado capitalista se demuestran demasiado robustas para que -pase
lo que pase respecto a crisis sociales, económicas o políticas- se
pongan en duda de modo cualitativa su legitimidad. Es precisamente por
eso que no ha habido ninguna revolución socialista en la metrópolis
desde los fines de los 1960: por mucho que los Estados Unidos vaya
encontrándose cada vez más en crisis -tanto domésticamente como respecto
a sus relaciones exteriories- su papel ideológico-político hegemónico
sigue -por ahora- manteniendo una estructura burguesa institucionalmente
demasiado fuerte.
Si lo que resumo aquí sólo tiene una pizca de verdad -y no debería
resultar necesario decir que lo que presento aquí sólo pude tener el
status científico de conjectura tentativa- hay unas conclusiones
importantes que se deberían sacar.
En primer lugar, respecto a los rasgos del periodo histórico en el que
estamos a punto de entrar. Podemos suponer que estamos ante un nueve
ciclo de onda larga, el quinto bajo el capitalismo. Será un ciclo
distinguido por una ausencia de hegemonía política global, o más bien,
formará el interregnum entre el hegemon actual, los Estados Unidos, y el
que viene. Cuál será éste aún no se sabe: eso lo determinará la
competición interimperilaista entre la potencia en declive -los Estados
Unidos- y los posibles contendientes, y además lo sobredeterminarán
otros factores exógenos del proceso del ciclo. Pero una cosa sí se puede
decir. Algo que ocurre hoy día nos dirige a predecir que en el próximo
ciclo la competición interimperialista no tendrá forma de competición
entre potencias imperialistas sino entre _bloques_ de potencias
imperialistas: un bloque americano, un bloque europeo, un bloque de la
Pacífica. Y si resulta así, se puede esperar no sólo que los bloques
actuen dentro de las ya vigentes relaciones globales de corazón,
periferia y semiperiferia sino que también relaciones semejantes se
reproduzcan con cada vez más impacto dentro de los mismos bloques: estas
relaciones multiples de dependencia y dominación trayendo consigo todo
tipo de tensiones y inestibilidades consequentes.
Si son semejanzas históricas que se buscan, se puede decir que la
próxima onda larga no presentará las características de la actual sino
las de la anterior: es decir, que nos moveremos dentro de una época más
parecida a la de 1890 a 1945 que la que empezó en 1945. Lo que marcó la
fase ascendente de aquel ciclo fue la carrera de dividir el hasta
entonces inconquistado mundo entre las potencias imperialistas; en el
próximo quizás la marcará una carrera cada vez más desesperada y
competitiva para redividir este mundo por motivo de las cada vez más
escasas reservas de energía. Las recientes guerras de petróleo parecen
indicar una tendencia de la próxima etapa; tal vez también la indiquen
las diferencias tácticas bellicas dentro de la metrópolis, y el
creciente conflicto entre el dólar y el euro dentro de los propios
mercados petrolíferos.
Se puede esperar que la fase ascendente del próximo ciclo sea
económicamente más lenta y menos estable que la del boom de los 50 y 60,
y que sea la descendente cualitativamente más económica y políticamente
turbulento que el periodo pos-1970. Recordemos que la fase descendente
del tercer ciclo de onda larga empezó con la Primera Guerra Mundial y se
cerró con la Segunda. Pero el periodo entre ambas guerras fue el primero
y único periodo de revolución socialista floreciente.
¿Cuáles son las conclusiones que los socialistas deberíamos sacar de
todo eso respecto a qué tipo de organización política hay que construir
en el presente? Ya debería quedar bastante claro que lo que no debemos
hacer es construir organizaciones del tipo de los 30, cuando los pocos
revolucionarios socialistas restantes en Europa luchaban contra tiempo y
en condiciones imposiblemente difíciles para construir partidos
preparados para llevar al cabo una lucha para el poder aparentemente
inminente. No: pasaremos por un periodo mucho más parecido a los fines
del siglo XIX, cuando se construyeron los grandes partidos de la Segunda
Internacional, y aunque suele opinarse que esta Internacional acabó en
fracaso total frente al reto de oponerse al chauvinismo de guerra
imperialista, eso equivale a malentender lo que realmente pasó. La
verdad es que la Segunda Internacional, confrontado por guerra, y
también por revolución, _se escindió_, y así nos legó no sólo los
partidos europeos socialdemócraticas reformistas y socialchauvinistas de
Europa sino también la única fuerza socialista revolucionaria de masas
de todo tiempo: la Internacional Comunista.
La única corriente política internacional que hoy día se mantiene fiel a
la idea de revolución socialista es la que proviene de la Cuarta
Internacional trotskista. Pero esta Internacional se fundó justamente al
final del último periodo de revolución y contrarrevolución, en los fines
de los 1930, hecho que se refleja en la práctica de los grupos que se
remontan sus origines -si bien en algunos casos algo indirectamente- a
la Internacional de Trotsky. Los fenómenos del 'direccionismo' y el
cultismo del líder, del fetichismo literario de declaraciones
programáticas, de la centralización burocrática hasta el monolitismo,
del catastrofismo, del hiperactivismo extremo, del vanguardismo, del
substitucionismo y la política del atajo, indican que estas
organizaciones siguen creyendo que están al borde del derrumbamiento del
sistema capitalista y a la lucha inminente para el poder, como si los
máximos del _Programa de Transición_ de Trotsky que 'la crisis histórica
de la humanidad se reduce a la dirección revolucionaria', que 'las
fuerzas productivas de la humanidad han cesado de crecer', y que 'las
condiciones objetivas de la revolución proletaria no sólo están maduras
sino que han empezado a descomponerse', [16] no fueran perspectivas
coyunturales dependientes de las circunstancias de aquel entonces sino
pronunciamientos programáticos eternos (en la misma manera que la de los
partidos comunistas europeas del Cuarto Congreso de la Tercera
Internacional, criticados por Lenín por no haber entendido la resolución
sobre la estructura de los partidos comunistas aprobada en el Tercero, y
por 'conformarse colocarla en un rincón como un icono y rezar ante
ella.' [17])
No: los partidos que necesitamos construir se construirán en la
mismísima manera que la de, por ejemplo, Lenín, cuyo _¿Qué Hacer?_ no
fue anteproyecto de un partido programáticamente puro y prístino sino
llamamiento de que las 'socialdemócratas revolucionarias', _todas_ las
socialdemócratas revolucionarias, se unieran en un partido del
movimiento obrero ruso, de este movimiento y estrechamente conectado con
este movimiento; o la del _Manifiesto Comunista_, que declaró que su
objetivo fue conseguir la 'organización de los proletarios como clase',
y que proclamó:
'Los comunistas no forman un partido aparte de los demás partidos
obreros. No tienen intereses propios que se distingan de los intereses
generales del proletariado. No profesan principios especiales con los
que aspiren a modelar el movimiento proletario.' [18]
Engels, escribiendo mucho después (en 1884), relató del método suyo y de
Marx respecto a la 'cuestión del partido':
'[...] [N]uestra bandera, al fundar en Alemania un gran periódico, no
podía ser otra que la bandera de la democracia; pero de una democracia
que destacaba siempre, en cada caso concreto, el carácter
específicamente proletario, que aún no podía estampar de una vez para
siempre en su estandarte. Si no hubiéramos procedido de este modo, si no
hubiéramos querido adherirnos al movimiento, incorporándonos a aquella
ala que ya existía, que era la más progresiva y que, en el fondo, era un
ala proletaria, para impulsarlo así hacia adelante, no nos hubiera
quedado más remedio que ponernos a predicar el comunismo en alguna
hojita lugareña y fundar, en vez de un gran partido de acción, una
pequeña secta. Pero el papel de predicadores en el desierto no nos
cuadraba; habíamos estudiado demasiado bien a los utopistas para caer en
ello. No era para eso para lo que habíamos trazado nuestro programa.'
[19]
Y así es: 'adherir al movimiento y impulsarlo hacia adelante', para
mejor construir 'un gran partido de acción', o 'predicar el comunismo en
alguna hojita lugareña y fundar una pequeña secta'.
Y mientras lo que digo aquí es que la revolución socialista no es
inminente, también es que sí vendrá, y por éste, aquél no es excusa para
complacencia. Por el periodo 1914-45, mientras nos trajo revolución, con
ella también vinieron guerras mundiales inimaginablemente terribles.
Así que mejor que no fallemos: porque entre el socialismo y el
barbarismo nos encontraremos una vez más.
León, España: diciembre de 2004 [versión castellana: marzo de 2005]
NOTAS
[1] _¿Qué es la historia?_ (Barcelona, 1983), 171.
[2] La idea central de este artículo se germinó durante una conversación
_online_ que tuve hace dos años con Mark Jones. Por lo tanto, es él, que
murió no mucho después, a quien se lo dedico. No me cabe más que esperar
que se habría puesto de acuerdo con por lo menos algunas partes de lo
que aquí escribo. (Para leer dicha conversación, véanse: Mark Jones,
'thinking out loud' (24 de julio de 2002),
<http://archives.econ.utah.edu/archives/marxism/2002w30/msg00079.htm>
[28 de diciembre de 2004], Ed George, 'Re: thinking out loud' (25 de
julio de 2002),
<http://archives.econ.utah.edu/archives/marxism/2002w30/msg00108.htm>
[28 de diciembre, 2004], and Mark Jones, 'Re: thinking out loud' (25 de
julio de 2002),
<http://archives.econ.utah.edu/archives/marxism/2002w30/msg00113.htm>
[28 de diciembre de 2004].)
[3] Seguramente se opondrá que sin duda la revolución portuguesa de
1974-5, y posiblemente también los acontecimientos del mayo 68 francés,
contradicen esta opinión. No obstante, para mí, por turbulentas que
fueran, la facilidad con la cual el orden capitalista se reestabilizó
posteriormente nos da la refutación de esta objeción. Aunque sí es
verdad que en cada caso se provocó una reorganización a escala
gubernamental -y en el caso portugués una reorganización bastante
radical- ni en Francia ni en Portugal se instigaría el nivel de desplome
estatal que se veía en la Rusia del febrero del 1917 o el Alemania del
noviembre del 1918.
[4] Cada vez dicho esto, suele oírse el cargo de 'eurocentrismo'. Pero
que internacionalismo tan curioso sería que plantee la posibilidad de
que sobreviva la revolución fuera de la metrópolis sin que se derroten
las instituciones de la burguesía en el centro también. Desde luego, eso
no quiere decir que los oprimidos del mundo no europeo estén
'dependientes' de la clase obrera del centro, y obligados a abstenerse a
luchar hasta que ésta se ponga en marcha, más bien el contrario: la
naturaleza del propio orden capitalista provoca que brotes
revolucionarios sean por necesidad brotes _internacionales_, y en cada
experiencia revolucionaria concreta en la historia la revolución sí se
propagó de la periferia al centro. Son los obreros del mundo occidental
(o quizás actualmente del septentrional) quienes necesitan a los de la
periferia, no al revés. La socialdemocracia rusa prerrevolucionaria en
su conjunto (y no sólo los bolcheviques) entendió esto muy bien. Antes
de que fuera ortodoxia la mantra del 'socialismo en un solo país', a
todos las tendencias del movimiento ruso revolucionario la idea de que
fuera posible que se pudiera sostener la revolución en el imperio ruso
sin revolución también por toda Europa les hubiera parecido absurda. Su
único error estuvo relacionado con cuánto tiempo tardaría el fracaso -en
estas condiciones, inevitable- de la revolución.
[5] Por motivos de brevedad, aquí no voy a meterme en los debates, de
todas formas tangenciales a nuestras fines, que tratan de la
caracterización de las transformaciones sociales en la Europa oriental a
los fines y justamente después de la Segunda Guerra Mundial.
[6] Ernest Mandel resume de modo práctico cómo el movimiento socialista
asimilaba la teoría de las ondas largas en su libro _El capitalismo
tardío_ (México, 1979). No obstante, el análisis de Mandel de las
propias ondas largas, por útil que sea, sufre el defecto de una
interpretación demasiado 'tecnologicista'. Por supuesto, el que con
quien se asocia más este fenómeno es Nikolái Dmítrievich Kondrátiev, el
jefe del Instituto de Investigaciones Económicas en Moscú en los años
20. Como muchos otros de esta destacada generación, Kondrátiev moriría
en las purgas de los 30. 'La curva de desarrollo capitalista', la breve
crítica escrita por Trotsky sobre la obra de Kondrátiev, originalmente
publicado en 1923, se puede leer en versión castellana en el sitio de
web de la Fundación Federico Engels [sic] española aquí:
<http://www.engels.org/marxismo/marxis8/4_8.htm>. En pocas palabras, lo
que mantiene Trotsky es que las ondas largas, si realmente existen, en
vez de ser manifestación de unas contradicciones estructurales del
esencial funcionamiento del modo capitalista de producción, surgen más
como consecuencia de contingencias de corto plazo (que es esencialmente
lo que mantiene Mandel, en cuyo análisis las contingencias aparecen como
contingencias tecnológicas). Posteriormente, la teoría de las ondas
largas ha formado un punto de referencia central en 'sistema-mundo'
método de análisis asociado con Immanuel Wallerstein y sus seguidores.
[7] Este ejemplo viene directamente de Peter J Taylor, _Political
Geography: World-Economy, Nation-State and Locality_ (Londres y Nueva
York, 1985),* 13, aunque muchísimos más ejemplos parecidos se podrían
citar. Interesantemente, Taylor, que destaca en el campo de geografía
política, es muy 'Wallersteinista' en sus opiniones.
*Edición castellana: _Geografía política: economía-mundo, estado nación
y localidad_ (Madrid, 2002).
[8] Anticipo aquí la objeción -que surge de la falsificación del pasado
que se hace pasar por la historia de la Europa moderna en las
facultades- de que no fueron auténticamente revolucionarias todas estas
experiencias. Limites de espacio me permiten sólo una refutación
bibliográfica. Respecto a las reivindicaciones del movimiento obrero
alemán en el periodo posguerra, véase Dick Geary, 'Radicalism and the
Worker: Metalworkers and Revolution 1914-23', en Richard J Evans,
_Society and Politics in Wilhelmine Germany_ (Londres, 1978); para la
evolución del USPD en esta época, véase David W Morgan, _The Socialist
Left in the German Revolution_ (Ithaca y Londres, 1975), especialmente
53-17; para una relación del ambiente revolucionario en Berlín después
de que se fugó el káiser, véase Theodor Wolff, _Through Two Decades_
(Londres, 1936) (Wolff era el director del _Berliner Tageblatt_).
Respecto a España, véanse Fernando Claudín, _La crisis del movimiento
comunista: De la Komintern al Kominform_ (Paris, 1970) (Londres, 1975),
y P Broué and E Témime, _La revolución y la guerra de España_, 2 tomos
(Madrid, 1977). Para la insurrección asturiana de 1934, véanse Adrian
Shubert, _Hacia la revolución: Orígenes sociales del movimiento obrero
en Asturias, 1960-1934_ (Barcelona, 1984), y Amero del Rosal, _1934: el
movimiento revolucionario de octubre_ (Madrid, 1983). Para la crisis
revolucionaria francesa de 1934 a 1936 véanse Claudín, y D R Brower,
_The New Jacobins_ (Ithaca, 1968). Para los movimientos de la
resistencia de la Segunda Guerra Mundial, véanse Larry Collins and
Dominique Lapierre _Is Paris Burning?_ (Londres, 1965), F Knight, _The
French Resistance_ (Londres, 1975), y una vez más Claudín.
[9] Véase la nota 5 arriba.
[10] Por ejemplo, del _El Capital_ de Marx (sólo uno de los muchos
ejemplos que se podrían citar): 'Con la deuda pública surgió un sistema
internacional de crédito, detrás del que se esconde con frecuencia, en
tal o cual pueblo, una de las fuentes de la acumulación originaria. Así,
por ejemplo, las infamias del sistema de rapiña seguido en Venecia
constituyen una de esas bases ocultas de la riqueza capitalista de
Holanda, a quien la Venecia decadente prestaba grandes sumas de dinero.
Otro tanto acontece entre Holanda e Inglaterra. Ya a comienzos del siglo
XVIII, las manufacturas holandesas se habían quedado muy atrás y Holanda
había perdido la supremacía comercial e industrial. Por eso, desde 1701
hasta 1776, uno de sus negocios principales consiste en prestar
capitales gigantescos, sobre todo a su poderoso competidor: a
Inglaterra. Es lo mismo que hoy ocurre entre Inglaterra y los Estados
Unidos. Muchos de los capitales que hoy comparecen en Norteamérica sin
cédula de origen son sangre infantil recién capitalizada en Inglaterra.'
_El Capital_, tomo 1,
<http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/oe2/mrxoe209.htm>.
[11] 'En todos los casos es la relación directa entre los propietarios
de las condiciones de producción y los productores directos relación
ésta cuya forma eventual siempre corresponde naturalmente a determinada
fase de desarrollo del modo de trabajo y, por ende, a su fuerza
productiva social donde encontraremos el secreto más íntimo, el
fundamento oculto de toda la estructura social, y por consiguiente
también de la forma política que presenta la relación de soberanía y
dependencia, en suma, de la forma específica del estado existente en
cada caso.' _El Capital_, tomo 3,
<http://www.ucm.es/info/bas/es/marx-eng/capital3/MRXC3847.htm>.
[12] La época del mercado libre mundial bajo dominación británica la
caracteriza Perry Anderson como 'imperialismo diplomático-industrial', y
la época de rivalidad cada vez más intensa que se abrió en la década de
los 1880 como 'imperialismo militar-industrial'. Explica Anderson: 'Por
"imperialismo diplomático-industrial" lo que se quiere decir es someter
a otros países por la amenaza del uso de fuerza más que por simple
anexión en sí. El "imperialismo militar-industrial" [por otro lado] fue
pura conquista; surgió como consecuencia del miedo de los rivales
imperialistas europeos, especialmente de Alemania, cuya sombra se cernía
a los patriotas más extremas de aquel entonces. Esta segunda fase marcó
el momento en el que la supremacía británica empieza a ponerse en duda.'
(Perry Anderson, 'Origins of the Present Crisis', _English Questions_
(Londres y Nueva York, 1992) (originalmente _New Left Review_ 23
(enero-febrero 1964)), 24.*) Resulta curioso, pero no paradójico, que lo
responsable de los símbolos clásicos y parafernalia ideológica de
'imperio' -la demarcación formal de las colonias (coloreando la mapa
mundial en rosa), la ideología del 'jingoísmo'- no fue la edad de oro de
la _Pax Britannica_ sino la del declive posterior.
*Traducción del autor. El texto original: 'By "diplomatic-military
imperialism" is meant the economic subjugation of other nations, usually
secured by the threat of force, rather than by outright annexation.
"Military-industrial imperialism" [on the other hand] proceeded by
straight conquest; it was a product of the fear of rival European
imperialisms, in particular of Germany, whose shadow haunted the extreme
patriots of the period. It thus marks the moment at which British world
supremacy was no longer unquestioned.'
[13] Teniendo en cuenta, por supuesto, que una potencia hegemónica en
declive no deja de ser hegemónica simplemente por estar en declive sino
cuando realmente deja de ejercer un control dominante sobre el conjunto
del sistema.
[14] Para mí, lo que expongo en este párrafo es teóricamente fiel a la
exposición de Marx del materialismo histórico en el _Prólogo_ de 1859:
'al cambiar la base económica se transforma, más o menos rápidamente,
toda la inmensa superestructura erigida sobre ella' ('Prólogo a la
_Contribución a la Crítica de la Economía Política_,
<http://www.marxists.org/espanol/m-e/1850s/criteconpol.htm>). Véase
también la interpretación de G A Cohen de este texto de Marx en su _Karl
Marx's Theory of History: A Defence_ (Princeton, 1978),* y sus
evaluaciones, por lo que a mi se refiere absolutamente convincentes, de
que Marx, cuando habla de la 'superestructura' realmente habla del
_estado_, y que la relación entre éste y la estructura económica is una
relación _funcional_: 'las superestructuras son como son porque,
siéndolo, consolidan estructuras económicas' (Cohen, xi).**
*Edición castellana: _La teoría de la historia de Karl Marx: Una
defensa_ (Madrid, 1986).
**Traducción del autor. El texto original: 'superstructures are as they
are because, being so, they consolidate economic structures'.
[15] En su 'La enfermedad infantil del "izquierdismo" en el comunismo',
<http://www.geocities.com/marxismo2001/escritos/lenin/LEID20s.html#s9>.
[16] Leon Trotsky, _Programa de transición: La agonía del capitalismo y
las tareas de la IV Internacional_,
<http://www.marxists.org/espanol/trotsky/1930s/prog-trans/index.htm>.
[17] V I Lenin, 'IV Congreso de la International Comunista' _Obras
Escogidas_, 3 tomos (Moscú, 1961), tomo 3, 745-6.
[18] Carlos Marx & Federico Engels, _Manifiesto del Partido Comunista_,
<http://www.marxists.org/espanol/m-e/1840s/48-manif.htm>.
[19] Federico Engels, 'Marx y la _Neue Rheinische Zeitung_ (1848-1849)',
<http://www.geocities.com/marxismo2001/escritos/lenin/LEID20s.html>
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