[R-P] Arrojar al mar por Rubén Dri
Juan María Escobar
escobar45 en infovia.com.ar
Mie Mar 2 03:04:04 MST 2005
La metáfora de "arrojar al mar"
Por Rubén Dri
Reaccionando ante la expresiones del ministro de Salud, Ginés
González García en favor del reparto de preservativos y la despenalización
del aborto, el obispo castrense Antonio Baseotto utilizó la metáfora
evangélica de arrojarlo al mar.
En los textos bíblicos en general y, en los evangélicos en
particular, abundan las metáforas y los símbolos, así como las afirmaciones
contundentes que tienen que ver con la manera de expresarse de los lenguajes
orientales. Para interpretar en forma adecuada el significado de dichos
símbolos y metáforas es necesario colocarlos en el contexto en el que fueron
formulados.
La metáfora en cuestión se utiliza tres veces en el evangelio de
Marcos. La primera vez tiene lugar cuando Jesús libera a un "endemoniado" en
la región de Gerasa. Pertenece a la primera etapa de la práctica de Jesús,
cuando prepara su movimiento. Resulta que el demonio que se había apoderado
del geraseno se llamaba "legión", lo que significa que el demonio era el
imperio romano expresado por tu temible ejército. La legión, en una evidente
ironía, va a parar a una piara de cerdos. Dice el evangelio: "se arrojó la
piara formada por unos dos mil, hacia abajo por el despeñadero, al mar, y se
ahogaron en el mar" (Mc 5, 13).
Los cerdos que son arrojados al mar representan al ejército
romano. Éste, potencia maléfica si la hay, tiene, como todo monstruo, su
origen en el mar, en las aguas primordiales a las cuales debe volver. Por
ello se subraya en el texto que son arrojados y se ahogan en el mar. "Se
ahogaron en el mar", fueron vencidos, no molestarán más. La barca seguirá
surcando el mar sin temores, sin miedo a los huracanes, a los monstruos
marinos.
La tercera vez, es utilizada en contra del templo como sede del
poder sacerdotal y del poder romano. Tiene lugar en el contexto de la
entrada de Jesús a Jerusalén al frente de una multitud, el enfrentamiento
con los mercaderes y la condenación del templo como sede del poder
religioso, político y económico. Jesús la compara a la higuera que, al no
producir frutos, es condenada por Jesús, y sus discípulos comprueban luego
que se ha secado.
Es entonces cuando Jesús exclama: "Si tienen fe en Dios, en
verdad les digo que cualquiera que diga a este monte: ´¡Quítate y arrójate
al mar y no vacile en su corazón, sino que crea que lo que dice va a
suceder, lo obtendrá!´" (Mc 11, 23). Allí está el templo como poder opresor,
pero encima de él se encuentra el poder del imperio romano con sus legiones.
Es el demonio que hay que arrojar al mar. Aquí el "monte" que hay que
arrojar al mar es tanto el templo como el imperio, tanto el sacerdocio como
las legiones.
La fe tiene que ser firme, de fierro, porque sólo ella puede dar
las fuerzas necesarias que requiere la salvación. Hay aquí una apuesta
fuerte al hombre por sobre los instrumentos. Éstos se encuentran en manos
del enemigo. Parecen invencibles, pero no lo son. Para Dios nada es
imposible, es decir, para Dios-pueblo nada es imposible en el sentido de que
todos los obstáculos pueden ser removidos y lo serán si hay suficiente fe.
La segunda vez que el evangelio recurre a la metáfora citada
pertenece a la etapa intermedia, entre la preparación del movimiento en el
norte, en Galilea y la subida a Jerusalén, en el sur, en la región de Judea.
Hay una serie de diálogos entre Jesús y sus discípulos referentes a varios
temas que tienen que ver con los valores de la nueva sociedad y al
comportamiento que es necesario tener ente los poderes opresores.
Algunos de esos diálogos son evidentemente del Jesús histórico,
pero otros pertenecen a la comunidad de Marcos, sacudida por las
persecuciones. Como en dicha comunidad hay un cuidado especial de los más
desprotegidos, entre los cuales se encontraban los niños, la comunidad o
Marcos pone en boca de Jesús la recomendación de tenerlos en cuenta en los
momentos difíciles de la persecución.
"Cualquiera que escandalice a uno de estos pequeños que creen en mí, es
preferible para él que se le pusiera una piedra de molino alrededor del
cuello y se le echara en el mar. Y si tu mano te fuera ocasión de pecar,
córtala, mejor es que, manco, entres en la vida, que, teniendo las dos
manos, vayas a la gehenna, al fuego inextinguible. Y si tu pie te fuera
ocasión de pecar, córtalo: mejor es que tú entres en la vida siendo cojo
que, teniendo los dos pies, seas echado a la gehenna -el valle de Hinnom
donde se quemaba la basura-, y si tu ojo te fuera ocasión de pecar, échalo
fuera: mejor es que tú, siendo tuerto, entres en el Reino de Dios, que,
teniendo dos ojos, seas echado a la gehenna, donde el gusano de ellos no
muere y el fuego no se apaga: todo, en efecto, con fuego será salado" (Mc 9,
42-49).
En este pasaje hay dos grandes temas: el de los niños y el de
las medidas personales que se deben tomar cuando se está tentado de ir
contra los valores del Reino. Tomo primero el tema de los niños. Para su
completa comprensión el texto se debe leer en unión con otro texto que suena
de la manera siguiente:
"Le presentaban unos niños para que los tocara, pero los
discípulos les reprendían. Viéndolo entonces Jesús, se indignó y les dijo::
´Dejen que los niños vengan a mí, no se lo impidan, porque de tales es el
Reino de Dios. En verdad les digo: cualquiera que no reciba el reino de Dios
como un niño, no entrará en él. Y habiéndolos abrazado, los bendecía
imponiendo las manos sobre ellos" (Mc 10, 13-16).
La situación de los niños en las antiguas sociedades
mediterráneas era miserable. Una vez nacidos dependían completamente de la
decisión del padre, el cual los podía condenar a morir inmediatamente, los
podía exponer en la plaza pública, los podía condenar a la esclavitud. La
bendición paterna mediante la imposición de manos era el pasaporte para
vivir. Así como Reino de Dios es el Reino de los miserables, también es el
Reino de los niños, de los sin derecho, de los desvalidos.
El escándalo al que aquí se refiere Jesús, de acuerdo al texto,
consiste en apartar a los niños del Reino de Dios. De la situación social
del niño, completamente desprotegido, se pasa a determinadas características
propias del niño, que deben ser la de los militantes del Reino: sencillez,
receptividad, candor.
¿Cómo se escandaliza a los niños? Cediendo ante la persecución
ya sea con los ojos, las manos o los pies. Se debe estar dispuesto a
afrontarla. Todos pasarán por la sal de la persecución, esa sal que puesta
sobre las heridas atormenta hasta lo indecible. Pero la sal aquí es un
símbolo que, como tal admite diversos sentidos. Sirve para conservar y
sazonar los alimentos. Hay que tenerla para convidar en la mesa común a los
niños. Si no se la tiene todo se vuelve insípido. "Tener la sal", pues, lo
mismo que "tener la paz" significa ser sal y ser paz, o ser "saleroso" y ser
"pacífico".
En nuestra historia reciente, arrojar a alguien al mar no es una
simple metáfora. Pertenece a lo más tenebroso y terrible de nuestra
historia. Miles de militantes populares y personas que no coincidían con la
ideología de la dictadura genocida han sido efectivamente arrojadas al mar,
y la jerarquía eclesiástica tiene en ello mucha culpabilidad.
Símbolos y metáforas tienen múltiples sentidos. Es el contexto
en el que son empleados el que nos proporciona la pista necesaria para su
adecuada interpretación. Empleado por el obispo castrense adquiere
connotaciones terroríficas. Ello no nos puede extrañar, porque los obispos
castrenses, comenzando con Servando Tortolo como Vicario de las fuerzas
Armadas, siguiendo con Victorio Bonamín, provicario de las mismas y luego
con José Medina, ya obispo castrense y Norberto Martina han aportado la
legitimación teológica al genocidio.
Antonio Baseotto se muestra como un digno sucesor de Tortolo,
Bonamín y Medina, ilustres monseñores comprometidos con los militares
asesinos que arrojaron al mar a miles de ciudadanos argentinos. El apoyo
del cardenal Renato Martino no hace más que expresar la hegemonía que tiene
en el Vaticano la derecha más recalcitrante, la que gobierna efectivamente a
la Iglesia, mientras Juan Pablo II apenas puede articular palabra.
Buenos Aires, febrero de 2005
La Señal Medios
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