[R-P] [E. Oliva] Ciencia, revolución nacional... e ingleses
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Jun 26 18:43:40 MDT 2005
Gentileza de Boletín CEES
[Dos notas de Enrique Oliva]
¿POR QUÉ AL CONICET SE LE QUITAN AÑOS?
Fue fundado en 1951 por una democracia y no en 1958 por una dictadura
Por Enrique Oliva
Eljueves 5 de febrero de 2004, según la página Internet
www.conicet.gov.ar se habrían cumplido 46 años de la fundación del
CONICET. En dicho sitio, al hablar de historia, origen y trayectoria
del mismo, dice que fue creado "por Decreto Ley número 1291 del 3 de
febrero de 1958"; es decir, sería obra y mérito de quien tambiénfirmó
fusilamientos de argentinos y la entrega del país al FMI, el dictador
general Pedro Eugenio Aramburu.
Pero no se registró ninguna celebración. ¿Por qué? Porque un buen
número de investigadores y otros miembros del organismo, cuestionaron
con razón que esa no es la fecha de fundación delCONICET. Y se
prefirió no hacer recordación alguna. Una plausible actitud de las
autoridades.
La verdad, la pura y documentada verdad, es que el CONICET fue
creado por el decreto número 9695 firmado por el General Juan Perón
con fecha 17 de mayo de 1951, y refrendado por los ministros Raúl
Mendé, Humberto Sosa Molina y Méndez de San Martín. Este decreto
perfeccionó y reunió a otros organismos ya creados por el mismo
gobierno justicialista. Insólitamente, hasta en las informaciones
oficiales, por añosse vienediciendo y repitiendo que ese importante
ente fue fundado por el Premio Nobeldoctor. Bernardo Houssay en 1958.
Resulta patético que en un organismo de investigaciones científicas
se den fechas erróneas sobre el origen del mismo, y aparezcan así en
informaciones periodísticas. No es de creer que alguien prefiera
adjudicar indebidamente su creación a una dictadura, cuando fue obra
de un gobierno democrático siete años antes. Es decir, tiene 53 años
de existencia y... solera..
Este proceder puede deberse a resabios del oprobioso decreto 4161 de
marzo de 1956, que condenaba con multa y cárcel cualquiermención a
Perón y Evita o alguna palabra derivada de ellos o del patriótico
accionar de ambas figuras tan caras al sentir de los argentinos.
Hasta ahora, esta actitud maligna fue bastante usada. Se cambia un
término para apropiarse de ideas o hechos, como si la implacable
historia pueda ignorar indefinidamente cuanto pasó en aquella década
feliz para criollasy criollos.
La jerarquización de los investigadores científicos Vale la pena
leer el olvidado decreto 9695, sus avanzados fundamentos y la
seriedad otorgada a aquel organismo revolucionario. La presidencia
del CONICET se la reservó el propio General Juan Perón, para darle
más jerarquía y efectividad, evitando interferencias burocráticas..
Hoy no puede ignorarse el importante trabajo realizado por el
originario Consejo. Nada se recuerda ni agradece a los iniciadoresde
la investigación organizada y planificada plurianual, de acuerdo a
las necesidades de los planes de desarrollo. Allí dejaron rastros las
tareas de científicos comoJosé E. Balseiro, cuyo nombre lleva el
actual Instituto de Bariloche. También lo fueron, entre tantos otros
compatriotas, Enrique Gaviola, Otto Gamba (primer extranjero que
integrara poco después la Comisión Nacional de Energía Atómica de
Francia) el astrónomo Padre Busolini y notables profesores europeos y
norteamericanos, quienes trajeron al país sus conocimientos en
intensos seminarios y cursos.
Entre otras realizaciones fundamentales, el CONICET no recordado
concretó el Primer Censo Científico Técnico Nacional. Era
indispensable saber quiénes, qué,dónde, cómo y con qué se investigaba
en nuestro país, tanto en lo privado como público. De esa consulta y
sus conclusiones, se decidió dar prioridad al estímulo de dos
disciplinas hoy privilegiadas en todo el mundo moderno: física y
química, cuya implementación se ligaba a las necesidades del Segundo
Plan Quinquenal. Con tales proyectos plurianuales, a los que se está
retornando en los más avanzados centros de investigaciones
internacionales.
Reconocer la fecha exacta de la creación del CONICET, como a los
científicos argentinos y extranjeros que colaboraron en ese empeño,
reivindica la verdad histórica. El CONICET apostó acertadamente que
el desarrollo de nuestro país era inseparable de los avances de su
propia investigación científica y técnica. Es decir, Argentina tenía
bien formulada una política de estado en ese campo, llegando así a
ocupar un lugar destacado que llamó la atención internacional.
Antes de fundarse el CONICET, el 10 de marzo de 1950 (decreto 5248)
se creó la Dirección Nacional de Servicios Técnicos. Luego sorprendió
al mundo, el 31 de mayo de 1950, poniendoen marcha, por decreto
10398, la Comisión Nacional de Energía Atómica, solo con fines
pacíficos. Algunos pensaron que se trataba de un vacío golpe de
efecto político, pero el tiempo demostró cuán valioso resultó formar
nuestros propios científicos y técnicos en energía nuclear, hoy
respetados en todo el mundo. Y el 4 de julio del mismo año, por
decreto 13443, comenzó a funcionar la Dirección Nacional de
Investigaciones Técnicas y Científicas.
Entre las maniobras de la dictadura contra la memoria científica-
técnica de la Argentina, trató de cubrirse con el prestigio del
Premio Nobel Bernardo Houssay para escamotear el mérito de la
creación del CONICET, con concretada y de meritoria actividad desde
siete años antes.
La investigación científico-técnica como derecho constitucional Los
planes científicos y técnicos del general Juan Perón, ya estaban
perfectamente expresados en la Constitución de 1949. El largo y
preciso artículo 37 de la misma, comienza así: "Decláranse los
siguientes derechos especiales". Allí figuran, como novedades
revolucionarias, los derechos del trabajador, de la familia, de la
ancianidad y de la educación y la cultura. En este último capítulo,
luego de hablar de la enseñanza primaria, secundaria, técnico-
profesionales, universidades y academias, dice: "En estado encomienda
a las universidades la enseñanza n el grado superior, que prepare a
la juventud para el cultivo de las ciencias al servicio de los fines
espirituales y del engrandecimiento de la Nación y para el ejercicio
de las profesiones y de las artes técnicas en función del bien de la
colectividad...El Estado protege y fomenta el desarrollo de las
ciencias y de las bellas artes, cuyo ejercicio es libre; aunque ello
no excluye los deberes sociales de los artistas y hombres de ciencia.
Corresponde a las academias la docencia de la cultura y de las
investigaciones científicas postuniversitarias, para cuya función
tienen el derecho de darse un ordenamiento autónomo..."
Nota - En el caso del CONICET, viene a cuento un ejemplo cercano al
descubrimiento de América. En 1.513 Vasco Núñez de Balboa, luego de
una heroica travesía de la selvática América Central, superando
increíbles sacrificios, descubrió nada menos que el Océano Pacífico.
Dio unos pasos sobre las olas, comprobó que el agua era salada y sin
límites a la vista, introdujo su espada en ese mar y lanzó la fórmula
ritual: "Te tomo en posesión en nombre del Rey de España". Luego, el
sacerdote que lo acompañaba. hizo una relación del acontecimiento
enviándola a la Corona, con un garabato a modo de firma de Balboa.
Con las lógicas demoras de aquellas épocas, al fin la noticia llegó a
la Corte española, arribando referencias de la magnitud del océano
descubierto. El Rey y sus nobles lamentaron que tal proeza la hubiera
realizado un plebeyo iletrado, considerándolo sin jerarquía para
pasar a la historia. Entonces se decidió enviar una expedición al
mando de un duque para "descubrir oficialmente" el Océano Pacífico.
Este noble llegó a Panamá sin alcanzar la costa pacífica y, naufragio
mediante, jamás se volvió a tener noticias de él. Ahora se lo
recuerda sólo al humilde y esforzado Balboa, el analfabeto (como lo
fueron Cortés, Pizarro, De Soto, etc.) como el descubridor del más
grande océano. Mientras, el nombre del duque cayó en el olvido.
Este histórico suceso en nuestro tiempo y país, se ha repetido desde
1955 en múltiples imposturas similares, con injusta frecuencia,
olvidando la enorme obra del General Perón.
"CIENTÍFICOS", "EXPLORADORES" Y… COLONIALISTAS"
Por Enrique Oliva
"Nunca se encontrará un inglés que no tenga razón. Todo lo hace por
principios. Te guerrea por principios patrióticos. Te roba por
principios de comercio. Te esclaviza por principios imperialistas. Te
oprime por un principio de fuerza. Sostiene a su rey por principios
de lealtad y lo decapita por principios republicanos" (George Bernard
Shaw, Irlandés Premio Nobel de Literatura 1925).
"Inglaterra, cuando codicia un país, envía primero sus hombres de
ciencia, sus comerciantes y sus manufactureros. De este modo consigue
dar expansión a su industria, abriendo nuevos mercados y obteniendo a
poco precio las materias primas. Luego, si es preciso, se apodera de
él por medio de la fuerza" (Prólogo del traductor al español de la
obra de Charles Robert Darwin "Diario del viaje de un naturalista
alrededor del mundo" publicado por Editorial F. Sempere y Cía. de
Valencia, España).
Las palabras del español, de un inglés atrás, no decían nada nuevo
para Europa. Las expediciones "científicas" se formaban con capitanes
jóvenes, audaces, con gran independencia de movimiento y decisiones.
Robert Fitz Roy (1805-1865), tenía sólo 21 años cuando como capitán
del Bric "Beagle", de 230 toneladas y 10 cañones, exploró las costas
patagónicas en misión dirigida por el capitán Parker King que
comandaba el "adventure" (350 toneladas), entre 1926 y 1830. Es decir
que Fitz Roy ya poseía una buena experiencia cuando en 1831, a los 26
años, siempre en el "Beagle", inicia una larga expedición de 5 años.
El científico que lo acompañaba era Charles Robert Darwin, quien
acababa de cumplir 23 años y aun no había concluido sus estudios de
ciencias naturales.
También James Cook (1728-1779) otro navegante inglés que realizó
largos viajes "científicos" y de exploración y dio varias colonias a
la corona, comenzó a muy temprana edad sus andanzas por todos los
mares. Este capitán visitó las islas Sándwich en nuestro Atlántico
Sur y en Londres las dieron por propias cuando correspondían a España
y luego trasmitidas a Argentina con el reconocimiento de la
independencia.
La institución que organizaba y dirigía estas expediciones era la
Royal Society, fundada "para el desarrollo de la ciencia y la
literatura" (¡qué título candoroso!). Pero el verdadero comanditario
y financista de los viajes no era otro que la propia corona,
proveedora además de su poderosa flora, con marinería de desembarco y
abundantes pertrechos, como una buena provisión de misioneros
cargados de biblias. Eso sí, no sabríamos evaluar los verdaderos
aportes de la Royal Society a la ciencia y la literatura, pero el
Imperio Británico le debe mucho. Eran verdaderas misiones de
corsarios.
Los pastores que oficiaban de capellanes, dependían ( y dependen
hoy), de quien lleva la corona de turno en Londres, porque ese cetro
implica la jefatura de la Iglesia Anglicana.
Los científicos, a veces verdaderos como el caso de Darwin, tenían la
misión de estudiar el terreno, sus gentes y, muy en particular, las
posibilidades de colonizar tierras y mercados comerciales, pues le
desarrollo industrial británico era insaciable.
Cuando pasaron las guerras por la Independencia de los Estados Unidos
y las napoleónicas, la Inglaterra quedó como indiscutida "reina de
los mares", a causa de su poderosa flota. "Si el agua es salada, es
inglesa", sostenía. De esa forma, ninguna nación podía utilizar los
mares sin pagar peaje a la poderosa armada de guerra. Ningún negocio
(ni el de la esclavitud) se les escapaba. Los holandeses recuerdan,
por citar un ejemplo, que cuando en sus colonias de Africa
descubrieron diamantes, o cuando en el sudoeste de Extremo Oriente
extraían el valioso caucho, debieron asociarse con Gran Bretaña, que
aportaban como capital a los océanos. Tiempo después, hasta
desplazaron a los holandeses de Sudáfrica y otras colonias.
La dominación imperial inglesa se mantuvo hasta la Primera Guerra
Mundial, cuando los norteamericanos resultaron los principales
ganadores y dieron comienzo a la construcción de "su" imperio, que
desde entonces creció inatajable. Ahora son ellos, los
norteamericanos, los "filántropos" que envían expediciones
"científicas" y "humanitarias" para hacer estudios de mercado y
difundir "su" democracia.
Con el tiempo, muchos de esos "científicos" y "exploradores", cuyos
nombres hemos dado a importantes sitios de nuestra toponimia, no han
dejado de venir hasta hoy. Hay más, todos los ejecutivos de empresas,
tanto ingleses como franceses, hacen un "cursillo" antes de salir de
su país para ocupar cargos en empresas importantes radicadas aquí.
Como comerciantes (todos) y en menor proporción profesores y
periodistas, cumplen el deber de servir a sus países como
informantes.
En 1806 los ingleses ya habían tenido la oportunidad de saquear
minuciosamente a la población de Buenos Aires sin perdonar nada, ni
siquiera las reliquias sagradas de iglesias que contenían oro, plata
o piedras preciosas.
Casi dos siglos después, en 1982, en plena Guerra de las Malvinas
ironizando sobre el conflicto que transcurría en ese momento, el
diario "The Guardian" publicó el 3 de mayo un recuadro de aquel
acontecimiento de 1806: "De un pueblo agradecido (sic) del valor
británico, consiguió él mismo, el invasor general Sir Home Riggs
Popham, reunir 1.200.000 dólares del dinero público (N del A: la
mayor parte del llamado tesoro de Sobremonte que no llegó íntegro a
Córdoba, y su mayor parte no pasó de las cercanías de Luján). Popham
mandó casi todo el botín a Inglaterra. Desde el castillo de su
majestad se dispararon salvas por la bandera inglesa que ondeaba por
primera vez en Sudamérica. El primer ministro George Canning dijo en
los Comunes: "¡Rejoice… Rejoice!" (¡Regocijaos… Regocijaos!)¹.
Las lentas comunicaciones de la época, no permitían saber que en esos
momentos de alegría en Londres ya se había producido la derrota y
expulsión poco honrosa de los invasores ingleses. Pero el botín,
incluidas las reliquias religiosas e históricas que le habría
brindado el "agradecido" pueblo de Buenos Aires, jamás fueron
devueltas. Las joyas engrosan hasta hoy el Tesoro de la Corona.
Es de recordar que en las luchas populares llevadas a cabo para
contrarrestar las invasiones inglesas, se movilizó un importante
contingente de gauchos e indios comandados por el joven casi
adolescente Juan Manuel de Rosas, venido a "matacaballos" para
ayudar. Otras expediciones posteriores desistieron del empeño, por la
férrea voluntad y valor de aquel muchacho cuando era Brigadier
General y Gobernador de Buenos Aires sin que Londres dejara nunca de
codiciar esta colonia. No obstante, después de Caseros los británicos
por vías económicas y "libertad de comercio". Pero esa es otra
historia.
Con respecto a Sir Home Riggs Popham, recordemos que, desde tiempo
atrás, venía proponiendo en Inglaterra atacar las colonias españolas
suramericanas, siendo desoído. Pero enviado por el Almirantazgo a
desalojar a los holandeses de Cabo Buena Esperanza, en 1805, ya en
navegación contraría la orden y se dirige al Río de la Plata. Traía
una flota de 6 barcos armados con 306 cañones y 6.654 marinos. Una
fuerza más que suficiente para tomar una ciudad desprotegida, de poco
más de 30.00 habitantes, donde no esperaba tan heroica resistencia.
La grave falta de disciplina y desobediencia de órdenes, su
"conquista" fracasada fue celebrada en Londres por el botín que envió
a la corona.
¹ Estas palabras fueron exactamente las mismas que pronunciara la
Primer Ministro Margaret Thatcher al anunciar la toma de las Islas
Georgias del Sur, comandadas por el Capitán Alfredo Astiz.
Néstor Miguel Gorojovsky
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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