[R-P] Luces y sombras en economía
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mar Jun 21 16:43:32 MDT 2005
El Fondo Monetario ve que no puede seguir apretando para cobrar más
de lo que la Argentina le pretende pagar. Sus personeros y los
representantes de la usura internacional (Daniel Marx, por ejemplo),
recomiendan que el país vuelva a endeudarse.
Pero Kirchner, en esto, se mantiene firme.
Entonces el FMI, coincidiendo con López Murphy y algunos diputados
progresistas, cree que todo son bravatas electorales. A nadie se le
ocurre preguntarse, en el FMI, la siguiente y elemental cuestión:
"Si el ataque al FMI es un buen argumento electoral, significa que la
mayoría de la población se opone a la política del organismo. Por lo
tanto, ¿cuando el FMI exige que se cumplan sus condiciones, acaso no
aparece como un elemento profundamente antidemocrático, que
extorsiona para torcer la voluntad del gobierno en contra de los
deseos mayoritarios de sus gobernados?"
El FMI no se hace esta pregunta, pero parece ser que Kirchner sí. Su
estrategia de Kirchner parece ser, más o menos, la siguiente:
(a) ahorrar (sobre la sed de los argentinos, si hace falta: por eso
el congelamiento salarial de estatales o el superávit sin repartir
del ANSeS) para poder discutir con el FMI en condiciones favorables
En la nota de La Nación que enviamos antes, puede leerse esto de
Aldo Ferrer: «la Argentina se encuentra en una "posición fuerte" en
la negociación con el Fondo para obtener una refinanciación de su
deuda con ese organismo, porque... no... "busca plata fresca", sino
de uno que "se arregla con lo que tiene".»),
(b) fortalecer poco a poco la posición financiera del país para
enfrentar una eventual "pateadura de mesa" por parte de la usura
internacional, sin recurrir a la vía revolucionaria de la denuncia de
la deuda por vía parlamentaria (camino que descartó desde el inicio
mismo de su gestión, e incluso pretende cohonestar haciéndonos creer
que la salida de la cesación de pagos -es decir, la aceptación de la
legitimidad de una deuda ilegítima- es un "triunfo de los
argentinos"). Magro triunfo para el costo que tiene. Pero admitamos
que es mejor irse desatando, aunque nos cueste horribles heridas, que
ajustar más las propias ataduras.
En estos dos planos (y dentro de los límites que se autoimpuso,
claro) Kirchner está jugando para el país . Por lo menos está
tratando de patear hacia el arco contrario. Si mal o bien, es otro
asunto.
Sin embargo, no pueden dejar de surgir dudas en relación a los
objetivos finales del programa económico. Durante el acto del 16 de
junio en Plaza de Mayo, recordamos las palabras de Perón en 1974,
según las cuales él no se detendría hasta asegurar que todas las
palancas básicas de la economía quedaran bajo control de los
argentinos. Dijmos que recién en ese momento se podría comenzar a
pensar que los caídos de la Plaza de Mayo empezaban a ser
reivindicados en serio.
Nos han comentado que ciertos amigos, íntimamente vinculados a la
política general del kirchnerismo, se sintieron algo molestos con
esta declaración. Quizás por sentirse mal aludidos, quizás porque
interpretaron como una exigencia lo que no fue sino la conclusión
lógica de un análisis sobre los motivos por los que se ejecutó la
masacre.
O quizás, como mucho tememos, porque semejante perspectiva está muy
lejos del pensamiento del kirchnerismo, que aún cree que la
"globalización" es otra cosa que el nombre que se da el imperialismo
a sí mismo (como decía Spilimbergo). Y mucho lo tememos, porque en
la edición de hoy del _Clarín_,. leemos la nota "Un Estado fuerte y
que sepa negociar" (también reproducida en otro correo enviado hoy a
la lista) del Defensor del Pueblo de la Nación, Eduardo Mondino.
De esa nota, en efecto, puede colegirse que este gobierno también ha
decidido
(c) asumir como propios los criterios de la década del 90 sobre la
"ineficiencia estatal" y no avanzar un milímetro en el camino de la
soberanía económica. Le basta, aparentemente, con el desahogo
financiero.
Es decir, que ni siquiera _conviene_ pensar en renacionalizar la
economía, intervenir directamente desde el Estado en sus sectores
dinámicos, etc. Frente a estos asuntos, en lugar de ponerse en el
punto de vista de la mayoría de los argentinos, que -como recordaba
el Pepe Azcurra en ese mismo acto del 16- preferían una "Nación
fuerte a una colonia próspera", se ponen en el de Arturo Frondizi,
que suponía posible industrializar entregando el país. Los frutos de
_esa_ industrialización extranjerizadora comenzamos a degustarlos en
1966. Y no fueron, precisamente, agradables.
Que las declaraciones provengan de quien provienen demuestran que
estamos ante algo serio. El Defensor del Pueblo debería ser el más
duro enemigo de estas "privatizaciones", aunque más no sea por su
fraudulencia originaria. Muy por el contrario, Mondino cree (o nos
quiere hacer creer que cree) que las "privatizaciones" buscaban
otorgar mayor eficiencia a la economía argentina.
Como todos sabemos (y sospechamos que Mondino tampoco ignora) las
privatizaciones no fueron sino un mecanismo de pago de deuda a los
acreedores, preconizado en primer lugar por el criminal de guerra
Henry Kissinger. "Si no tienen plata, que paguen con las empresas",
afirmaba el estratega de Occidente ya a principios de la década del
80.
Dicho de otro modo: la presidencia Kirchner supone que, una vez
eliminado del panorama el extorsivo apretujón fondomonetarista, la
empresa privada salvará al país. Y esto sin siquiera preguntarse por
la nacionalidad de los capitales: parece que comparte otra zoncera
colonialista más, ésa de que "el capital no tiene patria". ¡Vaya si
la tiene, y vaya si usa las herramientas de _sus diversas patrias_
para hacer sus negocios en contra de _nuestra_ patria!
Para Mondino (y esto figura como copete en la nota publicada en
Clarín) , "la renegociación de los contratos de servicios públicos es
una gran oportunidad para corregir errores cometidos en las
privatizaciones". Si esto piensa el defensor del pueblo, preferimos
no enterarnos de lo que pensarán otros miembros del gobierno, porque
en realidad el eror más grave de todos fueron _las privatizaciones en
sí mismas_, incluso cuando algún gobernador haya creído que el
fortalecimiento de su provincia por acuerdos con empresas
imperialistas justificaba, por ejemplo, la liquidación de la
soberanía petrolera argentina.
Está muy bien esforzarse por poner en marcha el barco. Pero si se
elige mal el rumbo, vamos directo al naufragio. ¿No hemos soportado
ya demasiados naufragios en la Argentina?
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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