[R-P] El plebiscito de Kirchner (Por Julio Godio)
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Gentileza de “Rebanadas de Realidad”02/06/05
El plebiscito de Kirchner
Por Julio Godio (*)
Rebanadas de Realidad - Buenos Aires, 02/06/05.-
Sumario
1. El plebiscito: objetivos de Kirchner y realidades
político-electorales
2. La formación de un frente de centro-derecha:
potencialidad y obstáculos
3. El papel del ARI: su discurso político,
implantación territorial y función objetiva en el
sistema de partidos
4. Conclusiones. Avance kirchnerista con mayoría
peronista y emergencia del centro-derecha: los
equilibrios inestables en el interior del PJ y en el
sistema de partidos
1. El plebiscito: objetivos de Kirchner y realidades
político-electorales
El Presidente Kirchner a planteado con claridad su
objetivo en las elecciones nacionales de octubre
próximo, de renovación parcial de los poderes
legislativos nacionales, provinciales y nacionales. Su
objetivo es lograr que, a dos años y medio de su
gobierno, el resultado electoral sea un triunfo del
Parido Justicialista (PJ) y alianzas/acuerdos con
fuerzas políticas no peronistas, pero afines a su
gobierno. Kirchner, obviamente, confía a que su
prestigio y poder sean el motor y el catalizador
político del eventual triunfo electoral. (1) Kirchner
aspira a que el kirchnerismo sintetice y represente la
corriente hegemónica en el PJ, y que al mismo tiempo
cristalice como una nueva cultura política
articuladora de una gran convergencia
político-electoral entre el peronismo y segmentos de
la sociedad no peronistas, pero identificados con su
modelo “neodesarrollista democrático”. En otras
palabras, Kirchner -que cuenta con un alto grado de
adhesión popular- aspira a encolumnar bajo su
liderazgo a la mayoría que seguramente lo habría
votado en la fallida segunda vuelta de las elecciones
de 2003.
El “plebiscito” es para Kirchner una estación
importante en su camino para establecer una hegemonía
político-partidaria y lograr su reelección
presidencial en 2007. Como ha escrito con inteligencia
el periodista Joaquín Morales Solá en su columna
editorial del diario La Nación, se trata de un
plebiscito muy particular. En efecto, un plebiscito
clásico supone que por lo menos un 51% de los votos
debería votar formalmente a favor de aprobar la
gestión presidencial. (2) Pero lo planteado por
Kirchner es un plebiscito político singular, porque si
bien dará como resultado una aprobación o un rechazo a
su gestión presidencial, estas alternativas se
plantean a través de una elección convocada para
renovar los poderes legislativos. No se votará
formalmente por al aprobación o rechazo de la gestión
presidencial (o por una iniciativa puntual planteada
desde el gobierno o la oposición).
Luego, como adelantamos anteriormente, el plebiscito
de Kirchner le dará un resultado positivo sólo si el
PJ triunfa y las alianzas con otras fuerzas también
son exitosas dentro del paraguas común de la figura
presidencial. Dicho de otro modo, como el Presidente
Kirchner simbólica a una forma de “revolución desde
arriba”, el plebiscito le será favorable si logra que
el ciudadano votante se identifique mayoritariamente
con su proyecto político peronista neodesarrollista,
si los candidatos/as electos se identifican con ese
proyecto político y sise consolidan dentro y fuera del
PJ estructuras y liderazgos políticos afines con el
gobierno actual.
Si se producen estos hechos políticos, entonces, el
Presidente habrá logrado su objetivo y se
institucionalizará su liderazgo político, real, pero
aún demasiado “mediático”. En el interior del PJ, solo
la figura del Ministro de Economía, Roberto Lavagna,
podría convertirse en 2007 en una opción fuerte a
Kirchner como candidato presidencial para 2007. Pero
hasta ahora, esta candidatura sólo es una opción
potencial.
Es necesario concluir que Kirchner no tiene otra
alternativa mejor para transformar sus poderes, reales
pero todavía difusos, en una voluntad política popular
organizada y mayoritariamente en el interior de la
sociedad argentina. Su decisión política al proclamar
que las elecciones de octubre serán un plebiscito es
audaz y viable. Sin esa audacia no habría podido
conservar el poder en un país que ha experimentado
desde 2001, y todavía experimenta, los dolores y
sufrimientos de una “crisis global”, una “crisis de
época” Kirchner puede coronar con éxito su estrategia
plebiscitaria. Montado sobre la ola
“peronista-desarrollista”, tiene hoy asegurada la
concreción de su meta de fortalecer su liderazgo en
octubre. Pero cuando se analiza en concreto la
cuestión del plebiscito, se plantean varios problemas
políticos. En primer lugar, el mapa político de los
caudillos-líderes que articulan al PJ como partido
político le sigue siendo desfavorable.
La pretensión de Kirchner de subordinar las
estructuras partidarias en la formación de
“movimientos” Frente para la Victoria (u homólogos
según provincias) es, hasta ahora, resistida por
caudillos-líderes clave: Duhalde en la provincia de
Buenos Aires, Obeid-Reutemann en Santa Fe, De la Sota
en Córdoba, Puerta en Misiones y en otras provincias.
En estas provincias, claves electoralmente, la línea
peronista dominante es participar en las elecciones
con la sigla PJ o, eventualmente, con siglas diseñadas
por los jefes políticos mencionados. El caso de la
provincia de Buenos Aires es muy particular: Duhalde,
ex-presidente, con posiciones clave en la estructura
del poder en la Legislatura Provincial y con fuerte
adhesión en el sindicalismo, se resiste a aceptar una
fuerte presencia en las listas de un eventual bloque
kirchnerista-“solaista”. La candidatura de la primera
dama, Cristina Kirchner, es fuerte, pero resistida por
el duhaldismo. Por último, por lo menos dos
caudillos-líderes, Menem en La Rioja y Rodríguez Saa
en San Juan, amenazan con presentarse por fuera del
eventual acuerdo general que represente al peronismo.
Menem y Rodríguez Saa hacen “guiños” favorables a la
flamante coalición de centro-derecha.
Kirchner aspira a limitar el poder de los caudillos
provinciales a través de la presión del gobierno
central (principalmente con la distribución de Aportes
del Tesoro Nacional, ATN). Pero simultáneamente
persigue el objetivo de sumar intendentes peronistas.
La red de intendentes es organizada por el asesor
presidencial Carlos Mazzon y el intendente de
Florencio Varela (en la provincia de Buenos Aires),
Julio Pereyra. Se prevé una convocatoria nacional de
unos intendentes “kirchneristas” en septiembre
próximo. (3) En segundo lugar, si bien el PJ terminará
alineándose tras el liderazgo presidencial, será una
alineación limitada y traumática, dado que los
caudillos-líderes provinciales y sus grupos
político-partidarios resistirán y tratarán de colocar
a dirigentes propios en posiciones clave. El
kirchnerismo, que como hemos dicho, es todavía una
“revolución desde arriba”, carece de estructuras
partidarias (o “transversales”) sólidas, y escasean
los dirigentes realmente identificados con el
kirchnerismo, en particular a nivel de distrito y
municipio. El Presidente -como hemos comentado en otro
artículo- (4) pretende que varios de sus ministros
encabecen las listas partidarias, pero esta operación
no será sencilla, salvo que el poder político central
cuente con suficientes recursos económicos para
presionar sobre los peronismos locales.
En tercer lugar, el Presidente se arriesga a perder
las elecciones en la estratégica Capital Federal. En
efecto, las encuestas le dan un alto nivel de
aceptación en el electorado capitalino, pero cuando se
analiza la cuestión a nivel partidario, el cuadro
electoral dice que el ARI y Compromiso para el Cambio
se colocan levemente sobre el PJ, que, aunque
reconstruido, no ha logrado captar al importante “voto
independiente” afín al kirchnerismo. El PJ -aunque se
presente como Frente para la Victoria- no logra
traccionar votos que se han desplazado hacia Carrió y
Macri. Necesita construir además de un PJ “renovado”,
un polo duro político transversal que apoye a
Kirchner, pero que dé seguridades a un electorado
volátil y predominantemente no peronista, con
capacidad de criticar al gobierno nacional si no se
avanza en la resolución de temas como empleo, pobreza
y seguridad en la Capital Federal.
Este electorado fue el que votó a Miguel Bonasso,
firme aliado de Kirchner, en las elecciones celebradas
en 2003, y ahora busca como expresarse políticamente.
Además varios partidos de izquierda (Libertad y
Autodeterminación, Partido Comunista, Partido Obrero,
y otros), fuertemente críticos del Presidente, podrían
sumar un 10-12% de los votos.
En cuarto lugar, faltan cinco meses para las
elecciones y el gobierno sabe que necesita avanzar en
forma sostenida en tres frentes: llevar el nivel de
desocupación a un dígito (sin los planes de subsidios
al desempleo), consolidar el crecimiento económico (en
un país altamente endeudado) y reducir los índices de
pobreza (que afectan al 40% de la población). Es
sumamente positivo que este gobierno puede mostrar
logros importantes en dos años de gestión en estas
tres áreas. (5) Pero de escaparse la inflación,
acentuarse las desavenencias cuasi-públicas en el
gabinete (choques entre los ministros Lavagna y De
Vido) y de demostrarse la existencia de “tráfico de
influencias”, etc., el Presidente podría perder parte
de la actual adhesión popular. Es importante destacar
que este año está mostrando una creciente
conflictividad laboral (por aumentos salariales) que
si bien no necesariamente deberá incidir en el
resultado electoral, puede sin embargo generar nuevos
enfoques y diferencias políticas en el interior del
gabinete nacional.
Es cierto que el Presidente -con su audacia y ambición
de poder, y sin encontrar resistencias importantes en
las fuerzas de oposición- cuenta con la capacidad para
ser la locomotora de un peronismo triunfante. La
sociedad aspira mayoritariamente a que Kirchner sea un
presidente fuerte, que garantice el éxito del
desarrollismo en curso. Pero es un Presidente que
todavía no ha sido reconocido en el PJ como el
caudillo orgánico y hegemónico del peronismo. Es
seguro que el PJ y sus aliados triunfarán, pero
todavía en gran medida como un “frente electoral” de
partidos peronistas provinciales. Entonces, el
plebiscito se transformará sólo en un crecimiento
relativo del kirchnerismo, dentro de un gran espacio
político partidario-movimientista con fuertes
intereses sectoriales de grupos provinciales
peronistas. El plebiscito pensado sería diluido en
parte por el resultado político de la elección, esto
es como suma de aportes electorales distritales.
En el caso de que persistiese la alta proporción de la
abstención electoral (32% en el ciclo electoral de
2003), no sólo el PJ sino todo el sistema de partidos
resultará erosionado y se agudizará la presión para
una auténtica reforma política que gire sobre el
sistema de representación (posible sistema mixto de
listas y de candidatos por distritos sin listas
sábana).
2. La formación de un frente de partidos de
centro-derecha: potencialidades y obstáculos
En un artículo anterior nos hemos referido al reciente
impulso “frentista” de varios partidos y
organizaciones políticas de centro-derecha. (6) Con
retraso histórico, pero con legitimidad política,
parecería que, por fin, la diáspora política del
centro-derecha argentina, ahora aggiornada, comienza a
edificar un espacio de unificación política.
El 25 de mayo ha sido organizado un frente o acuerdo
electoral entre partidos de centro-derecha de cara a
las elecciones de octubre. Este frente o acuerdo
electoral cuenta con un núcleo duro fundador compuesto
por el partido Recrear (Ricardo López Murphy) y
Compromiso para el Cambio (CPC), de Mauricio Macri. Se
han adherido ya varias estructuras provinciales de la
UCeDe, intendentes radicales del Grupo Olavarría,
dirigentes peronistas menemistas y el Movimiento
Vecinalista. Es previsible que en pocas semanas se
sumen el Partido Conservador de Mendoza, el Partido
Demócrata Progresista y otros. Como el objetivo
estratégico es constituir un gran frente político de
centro derecha nacional para las elecciones
presidenciales en el 2007, el núcleo fundador aspira a
incorporar en corto plazo al Movimiento Popular
Neuquino (MPN) y al gobernador neuquino Sobisch.
También están en negociación las incorporaciones,
quizás ya en 2006, de las siguientes corrientes
internas en el Partido Justicialista: menemismo,
saadaismo y romeristas. El flamante centro-derecha
cuenta con apoyo firme en el establishment empresario
local y de empresas multinacionales.
El centro-derecha argentino afirma contar con fuerzas
suficientes para terminar con el imperio del peronismo
en el sistema de partidos. Se plantea sustituir a la
UCR como alternativa garante del bipartidismo frente
al peronismo. Pero sabe que deberá coexistir durante
largo tiempo con un peronismo hegemónico Así las
cosas, en las elecciones de octubre de este año
tendríamos un peronismo mayoritario con mayor
incidencia del kirchnerismo, pero con la competencia
de una coalición política de centro-derecha, lo que
constituye un hecho inédito en la reciente historia
política argentina (que, como hemos dicho, hasta 2001
seguía dentro de la bipolaridad entre peronismo y
radicalismo). El eventual triunfo peronista estaría
asociado con el fortalecimiento del Presidente, pero
al mismo tiempo lo obligaría a éste a acelerar el
control y la “ autorreforma” del PJ, para contar con
una herramienta partidaria funcional a su proyecto
democrático neodesarrollista y con capacidades para
limitar la influencia del centro-derecha.
El fenómeno inédito de un centro-derecha unificado a
nivel nacional es uno de resultados del impacto
favorable en una parte de la sociedad (un 25%) de las
políticas de los gobiernos neo-conservadores del
presidente Menem a favor del libre mercado y la
constitución de una sociedad de mercado. Este segmento
social, con ingresos medios y altos, busca una nueva
representación política. Existe, por eso, la
posibilidad cierta de que el Frente Cívico cuaje en
este país. Pero será trabajosa la construcción de una
cultura política común del nuevo espacio del
centro-derecha y su instalación a nivel nacional. El
propio núcleo duro político fundador es
ideológicamente heterogéneo. Se suman, una corriente
político-empresarial al estilo de Berlusconi en Italia
(el Compromiso para el Cambio) y una corriente
liberal-radical (Recrear).
El hecho de que este acuerdo haya sido posible en la
medida en que Macri sea candidato a diputado por
Capital Federal, y López Murphy candidato a senador
por la provincia de Buenos Aires, también deja abierta
la posibilidad de que el Frente pudiese terminar
desembocando en una coalición política “ad-hoc” para
permitir aspiraciones individuales (fenómeno bastante
corriente en efímeras formaciones de derecha y
pseudo-socialdemócratas que se han sucedido en la
reciente y desaparecido en historia política argentina
contemporánea). También debe señalarse que se trata de
un frente sin denominación común y sin un comando
unificado de campaña (por lo menos hasta ahora). En la
Capital Federal mantendrá el nombre de Compromiso para
el Cambio (Macri), en la Provincia de Buenos Aires
adoptará la sigla de Frente Cívico por la Libertad y
la Justicia Social. Por último, no será fácil a este
frente elegir el candidato presidencial para 2007
entre Macri, López Murphy y, eventualmente, Sobisch.
Las diferencias ideológicas y las divisiones políticas
en la derecha comenzaron a manifestarse a principios
del siglo XX, pese a que fue un partido conservador
(el Partido Autonomista Nacional) quien organiza entre
1880-1910 la Argentina moderna. Fueron el resultado de
una derecha conservadora argentina que se autoinmoló
como fuerza política (entre 1912 y 1930) al perder su
voluntad política para crear un partido de masas, y
eligió el camino de asociarse con el militarismo y las
soluciones golpistas. La derecha argentina, al tiempo
que agotó su impulso histórico como fuerza fundadora
del liberalismo político, se fraccionó según intereses
particulares. Concentró sus esfuerzos en negociar el
poder con el poder militar y sectores ultramontanos de
la Iglesia Católica. Por eso, la derecha no pudo
construir un partido conservador con base popular. La
derecha conservadora fue por eso golpista en 1930,
1955, 1962, 1966 y 1976.
Ahora, en 2005, con un sistema político democrático
ajustado a la Constitución Nacional establecido en las
últimas dos décadas, y luego de las transformaciones
económicas, sociales y culturales hacia una economía
de libre mercado (menemismo), con crisis de la UCR,
con la existencia de fuertes alas conservadoras en el
peronismo, y con la hegemonía neoliberal de la
globalización, el centro-derecha puede intentar
unificarse políticamente pese a sus profundas y
complejas diferencias ideológicas internas. Las
tradiciones caudillescas pueden dificultar acuerdos
estables entre Macri y López Murphy (y eventualmente
el MPN, el menemismo y el saadaismo, ubicados en la
frontera con el PJ). Pero las condiciones objetivas
mencionadas -que estimulan la convergencia del
centro-derecha, al existir un electorado afecto a tal
convergencia- son favorables e impulsan la formación
de un amplio polo opositor al gobierno. Este polo de
centro-derecha será fuerte si demuestra a la parte de
la sociedad que es afín, que es serio y por lo tanto
políticamente confiable. Se perfilan como banderas
unificadoras de la oposición de centro derecha cuatro
“ideas-fuerzas”: vigencia del Estado de Derecho y
transparencia de los actos gubernamentales,
funcionamiento real de la economía de libre mercado,
políticas de empleo y seguridad ciudadana. Estas
“ideas-fuerza” articulan el documento fundador
titulado “ Bases para el desarrollo y la unidad
nacional”.
El flamante frente o acuerdo electoral se propone
impedir que el PJ se transforme en una versión del PRI
mexicano, colocando como símbolo fundamental la
necesidad de destruir el hegemonismo peronista y
“garantizar” el pluralismo político y la
“transparencia” de las instituciones del Estado. El
centro-derecha -si logra controlar las eventuales
disgregadoras en su interior- puede convertirse en
fuerza de oposición, representando intereses de
amplios sectores del empresariado y sectores medios.
Lo importante es si este frente electoral esta
dispuesto a abandonar las prácticas autoritarias que
el conservadurismo ejerció en el pasado y se
identifica con la democracia política. En este caso,
la constitución del centro-derecha debería significar
un paso positivo dentro de la democracia argentina.
3. El papel del ARI: su discurso político,
implantación territorial y función objetiva en el
sistema de partidos
El ARI es una formación política de filiación
ideológica liberal-progresista. Su origen se remonta a
principios del año 2002, como escisión formal de la
Alianza que llevó al gobierno al ex-presidente
Fernando de la Rúa. Es una suma de dirigentes con
orígenes en la UCR y en sectores del ex- Frente
Grande, es decir, de las dos fuerzas constitutivas de
la Alianza. Su líder indiscutido es “Lilita” Carrió,
abogada y ex-militante de la UCR. En 2002 registraba
2.748 afiliados y en 2005 llegan a 40.000 (muy lejos
de los declarados 2.800.000 de la hoy en crisis UCR).
En los puestos de dirección del ARI predominan las
mujeres. Podría desembocar en el futuro en una
formación política muy asociada con la problemática
política de la “cuestión de género”.
La estrategia del ARI, fijada por Carrió, es conformar
una fuerza política opuesta a lo que califica como
“régimen”. Este “régimen” es una red transversal de
intereses políticos que se extiende en el interior de
los grandes partidos (PJ, UCR), en organizaciones
empresarias y sindicales. La base social del régimen
es un “capitalismo prebendario” y “corrupto”, basado
en el tráfico de influencias entre el poder político y
los grandes grupos económicos. (7) El perfil
ideológico y político del ARI es coincidente con el
Partido Demócrata norteamericano. Carrió se cuida
mucho de involucrarse en críticas al gobierno de
EE.UU. Cuando se refiere a los “intereses
reaccionarios” en ese país, lo hace ha sea para
criticar a algunos grandes bancos o a lobbies
empresarios estadounidenses, asociados según el ARI
con la corrupción y el tráfico de influencias en este
país.
El eje del ARI es la propuesta de un “contrato moral”
ciudadano. Este partido se ha convertido en un crítico
acérrimo “anticorrupción” del gobierno de Kirchner, en
particular a la figura del Presidente y a su Ministro
de Planificación Julio de Vido, a quienes acusa
públicamente del “tráfico de influencias y
enriquecimiento ilícito”. El ARI no se inmiscuye en
temas de política económica sensibles (por ej., mostró
silencio durante las negociaciones concretadas de a
deuda externa este año). Tampoco se manifiesta sobre
los conflictos sociales y laborales puntuales (como
movilizaciones piqueteras o huelgas obreras). En lo
sociolaboral, no va más lejos de plantear consignas
generales (por ej., “redistribución de la riqueza”).
Sin embargo este partido, que se define de
centro-izquierda democrático, puede llegar a vencer en
las elecciones de octubre en la Capital Federal. Puede
convertirse en la primer fuerza y triunfar, si alcanza
el 35% de los votos sobre el centro-derecha y el
peronismo.
El “discurso-denuncia” de Carrió suena bien entre
empleados, empresarios, profesionales, técnicos y
especialmente mujeres de clase media en la Capital
Federal. Pero se trata de una fuerza política con
escasa presencia territorial, esto es en las
provincias. Es un partido fuerte sólo en la Capital
Federal. Cuenta con un exiguo bloque de diputados
nacionales (5), y sobre 1.800 municipios, sólo
gobierna en 10.
Es interesante comentar la táctica frente a un sector
del centro-derecha en formación. El ARI en la Capital
Federal, compite con Compromiso para el Cambio. Por lo
tanto ataca a Macri. Pero no ataca a López Murphy.
Lilita Carrió suele hablar positivamente de López
Murphy, con quien comparte su origen común en la UCR y
una vaga coincidencia ideológica en el marco
ideológico del liberalismo económico y político.
La función objetiva del ARI, como partido político
liberal progresista, es erosionar desde centro
izquierda no peronista al “régimen” kirchnerista (que
también se autotitula de centro-izquierda), y al
peronismo en general. En el imaginario político del
ARI no se descarta algún tipo de acuerdo y compromisos
para asegurar la gobernabilidad con sectores del
centro derecha, sobre la base de valores y políticas
de base liberal.
El ARI necesita la extinción de la UCR, de donde
provienen hasta ahora parte de sus principales cuadros
y gran parte de sus votos. El ARI se alimenta todavía
principalmente de la sangría de la UCR, que aunque
todavía gobierna en 6 provincias y cuenta con una
importante representación en las legislaturas, no
puede superar las tendencias disgregadoras internas
que se dividen en a) oposición útil (alfonsinismo), b)
oposición de centro liberal (Rozas), oposición de
centro-izquierda social-liberal y de unidad con otras
fuerzas de izquierda (Stolbizer, etc.). El ARI aspira
a suceder, desde la izquierda, a la UCR como partido
de la “causa” yrigoyenista de los años 1900-1916 del
siglo pasado (hoy versión liberal-popular aggiornada)
frente al “régimen”.
4. Conclusiones. Avance kirchnerista con mayoría
peronista y emergencia del centro-derecha: los
equilibrios inestables en el interior del PJ y en el
sistema de partidos
En el artículo comentado, titulado “Se perfila una
polarización en las elecciones de octubre”, hemos
planteado que las elecciones internas de los partidos,
a celebrarse el 7 de agosto en todo el país (que sólo
excluye los partidos con listas únicas), de celebrarse
“normalmente” (dado que nada es seguro en este país, y
todavía podrían suspenderse), indicarán los
alineamientos y estrategias de los partidos nacionales
(y de partidos provinciales, municipales, etc.) para
las elecciones de octubre.
Si las condiciones económico-sociales se mantienen
constantes y mejoran progresivamente, es indudable que
Kirchner logrará el objetivo “plebiscitario” y
avanzará en el disciplinamiento político del PJ. Como
hemos señalado en diversos artículos, el kirchnerismo
es una construcción política que se ajusta a la línea
de fuerza dominante producida por la crisis política,
económica y social de diciembre de 2001 y las
movilizaciones populares que le siguieron. La
oposición al kirchnerismo de centro-derecha, centro y
centro-izquierda no puede competir con el peronismo
kirchnerista, porque siguen estando “subordinados” al
dominio peronista sobre el sistema de partidos. Por
eso y por sus actos políticos, Kirchner mantiene una
alta imagen en una sociedad mayoritariamente
esperanzada con su figura. (8) El kirchnerismo fue el
resultado en 2003 de una impasse interna del PJ: se
creó un carril partidario de renovación y
desarrollismo que ocupó el kirchnerismo y que terminó
arrastrando a todo el partido. Pero hoy el PJ es, más
que un partido unido, el resultado de un acuerdo con
equilibrios inestables entre corrientes que responden
a caudillos provinciales, salvo el duhaldismo (que es
nacional). Kirchner no confía en el PJ, pero está
obligado a transformarlo y reformarlo para conservar
el poder. Por eso en las elecciones de octubre no sólo
triunfará el kirchnerismo, sino también un conjunto de
estructuras y liderazgos internos que se identifican
más con la ortodoxia peronista y los intereses locales
(provinciales y regionales).
El kirchnerismo mantendrá la línea de buscar acuerdos
con fuerzas opositoras afines, especialmente en las
provincias gobernadas por la UCR. Alentará la
formación de estructuras peronistas y transversales no
peronistas en varias provincias, siempre que esta
táctica no choque con el PJ oficial identificado con
el poder central Trataré de que la sigla dominante sea
el Frente para la Victoria”. En algunas provincias
donde el PJ oficial parecería estar controlado por
sectores peronistas de centro-derecha (La Rioja,
Salta, San Luis, etc.), que podrían sumarse después de
la elección a la oposición al centro-derecha, el
kirchnerismo apoyará la creación de Frentes para la
Victoria u otras fórmulas afines. La incógnita
principal es si habrá en la provincia de Buenos Aires
una lista única en el PJ. Un riesgo grande para
Kirchner sería que el PJ saliese tercero en la Capital
Federal. Por último, buscará mantener relaciones
amistosas con el alfonsinismo, el Partido Socialista
(sector Binner) y otras fuerzas políticas no
peronistas cercanas al kirchnerismo. .
El PJ unido vencerá. Aumentará su representación en
las legislaturas, especialmente en el Congreso
Nacional. El kirchnerismo aumentará su nivel de
representación “propia” (como corriente
peronista-desarrollista) en todo el país. Pero es
seguro que si la flamante coalición de centro-derecha
liberal-empresaria se consolida y amplía en los
próximos meses, tendremos la novedad de contar con un
polo político conservador-reformista. Este polo tendrá
fuerte implantación en las provincias de Buenos Aires,
Santa Fe, Neuquén, Mendoza, Corrientes, Misiones y en
la Capital Federal. Es previsible que este polo de
centro-derecha supere las tendencias disgregadoras
internas y, de mantenerse política e ideológicamente
cohesionado, atraiga quizás a un 25-30% del
electorado. El menemismo y otras corrientes peronistas
de centro-derecha populistas se mantendrían separadas
hasta octubre próximo del polo de centro-derecha
liberal-empresarial, pero con la perspectiva de
converger en un solo frente electoral común en 2007.
Así las cosas, tendríamos como resultado de las
elecciones de octubre una “polaridad asimétrica” entre
el PJ y el peronismo, que sería mayoritario.
La UCR parece continuar su debacle (aunque conserva
estructuras sólidas en muchas provincias), y perderá
su condición de fuerza de representación en el sistema
bipartidista (reemplazada por el centro-derecha). El
ARI mejorará sus niveles de representación
provinciales y municipales, pero disputando con la UCR
el lugar de tercera fuerza.
Sólo podría ser el ARI la “gran sorpresa” en la
Capital Federal. La
izquierda, que seguirá política e ideológicamente
fraccionada, no
llegará a sumar un 10% del electorado a nivel
nacional. Una incógnita
es qué pasará con el abstencionismo, que hoy parecería
retroceder
pero que podría mantenerse en un nivel importante si
persistiese la
tendencia que se registró en las elecciones de 2003.
Fecha original
de publicación: 27/05/05
Notas:
[1] “Diálogo con el Presidente, a dos años de su
mandato”, Página/12, 20/5/05.
[2] Joaquín Morales Solá, “El plebiscito podría
resultar una trampa”, La Nación, 22/5/05.
[3] “Buscan crear una liga de intendentes
kirchnerista”, Clarín, 24/5/05.
[4] Julio Godio, “Primeros movimientos tácticos de
Kirchner hacia las
elecciones”, mimeo, 4/4/05. Leer artículo
[5] Paola Juárez, “Como será la nueva etapa del
gobierno”, La Nación, 23/5/05.
[6] Julio Godio, “Se perfila una polarización en las
elecciones de
octubre”, mimeo, 27/4/05. Leer artículo
[7] “Carrió, al ataque: ‘Chiche y Cristina son el
régimen’”, Clarín, 22/5/05.
[8] “Kirchner mantiene su imagen muy alta”, Clarín,
22/5/05.
(*)Director del Instituto del Mundo del Trabajo.
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