[R-P] Alberto Buela: La demonización del golpe de Estado
edgar smith
condornacional en yahoo.com.ar
Mie Jun 1 10:36:42 MDT 2005
La demonización del golpe de Estado
Alberto Buela(*)
Acabamos de escribir hace poco un artículo sobre la
ruptura de la representatividad – social, política,
cultural – en las sociedades de hoy. Nuestra crítica
que no pretende ser la última, la más profunda ni la
mejor planteada se apoyaba en el hecho irreductible de
que hoy nuestros pueblos se manifiestan no a través de
sus representes sino por sí mismos; obstruyendo el
curso natural de la vida ciudadana cortando calles,
avenidas y rutas. Ocupando los espacios públicos como
plazas, reparticiones del Estado, ministerios,
colegios y empresas. Es tal el poder que han
desarrollado los piqueteros, huelguistas y
protestadores de oficio en Argentina que el gobierno,
progresista y democrático del Dr. Kirchner tiene
cercados con verjas todos los ministerios y hasta la
Casa Rosada.
Es que el pueblo no logra nada a través de los canales
naturales de la democracia procedimental. Sólo obtiene
algo cuando protesta, moviliza, ocupa, agrede o rompe.
Corta rutas y ocupa casas, campos, colegios,
ministerios y empresas, todos los días y a toda hora.
Y eso lo sabe, y de tal forma actúa. No tiene otra
salida ni otra posibilidad. Sabe por sus frutos que la
frase de la constitución nacional: "el pueblo no
delibera ni gobierna sino a través de sus
representantes", es un mito, es una frase hueca sin
ningún contenido de realidad.
Es una mentira a designio para tenerlo embaucado y
hacer de él lo que se quiera. La razón última está en
la ruptura de la noción de representatividad, pues sus
representantes no lo representan a este pueblo
agredido por una injusticia que se ha hecho
permanente.
Nuestro querido y respetado Abrahan Sicsu,
investigador brasileño de la prestigiosa fundación
Joaquín Nabuco, ha visto en esta crítica un peligro y
así nos lo ha hecho notar: "No creo que la teoría de
la decadencia institucional y personal de los líderes
de A.L. refleje lo que ocurre. El Estado de derecho
democrático avanzó sobre las dictaduras".
Esta respuesta nos ha dado ocasión de esbozar una
idea que hace tiempo barruntábamos y no sabíamos como
expresarla.
Si bien nuestra tesis, sobre que no estamos en crisis
sino más bien en decadencia tiene una contrapartida
que es el riesgo hipotético del "golpe de Estado", y
su consecuencia natural "las dictaduras" de todo tipo.
Si embargo, no es por el temor al "golpe de Estado"
que nosotros tenemos que dejar de pensar
"críticamente" la situación de nuestras sociedades y
el sin número de injusticias que padecemos; sobre todo
la padecen los más pobres porque son los más
desamparados.
Nosotros, intelectuales o mejor, pensadores, tenemos
la obligación de denunciar, con ocasión o sin ella,
las causas de nuestros males, porque sino ¿ para qué
estamos? Acaso, para justificar las injusticias con
nuestro silencio por miedo a una mayor y dejando que
nuestros pueblos vivan en una real y cotidiana
injusticia.
O por miedo a que se nos tilde de "desestabilizadores,
golpistas o no democráticos”. El pretender vivir sin
ser vituperado, criticado, calumniado, denigrado es el
ideal del bon vivant pero no del pensador
comprometido, que sabe, que siempre va a haber un buey
corneta que lo va a denostar con razón o sin ella.
Lo que pasa hoy, hoy mismo en Bolivia, es una prueba
al canto de lo que nos puede suceder a todos los
suramericanos. Bolivia, el Estado imposible, al decir
de Juan Bautista Alberdi está agotada por siglos de
explotación, pero claro, su líder cocalero Evo Morales
se rasga las vestiduras proclamando a los cuatro
vientos: "respetamos a rajatabla las reglas de la
democracia, no queremos voltear a un gobierno
democrático".
Cuando ese gobierno democrático es el que lleva al
pueblo a la ruina. ¡Qué imbécil!. ¡Y este es el líder
antisistema! ¡Qué lindo muñeco norteamericano!.
Esto es, en defensa de lo políticamente correcto se
propone sacrificar una vez más al pueblo boliviano a
que espere que el gobierno termine su mandato, para
volver a votar.
Y en el mientras tanto, hablando en criollo: "que se
joda el pueblo boliviano", si total son de los más
pobres de la tierra, que ni alma tienen.
No sólo es una gran ruindad lo que está sucediendo
sino sobre todo lo que se está proponiendo, pues ante
la injusticia hay que obrar con ocasión o sin ella, de
lo contrario la culpa es de la víctima.
Los policías del pensamiento único, los buey corneta
contemporáneos, nos han hecho creer que la sola
mención de la idea de golpe de Estado es totalitaria y
dictatorial, cuando es un recurso más que tiene el
pueblo en sus manos para desalojar a los gobiernos
injusto y opresores.
Recordemos al respecto, y ya que estamos hablando de
la pobre Bolivia, al máximo pensador político de la
primera mitad del siglo XX, don Carlos Montenegro: "La
masa popular se orienta con acierto asombroso en el
proceso laberíntico del conflicto. Es indudable que su
intuición vislumbra entre las sombras del fenómeno
histórico los reales objetivos de la lucha. Participa
de ordinario en el motín y lleva este o el otro
caudillo al poder. Así traduce el radical descontento
con que mira el orden que quiere destruir. El motín es
una de las formas de expresión que toma la lucha de
las dos tendencias – la colonial y la nacional- desde
la fundación de Bolivia (que podemos extender a toda
Iberoamérica)" (1).
¿Y por qué nuestros dirigentes todos se oponen en
forma cerrada y unánime a la idea de golpe de Estado
como un recurso genuino del pueblo sojuzgado?. Porque
se invalidarían a sí mismos como dirigentes al dejar
de lado los mecanismos que los llevaron a la
representación que ostentan.
Todo dirigente busca preservar en el poder, ninguno lo
remata o lo deja, salvo razones mayores. Y la
democracia liberal, formal o estatutaria tiene un solo
mecanismo para llegar a ser dirigente: el voto. Sin
embargo, como la vida de los pueblos es más rica y
diversa que la democracia procedimental, la sobrelleva
con otras formas de promoción dirigencial como es la
antigua acclamatio. Por aclamación han sido elegidos y
constituidos en conductores muchos de nuestros
prohombres americanos.
En estos días han visto atónitos los demócratas de
todo el mundo como en la Plaza de San Pedro el pueblo
por acclamatio, reclamó la santidad inmediata de Juan
Pablo II gritando durante trece minutos: santo súbito.
¿son acaso totalitarios o no democráticos los fieles
que produjeron tal aclamación?.
En la diversidad de opciones ante la injusticia está
la pronta restitución de la justicia. Si un juez deja
libre a un criminal , por ejemplo Chabán el de la
masacre de Cromagnon, por obedecer y atenerse al
procedimiento jurídico, el juez comente un delito no
jurídico, sino moral. Y si un dirigente como el caso
mencionado de Evo Morales retrasa y desvía las
acciones del pueblo que lo sigue para cambiar la
situación política de su país, bajo el pretexto de
"respetar y mantener la institucionalidad
democrática"(2), comete un delito político.
Vemos a través de estos dos ejemplos, muy actuales por
cierto, como el problema no son los instrumentos, que
siempre son medios sino los fines. Hoy nuestra clase
dirigente padece una crisis de finalidad. Se demoran
hasta la inoperancia buscando la legitimación de los
medios y no alcanzan nunca los fines.
Lo paradójico de esto que venimos describiendo es que
esta preocupación por mantener una idea de legalidad
nos recuerda al fascista Curzio Malaparte y su
caracterización del golpe de Estado(3)
Y lo que es más grave desconocen explícitamente cuál
debe ser el sentido de sus acciones, y es por ello que
corren detrás de los hechos consumados. Y ello
explica, por otra parte, la inexistencia de proyectos
nacionales tan caros en otras épocas, cuando supimos
tener dirigentes que veían un poco más allá de sus
narices.
Nuestros dirigentes son hijos de aquella gran
observación que realizara el filósofo italiano Augusto
del Noce: "Nuestra época se caracteriza por una máxima
perfección en los medios y una máxima confusión
respecto de los fines"(4).
1.- Montenegro, Carlos: Nacionalismo y coloniaje,
Bs.As. Ed. Plus Ultra, p. 75.-
2.- Reportaje en La Nación diario el 28-5-05: "La COB
(central obrera boliviana) tiene un discurso golpista,
nosotros proponemos una salida manteniendo la
institucionalidad democrática y la forma de hacerlo es
una Asamblea Constituyente". Pág.4. Evo Morales sabe
que de seguir esta situación se queda con el poder,
por lo tanto tiene que legitimar los medios de acceso.
Recién en segundo lugar podrá interesarse por las
injusticias que padece el pueblo boliviano.
3.- Curzio Malaparte: Teoría del golpe de Estado,
Madrid, Plaza Jamés, 1965. Fue el pseudónimo de Kurt
Erich Suckert(1898-1957).
4.- del Noce, Augusto: Agonía de la sociedad opulenta,
Pamplona, Eunsa, p.11.-
(*) CEES (Centro de estudios estratégicos
suramericanos)
alberto.buela en gmail.com
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