[R-P] La Visión Sionista impide una lectura certera de la Historia y de “sus desastres”
ana graciela real
educba2003 en yahoo.com.ar
Vie Jul 29 20:23:00 MDT 2005
La Visión Sionista impide una lectura certera de la
Historia y de “sus desastres”
Por: Nayef Hawatme (*)
Hace unos sesenta años, la Segunda Guerra Mundial
concluyó con la rendición de la Alemania Nazi primero
y, unos meses más tarde, de Japón. Durante todos estos
años, los sionistas estuvieron acumulando numerosas
“victorias” al compás de la celebración del
aniversario del “Holocausto”, llegando a establecer su
estado y a ampliarlo a expensas de los derechos del
pueblo palestino a su suelo patrio, a la existencia y
a la vida.
Sesenta años de matanzas y desastres cometidos por Tel
Aviv en detrimento de los derechos del pueblo
palestino y aún así, Israel y el Sionismo Mundial, son
capaces de aprovechar hasta la saciedad “los dolores
del holocausto” en aras de encubrir sus posteriores
prácticas criminales.
Los sionistas repiten usualmente que mediante la
creación de “generaciones de aguerridos combatientes
israelíes” se ha erigido “un Israel fuerte y
respetado” con vista a evitar la repetición del
“desastre” (cuando fueron conducidos como corderos a
los mataderos y hornos de gas en la Alemania
Hitleriana).
No es de extrañar entonces que el discurso
israelo-sionista siempre se remonte a lo que aconteció
hace unos sesenta años para justificar todo lo que
ocurre después.
¿Acaso hace sesenta años llegó a su fin un capítulo de
la historia con el desmoronamiento moral de la Europa
Colonialista y de toda la humanidad y comenzó otra
etapa basada en la justificación constante de las
acciones de los guerreros israelíes que pisotean todas
las normas morales, éticas, derechos y principios de
la legalidad internacional?
Sesenta años han pasado desde que llegó a su fin la II
Guerra Mundial y fueron liberados los prisioneros de
los campos de concentración; sin embargo, aún se
mantiene el discurso israelí basado en la narración
sionista que presenta “el desastre de los judíos de
Europa” como un caso singular en la historia y la
convierte en el único barómetro de la moralidad de la
humanidad rehusando toda comparación con otras
matanzas similares anteriores o posteriores, o incluso
contemporáneas.
A criterio de los sionistas, todas las masacres
cometidas a lo largo de la historia contra los indios
de América del Norte, los pueblos aborígenes de las
colonias europeas, los armenios, gitanos, rusos,
vietnamitas, kampucheanos, etc., son actos de
“magnicidio”, pero contra pueblos sojuzgados por la
ocupación y las minorías étnicas tal como ha ocurrido
a lo largo de la historia de la humanidad hasta
nuestros días, como señaló la historiadora israelí
Anat Peri y lo que es considerado por el historiador
norteamericano David Steinard como “expresión de la
ideología racista blanca euro-americana”.
Sobra decir que el esbozo histórico brindado por Peri
es esgrimido por muchos historiadores israelíes y
aplicado para justificar las matanzas que se cometen
contra el pueblo palestino.
El tratamiento israelo-sionista de ese tema constituye
uno de los mayores fraudes intencionales y
premeditados de la historia moderna.
La narrativa histórica ya ha sido escrita y presentada
en numerosas ocasiones y de forma contradictoria sin
que coincida una vez con la otra o al menos carezca de
carácter movilizativo.
En el discurso político israelo-sionista dirigido
hacia Europa se destaca en gran medida la
responsabilidad moral de dicho continente con respecto
a las masacres cometidas por los nazis contra los
judíos, al tiempo que se pasan por alto, hasta
menoscabarlas, las perpetradas contra los diferentes
pueblos europeos cuyas víctimas han sido varias veces
mayores, sin pretender con ello despreciar el valor de
las pérdidas humanas judías.
A pesar de todo lo anterior, culpar a la Europa
capitalista de la responsabilidad moral, no impide que
el discurso israelo-sionista se presente como parte
del discurso europeo central en aras de alcanzar una
serie de objetivos.
Lo que pretende el discurso israelo-sionista al culpar
a Europa de la responsabilidad moral es obligarla a
seguir desempeñando el papel del Pastor Colonialista
de Israel sobre la base de sus alegatos de ser una
muestra en miniatura de la Democracia Capitalista
Occidental.
Esto le permite a Israel justificar todas las
políticas sangrientas y racistas contra los palestinos
al presentarlos como “un pueblo atrasado” al margen de
la modernidad y necesitado de un proceso de
“civilización” a manos de la ocupación israelí, tal
como lo fue el papel colonialista protagonizado por
las potencias colonialistas europeas y que constituyó
el cimiento de la Cultura Europea Centralizada.
A partir de ahí se presenta la resistencia del pueblo
palestino como una expresión práctica de “una cultura
salvaje desarrollada sobre un suelo abandonado, como
una de las culturas nacionales alimentada por la moral
y los conceptos de la vida del desierto y de la
ideología de la guerra y de la venganza”.
Por tanto, la literatura política israelí nunca
presentó de forma decisiva el conflicto
palestino-israelí como una lucha antagónica entre “dos
nacionalidades” hasta etapas muy tardías y
precisamente ante las puertas de la Era de Oslo, sin
que ello implique en modo alguno el reconocimiento, ni
implícito ni explícito, de los derechos nacionales
palestinos.
No obstante, el discurso israelí en relación con el
“Holocausto” dirigido al propio público israelí está
basado en una tesis totalmente diferente desde el
punto de vista de la esencia del discurso empleado en
el caso de los europeos.
El discurso interior acusa a los judíos alemanes de la
“responsabilidad histórica” de haber creado las
condiciones para un caldo de cultivo de las tendencias
nacionales extremistas alemanas en su contra.
Al respecto, el periódico Haboel Hatzair, vocero del
Movimiento Revisionista de Jabotinsky, planteó como
ejemplo que “la opresión ejercida contra los judíos
alemanes es un castigo para aquellos que trataron de
fusionarse en una sociedad a la cual no pertenecían”,
y, por tanto, pagaron por su rechazo a ser trasladados
como emigrantes hacia Palestina, para contribuir a la
construcción del Estado de Israel.
La moraleja que se debe deducir es la necesidad de
pertenecer única y exclusivamente al Estado de Israel.
La contradicción que conlleva implícitamente el
discurso político israelo-sionista al ser presentado
como parte de la cultura de las expresiones
extremistas nacionales totalitarias fue resuelta de
forma oportunista y descubre sin titubeo la
inmoralidad de las verdaderas posiciones sionistas e
israelíes.
Al plantear que “Israel es el único punto de apoyo que
pertenece y pertenecerá siempre a Europa”, unido al
discurso israelí interno para explicar la persecución
a los judíos en Europa hace que la condena moral al
Viejo Continente no sea una censura desde el punto de
vista de principios, porque se ha enfilado de “manera
errónea” contra los judíos europeos que forman el
grueso de los judíos incorporados orgánicamente a la
cultura central europea y por tanto la rectificación
de ese craso error histórico será mediante la
continuidad del apoyo europeo al Estado Judío de
Israel.
Es eso precisamente parte de la revisión y auto
reevaluación que hizo Europa como conclusión de las
amargas experiencias de la conflagración mundial.
El discurso político sionista se percató muy
prematuramente que debería de estar del lado de la
triunfante Europa independientemente de su identidad
cultural o ideológica.
Lo anterior fue bien expresado en los años cuarenta
del siglo pasado por Abraham Stern, fundador de la
organización terrorista de igual nombre, al distinguir
entre enemigo y opresor.
Según él, los palestinos son un enemigo salvaje,
mientras Hitler es un opresor fuerte.
Para evitar toda confusión al interpretar lo dicho
anteriormente, el Programa de la Organización Stern
plantea textualmente: “No es necesario que haya
mayoría y que el mundo esté dividido entre razas
guerreras y dominantes por una parte, y razas
degradadas por la otra”.
Muchos documentos históricos demuestran que los
destacamentos sionistas reflejaron una posición
abierta en contra del Nazismo, sobre todo aquellos que
se basan en el principio del revisionismo como
Jabotensky, al confirmarse la futura derrota de la
Alemania Hitleriana.
En 1941, los líderes de la organización terrorista
Stern propusieron a los dirigentes nacionalsocialistas
alemanes (Nazis) entablar una alianza con ellos con el
objetivo de derrotar a los británicos, propuesta
trasladada por el terrorista Yitsaac Shamir.
Ese hecho histórico fue revelado por Emmanuel Ritey en
su libro Los Guerreros de Israel.
Es más, la propia propuesta hecha llegar en aquel
entonces mediante el Documento de Ankara, como se
conoce vulgarmente a la propuesta llevada en 1941 a
Alemania por el enviado secreto de la organización
terrorista Stern, el terrorista Naftali Loubentchik,
aboga por una alianza entre Stern y el III Reich
alemán y determina los tres puntos de encuentro entre
ambas partes:
1- “Existen intereses comunes entre un nuevo sistema
europeo basado en la concepción alemana y las
aspiraciones nacionales del pueblo judío, tal como son
defendidas por Stern.
2- “Existen grandes posibilidades de colaboración
entre la Nueva Alemania y un grupo judío de constante
renovación y capacidades financieras.
3- “El establecimiento de un Estado Judío sobre bases
nacionales totalitarias y su participación mediante un
tratado con el Reich alemán ayudaría a fortalecer la
presencia alemana en el Medio Oriente”.
Por otra parte la organización terrorista Haganah
mantuvo una relación permanente y organizada con la
inteligencia alemana que le permitió mantener el flujo
de emigrantes judíos alemanes a Palestina.
La mayoría de las corrientes del movimiento sionista
compartían la misma posición de Stern y Haganah,
incluyendo aquellas llamadas moderadas. En 1933, el
Congreso Sionista Mundial rechazó una propuesta de
trabajar en contra de Hitler con 240 votos frente a
solo 43, y en virtud de esa posición Hitler firmó un
acuerdo con el Banco Anglo-Palestino que financiaba
toda la actividad colonialista en Palestina, lo que
llevó al Movimiento Sionista a congelar su boicot al
régimen nazi.
Una detallada y perspicaz mirada al actual discurso
político israelo-sionista demuestra que no sufrió
ninguna alteración luego de 57 años del
establecimiento del Estado de Israel, demostrando la
constancia de las bases ideológicas racistas del
movimiento sionista, a pesar de todas las turbulencias
y tortuosidades por las cuales atravesó la lucha
palestino árabe-israelí y los grandes cambios que
tuvieron lugar en el orden internacional.
La estructura social israelí sigue sujeta a un sistema
combinado de opresión que se reproduce: opresión de la
ocupación colonialista y colonización que se aplica
contra los palestinos y abarca, con sus ambiciones y
tendencias hegemónicas, a todos los árabes en general;
opresión de carácter nacional contra los palestinos de
los territorios de 1948 sobre bases raciales,
nacionales y religiosas; y al mismo tiempo una
discriminación étnica, racial y cultural que practican
los asquenazí (judíos occidentales) contra los
sefarditas (judíos orientales), porque a estos se les
mira igual que a los palestinos como atrasados y
ajenos a la modernidad, quienes deben ser civilizados
de acuerdo con el discurso central europeo, en el cual
se basa el discurso sionista.
Mientras, por otra parte, los sefarditas constituyen
la punta de la lanza para la opresión contra los
palestinos.
La espiral de la opresión israelí es generada por la
propia naturaleza de la sociedad sionista debido a su
afanoso empeño por consagrarse como una sociedad
colonial-racial, tal como aboga la ideología sionista
que dio y da lugar a las concepciones nacionalistas
chovinistas esgrimidas por los racistas en el mundo
para justificar sus crímenes de lesa humanidad y que
practica Israel hoy día contra los palestinos.
Esta realidad cierra las puertas por completo a una
necesaria y radical revisión de la literatura
histórica sionista y su discurso tergiversador de la
verdad.
Por tanto, todo indica que está muy lejos de lograrse
el reconocimiento por el sionismo de su
responsabilidad en relación con los padecimientos de
los judíos europeos durante la II Guerra Mundial y de
los que sufren los palestinos en la actualidad, ya que
mantiene cabalmente la función por la cual ha sido
creada: causar los desastres y no evitarlos.
(*) Secretario General del Frente Democrático para la
Liberación de Palestina
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