[R-P] Fw: Doña Emperatriz
Julio Fernández Baraibar
juliofernandezbaraibar en alternativagratis.com.ar
Jue Jul 28 09:52:10 MDT 2005
Este maravilloso texto que van a leer fue enviado por la Nac&Pop.
Además del testimonio personal que implica es una notable descripción de la
vida, la política y la sociedad del interior de nuestro país desde los anos
30 para acá.
Las elecciones bravas del radicalismo contra los conservadores fraudulentos,
la vida en las casas de las familias de clase media rural, los casamientos,
la infidelidad patriarcal, la religiosidad regional, -fenómenos estos dos
que aún perviven-, y, por fin, la noche negra de la dictadura, toda la vida
pasa por este recuerdo, casi proustiano, de esta notable argentina que fue
Olga Márquez de Aredez.
Julio Fernández Baraibar
fernandezbaraibar en yahoo.com.ar
1976 - 27 de Julio -2005
Aniversario de la Noche del Apagon
Ledesma-Libertador General San Martin- Jujuy
Al cumplirse un nuevo aniversario de la
Noche del Apagon de Ledesma
El 17 de marzo de este año Olga del Valle Marquez de Aredez, falleció a
causa de un cáncer de pulmón, originado por el bagazo cuyos restos eliminan
las chimeneas del Ingenio Ledesma, en Libertador General San Martín,
Provincia de Jujuy.
Olga murió de la misma muerte que mueren todos los pobres de la zona sin que
la familia Blaquier, propietaria del Ingenio Ledesma, sea juzgada y
condenada por esos asesinatos.
El marido, compañero de lucha de Olga, Ramón Aredez, desapareció durante la
dictadura.
Olga fue la memoria militante de la Noche del Apagón, en Libertador General
San Martín. Esa noche del terror, un 27 de julio de 1976, la policía con
vehículos que puso el propio Ingenio Ledesma, secuestró a unas 400 personas,
al amparo de un apagón generalizado que causaron las fuerzas represivas para
realizar ese operativo. De esas personas, aún quedan desaparecidos unos 30
compañeros.
A 29 años de la Noche del Apagón quisimos compartir con ustedes el siguiente
relato testimonial escrito por Olga. Y nos apropiamos de las palabras de su
hijo Ricardo:
-Quería compartir (..) ésto que escribió mi madre Olga sobre su madre
Emperatriz de Jesús Agüero de Márquez, como a modo de homenaje a ella,
figura emblemática para mamá.. Ricardo Aredez
DOÑA EMPERATRIZ, MI MADRE
Por Olga del Valle Márquez de Arédez
Hace dos años que murió mamá, con casi 94 años, lúcida, murió de vejez, en
su casa de El Rodeo - Catamarca, con sus recuerdos y junto a algunos de sus
hijos, nietos y bisnietos, allí donde ella quería vivir donde podía oír el
murmullo del río y el canto de los pájaros.
Hoy no quise ir a ningún lado, quería estar sola para hablar con mi madre,
en el último día de la Madre de este milenio.
Los recuerdos más remotos me llevan a mi madre joven, con muchos chicos a su
alrededor, en su casa amplia con un fondo de plantas frutales, jardín con
flores, sobre todo jazmín que se cuaja de pimpollos en primavera y
enredadera con cascadas de flores en su galería frente a la cocina, allí era
el lugar donde se la encontraba siempre arreglando sus plantas cantando
algún valcesito criollo, alguna milonga o simplemente tarareando una
melodía.
Mujer campesina, de corazón abierto, dispuesta a escuchar a todos.
De joven siempre trabajando en la casa, ella decía que nunca conoció el
aburrimiento, el día para ella comenzaba a las 7 de la mañana con la
primeras luces y no paraba, diligente, activa compañera silenciosa de un
hombre de fuerte carácter que le dio 6 hijos y muchos dolores de corazón por
algunas infidelidades, muy comunes en los hombres de clase media, con
actividad política partidaria en la U.C.R - Unión Cívica Radical -, además
buen mozo, machista en la década del 30.
Por aquellos años había en la casa paterna dos empleadas domésticas- Doña
Jesús- que lavaba la ropa y planchaba, además nos hacia las trenzas en el
pelo a mi hermana Sara, a mí y a algunas primas que vivieron unos años con
nosotros y nos hacían los terribles tratamientos para combatir los piojos
que nos contagiábamos en la escuela, lo peor era cuando nos sacaban las
liendres tirando de cada cabello, ya que el peine fino de hueso no las
eliminaban totalmente.
Recuerdo a una joven muy activa, que hacia la limpieza, estuvo unos años
nomás, en el año 1948 se fue a Buenos Aires a buscar trabajo y transcurrido
dos años, volvió muy bien vestida al pueblo, a la ultima moda , con tapado
de piel , zapatos con pulserita y cartera a tono.
Fue a visitar a mi madre, hacia mucho calor como siempre, en la primavera
tucumana, mamá estaba en la cocina y escuchaba alguna radionovela, tomando
mate, mientras papá en su escritorio a las 5 de la tarde tomaba siempre su
té.
Cuenta mamá que el reencuentro fue con mucha alegría para ambas, la razón de
esa visita era que esta niña ahora estaba en el pueblo para abrir una
Unidad Básica Peronista, afiliando a las mujeres para las próximas
elecciones, ella decía que mi madre era tan bondadosa y caritativa que sería
una verdadera mujer justicialista, mamá le pedía que hablara mas bajo, ya
que mi padre radical empedernido no vería bien que su mujer tratara de
afiliarse a otro partido, ella era del partido de su marido aunque nunca la
tenía en cuenta solamente unos días antes de las elecciones.
Mamá se dio cuenta que algo estaba pasando en el país, veía como las mujeres
de a poco empezaban a ser protagonistas, algo nuevo y profundo se venía de
la mano de Evita Perón, pero ella era del partido radical, el partido de su
marido. La muchacha le dejó la ficha de afiliación, pero mamá no la llenó
por lealtad a su marido.
Nos decía que desde su primer voto siempre fue para los radicales y solo
traicionó - con su voto - a su esposo cuando en Tucumán se presentó Bussi -
unos de los más grandes genocidas de nuestra historia reciente, que por este
juego de la democracia se presentó como candidato a gobernador - y Palito
Ortega, peronista- ella votó a Palito para que no ganara Antonio Domingo
Bussi, papá ya había fallecido en el año 1992, cambió su voto porque el
candidato radical no tenía posibilidades de ganar.
Recuerdo desde pequeña las efervescencia con que se vivía en casa en épocas
de elecciones, a mamá le tocaba encargarse de preparar comida para los
fiscales - que en tiempos pasados, entregaban los votos a la gente -. Los
votantes de las décadas del 20 al 40 eran la gran mayoría analfabetos en las
zonas campesinas de Tucumán, antes del advenimiento del peronismo; la lucha
era entre los conservadores terratenientes y dueños de los ingenios
azucareros y los pequeños y medianos productores, dueños de fincas,
enrolados en el radicalismo, la lucha era despareja , pero los hermanos de
papá 7 varones y 2 mujeres, todos radicales participaban de la campaña y
algunas veces mi madre debía curarlos de golpes y algún tiro de las bandas
conservadoras contra los que ellos llamaban La Chusma Radical.
Antes de las elecciones mamá iba al farmacéutico o boticario del pueblo -
Don Enrique - que le preparaba un botiquín para curaciones. Ya que en
nuestra casa se concentraba la dirección de la campaña política, y si
llegaban algunos militantes golpeados, por las patotas conservadoras mi
madre realizaba las primeras curaciones y según la gravedad del caso los
enviaba al hospital que quedaba en el pueblo vecino.
Mi padre que alguna vez fue candidato, tenía su grupo de hombres que lo
protegían, casi todos fuertemente vinculados por haber sido padrino de
bautismo o casamientos, eran sus compadres, recuerdo a uno más que nadie por
ser un hombre bravo -Don Ernesto-, vestido de bombacha de gaucho, botas,
cinturón o faja cruzada por un facón, el era el compadre Figueroa, otro era
el ahijado Lazarte para nosotros eran sus guardaespaldas, medio matones, a
mamá no le gustaba que se lo llamara así, con ese término tan duro.
Pocas veces recuerdo que festejaron un triunfo y si recuerdo el dolor, hasta
el llanto de mi madre cada vez que había un Golpe de Estado.
Yo nací el 9 de septiembre de 1931, diría que con el primer Golpe de Estado
en Argentina, que derrocó al Presidente Irigoyen en 1930, y creo que venir
al mundo en ese tiempo marcó mi vida para siempre.
Mi madre se casó en 1927 a los 22 años y se trasladó al sur de la provincia
de Tucumán, donde mi padre fue administrador de una finca cañera, mamá había
recibido una herencia al casarse, algunos animales vacunos, mulas y
caballos, más una bolsa de monedas de plata, cuando nació mi hermano mayor
Humberto, viajó a caballo en montura de mujer - ella siempre lo recalcaba-
con mi padre y unos arrieros trasladando la hacienda por las montañas hasta
llegar a un pueblito del sur de la provincia de Tucumán llamado Villa La
Trinidad, en ese pueblito compraron un terreno.
Con la venta de sus animales, ella siempre nos decía que la casa donde
vivíamos se había construido con el producto de la venta de su herencia.
Allí nacieron los 5 hermanos siguientes, a todos sus hijos nacieron en la
casa materna como se acostumbraba en aquel tiempo, como buenos catamarqueños
todos los años regresaban para la fiesta de la Virgen del Valle, el 8 de
diciembre y luego quedarse en la localidad de El Rodeo hasta el comienzo de
las clases, donde mis padres tenían una propiedad que ocupábamos en las
vacaciones.
Todos los hermanos de papá y los abuelos paternos se trasladaron a Tucumán,
comprando fincas y dedicando las mismas al cultivo de la caña de azúcar y al
comercio.
Eran 10 hermanos, 8 varones y 2 mujeres, todos militaban en un partido
político, U.C.R.
Algunos de mis tíos se caracterizaban por su fuerte carácter en épocas de
campaña política, y defendían sus ideas a puñetazos, varias veces mi padre
acudió a la policía para liberarlos de la cárcel , en épocas de elecciones.
En ese tiempo, si se casaba un peón o un hijo de ellos, mis padres eran
padrinos de esa boda, y obsequiaban algún dinero y siempre la fiesta para
los novios y sus invitados.
Los novios solían llegar a caballo desde el campo a la iglesia del pueblo,
en una caravana presidida por una mujer mayor, buena amazona que iba y
volvía al galope en su bravo caballo por las calles tirando una ristra de
cohetes encendidos al grito de
-Vivan los novios, de esta forma todos los vecinos, salían de sus casas
para ver la llegada y saludar a los novios que iban camino a la Iglesia.
Era todo un espectáculo, porque los vecinos respondían diciendo -que Vivan
los novios y aplaudiendo, luego de la ceremonia salían a caballo por las
calles, la novia sentada en montura para damas, con su velo al viento
camino a la finca , donde ya estaba preparada la fiesta y regado el patio de
tierra para el baile; la orquesta estaba integrada por personas mayores que
ejecutaban música folclórica, aunque también algunos valses, y milongas.
Los mozos, como los llamaba papá, a los jóvenes que trabajaban en su finca
y que eran invitados a la fiesta, algunas se animaban a pedirle permiso para
invitar a bailar alguna pieza, con las hijas del patrón; los mozos ponían
en la palma de sus manos un pañuelo blanco y mi hermana Sara y yo teníamos
que poner la mano en el pañuelo del mozo, salíamos a bailar algunas piezas
musicales luego él nos devolvía a nuestro padre.
Con respeto y timidez aceptábamos - como así papá lo imponía - de bailar
algunas piezas musicales con estos jóvenes.
Muchas veces estas fiestas tan animadas en un comienzo, y que congregaban a
todos los trabajadores de la finca y sus vecinos, debían terminar
abruptamente porque algún invitado, con el coraje que da unos vasos de vino
de más, recordaba viejas diferencias con los peones y debía terminar
abruptamente, antes que se instalara a la violencia y tuviera que llegar la
policía.
En el año 1950 mis abuelos paternos Doña Desideria Galván y Don José
Márquez, festejaron sus Bodas de Oro matrimoniales o sea 50 años de
casados, se reunieron 150 parientes en una fiesta que duró 2 días donde
había hijos, nietos bisnietos, sobrinos comenzando en la casa de mi padre y
finalizando en la finca.
El año anterior había nacido mi hermana menor Monena, cuando yo tenía 18
años y había ingresado a la Universidad. En la década del 50 y 60 fueron
épocas de bonanza económica para mi familia. Me recibí de Odontóloga, a los
5 años de estudio, allí me puse de novia con un joven estudiante de Medicina
que luego fue mi marido.
Mis padres regresaban todos los años a visitar la Virgen del valle en la
ciudad de San Fernando del Valle de Catamarca, para agradecerles la salud,
la vida , el trabajo y la buena situación económica por la que pasaban.
En el pueblo no todos podían salir de vacaciones pero mamá invitaba cada año
alguna amiga con hijos chicos y compartían así sus vacaciones porque mi
padre nos dejaba durante dos meses hasta que empezaban las clases, el nunca
se quedaba a pasar las vacaciones con nosotros.
Mi madre traía para sus vecinos medallitas, estampas con la imagen de la
Virgen de Valle, bendecidas, que según sus creencias religiosas, eran
milagrosas con los enfermos.
Ella practicaba su fe religiosa asistiendo a los más pobres del pueblo lo
hacia con alimentos, ropas, medicamentos cuando necesitaban los mas ancianos
y luego también de regreso de vacaciones donde fabricábamos dulces caseros,
se compartía con sus vecinos.
Recuerdo que para Semana Santa, mi padre hacía traer de su finca bolsas de
choclos y obsequiaba a sus vecinos, para que comieran humitas, era
iniciativa de ella compartir lo que tenía con los más pobres y siempre nos
decía que el mayor premio recibido era que un pobre le dijera -gracias, que
Dios se lo pague . Ella no hacía visitas sociales, solo visitaba a los
enfermos.
Mi padre era el patriarca de una gran familia, hombre de consulta para
resolver los problemas de sus amigos, vecinos o su familia, muy respetado
era un hombre de palabra - o sea que su palabra tenía validez de un
documento firmado - recto con sus hijos, un hombre de los de antes.
Los hijos fueron creciendo, algunos ya se casaron y llegaron los tiempos
malos para esta familia, las persecuciones políticas en la década del 70,
alcanzaron a miles de familias en la Argentina, ya no eran las luchas de
radicales con los conservadores o de peronistas contra radicales, sino que
eran movimientos de izquierda surgidos en toda Sudamérica después de la
revolución cubana, los jóvenes latinoamericanos, adhirieron a movimientos
desde la política por la lucha armada para defender su soberanía, su
independencia política -económica o simplemente la justicia social.
Las fuerzas conservadoras de Argentina conjuntamente con las fuerzas armadas
produjo miles de muertos y encarcelados y se comenzaba a gestar la figura
del Detenido-Desaparecido.
Mi hermana menor de 18 años y estudiante universitaria, fue detenida,
encarcelada y torturada salvajemente, permaneciendo en prisión casi 8 años.
Mi madre comenzó a transitar el duro camino de acompañar a su hija por
cartas o visitas a las distintas cárceles que eran trasladada por supuesto
eran de máxima seguridad, porque una joven que pensaba en la liberación de
su país corría esa suerte.
En ese tiempo yo viví y sufrí con mi madre las más diversas humillaciones de
la requisa a los familiares, los plantones en la Unidades Carcelarias, los
viajes de miles de kilómetros para comprobar que no podíamos tener una
visita, allí aprendí que los represores humillaban y torturaban más a las
mujeres, también comprendí lo que significa estar sola en estas
circunstancia ya que los vecinos no te acompañaban por miedo y muchas veces
los familiares directos por temor a las represalias.
Los abogados no tomaban las defensas porque la mayoría eran asesinados o
secuestrados. Mi madre tenía una gran presencia de animo y se volcó con más
fuerza a la vida interior y a la práctica de la oración, pero nunca dejaba
de escribir o visitar a su hija menor presa, conocimos lo que es ser un
familiar de un preso político, ya que con el Golpe de Estado que derroca al
gobierno de Isabel Perón, el 24 de marzo de 1976 se llevaron detenido a mi
marido Luis, médico de los obreros de un Ingenio Azucarero del norte
argentino llamado Ledesma ubicado en la provincia de Jujuy. Desde ese
momento mamá pasó a ser el apoyo y la compañía de sus dos hijas, una sufría
la cárcel y la otra la prisión y posterior desaparición de su compañero.
Ella me dio su apoyo moral, su compañía y el ejemplo de resistencia, de no
claudicar y en esta lucha tan despareja, también aprendí de Doña Emperatriz,
mi madre a reunir al resto de la familia en fiestas y recordatorios,
tratando de disfrutar con intensidad, los momentos de alegría escasos para
esta familia que no dio la espalda a los acontecimientos políticos que
tenían que ver con la construcción de una sociedad democrática y con
justicia social para todos.
Este es mi homenaje a Doña Emperatriz Agüero de Márquez, mi madre.
Olga Aredez
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