[R-P] Sangre y Petróleo Info 111
José María Cavalleri
ingcavalleri en hotmail.com
Jue Jul 21 16:33:33 MDT 2005
Sangre y Petróleo
Por Alex Callinicos
Resumen: El material que publicamos a continuación fue extraído del libro
Los nuevos mandarines del poder americano,
(Ed. Alianza/Ensayo, Madrid, 2004) y está
referido a la geopolítica actual del petróleo.
Su autor es profesor de Política de la Universidad de York y el
prólogo es del conocido Joaquín Estefanía.
La auténtica razón de fondo de las fantasías triunfalistas neoconservadoras,
que pretenden imponer la democracia liberal en Oriente Medio, nos la ofrece
el tercer factor presente en el pensamiento de la derecha republicana sobre
la región: el petróleo. El hecho de que Arabia Saudí contenga las mayores
reservas mundiales de petróleo (estimadas en la actualidad en 261.700
millones de barriles) ha sido fundamental en la vinculación de las clases
dirigentes norteamericanas y saudíes desde la Segunda Guerra Mundial. Irak
posee las segundas reservas mundiales, unos 112.500 millones de barriles.
Algunos partidarios de la última guerra contra Irak han argumentado que ésta
no podía venir motivada por el petróleo, mediante cálculos encaminados a
demostrar que el valor de mercado de las reservas iraquíes podría ser
aproximadamente el mismo que el costo estimado de la campaña para conquistar
el país(1). Incluso en el caso de que dichos cálculos sean correctos, no
hacen más que proporcionar mayores evidencias -por si las necesitábamos- de
lo poco que importa la contabilidad de pérdidas y beneficios en este caso.
EL PETRÓLEO: MATERIA PRIMA ESTRATÉGICA
La trascendencia económica del petróleo no puede reducirse a su precio de
mercado, aun reconociendo la importancia que éste tiene para quienes
obtienen los beneficios y rentas de su explotación. Simon Bromley sostiene
que la importancia del petróleo de Oriente Medio para Estados Unidos no
obedece tanto a su contribución directa a la economía norteamericana (que se
abasteció de sus propios suministros energéticos hasta finales de los
sesenta) como a su función como "materia prima estratégica". "El control
norteamericano sobre el petróleo mundial se convirtió en una pieza clave de
la gestión general de su liderazgo global" después de 1945, en especial
debido a la mayor dependencia de los otros centros del capitalismo
occidental (Europa y Japón) del petróleo importado(2).
Daniel Yergin denomina "Era del Hombre de los Hidrocarburos" al periodo
posterior a la Segunda Guerra Mundial: "Si puede considerarse, en abstracto,
que el sol proporcionó la energía al planeta, ahora es el petróleo el que
propulsa a su población humana, tanto en su versión conocida de combustible
como en la proliferación de nuevos productos petroquímicos"(3). Por lo que
respecta a la Administración Bush, que el Hombre de los Hidrocarburos reine
eternamente. Esta Administración de hombres del petróleo (junto a una mujer
del petróleo, Condoleezza Rice, que formó parte de la junta directiva de
Chevron mientras los republicanos permanecieron apartados del poder en
Washington durante la década de los noventa) ha sido descrita por Mike Davis
como "el comité ejecutivo del Instituto Americano del Petróleo"(4). La
rápida desvinculación de la Administración Bush del protocolo de Kioto
indicó su compromiso con un modelo energético basado en el derroche de
combustibles fósiles no renovables, destructivo para el medio ambiente.
Anatol Lieven sugiere que la guerra en Irak "formaba parte de una estrategia
más amplia encaminada a utilizar la fuerza militar norteamericana para
continuar descargando en el resto del mundo los costes ecológicos de la
economía estadounidense actual, sin necesidad de que el capitalismo, la
elite política o los votantes norteamericanos se sometan a sacrificios a
corto plazo"(5). Precisamente por su compromiso con el mundo configurado por
las empresas de combustibles fósiles, la Administración Bush estaba
particularmente preocupada por el acceso de Estados Unidos a los suministros
energéticos a largo plazo. En mayo de 2001 Washington publicó el Plan de
Energía Nacional, preparado (con ayuda de Enron) por un equipo encabezado
por Dick Cheney.
El informe Cheney subrayaba la creciente dependencia de los Estados Unidos
del petróleo importado. El 52 por ciento de las necesidades netas de
petróleo del país se cubrieron con importaciones en 1999. Se espera que el
consumo de petróleo ascienda un 33 por ciento para 2020, cuando la menguante
producción nacional cubrirá menos del 30 por ciento del consumo total del
país. Esta tendencia situaría a los Estados Unidos frente a lo que el equipo
de Cheney denomina "una situación de dependencia en alza de potencias
extranjeras que no siempre sienten como propios los intereses de
Norteamérica". Por lo tanto, "la seguridad energética debe ser una prioridad
de la política comercial y exterior de los Estados Unidos". El informe
recomendaba diversificar las fuentes de suministro norteamericanas: Canadá,
Arabia Saudí, Venezuela y México produjeron cerca del 55 por ciento de las
importaciones de petróleo en 2000. Oriente Medio, con quizás dos terceras
parte de las reservas globales "sigue siendo fundamental para la seguridad
energética mundial" afirmaba el informe. "El Golfo debe ser un foco
primordial de la política energética norteamericana, pero nuestra
participación será global, fijándonos también en las regiones existentes y
emergentes que vayan a ser importantes en el equilibrio energético global",
en especial la región del Caspio, Rusia y África. Washington debería prestar
a las compañías energéticas norteamericanas todo el apoyo que necesiten para
poder acceder a estas regiones y asegurar el desarrollo de las
infraestructuras necesarias (por ejemplo, el gasoducto para transportar a
Occidente el petróleo y el gas del Caspio).
EL EQUILIBRIO ENERGÉTICO GLOBAL DE LOS ESTADOS UNIDOS
El equipo de Cheney estaba preocupado por cuestiones que iban más allá de
las necesidades petroleras de Norteamérica, como muestra la referencia al
"equilibrio energético global". El informe destaca que "una alteración
significativa en el suministro mundial de petróleo podría afectar
adversamente a nuestra economía y a nuestra capacidad para promover
objetivos de política exterior y económica claves, independientemente del
nivel de dependencia norteamericana del petróleo importado". Señalaba que
"según las proyecciones, la demanda de petróleo crecerá tres veces más
rápidamente en países de fuera de la OCDE que en los pertenecientes a dicha
organización, lo que incrementará la competencia mundial por las reservas
globales de petróleo". Probablemente Asia se sitúe en un lugar central
dentro de esta lucha competitiva, ya que posee menos del 5 por ciento de las
reservas comprobadas de petróleo, pero es responsable de más del 10 por
ciento de la producción y de alrededor del 30 por ciento del consumo. Más
concretamente, según el equipo de Cheney, "China es un agente crítico en los
temas de seguridad energética global, ya que se espera que sus importaciones
netas crezcan de aproximadamente 1 millón de barriles al día en la
actualidad a alrededor de 5 a 8 millones diarios hacia 2020, con una
dependencia predominante (más del 70 por ciento de las importaciones de
Oriente Medio)". El análisis reflejaba una clara comprensión del papel
desempeñado por el petróleo, no sólo en la sustentación del modelo económico
norteamericano sino también en el mantenimiento de la hegemonía global de
este país.
Michael Klare escribe que, desde el 11 de septiembre, "cualquiera que fuese
la intención original de los estrategas norteamericanos - los hilos maestros
de la política de seguridad exterior de la Administración -la búsqueda de
petróleo importado, mejorar la capacidad de `proyección de poder´ de los
Estados Unidos y la guerra contra el terrorismo se han mezclado en una única
empresa estratégica [...] la guerra por la supremacía norteamericana"(6). El
modo en que estas prioridades se ensamblan viene indicado por el hecho de
que las tres áreas en las que Washington ha enfocado la "guerra contra el
terrorismo" -Oriente Medio, Asia Central y el Cáucaso, y Latinoamérica- son
regiones con reservas significativas de petróleo o gas natural. En América
Latina, la Administración Bush ha intensificado la ayuda militar al Gobierno
colombiano que comenzó Clinton con el Plan Colombia. Funcionarios
norteamericanos apoyaron también inicialmente el golpe derechista contra el
régimen nacionalista radical de Hugo Chávez en Venezuela en abril de 2002.
Evidentemente ambos países son importantes productores de petróleo. De modo
más general, el marcado giro de Latinoamérica hacia la izquierda, reflejado
espectacularmente por la victoria de Lula en las elecciones presidenciales
brasileñas en octubre de 2002, ha sido recibido por la derecha republicana,
según el Financial Times, "como una extensión de un nuevo `eje del mal´ que
ya incluye a la Cuba de Fidel Castro y la revolución bolivariana de Hugo
Chávez en Venezuela"(7).
Zbigniew Brzezinski ha llamado al área que se extiende desde el Mar Negro
hasta las fronteras de China, India y Pakistán los "Balcanes eurasiáticos",
inestables políticamente y amenazados por vecinos más poderosos como Rusia,
Turquía e Irán. Toda la zona es, como los Balcanes europeos, "una
combinación familiar de vacío de poder y succión de poder" y por tanto,
"geopolíticamente valiosa. [...] Pero los Balcanes eurasiáticos son
infinitamente más importantes como potencial premio económico: la región
reúne una enorme concentración de reservas de gas natural y petróleo, además
de importantes minerales, incluyendo oro" (8) Klare resume la penetración
del ejército norteamericano en la región tras el 11-S:
La guerra contra el terrorismo se ha combinado asimismo con los intentos
norteamericanos por salvaguardar el flujo de petróleo y gas natural del
Caspio a los mercados occidentales. Estos intentos comenzaron a una escala
más modesta durante la administración Clinton, cuando el Departamento de
Defensa estableció contactos con las fuerzas armadas de Azerbaiyán, Georgia,
Kazajstán, Kirguizistán y Uzbekistán y comenzó a suministrarles ayuda y
entrenamiento militar. Pero ahora, tras el 11 de septiembre, estas
iniciativas se han ampliado significativamente. Las bases temporales de los
Estados Unidos en Uzbekistán y Kirguizistán están siendo transformadas en
instalaciones semipermanentes, a la vez que se proporcionará asistencia
americana para la renovación de una base aérea estratégicamente situada en
Kazajstán. Según el departamento de Estado, se pretende que esta medida
"mejore la cooperación militar entre ambos países a la vez que establece
bases norteamericanas de utilización conjunta a lo largo de la región
petrolífera del Caspio". Azerbaiyán utilizará asistencia americana para
establecer una capacidad de defensa marítima en el Mar Caspio, donde se han
producido varios encuentros recientes entre buques petroleros azerbaiyanos y
cañoneras iraníes. A la vez que facilitan la participación de estos países
en la guerra antiterrorista, estas iniciativas están conectadas con los
intentos norteamericanos de proporcionar un entorno seguro a la producción y
transporte de petróleo(9).
SE BUSCA BAJAR LOS PRECIOS DEL CRUDO
La intervención militar norteamericana en Oriente Medio debe contemplarse en
el contexto de lo que Klare llama "estrategia de adquisición global de
petróleo". Como ya hemos visto, las relaciones entre Estados Unidos y Arabia
Saudí se están deteriorando por ambos lados. Arabia ha desempeñado un papel
fundamental dentro de la Organización de Países Exportadores de Petróleo
(OPEP), utilizando sus inmensas reservas para convencer a otros miembros del
cartel de que mantuvieran su producción y sus precios a niveles que
permitieran un flujo constante de ingresos, pero sin hincar el diente con
profundidad en los beneficios de las empresas occidentales ni estimular las
inversiones en regiones con una producción de petróleo menos eficiente, no
controladas por la OPEP. Pero aunque la familia real saudí continúe
cumpliendo su cometido, su petróleo no es suficiente para abastecer a la
economía norteamericana. El gobierno iraquí post-Sadam instaurado y
mantenido en el poder por las armas norteamericanas, será una criatura
débil, muy vulnerable a las presiones de Washington. Algunos expertos en
petróleo opinan que un Irak dominado por Estados Unidos se saldría de la
OPEP. Como mínimo, inflará la producción, paralizada por falta de
inversiones en la industria petrolera desde 1991 y el embargo de la ONU, lo
que hará descender los precios del crudo(10).
Michael Renner señala un beneficio adicional de la conquista de Irak.
Durante la crisis del petróleo de los setenta, "se extendieron las
nacionalizaciones en los países de Oriente Medio y la OPEP. Actualmente, las
compañías petroleras estatales poseen la inmensa mayoría de las reservas de
petróleo mundial". Las grandes multinacionales occidentales del petróleo
(las "supergrandes", como ExxonMobil y Royal Dutch-Shell) todavía dominan la
industria en los sectores inferiores de refinado y distribución, pero la
producción de sus propios campos petrolíferos sólo supuso un 35 por ciento
de su volumen de ventas en 2001 y poseen sólo un 4 por ciento de las
reservas mundiales. Renner sugiere: "Si el nuevo régimen de Bagdad despliega
la alfombra roja para el regreso de las multinacionales petroleras, podría
ocurrir que una oleada más amplia de desnacionalizaciones recorriera esta
industria, invirtiendo los cambios históricos producidos a comienzos de la
década de los setenta, para mayor beneficio de las 'super-grandes'"(11).
Rumsfeld y su procónsul de Bagdad han convertido la privatización en una
prioridad.
Una última ventaja, obtenida gracias al control que la Guerra de Irak ha
otorgado a los Estados Unidos sobre la segunda mayor reserva petrolífera del
mundo, obedece a su carácter de "materia prima estratégica" en palabras de
Bromley. Situar en Irak un régimen que sea cliente norteamericano no sólo
calma la inquietud provocada por el acceso a largo plazo de Estados Unidos
al petróleo, también aumenta la ventaja de Washington sobre aliados y
competidores como Alemania o Japón, que tienen mayor dependencia que los
Estados Unidos del petróleo importado. Dentro de un contexto más amplio, la
presencia militar norteamericana en el Golfo y Asia Central mejora la
capacidad de Washington para cortar, si es necesario, el abastecimiento de
petróleo y gas a China, cuyo precipitado crecimiento ha hecho a su economía
cada vez más dependiente de suministros energéticos importados. Así pues,
las consideraciones geopolíticas y económicas están intrincadamente
entrelazadas en la gran estrategia del imperialismo norteamericano.
(1) Véase, por ejemplo, J. Tatom, "Iraq's Oil is Not America's Objetive",
Financial Times, 13 de febrero de 2003.
(2) S. Bromley, American Hegemony and World Oil (Cambridge, 1991), p. 86.
(3) D. Yergin, The Prize (Londres, 1993) p. 541.
(4) Discurso en la conferencia Marxismo 2002, Londres, julio 2002. George W.
Bush debe sus reivindicaciones de pertenecer al Oeste americano a la
decisión de su padre de trasladarse a Texas para entrar en la industria del
petróleo en 1940: D. Yergin, The Prize, pp. 753-754.
(5) A. Lieven, "The Push to War", London Review of Books, 3 de octubre de
2002, p. 8.
(6) M. T. Klare, "Resources", en Feffer, Power Trip, p. 58.
(7) R. Lapper, "US Right Scents a New 'Axis of Evil' in Latin America".
Financial Times, 23 de octubre de 2002.
(8) Brzexinski, The Grand Cheeboard (Nueva York, 1997), cap. 5 (cita de p.
124).
(9) Klare, "Resources", pp. 57-58. La Administración Bush está buscando
también lugares donde instalar bases militares cada vez más importantes para
cubrir las necesidades energéticas norteamericanas.
(10) Véase, por ejemplo, "Don't Mention the O-World - Iraq's Oil". The
Economist, 14 de septiembre de 2002.
(11) M. Renner, "Post-Saddam Iraq: Linchpin of a New World Oil Orden", en
Sifry y Cerf, The Iraq War Reader, p. 584.
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