[R-P] [A. Soliz] El pensamiento sumergido de Carlos Montenegro (1 de 3)
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Mie Jul 13 07:28:37 MDT 2005
[Un estudio sumamente revelador de la figura y obra del maestro y
fundador del nacionalismo revolucionario boliviano]
EL PENSAMIENTO SUMERGIDO DE CARLOS MONTENEGRO
I.- INTRODUCCION
Carlos Montenegro, quien murió en una clínica de Estados Unidos, el
10 de marzo de 1953, es objeto de veneración por los nacionalistas
bolivianos y, de manera apenas nostálgica, por pocos dirigentes del
Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), el partido político más
longevo e importante de la historia de Bolivia. Tales antecedentes
dificultan establecer los motivos por los que uno de sus libros
centrales: "Las Inversiones Extranjeras en América Latina", escrito,
aprincipios de 1952, permanece sumergido en el silencio y el olvido.
Un segundo libro del mismo autor; "La Hora Cero del Capitalismo" se
halla más sumergido aún, ya que fue impreso y distribuido sin nombre
y sin pie de imprenta, es decir en forma clandestina, en
circunstancias que detallaremos más adelante.
Resulta extraño constatar que la primera edición de "Las Inversiones
Extranjeras en América Latina" no fue publicada en Bolivia, por el
MNR o susallegados, sino en Buenos Aires, en septiembre de 1962, por
la editorial "Coyoacán", dirigida por el historiador argentino Jorge
Abelardo Ramos, quien recibió los originales en la ciudad de La Paz
de manos de Mario Montenegro (hijo de Carlos), durante la celebración
del décimo aniversario de la Revolución del 9 de abril de 1952, según
me explicó Wáscar Montenegro Céspedes, hermano de Mario e hijo de
Carlos.
Esta edición contiene una presentación de "Coyoacán", que busca,
dice, contribuir "a la formación de una verdadera ideología nacional
latinoamericana... y recoger, sin ninguna clase de limitaciones de
partido o facción, las mejores contribuciones a esa tarea, lo cual
significa, en el orden de las ideas, satisfacer los mismos propósitos
buscados en el siglo pasado (la unidad de América Latina) por San
Martín y Bolivar por medio de las armas". La publicación carece de
prólogo, aunque incluye un breve texto de presentación, en el que se
explica que entre los papeles póstumos de Montenegro "quedó sin
publicar el presente libro, que resume, en una notable síntesis, las
tropelías imperialistas en América Latina, la naturaleza de sus
"inversiones" y los resultados que ellas produjeron al continente".
El texto añade: "Montenegro fue una de las expresiones más lúcidas de
la clase media boliviana en su combate contra la Rosca minera. La
revolución popular triunfante en 1952, enarboló justicieramente su
nombre junto a los de Víctor Paz Estenssoro, Hernán Siles Zuazo y
Juan Lechín. Todos ellos representaban, a su modo, la particular
disposición de las clases nacionales --y también sus divergencias
interiores-en el proceso de liberación del Altiplano" (1)
La segunda edición estuvo a cargo de la editorial "Puerta del Sol",
de La Paz - Bolivia, en 1984, es decir 32 años después de haber sido
escrito y al cabo de 22 años de su publicación en la Argentina. Esta
segunda edición está prologada por Juan Albarracín Millán, un
prolífico escritor, adversario del nacionalismo, del MNR y del propio
Montenegro (2).Por otra parte, uno de los dos libros que se ocupan de
la personalidad del ideólogo boliviano, "Montenegro el Desconocido",
de Mariano Baptista Gumucio, apenas se refiere a "Las Inversiones
Extranjeras en América Latina". Sólo recuerda un artículo de Augusto
Céspedes, publicado en Buenos Aires (no indica el medio en que fue
publicado ni la fecha del mismo), en el que el autor de "Metal del
Diablo", a tiempo de rememorar "Las Inversiones..." indica que la
velocidad de los cilindros de las rotativas cotidianas, devoró la
tarea de Montenegro como escritor, lo que redundó en el
desconocimiento de su obra (3).
Por su parte, Valentín Abecia Lopez, indica, en el libro titulado
"Montenegro", que, "a comienzos de 1952, aún en Buenos Aires, escribe
un trabajo sobre "Las Inversiones Extranjeras en América Latina",
que, luego, con la increíble transformación de las cosas, se vio
impedido de publicar. Recién se lo hizo póstumamente, por la
editorial Coyoacán, en 1962, en Argentina. La corta obra, dice
Abecia, da un rápido vistazo -no por eso simple-a la explotación
latinoamericana por el capitalismo"(4). Si se considera el enorme
debate ideológico, nacional y latinoamericano que generó la
revolución del 9 de abril de 1952, los resultados debieron ser
distintos a los mencionados por Abecia, ya que la publicación debió
abrir un trascendental debate en torno a la orientación del nuevo
gobierno. Otra explicación más certera de la no publicación inmediata
de la obra es intentada por Albarracín Millán, con estas palabras:
"El libro que iba a tener perspectivas importantes antes de abril de
1952, se había convertido después en obstáculo para los planes de
cooperación y ayuda internacional (del gobierno del MNR)". (5)
Albarracín Millán aporta un dato importante al recordar que el
trabajo de Montenegro fue escrito poco después de conocerse el
denominado "Plan Keenleyside" para Bolivia,elaborado por la Misión
Keenleyside (presidida por el economista estadounidense de ese
apellido), con el patrocinio del gobierno norteamericano. Sus
recomendaciones se convirtieron en convenios suscritos entre la
Misión de EEUU y la Junta Militar de Gobierno, presidida por el
General Hugo Ballivián (1951-1952), los que fueron publicados en el
país el primero de octubre de 1951. La Misión había diagnosticado que
la crisis de Bolivia no se debía a la carencia de recursos naturales,
ya que posee "suelo fértil, rocas mineralizadas y recursos
hidráulicos". Obedece, más bien, a "su inestabilidad gubernativa y
administrativa que ha caracterizado la historia de esta nación". Para
resolver estos problemas, la Misiónpropuso que expertos,financiados
por Naciones Unidas, con un desembolso de 200.000 dólares, asesoren
al Presidente de la República, Ministros de Estado, Directores
Generales, Contralor General de la República, Gerente del Banco
Central, etc.La agencia informativa norteamericana, United Press,
transmitió ese primero de octubre el siguiente despacho fechado en
Nueva York: "La entrega de cargos de responsabilidad a extranjeros es
un experimento sin precedentes, que se espera será observado con
interés por otros países en condiciones parecidas a las de Bolivia".
El MNR repudió la inescrupulosa ingerencia con un manifiesto editado
en Buenos Aires, en noviembre de 1951, firmado por Víctor Paz
Estenssoro (6), el que afirmaba que "mientras en todo el mundo los
países coloniales y semicoloniales rompen las ataduras que limitan su
soberanía política o económica, venciendo una etapa más en la marcha
hacia la libertad, Bolivia retrocede y entrega el poder público de la
nación a un grupo de extranjeros". Denunciaba, seguidamente, que
tales convenios vulneraban los principios de igualdad de los Estados
miembros y la libre autodeterminación de los pueblos, consagrados por
la ONU. El documento advertía, asimismo, que los convenios tenían el
propósito de servir los intereses de los "barones del estaño", ya que
entre las "soluciones" a la crisis se anunciaba la rebaja de
impuestos a la exportación de minerales,el incremento impositivo a la
propiedad de inmuebles y artículos de producción nacional, así como
la dolarización de la amortización e intereses de la deuda pública.
En opinión de Paz Estenssoro, la solución a la crisis no pasaba por
incrementar el volumen de exportación de minerales, sino por el
aprovechamiento por la nación, en el mayor grado posible, de la
explotación de sus riquezas naturales. Destacaba, asimismo, la
importancia de instalar en el país fundiciones de minerales, a fin de
evitar la fuga de excedentes económicos. Lo esencial reside, decía
finalmente, en "quitar el poder político de manos de las grandes
compañías mineras y sus aláteres, o sea la Rosca, y ponerlo al
servicio de la nación entera". Hemos glosado el informe Keenleyside y
la respuesta de Paz Estenssoro debido a que en este último documento
se advierte la influencia de Carlos Montenegro, compañero del jefe
del MNR en el exilio argentino, a través de opiniones que están
presentes en "Las Inversiones...".
II EL PROLOGO DE ALBARRACIN MILLAN
El prólogo de Juan Albarracín Millán comienza así: "Desde que Franz
Tamayo (notable pensador y escritor paceño, 1879-1956),introdujo el
irracionalismo alemán en el pensamiento político boliviano hablando
de Nietzche, la energía nacional y el poder racial de los indios y
mestizos, el nacionalismo boliviano, engendrado por esta filosofía,
no dejó de buscar, entre sus instrumentos de lucha, el miticismo de
la tierra, de la raza y la sangre, para combatir el racionalismo, la
democracia y el socialismo". Luego añade: "Las corrientes
nacionalistas propuestas en la primera mitad de nuestro siglo tienen
por base el nacionalismo alemán que se declara, a través del
voluntarismo, el indoamericanismo y el telurismo, sus formas
nacionales, enemigo del blanco y del indio y partidario del mestizo".
Incluye en esta visión al escritor Sergio Almaraz Paz (1928-1968), de
quien el prologuista dice: "Y, aún Sergio Almaraz, más cerca de
nuestros días, escribía "El Poder y la Caída", invocando a Tamayo,
como su antecedente ideológico". Ahora que Montenegro y Almaraz están
juntos, Albarracín Millán añade: "Los representantes de Nietzche,
Spengler y Keyserling en el pensamiento irracionalista boliviano
pretendieron hacer pasar por producto nacional el racismo, la
geopolítica y el biologismo". Luego encuentra diferencias de
contenido y orientación entre "Nacionalismo y Coloniaje" (la obra
cumbre de Montenegro, publicada en 1943) y "Las Inversiones
Extranjeras en América Latina", aunque admite que el segundo libro
contiene la visión internacional del primero. Complementa lo anterior
con este párrafo: "Lo nuevo del pensamiento de Montenegro en este
trabajo (se refiere a "Las Inversiones...) es que desaparece el
miticismo de la raza y surge, en su lugar, la defensa de los recursos
nacionales". Albarracín Millán se contradice al admitir que
Montenegro, al escribir su nuevo libro, se mantuvo firme en las
investigaciones que hizo en la década de los años treinta sobre la
presencia de la Standard Oil en Bolivia (7). Si eso es evidente,
¿dónde está lo nuevo? No es lo mismo, ciertamente, ocuparse de una
nueva temática que mantenerse firme en investigaciones ya realizadas.
Podría responderse a Albarracín Millán con los mismos argumentos
usados por Montenegro para refutar a Alcides Arguedas (1879-1946), a
quien dijo que sin falsificar los hechos, falsifica la valoración de
los hechos, lo que implica un triple falseamiento: El de la verdad
del pasado, el del juicio histórico en el presente y el de la
conducta colectiva en el futuro" (8). Digamos, a manera de ejemplo,
que es evidente que Mariano Melgarejo (Presidente de Bolivia, 1864-
1871) era un beodo o que José Ballivián (Presidente de Bolivia, l841-
1847) tuvo amoríos con la escritora argentina Manuela Gorriti, la
esposa de Manuel Isidoro Belzu (Presidente de Bolivia, 1850-1855),
perodeducir de lo anterior, y de hechos similares, que toda la
historia nacional es siniestra, baja, sanguinaria, ruin o, en el
mejor de los casos, extravagante y risible, como dice Arguedas, es
caer en la triple tergiversación anotada. Por tanto, es indudable que
el nacionalismo boliviano, como todos los nacionalismos del mundo,
contiene elementos de irracionalismo, telurismo, miticismo,
biologismo y algunos otros "ismos" adicionales. Sin embargo, tales
referencias son complementarias alpensamiento nacional y no su
esencia, ya que lejos de basarse en el "nacionalismo alemán", se
afinca en la defensa del país frente a la opresión foránea y en
tratar de estructurar el Estado nacional.
Tampoco es evidente que el nacionalismo boliviano se hubiera
declarado, a través del indoamericanismo, "enemigo del blanco y del
indio y partidario del mestizo". Montenegro, al abordar el tema,
reivindica a fondo la figura del mestizo Pedro Domingo Murillo
(protomártir de la revolución paceña del 16 de julio de 1809), pero
destaca que la fuerza de la esta revolución residió, precisamente, en
amalgamar, dentro de la Junta Tuitiva, a criollos, como Juan Pedro
Indaburo, así como a representantes indígenas, como Roxas. No es lo
mismo, por tanto, ser enemigo "del blanco" que adversario de la
oligarquía. Lo primero implica un criterio racista, lo segundo un
concepto político y socio-económico que abarca a un grupo
intermediario en la extracción de los recursos naturales del país,
cualquiera sea el color de su piel.
Simón I. Patiño (1860-1947), el más importante de los "barones" del
estaño, es mestizo por donde se lo mire, lo que no impidió que Paz
Estenssoro, Montenegro y Céspedes lo atacaran de manera implacable,
el primero desde el parlamento, el segundo principalmente desde el
periodismo y el tercero a través de su famoso libro "Metal del
Diablo". El término "indoamericano", acuñado por Víctor Raúl Haya de
la Torre, es sinónimo de síntesis, no de exclusión de lo indígena y
lo americano, más allá de frases sueltas con las que se pretendería
desvirtuar este concepto. Es, en pocas palabras, una expresión de la
alianza de las clases oprimidas, la que sería absurdamente debilitada
si sefiltraran odios contra lo blanco o lo indígena.
El tema de fondo reside en advertir que la historiografía boliviana
se divide en un antes y un después de "Nacionalismo y Coloniaje".
Sufuerza emerge del rescate del "hombre boliviano", desde el indígena
hasta el criollo, abigarrados en nuestro mestizaje, que compendia la
incesante influencia mutua de culturas diversas, pero no estáticas.
Es una respuesta a la furiosa denigración del país difundida por
Alcides Arguedas, en toda su obra, pero, de manera especial, en su
"Pueblo Enfermo". Allí donde Arguedas desprecia a nuestras culturas,
Montenegro enfatiza el coraje, resistencia yperseverancia de las
rebeliones indígenas, que tuvo en Tupaj Katari a su mayor exponente
en el Alto Perú. Destaca al Mariscal Andrés de Santa Cruz y
Calahumana, hijo de un militar español y una princesa aymara y
forjador de la Confederación Perú-Boliviana (1836-1839), como al más
grande estadista de nuestra historia. Allí donde Arguedas considera
que el cholo (sinónimo de mestizo) es la suma de defectos del indio y
del blancoide, Montenegro encuentra la símbiosis de una nacionalidad
capaz de construir su propio destino. Si "Nacionalismo y Coloniaje"
es la proyección positiva del ser humano que habita nuestro suelo,
"Las Inversiones..." es la denuncia del despojo de recursos
naturales, soberanía y dignidad que sufrimos los indoamericanos,
desde que fracasamos en el intento de construir la Patria
bolivariana. Por esta razón, la obra de Montenegro constituye un todo
armónico y coherente, que contribuyó a materializar una de las tres
grandes revoluciones nacionales del Siglo XX latinoamericano. Ellas
son, en orden cronológico, la mexicana, de 1910, la boliviana, de
1952, y la cubana, de 1959. Con relación a Sergio Almaraz no
reconocer que todos sus libros arrancan de la contradicción
fundamental, naciones opresoras, países oprimidos, demuestra los
prejuicios stalinistas con los que Albarracín se acerca a la obra de
otro de los símbolos del pensamiento nacional.
III MONTENEGRO Y EL PROBLEMA NACIONAL Y COLONIAL
"Montenegro ve a través del petróleo", decía Enrique Baldivieso el
vicepresidente de Germán Busch (Presidente deBolivia, 1937-1939) (9).
Sin embargo, la visión de Montenegro va aún más allá, al encarnarse
en la defensa global de Bolivia y América Latina. Lo anterior se
refleja en su libro "Frente al Derecho del Estado, el oro de la
Standard Oil", continúa con la redacción del manifiesto de "La Unión
Defensora del Petróleo", en 1941; se reafirma con su "Nacionalismo y
Coloniaje", prosigue, en 1948,con la publicación, en Buenos Aires, de
la biografía de Spruille Braden, embajador de EEUU en Argentina,
durante el primer gobierno de Perón, yculmina, en 1952, con "Las
Inversiones Extranjeras en América Latina" y "La Hora Cero del
Capitalismo", así como con sus conferencias sobre la nacionalización
de las minas, en La Paz y Santiago de Chile (10). No existe, en
consecuencia, un sólo texto de Montenegro que no sea antioligárquico
y antiimperialista.
El ideólogo fue fuertemente influenciado por las corrientes de
pensamiento que estaban en boga en la República Argentina, donde
residió entre 1935 y 1939, primero, y entre 1946 y 1952, después.
Abecia López indica que, en su juventud, se nutrió de las obras de
los peruanos José Carlos Mariátegui, sobre todo de sus "7 ensayos de
interpretación de la realidad peruana", y de Víctor Raúl Haya de la
Torre, en especial de su obra más incisiva: "El antiimperialismo y el
APRA". En su primera residencia en Buenos Aires, como delegado de
Bolivia a la Conferencia de Paz del Chaco, y como funcionario de la
Embajada en Buenos Aires, en los gobiernos de David Toro y Germán
Busch, Montenegro se informa en torno a la guerra civil española y al
surgimiento del fascismo italiano y del nazismo alemán. Cada uno de
estos hitos históricos era objeto de apasionados debates en
periódicos, libros y otros medios de comunicación e inclusive en
reuniones de café, donde Montenegro compartía opiniones con notables
personalidades como Arturo Jauretche, Gabriel del Mazo (impulsor de
la reforma universitaria de Córdoba, de 1918) y Jorge Luis Borges.
(11).
Cuando Montenegro ocupa el cargo de Embajador de Bolivia en México,
en 1944, ya había definido su rumbo ideológico, el cual, sin embargo,
se fortaleció con las polémicas desatadas por la nacionalización del
petróleo mexicano, dispuesta por el general Lázaro Cárdenas, en 1938.
Montenegro, en círculos políticos, conferencias y reuniones con
trabajadores, difundió la experiencia boliviana en la caducidad de
las concesiones de la Standard Oil, decretada por el general David
Toro (Presidente de Bolivia -1936-1937--), un año antes que en
México. En 1940, agentes de Stalin asesinaron en Coyoacán, barrio de
la ciudad de México ynombre de la editorial que imprimió "Las
Inversiones Extranjeras en América Latina, a León Trotsky, a quien el
presidente Cárdenas había brindado asilo político. Trotsky, por su
parte, dirigió sendas cartas a los trabajadores ingleses, al
recordarles la obligación que tenían de apoyar la nacionalización del
petróleo mexicano. Por otra parte, la defensa que hace Montenegro del
mestizaje se vio enriquecida con los aportes de José Vasconcelos (
1881-1951).
Durante su segunda residencia en Buenos Aires, inmediatamente después
del derrocamiento de Villarroel, Montenegro fundó la revista "SEA" y
colaboró en varias publicaciones de orientación peronista. En el
periódico "Democracia" tenía como colega aJorge Abelardo Ramos,
quien, en 1968, publicó su conocida obra "La Historia de la Nación
Latinoamericana". En los círculos intelectuales que apoyaban al
peronismo, se encontraban, asimismo, figuras de tanto relieve, como
Manuel Ugarte, Arturo Jauretche, Raúl Scalabrini Ortiz y Rodolfo
Puigross (este último había abandonado al Partido Comunista argentino
para respaldar a Perón).
A fines de 1949, el periódico "La Prensa", de Buenos Aires, pasó a
depender de la Confederación General del Trabajo (CGT). Con el visto
bueno de Perón, Montenegro y Augusto Céspedes fueron designados
editorialistas de esa importante publicación. Según el socialista
Abel Alexis Latendroff, en su libro "Nuestra América Difícil",
Montenegro escribió el discurso que, en 1950, Perón pronunció ante el
Grupo de Oficiales Unidos (GOU), versión argentinade la logia Razón
de Patria (RADEPA), de Bolivia. Los datos citados constan en el libro
"Carlos Montenegro, un Nombre Para la Historia", escrito por su
viuda, Yolanda Céspedes de Montenegro (además hermana de Augusto
Céspedes), quien reveló que el contacto entre Perón y Montenegro fue
el General Oscar Uriondo, persona de estrecha confianza del
mandatario argentino (12). Este contexto, y no las referencias a
Spengler, Nietzche y Keyserling, explica la resistencia de Montenegro
al imperialismo, al stalinismo y al pirismo boliviano. Las décadas de
los años treinta y cuarenta se caracterizan, en América Latina, en
general, y en Buenos Aires, en particular, por profundos debates
sobre el denominado problema nacional y colonial,cuyas
características centrales son las siguientes:
Para Carlos Marx, la nación, en su acepción moderna, es la
culminación política y jurídica de la sociedad burguesa. Esa
culminación se había producido en Europa Occidental, centro impulsor
del capitalismo mundial. La nación en Europa nace, en consecuencia,
como producto del desarrollo de las relaciones capitalistas de
producción, que, de manera lenta, al principio, y avasalladora,
después, derriba las torres feudales que pretendían contenerlo. El
control del mercado interno, la unidad idiomática, la formación de
una psicología común son elementos que determinan el avance de las
naciones en formación, cuyas fronteras se detienen ante otras
formaciones nacionales que, desde diferentes geografías, avanzan
también en busca de formar su propio mercado interno, avaladas por su
idioma y psicología comunes Sería un grave error, sin embargo, tomar
estos conceptos en forma mecánica, ya que es frecuente que dentro de
una nación se hablen varios idiomas o que naciones distintas hablen
un sólo idioma. Lo cierto es que la Revolución Francesa, de 1789,
marca el nacimiento de una nación madura, a diferencia de la nación
"precoz", que fue Inglaterra, cuyo parto se inscribe en el Siglo
XVII. Vendrán después procesos nacionales tardíos, como los operados
en Alemania e Italia y otros aún más rezagados o inconclusos como los
impulsados por polacos, checos, irlandeses, turcos, servios y
finlandeses.
Marx y Engels observaron con simpatía la formación de las grandes
naciones en Europa y Estados Unidos, ya que, desde este punto de
vista, su surgimiento implicaba la desaparición de la retrógrada
sociedad feudal, en primera instancia, y la formación del
proletariado industrial, la clase social encargada de liquidar al
capitalismo y de instaurar el socialismo. Los fundadores del
"socialismo científico" no analizaron el problema de la formación de
las naciones en los países atrasados y en las colonias de Asia,
África y América Latina, ya que, en su criterio, sería el aguerrido y
maduro proletariado europeo el encargado de llevar el socialismo
hasta esos confines. Esta visión del mundo explica el error de Marx
al considerar positivo y progresista para la causa del socialismo, la
imposición a la India del colonialismo inglés, y el de Engels,quien
opinó que la invasión de EEUU a México, fruto de la cual el país
latinoamericano fue despojado de más de la mitad de su territorio,
tuvo connotaciones positivas para el desarrollo industrial, sin
advertir que la dominación foránea es precisamente la causa del
atraso en las sociedades dependientes.
El autor de "El Capital" comenzó a estudiar con más detenimiento el
problema de las naciones oprimidas a través del caso de Irlanda, en
cuya oportunidad escribió, poco antes de su muerte, que la clave de
la revolución inglesa no se halla en Gran Bretaña, sino en la
liberación de Irlanda, ya que en tanto Irlanda sea una colonia, los
beneficios de su saqueo y explotación beneficiarán no sólo a la
burguesía inglesa sino también, aunque de manera mezquina, a sus
trabajadores, quienes, por esta circunstancia, verán debilitado su
potencialrevolucionario. Influyó de manera decisiva en el
"revisionismo" de Marx, con relación a su pensamiento original, el
célebre y luminoso aforismo de Dionisio Inca Yupanqui, quien, en su
condición de Inca, Indio y Americano y de diputado suplente a las
Corte de Cadiz("único sitio de la España libre de la ocupación
extranjera"), dijo, en el discurso que pronunció el 16 de diciembre
de 1810: "UN PUEBLO QUE OPRIME A OTRO NO PUEDE SER LIBRE" (13).
Jorge Abelardo Ramos formuló sobre ese aforismo, repetido después con
insistencia por Engels, Lenin y Trotsky, el siguiente comentario:
"Marx se deslumbró con la magnífica síntesis estudiando en 1854 las
Cortes de Cadiz; la idea germinó lentamente en su espíritu y cuando
llegó el momento de ocuparse de Irlanda, en 1869, su espíritu le
devolvió un eco de aquellas ardorosas jornadas de Cadiz que habían
despertado años antes su admiración. Los marxistas de América del Sur
aprendimos en Marx su concepción de la cuestión nacional. Pero Marx
la había escuchado de boca de aquel Inca, Indio y Americano que trajo
a la España revolucionaria la voz de las Indias" (14)
El análisis del problema nacional y colonial se amplió de manera
cualitativa al producirse, a partir de 1880, la fusión del capital
industrial con el capital bancario, lo que origina el capital
financiero, base de sustentación del imperialismo. El tema fue
explicado por Vladimir Ilich Lenin con las siguientes palabras: "Así,
pues, el resumen de la historia de los monopolios es el siguiente:
"1) Décadas de 1860 y 1870, punto culminante del desarrollode la
libre competencia. Los monopolios no constituyen más que gérmenes
apenas perceptibles. 2) Después de la crisis de 1873, largo periodo
de desarrollo de los cartels, los cuales sólo constituyen todavía una
excepción, no son aún sólidos, aún representan un fenómeno pasajero.
3) Auge de fines del Siglo XIX y crisis de 1900 a 1903: los cartels
se convierten en una de las bases de toda la vida económica. El
capitalismo se ha transformado en imperialismo (15).
A partir de entonces, los esfuerzos por construir naciones en el
mundo periférico no transitarán de dentro hacia afuera, como ocurrió
en Europa, cuando se trataba de derrotar al feudalismo, sino que, si
triunfan, serán producto de los enfrentamientos con el imperialismo,
que se nutre de la no consolidación de los Estados nacionales en el
mundo periférico. El papel esencial que cumplen las colonias y
semicolonias en la existencia misma del imperialismo siempre estuvo
claro para los ideólogos de las burguesías metropolitanas. Tal el
caso, por ejemplo, del célebre financista inglés y Primer Ministro en
la ciudad de El Cabo, Africa del Sur, Cecil Rhodes, quien dijo sin
ambages: "La idea que yo acaricio es la solución del problema social,
es decir que, para salvar a los cuarenta millones de habitantes del
Reino Unido de una sangrienta guerra civil, nosotros, estadistas
coloniales, debemos obtener nuevas tierras donde instalar el exceso
de población, donde encontrar nuevos mercados para los productos de
nuestras fábricas y minas. El imperio, como siempre lo he dicho, es
una cuestión de estómago. Si se quiere evitar la guerra civil, hay
que convertirse en imperialistas" (16)
El problema se tornó más complicado aún para los europeos que decían
ser socialistas. En efecto, ¿es posible ser, al mismo tiempo,
socialista y colonialista? Los debates sobre tan apasionante tema
tuvieron un punto de inflexión en el Congreso de la Segunda
Internacional Socialista, realizado, en 1907, en la ciudad alemana de
Stuttgart, al que Lenin consideró "el mejor congreso internacional
que se haya celebrado jamás" (17). En esa oportunidad,incursionaron
con fuerza los "socialistas" partidarios del colonialismo. Uno de
ellos fue el holandés Val Kol, quien pretendió justificar la
explotación holandesa de millones de indonesios, sometidos a la
semiesclavitud, que ya se prolongaba por más de 300 años, con estas
palabras: "Hay muy pocos socialistas que se atreverían a afirmar que
en el régimen socialista (europeo) no serán necesarias las colonias".
Si ello no ocurriera, ¿"qué se hará de la superpoblación de Europa"?
Añadió que, en determinadas circunstancias, la política colonial
puede ser una obra civilizadora, para luego destacar que el hacer
colonialismo debe servir para dignificar a los hombres y no para
atrofiar y envilecer a los pueblos" (18)Otro exponente de esa
posición fue el alemán Eduard David, quien manifestó que "los pueblos
de civilización superior tienen el derecho y el deber de dar
educación a los pueblos atrasados", para luego añadir que "Europa
tiene necesidad de colonias", sin las cuales los europeos serían
asimilables a los chinos, desde el punto de vista económico (19)
El enfrentamiento ideológico concluyó con la condena del colonialismo
por 128 votos contra 108. La posición asumida por los delegados de
los países atrasados definió la contienda, en tanto que los grandes
partidos socialistas de Europa siguieron los lineamientos de Van Kol
y Eduard David. En la posición anticolonialista estuvo el delegado
argentino, Manuel Ugarte, quien, años después, apoyó a Perón, al
igual que Carlos Montenegro y Manuel Ugarte. Al comentar los
resultados del congreso de Stuttgart, Lenin manifestó que "la
burguesía inglesa obtiene más ingresos de los centenares de millones
de habitantes de la India y de otras colonias suyas que de los
obreros ingleses. Tales condiciones crean en ciertos países una base
material, una base económica para contaminar el chovinismo colonial
al proletariado de esos países" (20). Años después, el mismo Lenin
anotaba: "Es evidente que tan gigantesca superganancia (del capital
financiero internacional) permite corromper a los dirigentes obreros
y a la capa superior de la aristocracia obrera" (21)
Aún ahora los socialistas europeos no son capaces de asumir conductas
claras frente a la opresión imperialista que mantienen sus propios
países. Un caso aislado de franqueza representa el del jurista,
politólogo, escritor, periodista y diputado eurocomunista francés,
Maurice Duverger, quien, en 1976, escribió lo siguiente: "Hemos
hablado del socialismo en la nación francesa, o en el conjunto
europeo. No hemos hablado del socialismo en otras naciones. Una
Francia socialista, una Europa socialista, no dejarían de ser islas
privilegiadas en medio de un océano de servidumbre, de desigualdad,
de penuria. El socialismo democrático transformaría la vida en el
interior de una nación industrial, o de un grupo de naciones
industriales. No transformaría la vida de los países
subdesarrollados. No suprimiría la enorme distancia que los separa de
las naciones industrializadas. Pondría fin a la explotación de los
pobres por los ricos, no a la explotación de los países pobres por
los países ricos...
"Una nación o un grupo de naciones socialistas, prosigue Duverger,
serían más generosas con el Tercer Mundo. No sería mucho más que una
caridad, tal como la practicaban los burgueses bienpensantes del
siglo XIX. Igualar los niveles de vida entre naciones equivaldría a
sumergir el reducido grupo de países adelantados en la marea de
países atrasados, frenando el progreso de todos. Los ciudadanos de
las naciones avanzadas, aunque sean socialistas, no se prestarán a
ello... Para construir un socialismo auténtico, la primera condición
es librarse de ilusiones acerca del socialismo" (22) Como puede
advertirse, ni aún con el triunfo socialista en el viejo continente,
los países coloniales y semicoloniales, en general, y América Latina,
en particular, pueden esperar un cambio en su destino, si lo hacen
depender de políticas foráneas interesadas en mantenerlo.
A diferencia de los partidos socialdemócratas, Lenin planteó el
problema nacional y colonial en el Segundo Congreso de la
Internacional Comunista, de junio de 1920, con estas palabras: "¿Cual
es la idea más importante, la idea fundamental de nuestras tesis? Es
la distinción entre naciones oprimidas y naciones opresoras... El
rasgo distintivo del imperialismo consiste en que, actualmente, el
mundo se halla dividido, por un lado, en un gran número de naciones
oprimidas y, por otro, en un número insignificante de naciones
opresoras, que disponen de riquezas colosales y de una poderosa
fuerza militar". En esa misma ocasión, se resolvió cambiar la
denominación de movimiento democrático-burgués para las luchas de
resistencia que libran los países atrasados contra el imperialismo
por la de "movimiento revolucionario nacional" (23). Estas posiciones
fueron ratificadas por Stalin, en conferencias pronunciadas en 1924,
cuyas conclusiones principales fueron las siguientes: a) El mundo
está dividido en dos campos. El que forman un pequeño puñado de
naciones civilizadas, que poseen el capital financiero y explotan a
la inmensa mayoría de la población del planeta, y el campo de los
pueblos oprimidos y explotados de las colonias y de los países
dependientes, que forman esta mayoría. b) Las colonias y los países
dependientes, oprimidos y explotados por el capital financiero,
constituyen una formidable reserva y la más importante fuente de
fuerzas para el imperialismo. c) La lucha revolucionaria de los
pueblos oprimidos de los países coloniales y dependientes contra el
imperialismo es el único camino por el que pueden emanciparse de la
opresión y de la explotación(24)
El hecho de que en la Unión Soviética se hubiera producido la
destrucción de la democracia revolucionaria con el triunfo de la
burocracia stalinista, además del eclipse del pensamiento crítico del
marxismo, hasta desembocar en la "barbarización" del pensamiento y en
el fusilamiento de toda la intelligentsia revolucionaria, en medio de
una de las dictaduras más tenebrosas de la historia, no invalida la
visión que tuvieron los bolcheviques sobre el problema nacional y
colonial. En esa dirección, el aporte de León Trotsky es también
notable. He aquí una de sus reflexiones: "El imperialismo sólo puede
existir porque hay naciones atrasadas en nuestro planeta, países
coloniales y semicoloniales. La lucha de estos pueblos oprimidos por
la unidad y la independencia nacional tiene un doble carácter
progresista, pues, por un lado, prepara condiciones favorables de
desarrollo para su propio uso y, por otro, asesta rudos golpes al
imperialismo. De donde se deduce, en parte, que en una guerra entre
una república democrática imperialista civilizada y la monarquía
bárbara y atrasada de un país colonial, los socialistas deben estar
enteramente del lado del país oprimido, a pesar de ser monárquico, y
en contra del país opresor, por muy "democrático" que sea" (25)Este
punto de vista fue expuesto también por Stalin, quien apuntó: "La
lucha de los intelectuales y burgueses egipcios por la independencia
de Egipto es, por las mismas causas, una lucha objetivamente
revolucionaria, a pesar del origen burgués y la condición burguesa de
los líderes del movimiento nacional egipcio y a pesar de que estén en
contra del socialismo; en cambio, la lucha del gobierno laborista
inglés por mantener la situación de dependencia de Egipto es, por las
mismas causas, una lucha reaccionaria, a pesar del origen proletario
y de la condición proletaria de los miembros de ese gobierno, y a
pesar de que son "partidarios" del socialismo" (26).
El análisis de la cuestión nacional en América Latina se enriqueció,
de manera decisiva, con el aporte del historiador argentino, Jorge
Abelardo Ramos, quien, a lo largo de su extensa producción
bibliográfica, sostuvo que si bien la autodeterminación de los
pueblos reside, en lo esencial, en el derecho a separarse de
formaciones nacionales que los oprimen, en Latinoamérica consiste en
el derecho a unirse, a través de una Confederación de Estados de
Centro, Sudamérica y el Caribe, como único camino de ser sujeto de su
propio destino y no objeto de dominación del capital financiero
digitado por los centros de poder mundial. La idea ya había sido
esbozada por Trotsky, durante su residencia en México, para quien la
lucha de nuestros pueblos debía alcanzar la meta de la Confederación
de Estados Unidos Socialistas de América Latina. Sin embargo,
corresponde a Ramos la creativa audacia de reconciliar a Marx y
Bolivar, pese a que el primero de los nombrados se había referido
despectivamente al segundo en la ficha que escribió para la
Enciclopedia Americana. Sin desorientarse por ese desliz del sólido
pensador alemán, el historiador argentino considera que el método
dialéctico, desarrollado por los clásicos del marxismo, es el
adecuado instrumento analítico para impulsar la Patria Grande, soñada
por nuestros libertadores.
Las experiencias del siglo XX han confirmado que la contradicción
fundamental en las colonias y semicolonias, como Bolivia, es la que
opera entre naciones opresoras y naciones oprimidas, ya que ningún
país dependiente ha abandonado su situación de atraso y miseria con
ayuda de los interesados en mantenerla. Las pocas excepciones a esta
regla se explican debido a que, en determinadas circunstancias, un
país atrasado o destruido por confrontaciones bélicas o revoluciones,
puede ser utilizado para contener riesgos revolucionarios mayores.
Tal el caso del Plan Marshall, de EEUU, que ayudó a la reconstrucción
de Francia e Italia, principalmente, a fin de evitar que los partidos
comunistas de esos países tomaran el poder después de la Segunda
Guerra Mundial. En igual forma, Washington impulsó el desarrollo de
Taiwan, a fin de impedir el avance de China continental. Otro tanto
puede decirse del fortalecimiento de Corea del Sur frente a Corea del
Norte. Similar propósito existió al ayudarse a Japón, para contener a
China, así como a la Alemania Occidental, a fin de contener el avance
de Alemania Oriental. En la década de los sesentas, EEUU implantó en
países de América Latina la denominada Alianza para el Progreso, la
cual no nació de la súbita generosidad estadounidense, sino de su
afán de evitar en su "patio trasero" la influencia de la revolución
cubana. Los procesos de liberación en Indonesia, Argelia o la India
se realizaron, aunque por diferentes caminos tácticos, en contra de
la dominación imperial, lo que ratifica los análisis leninistas, en
esta materia.
Montenegro fue un escritor que se resistió a introducir en sus
escritos citas de los clásicos del marxismo o de los revolucionarios
rusos. Sin embargo, toda su literatura política se inscribe en la
contradicción naciones opresoras y naciones oprimidas. En esa
perspectiva, cuando ataca con tanta fuerza a la Standard Oil y al
embajador norteamericano en la Argentina, Sprulle Braden, cuando
rememora la invasión norteamericana a la Patria de Emiliano Zapata,
que le arrebató más de la mitad de su territorio, cuando recuerda la
falta de escrúpulos conque Washington desmembró Panamá de Colombia, a
fin de quedarse con el control de la vía interoceánica, cuando deja
constancia de las matanzas de la United Fruit en Colombia y
Guatemala, cuando, en fin, hace constar que el Departamento de Estado
se convirtió en cobrador de las deudas de los países latinoamericanos
a naciones Europeas, a fin de controlar sus aduanas y succionar sus
recursos naturales, el ideólogo boliviano demuestra la consecuencia
que tuvo con las posiciones antiimperialistas a lo largo de su
existencia. Dentro de esa visión, compartió con el general Perón la
posición neutralista que, a juicio de ambos, debió mantener América
Latina, en la Segunda Guerra Mundial. Ambos se identificaron, en este
punto, con Trotsky, quien consideraba que los países latinoamericanos
debían aprovechar la confrontación entre los imperios, para impulsar
sus propias luchas de liberación nacional (27). Infelizmente, a
diferencia de Montenegro, numerosos trotskistas, stalinistas y
maoistas dogmáticos, en lugar de tomar conciencia de la contradicción
fundamental, se sumaron a la visión eurocéntrica de predicar, para lo
países pobres, el antagonismo esencial entre burguesía-proletariado,
por una parte, y capitalismo - socialismo, por otra. Lo anterior
explica el por qué los cultores del marxismo congelado quedaron
desubicados alderrumbarse el muro de Berlín, en 1989, y desintegrarse
la URSS, en 1991, lo que creó las condiciones para que centenares o
milesde ellos, se convirtieran, principalmente por la vía de las
ONGs, en peones de la opresión imperial que en días no lejanos
juraron combatir.
El pensamiento de Montenegro ha tratado de ser devaluado por el
stalinismode Jorge Obando y el trotskismo de Guillermo Lora. Sobre el
particular, Jorge Obando, al publicar su texto "Sobre el Problema
Nacional y Colonial de Bolivia", se limita a calcar el libro de
Stalin "Sobre el Problema Nacional y Colonial"(escrito pensando en la
URSS), con lo cual pretende convertir al mapa de Bolivia en una
suerte detablero de ajedrez (28).Esta posición fue severamente
criticada por Jorge Abelardo Ramos, quien acusó a Obando de "grave
rusificación" y de haber degradado "el programa nacional del marxismo
a la etnografía pura" (29). Por su parte, Augusto Céspedes hace notar
que Montenegro, a diferencia de Franz Tamayo, no limita sus
preocupaciones al indígena dominado, sino a toda la nación boliviana
colonizada por el imperialismo extranjero y sus agentes locales"
(30). El nacionalismo boliviano había considerado que dentro de la
alianza de clases se lograría resolver los problemas de las
nacionalidades existentes en el país, a través de su incorporación al
proyecto nacional. Posteriormente, la Izquierda Nacional boliviana
planteó la simbiosis de nuestras culturas, en lugar de la
incorporación de todas a una sola de ellas. Tal simbiosis deberá
producirse respetando los valores y aportes de nuestra cultura
milenaria, lo que permitirá que una Bolivia diversa pero unitaria se
incorpore al destino de la PatriaLatinoamericana (31). Por su parte,
Guillermo Lora censura a Montenegro por no tomar en cuenta la lucha
de clases existente en Bolivia (32)). Lo anterior es inexacto, por
cuanto las posiciones nacionales no niegan la lucha de clases, pero
aclaran que esta contradicción interna está supeditada a la
contradicción principal. Lo que ocurre es que en países dominados por
el imperialismo, las clases sociales no actúan de manera autónoma con
respecto a la contradicción principal, ya que las clases sociales en
la semicolonia, lejos de ser neutrales, están a favor o en contra de
los procesos de liberación. Por esta razón, Céspedes insistía, de
acuerdo a la cita anotada anteriormente, que Montenegro enfrentaba no
sólo al imperialismo sino también a sus agentes internos. Esos
agentes internos lideran las clases sociales que coadyuvan a la
opresión foránea.
IV.- MONTENEGRO Y SU VISION LATINOAMERICANA
Montenegro, en su libro "Las Inversiones Extranjeras en América
Latina", analiza en detalle hechos relevantes de la historia
latinoamericana. Su búsqueda incesante, respaldada por el dato
preciso, lo conduce a desmentir que el capital extranjero hubiera
llegado a América Latina con propósitos loables o generosos. Esta
idea fuerza inicia su libro, la que está desarrollada con estas
palabras: "El capital extranjero vino a la América Latina teniendo
por mira principal e inequívoca la explotación de las riquezas
naturales, los servicios públicos, los créditos, el comercio y las
industrias de las naciones latinoamericanas. Sin este móvil concreto
y sin tal interés directo, ni habría venido ni tendría por qué venir.
Las explicaciones que pretenden justificar su penetración ysus
privilegios atribuyéndole el don de proporcionar confort, bienestar y
progreso o civilización a los pueblos, no expresan exactamente la
verdad y son, en gran parte, simples recursos de la propaganda para
situarlo en un ambiente de simpatía y expectativa optimista, ambiente
en el cual le resulta fácil cumplir su finalidad suprema, que
consiste en obtener los mayores rendimientos posibles en su
inversión"
Inmediatamentedespués, invierte la conclusión inicial, al asegurar
que las exportaciones de capital constituyen la salvación de las
metrópolis. Recurramos, una vez más a sus palabras: "El capital
exterior nunca va espontáneamente a un país atrasado y de ninguna
manera a un país empobrecido. Sale de su nación de origen cuando ya
no tiene cabida en ella, y busca otro campo de actividad en suelo
extranjero, pues no puede permanecer en el propio, sin convertirse en
factor de perturbación y aún de entorpecimiento para el desarrollo de
las finanzas locales. No se ignora que, aún las instituciones más
adictas del capitalextranjero, recomiendan deshacerse del dinero
sobrante enviándolo al exterior, como una medida de saneamiento
financiero para evitar la caída del valor de la moneda y también para
contener la inflación" Montenegro respalda su aseveración recordando
que el Consejo Interamericano de Comercio y Producción ha aconsejado
a Estados Unidos y Canadá exportar capitales como una forma de
contener sus procesos inflacionarios y financiar el superávit de su
balanza de pagos. Para evitar toda duda, el autor coloca entre
comillas la siguiente frase del organismo internacional: "Si se desea
evitar en ellos la inflación, deben fomentarse las exportaciones de
capital" (33).
[continúa en parte 2]
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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