[R-P] Más muestras del setentismo de la derecha oligárquica
Nestor Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Jul 3 11:45:39 MDT 2005
[Un tal Carlos Da Cruz <gpsranger en yahoo.com.ar> me ha enviado lo que
sigue. Quizás algún amigo de la lista pueda decirme si "GPS Ranger"
es, como suena, un grupo de tareas de inteligencia, un "Rastreador
GPS", que es una de las posibles traducciones de "Ranger". Pero si
estos "patriotas" argentinos que se autodenominan en inglés son o no
son un servicio, es secundario. Lo principal es que envían un
mensaje que nos resulta útil por otros motivos.
Este Tcnl. (retirado) Richter, adalid del setentismo oligárquico,
trata de rescatar esos tiempos recurriendo a los valores del coraje
individual, la entrega y el heroísmo de la oficialidad. No los
discuto.
Pero a Richter, en el fondo, no le interesan esas virtudes. Apela a
los sentimientos para impedir el debate político y racional. Por
ejemplo, para rehuir la pregunta de "al servicio de quién se jugaron
la vida esos militares". Lo que busca es impedir que su obra y la de
quienes -como él- hicieron de las FF.AA. el puño de la reacción
oligárquica contra el pueblo argentino se revele en lo que significó
desde el punto de vista político. Que la "lucha antisubversiva" fue
mero pretexto, y en modo alguno objetivo real. Que el objetivo real
era llevar al país a las condiciones actuales.
Cuando esto sucede, se está perdiendo la batalla moral. Porque la
moral de la sangre derramada no alcanza a tapar la vergüenza de saber
que se la derramó al servicio de la oligarquía argentina y de los
intereses extranjeros, en contra del mejor interés de los
conciudadanos. Si hubo heroísmo, fue heroísmo mal empleado, en el
mejor de los casos.
Bueno, muy bueno es que un oficial jefe marche a la cabeza de sus
tropas. Toda la experiencia de la guerra moderna (digamos, desde la
Revolución Francesa a nuestros días) indica que así es como tiene que
ser, por lo demás, y no porque algún "subversivo" haga "mala"
propaganda.
Malo, muy malo es que esas tropas, con el pretexto de atacar un
enemigo ideológico, sirvan para imponer al pueblo que las nutre una
políitica económica y social que transforma al país en una colonia.
Esto es lo que Richter quiere ocultar. No se lo permitiremos. La
Patria necesita héroes, pero héroes que estén a su servicio, y no al
servicio de sus enemigos. La herida abierta en 1955 tiene que
limpiarse y cerrar de una buena vez.
Y de paso, esta apelación sentimental a la supuesta moral heroica del
guerrero me recuerda a algunos veteranos de las "formaciones
especiales" (o a algunos que quieren pasar por tales, e incluso a
algunos que las levantan como un modelo a seguir pero también -y
contradictoriamente- opinan que hay que sostener la "democracia"
contra viento y marea). En particular, me recuerdan a esos que se
niegan a hacer el análisis político de sus actos y los encubren con
llamamientos a la testosterona.
No soy partidario de la teoría de los "dos demonios", pero este tipo
de compañeros brinda los mejores argumentos a quienes la sostienen.
Son, en efecto, la imagen especular de los Richter.]
------- Forwarded message follows -------
Date sent: Sun, 03 Jul 2005 11:53:32 -0300 (ART)
From: Carlos Da Cruz <gpsranger en yahoo.com.ar>
Subject: TCNL (R) RODOLFO RICHTER
To: gpsranger en yahoo.com.ar
Palabras del TCnl ( R ) Rodolfo Richter en el acto de reconocimiento
que le hiciera la promoción 101 al cumplirse el 30º aniversario del
Combate del Río Pueblo Viejo. (Operación Independencia)
Acepté este acto por dos motivos: El primero es que no soy insensible
a los afectos y esto es como una mano muy grande y muy cálida que me
da unas palmadas en el hombro. Y esa mano es la de mis camaradas. Es
muy gratificante, me estimula y les estoy muy agradecido. El segundo
motivo es que me brinda una oportunidad para rendir homenaje a los
hombres que cayeron durante el transcurso de la Operación
Independencia. Es justo y es necesario que lo hagamos. Es justo
porque hay hombres que murieron en combate, heroicamente y que están
siendo olvidados. Y es necesario hacerlo porque el país atraviesa por
una crisis de valores y estos hombres encarnan valores que son un
ejemplo no sólo para las Fuerzas Armadas sino para toda la juventud
argentina.
Tenemos un ejército que ha sido criticado, cuestionado y de algún
modo juzgado y condenado por ciertos sectores. Es necesario
fortalecerlo; de la manera que ahora y siempre, aquí y en cualquier
lugar se fortalecen los ejércitos. No con el material bélico, ni con
efectivos, ni con presupuestos. Tampoco con palabras mas o menos
condescendientes de alguna prensa. Sino espiritualmente, con el
ejemplo de la sangre derramada.
Yo no voy a hablar de todos los hombres que murieron porque no los
conozco a todos ni conozco en detalle las circunstancias. Tampoco
quiero generalizar porque en las generalizaciones se pierden detalles
importantes referidos a las virtudes expuestas. Prefiero referirme
solamente a un hecho del que fui actor y testigo preferencial y a un
hombre al que vi morir heroicamente en combate a mi lado: el Teniente
1º Héctor Cáceres.
Puedo hablar con objetividad de él. No soy su compañero de
promoción, tampoco su amigo; nunca lo fui. Es más, hasta tuve un
conflicto con él en el curso de "comandos" por lo que me mantuve a
distancia pensando de que era un hombre de carácter difícil. No
obstante ello cuando comenzó la Operación Independencia me eligió
para formar un pequeño equipo de trabajo y fue creciendo un mutuo
respeto.
Comencé a ver en él a un hombre enamorado de su profesión y
enamorado de su mujer a quién se refería con frecuencia. Los hombres
que aman algo, por eso sólo, ya merecen respeto pero en los próximos
días el daría motivos para que lo respetara mucho más.
Cuando llegamos a Tucumán nos encontramos con dos problemas: Por un
lado teníamos a soldados del norte, muchos de ellos de la montaña o
la puna, que tenían que operar en el monte y necesitaban un período
de adaptación. Por otro lado la subversión había hecho la propaganda
de que los oficiales mandaríamos al frente a los soldados como carne
de cañón. Frente a esos problemas no cabían las palabras sino los
hechos concretos. Nació la idea de que los oficiales y suboficiales
debíamos entrar a monte a la cabeza de nuestras respectivas
fracciones. No se trataba de amontonarnos absurdamente, todos, en los
primeros puestos sino de que marcharíamos más delante de lo que marca
la doctrina. La idea flotaba en toda la Fuerza de Tarea;no era de
Cáceres exclusivamente, pero él era uno de los que más repetía la
frase: "Los oficiales y suboficiales debemos entrar al monte a la
cabeza de nuestras respectivas fracciones". Ese fue el carácter que
tuvo cada incursión en el monte y en los cañaverales.
Cáceres no murió de casualidad o porque tuvo mala suerte. Cáceres
murió porque fue a desafiar al peligro. No fue el desafío de los
arrogantes sino de alguien que creía que ese desafío era inevitable
de acuerdo a la misión impuesta y a los valores que había que
defender.
El combate de Pueblo Viejo tuvo lugar entre la autodenominada
"Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez", unos 80 guerrilleros o más y
un Equipo de combate del Grupo de Artillería de Montaña 5al mando del
Capitán Jones Tamayo. Agregados al Equipo de combate iba un grupo del
Regimiento de Infantería de Monte 28, Cáceres y yo. En total unos 60
hombres.
Nosotros volvíamos de un reconocimiento marchando de oeste a este.
La "Compañía de Monte" lo hacía de norte a sur. Su intención era irse
de la zona de operaciones a fin de que el ejército cayera en el
vacío.
Lograron ese objetivo, probablemente en los días posteriores al
enfrentamiento, pero como el ejército no se fue de la zona y la
subversión no podía abandonar todo el trabajo que había hecho durante
casi un año, al tiempo volvieron.
El combate fue tan sorpresivo para ambas partes que durante mucho
tiempo el ejército creyó que los subversivos nos habían emboscado y a
su vez los subversivos creyeron que nosotros los habíamos emboscado a
ellos.
En un momento del enfrentamiento "La Compañía de Monte" inició el
repliegue a fin de no quedar aferrada y mantener la libertad de
acción. Por esa razón y porque se avanzaba en columna de a uno por
las características del terreno, algunos hombres no alcanzaron a
empeñarse.
Fui herido en la primera parte del combate cuando chocaron las
puntas de infantería. Grité: ¡Cáceres estoy herido! Creí que sería
rescatado cuando nuestro avance progresara. Pero no, Cáceres vino
directamente hacia donde yo estaba en un pequeño claro de monte. A mi
no me tiraban seguramente pensando: para que vamos a delatar la
posicióntirándole a uno caído. En cambio a Cáceres, cuando se tiró
cuerpo a tierra a mi lado, le dispararon desde unos 20 o 30 metros y
lo mataron. No dijo nada al morir; no necesitaba decir nada, su
acción lo había dicho todo.
Recuerdo Pueblo Viejo como un gran día. Se podrá decir como puede
ser un gran día si murió un camarada y quedaron dolores, y secuelas
irreversibles. Pero tal vez por una cuestión de supervivencia,cuando
algo es irreversible se lo termina dejando de lado y en cambio se
busca rescatar lo que hay depositivo dentro de lo negativo. En ese
sentido Pueblo Viejo fue un gran día por dos motivos: Primero, porque
tuve la oportunidad de combatir, de sentir el fusil bramando en las
manos y no precisamente en un polígono. Es una suerte grande. Muchos
compañeros han deseado combatir y nunca se les dio esa oportunidad.
La Argentina ha tenido dos conflictos pequeños que no permitió el
empleo masivo de los hombres de las Fuerzas Armadas y muchos
camaradas pasaron a retiro sin haber podido cumplir ese anhelo.
Tuve la suerte de combatir y también de presenciar acciones que
enaltecen el espíritu humano. Creo que en toda empresa, en toda
actividad siempre hay alguna defección o alguien que no está a la
altura de las circunstancias. Creo que eso es normal. Sin embargo en
Pueblo Viejo no vi nada de eso.
Me siento orgulloso de haber combatido con los hombres que ese día
combatieron a mi lado. Siento por ellos un entrañable cariño. Ellos
realizaron actos que, vuelvo a repetir, enaltecen el espíritu humano.
Relataré algunos hechos: El Subteniente Arias pasó al asalto a la
cabeza de su sección. Fue herido en el cuello, el único herido de su
fracción, y no obstante ello continuo combatiendo algunos minutos
más.
El Cabo 1º Orellana fue herido cuando iba de hombre punta. Logró
reponerse y abrir el fuego sobre un guerrillero próximo. Ese día
ningún soldado murió o fue herido. Eso fue la consecuencia de aquella
intención de que los oficiales y suboficiales marcharían mas adelante
de lo que marca la doctrina.
Cáceres no fue el único hombre que acudió en mi ayuda. Hubo otro más
y a él le debo la vida. Está en estos momentos en este lugar y
seguramente se debe estar poniendo colorado. Él, así como demuestra
coraje en el peligro, huye de los halagos. Hace treinta años mi madre
le dijo: "Gracias por salvar la vida de mi hijo" y él no sabía donde
ponerse. Me estoy refiriendo al General Grandineti.
En aquel momento el Capitán Grandineti apareció con su helicóptero.
A los heridos no se nos podía sacarllevándolos a pié por el monte y
luego en camión hasta el hospital militar de Tucumán. No llegaríamos.
Al menos yo, seguro que no llegaba. Había que sacarnos en helicóptero
pero el único lugar para bajar era el río, a través del cual también
se había estado combatiendo. Si bien el enemigo había iniciado el
repliegue, nadie tenía la certeza de que no quedara uno en la otra
margen y abatiera con facilidad la máquina que a su vez disponía de
escaso combustible. Creo que una medida prudente hubiera sido no
bajar. Pero Grandineti bajó lo mismo. Seguramente hizo un cálculo
respecto a los riesgos y al combustible; pero debe haber sido un
cálculo muy justo, sin margen de error, que requería sangre fría y
valor.
A lo largo de treinta años uno se ha hecho muchas preguntas
referidas a las conductas propias y ajenas de aquel día. ¿Qué habrá
sentido uno u otro? ¿Cuáles fueron sus motivaciones más intimas? etc.
Yo llegué a descubrir, mas adelante, que lo de Grandineti no fue sólo
valor. El tiene una gran sensibilidad por el dolor ajeno. Por eso
bajó.
Antes de ser rescatados, a los heridos nos llevaron a un lugar que
era también el puesto de comando del jefe del Equipo de Combate, el
Capitán Jones. Lo mirábamos a Jones casi permanentemente ya que de él
saldría la información del momento en que nos sacarían. Creo que con
esas miradas le pusimos una gran presión. Y él estaba presionado por
todos lados. Grandineti, cuando apareció en el aire exigió que
quienes estaban al sur del Río Pueblo Viejo se identificaran, de lo
contrario dispararía. En la radio salía la voz de Grandineti pero de
tierra no lograban contestarle. Entonces nos tiró un cohete y luego
Jones pudo comunicarse. Grandineti: ¡Todavía le reprochamos ese
cohetazo! No, es una broma.
En la milicia nos han enseñado que para conducir hay que tener la
cabeza fría y el corazón caliente. Y no es lo mismo la forma de
conducción en la paz que en combate. Vi a Jones conducir con la
cabeza bien fría y sé por la actuación que el tuvo a lo largo de la
Operación Independencia que es un hombre con la sangre bien caliente.
Por todo esto vuelvo a repetir que aquel fue un gran día. Y tengo
miedo que todas estas imágenes vividas se olviden para siempre. Como
dice una frase que no es mía: que se pierdan en el tiempo como
lágrimas en la lluvia.
Tiempo después me enteré que el 14 de febrero es el día de los
enamorados. La fecha es todo un símbolo porque nosotros también
éramos enamorados. Amábamos ciertos valores y como éramos jóvenes
expresamos ese sentimiento con pasión. Los que combatimos allí nunca
nos creímos mejores que nadie, tampoco peores. Cometimos errores
técnicos y tácticos, al menos yo; pero suplimos esos errores
fervorosamente, apasionadamente. Ahora nos estamos volviendo un poco
viejos pero no hemos dejado de amar aquello por lo que luchamos. Y
creo que de eso se trata, de una cuestión de amor. Creo que la
palabra amor y también la palabra eternidad sirven para definir a las
partes del conflicto que involucró al ejército y que loinvolucra
también hoy.
El Ejército Argentino tiene hoy enemigos. No son iguales a los de
hace treinta años. Aquellos, hay que reconocer, se pusieron un
uniforme, empuñaron un arma y pelearon. Los de ahora no. No quieren
destruir al ejército sino disolverlo. Odian al ejército no por los
errores históricos y políticos que pudo cometer o por algunas
crueldades cometidas durante la lucha contra la subversión. Eso creo
que no les importa mucho. Odian al ejército porque está formado por
hombres que juran de por vida, que tienen lealtades y compromisos,
amores en definitiva, de por vida; que creen en verdades permanentes,
eternas.
Eso les repugna Cuando no lo atacan es porque creen que ya no tiene
el mismo espíritu o la misma mística..
Me resisto a darle a ese enemigo un nombre de carácter ideológico.
Los hechos han demostrado que las ideologías se mudan o que son meros
instrumentos de otras motivaciones más profundas. Motivaciones que
están en la psiquis, en el corazón y hasta en las vísceras de los
hombres.
Nuestros enemigos exaltan al hombre que vive la mera existencia, sin
fe, sin trascendencia, sin dignidad, sin gloria,.........sin amor en
última instancia. Creen que todo es efímero, que nada es permanente.
Frente a ellos, nosotros....... los ingenuos; los que todavía creemos
que existen valores eternos, que hay una patria para siempre,
instituciones para siempre y también un ejército para siempre.
Nuestros enemigos pueden desafiarnos a que demostremos que existe un
valor supremo y nosotros, racionalmente, no lo podemos demostrar.
Nuestros enemigos pueden presentar cientos, miles de ejemplos de que
nada permanece de que todo termina en algún momento. Es cierto. Pero
nosotros tenemos un argumento irrefutable: Nunca un hombre a hecho
algo pensando que duraría un día, que sería efímero. Lo que construyó
fue con la ilusión de que sería de por vida. Y si no fue de por vida,
sino fue para siempre, al menos fue digno y tuvo su momento de
gloria.
Así se hizo el mundo.
Cuando éramos muy jóvenes levantamos muchas banderas. Algunas se
diluyeron, otras, nosotros mismos las arriamos porque no tenían
identidad de tales. Sin embargo hay una o dos que todavía permanecen
allí arriba. Son viejas pero firmes y genuinas. No caerán y si caen
tendremos que caer con ellas. Queremos ser fieles a ellas y por tal
motivo no vamos a renegar a las mismas. No claudicamos, no dudamos,
no nos arrepentimos,........... ni queremos que nadie tenga la osadía
de arrepentirse por nosotros.........................................
Finalmente quiero rendir un homenaje al Tte 1º Cáceres. Quiero que
le dediquemos un minuto pero no de silencio. Permítanme el
atrevimiento de alterar esa costumbre. Prefiero algo mas acorde al
coraje, al empuje y a la vitalidad de Cáceres: La marcha de San
Lorenzo, por favor.
RODOLFO RICHTER
TCnl. (R) Promoción 101
Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar
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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
Aparicio Saravia
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