[R-P] Algo más sobre la Revolución Rusa

Nestor Gorojovsky nestorgoro en fibertel.com.ar
Dom Jul 3 11:22:05 MDT 2005


[Sobre la cuestión de la progresividad histórica de la Revolución 
Rusa, quizás sea interesante lo que sigue, y que acaba de ser enviado 
a la lista Marxism.   

Son dos páginas de La Revolución Rusa de W.H. Chamberlain, un 
importante libro sobre ese período, escrito por un historiador 
inglés.   

Es particularmente vívida la descripción de quiénes eran los nuevos 
dueños del país.  Se trataba de gente con la cual, lógicamente, la 
Argentina (y América Latina) hubiera podido tener un diálogo más 
fecundo y negocios más promisorios (como de hecho, parte de ella los 
tuvo) que con el imperio de los zares.

El breve texto, además, es una excelente nota sobre la estupidez de 
los que creen posible organizar y lanzar una revolución teniendo en 
cuenta solamente el estado de ánimo de las masas o incluso sus 
propios sentimientos (como suele suceder con quienes reemplazan la 
política de masas por el acto de martirio o heroísmo individual).  

Se deduce del último párrafo la segunda condición inexorable para que 
una revolución tenga buenas posibilidades de triunfar:  que las 
clases dominantes, sus funcionarios e intelectuales estén tan 
descorazonados, desorientados y llenos de dudas como para faltarles 
la voluntad de resistir y reconquistar sus puestos de mando.  

En la Argentina y en la América Latina de nuestros días, justamente, 
estamos en tiempos de trabajar para conseguir este objetivo.  El 
enemigo de la Patria lo sabe.  Nosotros no debemos ignorarlo.

La cita corresponde a las páginas 360-461 de la edición en inglés, y 
la traducción es mía, para uso personal.   El original en inglés, al 
pie, como de costumbre]

Todas las grandes revoluciones proporcionan una ilustración práctica 
de la frase de Schiller "Die Welt geschichte ist das Welt gericht." 
("La historia del mundo es el juicio sobre el mundo.")   Las 
revoluciones aceleran, en años o décadas, el proceso, habitualmente 
lento y gradual, de desvanecimiento de las clases viejas de una 
sociedad y de emergencia de las nuevas.  La Revolución Rusa y la 
guerra civil que la sucedió se pueden ver como una especie de 
gigantesco "juicio de Dios' militar entre los que tenían interés 
vital en destruir el viejo orden social y los que estaban interesados 
en conservarlo, en una forma más o menos modificada.

Durante esta ordalía, los Rojos demostraron ser superiores a los 
Blancos.  Con todos sus defectos, ignorancia y falta de experiencia, 
revelaron la fuerza brutal de una clase dominante joven y nueva.  Los 
Blancos tenían todas las ventajas naturales de la educación y la 
experiencia administrativa y militar, pero revelaron la decadencia y 
debilidad de un grupo cuya historia ya había sentenciado y condenado. 
 Las figuras típicas de la nueva clase dominante soviética eran, por 
ejemplo, el metalúrgico de Petrogrado elevado de pronto al puesto de 
gobernador provincial o comandante de regimiento, el judío de Gomel o 
Berdichev escapando de la miseria y opresión del gueto zarista para 
ascender a la embriagante eminencia del comisario político o el 
administrador industrial, el hosco ex-soldado letón, cuyos 
antepasados habían sentido sobre sus espaldas el látigo del capataz 
del barón alemán, que desataba su venganza sobre cualquier "buryuá" 
[burgués] que caía en sus manos como miembro de la Cheka, el 
campesino pobre que se encontraba a la cabeza de un Concejo (Soviet) 
o de un destacamento guerrillero Rojo.  En general, demostraron más 
firmeza y devoción a su causa, más autodisciplina que los oficiales y 
funcionarios civiles de la aristocracia o la clase media que los 
Gobiernos Blancos habían puesto en cargos de dirección.  Se puede 
verificar claramente este hecho si se compara la atmósfera que 
reinaba tras las líneas rojas con la que había tras las líneas 
blancas.

La cuestión de la guerra civil se decidía en el frente, pero los 
cafés ciudadanos del territorio de Kolchak y Denikin estaban repletos 
de oficiales borrachos que, de un modo u otro, casi siempre escapaban 
al castigo.  Un oficial que, con riesgo de su vida, desertó del 
Ejército Rojo y se pasó a Kolchak estaba tan indignado ante la 
indisciplina y la corrupción reinantes que redactó un contraste con 
las condiciones del lado soviético;  allí, decía, el primer comisario 
que se encontrara con un oficial borracho lo hubiera fusilado.  No 
todos los comunistas eran, por cierto, santos;  ni puritanos.  Pero 
en general su conducta y moral parecen haber sido mejores que las de 
sus oponentes.  Su voluntad de poder, su decisión de sostener los 
sitiales de poder que habían obtenido, eran más potentes que los 
esfuerzos de las viejas clases privilegiadas por reconquistar su 
vieja posición.

 (W.H. Chamberlain, "The Russian Revolution Vol. II," pp. 460-461)

 
Every great revolution affords a concrete illustration of Schiller's 
phrase: "Die Welt geschiclzte ist das Welt gericht." ("The history of 
the world is the judgment of the world.") Revolutions accelerate by 
years or by decades the normally slow and gradual process of the 
vanishing of old classes of society and the emergence of new ones The 
Russian Revolution and the civil war which followed it may be 
regarded as a kind of gigantic ordeal by battle as between those who 
were vitally interested in destroying the old social order and those 
who were interested in preserving it, in more or less modified form.

 In this ordeal the Reds proved superior to the Whites. With all 
their faults of ignorance and inexperience, the former revealed the 
crude strength of a fresh young ruling class. The Whites. with all 
their natural advantages of education and military and administrative 
experience, displayed the decadence and weakness of a group which 
history had already passed its sentence of condemnation. The typical 
figures of the new Soviet ruling class, the Petrograd metal worker, 
suddenly promoted to the post of governor of a province or commander 
of a regiment, the Jew from Gomel or Berditchev, emerging from the 
squalor and oppression of the Tsarist ghetto to the intoxicating 
eminence of a commissar or an industrial administrator, the sullen 
Lettish ex-soldier, whose ancestors had felt their backs the lash of 
the German baron's overseer and who wreaked vengeance on all the 
"boorzhooi" who might fall into his hands in the Cheka, the poor 
peasant who found himself head of a Soviet or chief of a Red partisan 
detachment displayed, in the main, more steadfastness, more devotion 
to their cause, more selfdiscipline than the officers and civil 
officials of aristocratic or middleclass who came to the fore in the 
White Governments. This fact is especially noticeable if one compares 
the atmosphere behind the Red and White lines.

 When the issue of the civil war was being decided on the front the 
cafes in the towns in Kolchak's and Denikin's territory were filled 
with drunken officers who somehow almost invariably escaped 
punishment. One officer who, at the risk of his life, deserted the 
Red Army and passed over to Kolchak was so disgusted by the prevalent 
indiscipline and debauchery that he drew an indignant contrast with 
conditions on the Soviet side, where, as he said, an intoxicated 
officer would have been shot by the first commissar who met him. Not 
all the Communists, certainly, were saints or puritans. But their 
general behavior and morale seem to have been better those of their 
opponents. Their will to power, their determination hold the seats of 
power which they had gained were stronger the efforts of the former 
privileged classes to regain their old position.

(W.H. Chamberlain, "The Russian Revolution Vol. II," pp. 460-461)


Néstor Miguel Gorojovsky
nestorgoro en fibertel.com.ar

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"La patria tiene que ser la dignidad arriba y el regocijo abajo".
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